domingo, 21 de diciembre de 2008

Chau, Buenos Aires

Adiós al balcón con vista al Congreso Nacional, a las tardes ricamente perdidas en los parques de la ciudad, al mate compartido con amigos ya sea bajo el frío del invierno o bajo el sol de El  Tigre.  Adiós al olor de los colectivos que no es otro que el del trajín diario de su gente:  del sudor, del smog, del carbón de las miles de parrilladas, de la dulce garrapiñada.  Me despido del olor a subdesarrollo y vanguardia de sus calles; su Palermo chic y extravagante por un lado y los kioskos laberintescos de Once por el otro.

Si por mí fuera me quedaría toda la vida en Buenos Aires, aunque no aguante la pedantería de muchos porteños o la excesiva burocracia que contamina hasta la insignificante compra de un limón a medio día para refrescar mi soda.  Está también la mafia de taxistas que siempre intentan robarte y las desventajas de vivir en un país donde el cliente casi nunca tiene la razón.  Puede ser bastante fuerte vivir aquí, pero me lo banco, lo soporto para vivir la rica vida cultural de estos buenos y truculentos aires.  Para haber sobrevivido varias dictaduras militares e implosiones económicas, los argentinos tienen que tener una mentalidad abierta hacia la creatividad.  Crean y recrean cuanta cosa imaginable y aunque lento, salen poco a poco de sus problemas.  


Yo me quedo por eso y, claro está, por sus librerías, la majestuosidad de sus edificios, la amistad de los grandes amigos que hice, sus maravillosas verdurerías y sus restaurantes internacionales.  Buenos Aires todavía es una ciudad borgesiana en lo inverosímil, storniana por su tragedia y cucurtiana por su amalgame de lenguas, bailes y bebidas. 


En mis últimos dos días en Argentina ya me sentía como un fantasma en la ciudad porque me di cuenta que la ciudad no me pertenecía.  Creí que lo hizo durante los cuatro meses que la viví (y me perdí en ella, como uno se pierde entre las sutilezas de un cuerpo de mujer), pero como todo lo que creemos que nos pertenece, al final vemos que la realidad es otra y que lo único que nos pertenece son las ilusiones que nos creamos sobre las cosas.


Ahora en el avión rumbo a Lima, Buenos Aires queda como una estampa.  Cuatro meses y sus vivencias quedan plasmadas en un collage instantáneo en la mente:  allí está Buenos Aires, entre ceja y ceja, corazón y pulmones y boca y estómago.  "Volveré y seré millones" en la ciudad de la furia.


viernes, 5 de diciembre de 2008

Ella



-¿Quién es ella?

-Un par de tetas...

-No, dime, ¿quién es ella?

-Un vuelo, el cieloommmm...el sudor entre las piernas.

-Ja, ¿tienes acaso idea en dónde estás, a lo que te enfrentas?

-Ella...tantas cosas como sus amantes, muchos, por todos lados.  Ella es también un par de tacos.

Fue un quejido más que un grito.  Se podía decir que todo se veía morado y una bruma parecía nublar la vista.  La carne quemada no se olía, se oía.

-No pienso volver a preguntarte.

-Ella, ella, ella...¿Quién, es?  

-Exacto, ya sabes la rutina.

-¡Ella y su mirada; ella y sus palabras; ella se mueve, respira y te besa sin saber que al rato desaparecerás!!  Yo, también, quiero, saber, quién, ¡era!

-Cuenta.  Cuenta para vivir.

-Con todo lo que tienen... y ¿esperan que yo les diga?...¿por qué ustedes no la encuentran...a la mujer...a ella...a la diva?  ¡Ja, ja!  Y que ¿quién e...?

Un disparo y el humo; la oración inconclusa y la desesperación.

Una venganza... ¿La de ella?

martes, 2 de diciembre de 2008

Me he puesto a leer a Oliverio Girondo...

...porque no leerlo en esta ciudad sería una oportunidad perdida.

