(Nota: Escribí esto el 31 de enero de 2006, pero creo que todavía tiene mucha vigencia.)
Al culminar el Foro Social Mundial este pasado domingo, 29 de enero, en Venezuela, el presidente de dicha nación, Hugo Chávez Frías, convocó a una marcha en la capital Caracas a favor de la independencia de Puerto Rico y la retirada de las tropas estadounidenses de Irak. La misma está pautada para el 8 de marzo y desfilará frente a la embajada estadounidense.
Para muchos puertorriqueños estas declaraciones no son sino otro ataque más de Chávez a la administración Bush para ahondar su revolución populista y su postura “anti-imperialista”, que muchos señalan como pura demagogia, y le restarán importancia. No se desencadenará una serie de acontecimientos como el protagonizado recientemente por los gobiernos de Toledo en el Perú y de Chávez, por el mero hecho de que el gobierno colonial puertorriqueño no tiene los canales diplomáticos para formalizar una queja contundente, ni mucho menos el interés para tomar el asunto del status, como el mensaje sobre la Situación del País, del gobernador Aníbal Acevedo Vilá, demostró.
Por otro lado, para muchos independentistas, en especial los que comparten fuertes lazos ideológicos y de cooperación con el régimen venezolano, las expresiones de Chávez adelantan la causa independentista por proyectarla al plano internacional y por ser el primer jefe de estado en mucho tiempo que se expresa sobre el tema del status político puertorriqueño. Ciertamente los lazos de solidaridad entre el movimiento bolivariano venezolano y el independentista en Puerto Rico están pasando por su mejor momento.
Este escenario, a primera vista halagador para el independentismo porque se trata, en efecto, de un acontecimiento que casi nunca ocurre, puede traer implicaciones tan negativas como ha sido la asociación del independentismo con Fidel Castro y la continua manifestación de posturas caducas y no viables en escritos y discursos de varios líderes del movimiento emancipador puertorriqueño. Chávez, como Fidel, tiene un problema grave de adjudicar responsabilidades y de moderar sus posturas ante la realidad de los tiempos. Utilizando el mejor legado de la simbología y tradición caudillista latinoamericana – boina, camisa color rojo, intento de cambiar los símbolos nacionales, discursos interminables a lo Castro y su presencia constante en los medios – Chávez se ha recreado a sí mismo como una figura enorme –y vale admitir también caricaturesca –en la política mundial por sus constantes ataques a la Casa Blanca de Bush. Aunque los Estados Unidos han sido una fuerza desestabilizadora en el ámbito internacional (heredera orgullosa de la Pérfida Albión con la guerra en Irak, como el ejemplo más contundente y reciente), achacarle la culpa de todos los males que los pobres del mundo viven o la difícil realidad de ‘x’ o ‘y’ país es una simplificación inmadura y peligrosa. Este craso error que Chávez comparte con Fidel y la fortuna en la que está sentado (el crudo venezolano) son las razones por las que hay que tomar al Presidente Chávez en serio y con pinzas.

Chávez ha trastocado la democracia en Venezuela, y aunque fue elegido y revalidado democráticamente, Venezuela está viviendo un verdadero déficit democrático por la falta de independencia en las ramas legislativas y judiciales. Sus posturas de bravucón revolucionario lo han llevado a crisis diplomáticas con los gobiernos de México y Perú (valdría la pena preguntar en estos casos cómo cuajará su plan bolivariano de unidad latinoamericana). Y más preocupante fue la admisión por el mismo Chávez de la existencia de la llamada “lista Tascón” que incluye los nombres de todos los ciudadanos venezolanos que firmaron para facilitar el referendo revocatorio del año 2002, lo que nos hace repensar cualquier tipo de apoyo que le podamos dar a o recibir de Chávez. Esta lista pudo y todavía puede ser utilizada por el gobierno –totalmente controlado por los chavistas– como arma de persecución política contra los que no apoyaron al Presidente Chávez. Para cualquier independentista esto debe ser causa de gran alarma ya que trae memorias de la nefasta práctica del ‘carpeteo’ en nuestra isla.
Con éste análisis, no pretendo hacerle eco a las expresiones de la irresponsable y afrentosa administración Bush o apoyar el bloqueo inhumano a la hermana isla de Cuba, pero debo ser justo y llamar las cosas por su nombre. Chávez se está dirigiendo por mal camino y los independentistas puertorriqueños debemos mirar con más cautela cualquier ofrecimiento de ayuda de su parte.
Hace unos pocos años, en su regreso de Cuba luego de haber participado junto a Fidel Castro de una demostración, Fernando Martín decepcionó a muchos cuando dijo que no importaba de dónde viniera el apoyo a la causa independentista, viniera del Papa o de Fidel, sino que lo importante era que existiera ese apoyo. La causa de la independencia nacional puertorriqueña no debe buscar ni mucho menos celebrar los méritos que líderes desprestigiados y antidemocráticos le puedan ofrecer. El Puerto Rico independiente al que todos debemos aspirar y luchar es uno viable, democrático y capaz de enfrentarse a un mundo globalizado en estrecha cooperación con nuestros pueblos hermanos latinoamericanos. Hay que dejar los viejos modelos atrás, hacer un ejercicio de retrospección y solidificar nuestra lucha, primero entre los puertorriqueños y luego con el resto del mundo.