Todo fue gracias a la escritora Nydia Antonia Russe, artífice de memorables momentos en su tour por Buenos Aires, quien me señaló el camino para descubrir las maravillosas alas del surrealismo de este gran poeta.

Y hablando de alas, aquí una escena de la película argentina El lado oscuro del corazón (Subiela, 1992), en donde el actor principal recita un fragmento del primer poema de Espantapájaros (al alcance de todos) (Editorial Proa, 1932).  Éste ya se ha convertido en uno de mis poemas favoritos.


viernes, 21 de noviembre de 2008

Imposible mi vida sin sopas

Encontrar una sopa en Buenos Aires es como procurar vegetales frescos en los supermercados de Puerto Rico:  una misión casi imposible.  Hoy finalmente tomé una de cabello de ángel en el restaurante Plaza España en la Avenida de Mayo.  ¡No podía creerlo!  Entre tanta pizza, empanadas, pastas y bifes, había encontrado una sopa.  Rico caldo y fideos que me cautivaron.  Comencé entonces a acordarme de mi viejo quien fue el que nos enseñó a mis hermanos y a mí a tomar sopas.  Él es peruano y como allá se come sopa todos los días, él necesitaba -y todavía necesita- su sopita a la hora de comer.  Y mi mamá, quien hoy cumple años, aprendió a hacer una variedad increíble de ellas, además de cremas riquísimas que poquito a poco nosotros comenzamos a apreciar porque al principio como que no nos hacía mucha onda.  ¿Sopa con el calor que hace en la isla?  ¿Fideos, verduras y pedacitos de carne?  O la bien peruana sopa de viernes, con leche, fideos, algunos vegetales y...huevo?!  No, de verdad que nos quedábamos con el arroz y habichuelas o la lasagna con amarillitos...mira y que comer
sopa.
Mi viejo con el Morocho del Abasto.

Pues la cosa es que miré mucho y probé más porque he estado todos estos meses desviviéndome por ellas.  Los chinos siempre son mi salvación porque incluyen muchas sopas en su dieta y me he cura'o en el Barrio Chino de Belgrano ante la escasez en el Centro, Congreso, Palermo y demás barrios porteños.  Cuando anduve este verano por la China me puse las botas con sus sopas wonton (con ricas variaciones a la que todos conocemos en Occidente), sopa de setas, de pollo negro y ginseng, sopas con jiaozi (los famosos dumplings), sopa de huesos de pato, el paomo (sopa sino-musulmana de cordero) y de todo lo que uno puede imaginarse.  Todas las probé porque así también me criaron en casa:  a meterle el diente a todo.

Voilà!, el pollo negro (no es ningún tinte, esta especie china de pollo tiene la piel negra), la raíz de ginseng y otros trozos del pollo común -y "blanco"- que todos conocemos.

Increíbles son las conexiones que hago desde Argentina, desde mi apartamento en pleno centro, pensando en mis viajes y en mis viejos.  Esto de viajar también es culpa de papi, lo mismo con lo de ser perfeccionista y de planificar con antelación.  Estas últimas cualidades pueden ser una cuchilla de doble filo pero hasta ahora me han servido para bien y es que siempre las he sabido combinar con la calma que mi viejo también me enseñó cuando crecía, esa eterna y maravillosa calma de no apurar las cosas, de no desesperarse y de dialogar, hablar con el otro y con uno mismo.  Mi viejo, que como ingeniero graduado en Perú tuvo que limpiar baños y trabajar en minas en Estados Unidos cuando salió de su país, siempre me ha dicho que la vida es hermosa.  Y sí, la vida es hermosa, a pesar de todo, es linda o por lo menos hay que verla con optimismo.  Sólo así pude encontrar mi sopa en pleno centro de Buenos Aires.  Finalmente.

Abajo, el paomo que me comí en Xi'an.

martes, 18 de noviembre de 2008

Haikus varios de mediados de primavera

I

Son siempre tres dimensiones

aunque sólo tengas

un ojo.


II

La música de los domingos

es un retorno a tu país de

la infancia.  Has viajado mucho.


III

Tus pasos en la ciudad

son tan anónimos como

los rostros apostados en la frontera.


IV

Ven.  Mírame. Come.

La vida es un instante

para estar haciendo dietas.


V

Juntas nuestras pieles hacen

un pergamino:  si una vez escrito

se separa, pierde sentido.


VI

La hojarasca se pasea

por el parque

y un niño solo mira al cielo.


VII

El césped es el abrigo

de la tierra y mi piel

es donde crecen las flores de tu amor.


VIII

Del crisantemo he tomado té:

pétalos, hierbas, hojas tiernas.

De tus pechos:  flores, sudor y miel.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Las razones por las que no soy normal


1. Estoy escribiendo en el blog en lugar de estar durmiendo, a pesar de que mañana tengo un día largo.

2. Estuve todo el día pensando en qué poner aquí en lugar de escribir mi ensayo de Derecho.  Al final he empezado a escribir esta lista sin haberla pensado previamente.

3. Desayuné saludablemente ligero, tomé una merienda de quesos y duraznos y cené sushi... y hace un rato me comí dos copas de helado artesanal.

4. Mi razón finalmente le hace caso al corazón.

5. No le busco razones al amor que siento por ella, ergo, mi amor por ella es anormal.

6. Creo que se puede alcanzar lo que parece imposible, sin ser comunista ni utopista.

7. Me gustan las anchoas en la pizza y en la ensalada Ceasar.

8.  Pretendí escribir cuentos en Buenos Aires, mas me he dedicado a escribir postales.

9. No impongo mis gustos.

10. En el único domingo en que me levanto temprano para estudiar me corté un dedo fregando y tuve que ir a Urgencias.  Perdí la mitad del día.

11. Hablo hasta de los temas que incomodan.

12. Camino las 20 cuadras que hay desde mi apartamento a El Ateneo para ahorrarme el taxi y depués gasto AR$300 en libros.

13. Veo siempre el macro y al analizarlo me preocupo más.

14. No puedo dejar de disimular mi disgusto.

15. Soy un romántico insufrible (a.k.a., no garcho por garchar).

16. Me levanto chequeando mi e-mail y me acuesto hablando con ella por Skype.

martes, 11 de noviembre de 2008

Luis Barack es mi futuro y el tuyo

Por Luis Barack conocerán a mi hijo en ese futuro en el que ahora sentimos menos desesperanza sin ninguna razón lógica.  No es casualidad que otro hombre de tez oscura nos abra el camino hacia otra era:  son, después de todo, la mayoría en esta tierra.  Siglo XXI bienvenido, se acabó la posmodernidad y ahora vivimos en el sueño moral de las mayorías. Soñar es mucho más barato gracias al Internet, sino pregúntenselo a mi hijo no nacido que ya tiene nombre gracias a la BBC, YouTube y el chat.  Alabanzas al presidente que sin ser todavía president ha reescrito la historia oficial en una noche.  El mundo lo eligió antes que los estadounidenses, y aunque al final fue felizmente electo por los gringos, los boricuas en la Isla lo rechazaron por la Clinton.  Ding-Dong!, estamos viviendo de los discursos de Martin Luther King, de la fiebre plurirracial post-Mandela y de los que a McClintock le engordan la billetera.

Y mi hijo Luis Barack no nacerá en Puerto Rico, lo más seguro vendrá al mundo cuando aterricemos en Tokyo luego de hacer la escabrosa ruta transiberiana desde Moscú.  O a lo mejor nace en Jamaica entre cultivos de café y marihuana, con la bendición de Bob Marley y el sol caribeño que quema por igual a todas las negras islas del Caribe, menos a la nuestra que es más blanca según el PIP, Fortuño y Aníbal.  Que nazca en todos lados menos en Puerto Rico, ni mucho menos en Bayamón ni en ninguna parte que sea U.S.A.  Y aunque lleve el nombre del mejor -o peor- presidente de la historia norteamericana, Luis Barack será siempre bueno para lo que decida ser:  traficante, violador, escritor o físico, de todo menos músico.

Mi amor por mi hijo será inmenso como el agujero en la capa de ozono que Obama no podrá reparar ni mucho menos Al Gore soñar.  Tan majestuoso como los glaciares derretidos y tan exquisito como los productos orgánicos que muchos años atrás servían en los restaurantes que aún existían antes del colapso del sistema económico.  Luis Barack comprenderá tanto mi amor que sabrá encontrar la manera de refundar lo que no sirvió y reciclar las pocas cosas buenas que queden.  Luis Barack, ya lo veo, será líder tribal y agricultor; lector voraz de los libros de Obama y fenomenal en la cama.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Ciudad deshabitada


Ver a Buenos Aires desde mi balcón te da otra vibra.  Ves de frente a la arquitectura y al cielo obviando a las personas.  Se convierte en una ciudad habitada por autos, motos y colectivos; por alarmas, luces y edificios.  Los humanos sólo causan un rumor, un susurro parecido al olvido.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Desde su estatus de Nomádica, La tribu comenta sobre la política puertorriqueña

Ayer no voté en las elecciones de Puerto Rico.  Cierto, no he estado en el país desde mediados de julio pero mi extensa ausencia demuestra que sí pude haber hecho los trámites para votar ausente.  Pero no lo hice porque quería mantenerme alejado de todo el torbellino político, quería estar en paz en Buenos Aires disfrutando la dicha de perderme otro evento eleccionario en mi país.




Si participaba hubiese votado por el PIP porque mi conciencia así siempre me lo ha dictado.  Pero en términos prácticos y para ayudar a propiciar un cambio genuino hubiese votado por Rogelio y su PPR.  Siempre he sido y seré independentista, pero me alegro que ayer el PPR haya sacado más votos que el PIP. El idealismo cerrado de la cúpula de ese partido se tornó ayer más evidente que nunca.  Rubén y Fernando ya dieron lo que tenían que dar en el 2000 con lo de Vieques.  Ver a un Rubén nuevamente frente al micrófono es ver a un abuelo resondrando a los nietos sobre lo malo que es el Wii y el iPod porque nada es mejor que el radio.  Así lo vi yo ayer.  Edwin y el nuevo liderato que se ha formado bajo la tutela de Rubén tiene que romper con él para salvar el PIP.  El problema no es el partido, son las ideas mohosas y el virus de inacción y conformismo de Rubén y Fernando.  La base del partido tiene que elegir a un nuevo presidente.  La inscripción del PPR y este quinto fiasco del PIP es más que una lección, es la alarma para genuinamente traer un cambio radical en el partido y en el independentismo para romper con el pasado y con el elitismo y crear un nuevo manifiesto independentista para el S. XXI.  El MINH debe igualmente repensar su apoyo a candidatos populares y dejar de vivir en la Guerra Fría:  Cuba, y menos Venezuela, no son amistades útiles para adelantar la independencia.  No sugiero romper con los lazos que se han forjado históricamente, pero sacarlos del carrito de enfrente, buscar otros amigos, como la mayoría de los puertorriqueños.  La independencia significa no depender de Estados Unidos, por lo tanto tampoco podemos depender de los cubanos y venezolanos para llevar a cabo nuestra lucha.


En cuanto a Aníbal Acevedo Vilá y su primera -y bien merecida- derrota electoral hay una gran moraleja:  el ELA y ELA mejorado han llegado a su fin.  Lo que hace falta es un giro total del PPD hacia la soberanía de Puerto Rico.  No soy de los que le achacan la derrota de AAV al encontronazo que tuvo con los federales y a su discurso en el Coliseo de Puerto Rico, más bien, la gente votó por Fortuño por la aparente ineficacia del ejecutivo popular durante este pasado cuatrenio.  Muchos habrán votado por Fortuño por el miedo provocado por la mera mención de AAV de la palabra soberanía, pero esos no son la mayoría.  Al final convenció más el mensaje de cambio de Fortuño (por más vacío que sea y será).  AAV vio lo nefasto que puede ser el aparato federal en la Isla y como figura máxima del PPD debe, junto a Willie y demás soberanistas populares, revisar dónde está su conciencia y dónde radica el verdadero cambio.  Fortuño es más de lo que estamos acostumbrados:  otro gobernador de la colonia que por su historial y falta de agallas para resolver con creatividad y sin miedo los problemas que nos estrangulan (el tráfico de drogas, la pobreza, el desastre ecológico, los derechos civiles y el colonialismo), recurrirá a las mismas recetas de siempre fomentadas por el gobierno federal en colaboración con su ya legendario servilismo hacia los grandes intereses económicos.  Será otro impotente más como casi todos los anteriores, inclusive, como el mismísimo AAV.  Este ciclo de cambios de partidos en el poder se seguirá repitiendo hasta que varios sectores (quizás el PPR, un PIP recreado, unos populares soberanistas o un movimiento social de vanguardia) vea críticamente el estado de Puerto Rico y su relación con Estados Unidos y el mundo y se mueva a crear un proyecto nacional puertorriqueño.  Eso ni la ola positiva de Obama en EE.UU. ni el falso cambio que traerá Fortuño (¡es el mismo estribillo de Rosselló, por Dios!) lo podrán provocar. Obama, después de todo, es el jefe de Fortuño y a Obama no sólo no lo elegimos nosotros, sino que como todo presidente estadounidense, su principal interés será su nación:  los Estados Unidos de Norteamérica. 

Obama y un verdadero cambio...

...que nada tiene que ver con el supuesto cambio del que habla Luis Fortuño para Puerto Rico.


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martes, 4 de noviembre de 2008

"On the road" en BAires

Me da miedo caminar con la mochila a mis espaldas que guarda mi recién adquirida Apple.  Si pudiera la llevaría en el bolsillo de al frente con mi billetera, USB drive y demás valiosos como las siempre ausentes monedas argentinas.  Monedas para el colectivo que me lleva a todos lados.  Monedas que me ayudan a enviar las postales a Miramar; monedas, en fin, que me hacen receptor de sonrisas por parte de cajeras frustradas por la falta de cambio.

Hoy fui a El Ateneo Grand Splendid, la librería más grande de Suramérica.  La tienda es una joya:  la librería está alojada en un antiguo teatro restaurado.  Donde era el escenario hay un café con todo y Wi-Fi.  Allí dejé doscientos y pico de pesos argentinos comprando los dos Volúmenes de los Cuentos Completos de Cortázar que edita Alfaguara, un libro de cuentos del uruguayo Leo Masliah ("Todas las estrategias de la narración apuntan a socavarla:  los acontecimientos no son más que versiones posibles de los hechos y las cosas y los seres no siempre son idénticos a sí mismos" -David Oubliña) y los monólogos paranoicos "Yo, yo y yo" del argentino Juan Filloy ("Elogiado por Alfonso Reyes y por Julio Cortázar, se le considera uno de los mejores escritores de habla hispana").  Ya les contaré de Filloy cuando me lo lea.

Luego salí de El Ateneo y me paré en otra librería, la Guadalquivir (www. proeme.com).  La variedad y cantidad nada comparan con El Ateneo pero pude conseguir casi todas las obras del escritor maldito del momento en la Argentina, Washington Cucurto ("Desde Osvaldo Lamborghini no asomaba un lenguaje tan violento, tan fosfórico en la literatura patria" -Tomás Eloy Martínez").   Irreverente, anti-canon, Cucurto escribe para alucinar y mearte de la risa con su mezcla de lunfardo, cumbiantera y negritud:  algo nada cercano  al clasismo intelectualoide europeo que permea en esta ciudad llamada Buenos Aires.  ("A Cucurto le interesa mucho más mencionar culos y tetas que las vueltas de la subjetividad. [...] Le interesa la vulgaridad de lo que puede ser dicho con las palabras de la música más popular:  Puig escuchó las letras de Le Pera, Cucurto la de la cumbia." -Beatriz Sarlo).  Me leí "El curandero del amor" (Emecé, Cruz del Sur, 2006) y me recordó a La Guaracha del Macho Camacho pero sudamericanizada: inmigrantes pobres y rumbones en un Buenos Aires que todavía no puede salir de su crisis política y económica, una sociedad en que la negritud es casi inexistente en el imaginario nacional, un país que se reinventa cartón a cartón, en que la literatura y los diseños de sus modistas son la única vanguardia y en el que la prostitución, como el psicoanálisis y los abortos, te lo reparten a plena luz del día y en todas las esquinas. Con Cucurto lo sutil toma el giro del sudor, de los traficantes y del barroquismo antiporteño.

Al final del día, sobre AR$300 en páginas y tinta.  Not a bad day at all.

martes, 28 de octubre de 2008

El fin del mundo y la Patagonia 1 (la parte sin drama)


Faro en el Canal Beagle que no es el faro del fin del mundo.


No es que piense que escribir en un blog es inconsecuente cuando se viaja, cuando se está on the road (gracias, Kerouac); ni que la escritura puede relegarse a un segundo y tercer plano (de hecho, he estado escribiendo como un escritor del S. 19 desterrado siempre en mi Moleskine y en la lluvia de postales que he enviado a Miramar), pero no he sacado el tiempo para poner aquí las historias que me han venido sucediendo. 


Así que en Bariloche por fin escribo algo en La tribu sobre este viaje dentro de un viaje iniciado el 8 de octubre en Ushuaia.  En la ciudad más austral del mundo buscamos el glaciar Martial sin verlo y sin saber que estaba a nuestros pies, recorrimos el Canal Beagle y envié correspondencia desde Bahía Ensenada en la última oficina postal de estas latitudes.


Sobre el Glaciar Martial en Ushuaia.  Sí, hacía frío.

El Correo más austral del mundo.

Don Gumer, o el postmaster del fin del mundo.

De Ushuaia a Punta Arenas en Chile con nuestros amigos del fin del mundo que trabajan bajo el mando de un chino armando televisores.  Punta Arenas es mercancías sin impuestos, un cementerio mucho más lindo que el de La Recoleta y de pollitos ricamente asados en un horno por manos expertas.

 Gracias, Indiecito Milagroso, por el favor concedido.  En el Cementerio de Punta Arenas.

Puerto Natales y la señora sin dientes que nos convenció a quedarnos en su posada y a tomar su desayuno luego de que la madrugada anterior me confesara que le echó veneno de rata a la comida que le sirvió a gatos y perros del barrio.  No pudo acabar con todos porque por la noche los escuché peleando cerca de mi ventana.  De este pueblito se accede a las Torres del Paine, un parque increíble por sus microclimas y formaciones rocosas, pero espectacular por las magníficas aguas color turquesa de sus lagos.  

En Torres del Paine, Chile.

De allí a El Calafate, de vuelta en la Argentina, con unas amigas australianas que le hicimos conversación para que nos ayudaran a pagar el remise hasta el Glaciar Perito Moreno.  Al final fueron 90 pesos argentinos por persona, mucho menos que cualquier excursión trucha.  Las dos continuaron con nosotros luego de 20 horas en bus hasta Puerto Madryn para ver pingüinos, ballenas y elefantes de mar.  Las perdimos en Trelew luego de tirarnos la maroma de ir hasta Punta Tombos, la colonia de pingüinos magallánicos más grande del continente suramericano.

Frente a frente con el Glaciar Perito Moreno a unos 80 km. de El Calafate.

Súper cerca de la ballena franca austral en Península Valdés.  Este ballenato estuvo jugando con el bote por media hora.

Los pingüinos en sus nidos.  Punta Tombos la hizo.

De la costa del Atlántico a los Andes patagónicos (y tierra de duendes) en El Bolsón.  Mágico, con mucho chocolate, frutos silvestres, cerveza artesanal y una bicicletada que todavía la siento mientras sigo escribiendo frente a esta compu.  Pero lo que encontré me ayudará a pasar mejor el frío en Bariloche: queso artesanal orgánico y miel de abejas patagónica que sabe a flores.  Y con esa miel es que le haré las bruschettas de roquefort y miel a la copywriter de mis sueños cuando vuelva a visitar mi cocina.

Y de Bariloche hacia San Martín de los Andes, la última parada de nuestro viaje antes del retorno a Buenos Aires que merecerá una entrada por su cuenta.

martes, 7 de octubre de 2008

Teoría de los parques IV


Un perro duerme sobre el polvo y sueña que está leyendo a Cervantes. 

Cervantes, hecho polvo, nunca soñó que un perro durmiente lo leería.

domingo, 5 de octubre de 2008

Más álbumes en Nomádica

Casi recién llegado de Córdoba y de Villa General Belgrano (VGB), aquí les dejo evidencia fotográfica de esos lindos tres días. Y a modo de ñapita, el álbum que seguiré actualizando con las cenas que poco a poco vaya preparando para invitados y amigos en Rivadavia 1611.

From Camping VGB y Oktoberfest 2008


From Córdoba - Oct. 2008


La ñapita (pecheto en salsa de crema y champiñones):

From En la cocina de Rivadavia 1611

miércoles, 1 de octubre de 2008

Teoría de los parques III

Sobre el césped se besan.  Ni siquiera pensaron esparcir sobre él una sábana.  El terreno en sus ropas, sus manos en las ropas y los cuerpos queriendo escaparse de ellas.  Hay algunos que los miran por segundos y luego alejan su vista hacia el Paraná o hacia el perro que está cagando.  La mayoría sin embargo, no los mira.  Es lo común cuando uno está enamorado y lo único que se quiere hacer es pasarse la tarde de un domingo besándose bajo el cielo azulísimo de estas latitudes australes.  Es lo natural cuando los besos importan más que la sábana que olvidé en el auto.



viernes, 26 de septiembre de 2008

Teoría de los parques II


En mi país la gente ya olvidó lo que es perder el tiempo en los parques.  Lo pierden frente a la compu, desafiando a seres míticos en las consolas o sorbiendo café frío en los Starbucks.  


En mi país la gente se ha rendido a la vida en el fast track.  El parking delirante y los insultos, el tapón, y en el gavetero (casi) nunca un condón.  Puerto Rico no va en vías de solucionar el calentamiento global, ante todo acelera el auto para escribir en el Wall.  


Los parques están además de huérfanos, sordomudos.   La ciudad está verdaderamente silente, Ana María, y aunque haya una mujer maravilla recorriéndolos en la noche, la oscuridad puede más que ella y que todos nosotros.  


En mi país los árboles ya no mueren de pie, mueren deprimidos al saber cómo nos hemos creído que podemos morir para’os.  



(Nota:  Esta teoría también fue publicada ayer en el Estado Libre Seis Dedos.  Gracias, Olga Mesmer).


jueves, 25 de septiembre de 2008

Más Nomádica desde Argentina

From Bs As con el Viejo

Ya están en Picasa las fotos de los días que mi papá me visitó en Buenos Aires.  Con él también visité Rosario, en los márgenes del río Paraná.  Espero que mi mamá lo pueda acompañar en su próximo viaje.

También hay fotos del concierto que dio Fito Páez en la Feria Internacional de la Música el viernes 5 de septiembre.  Nunca lo había visto en concierto, pero verlo en Bs As con su público fue una sensación espectacular:  todos cantaban todas sus canciones y se sentía un fuerte amor por el cantautor.  Yo, que apenas me sabía uno que otro verso, me sentí agobiado por este amor fanático y genuino que los porteños sienten por el Fito.

Y bueno, por ahí viene otra entrada de la serie "Teoría de los parques".

viernes, 19 de septiembre de 2008

Teoría de los parques I

Obra de Luis Tomasello

El Capitán de la Pluma de Ganso se ha puesto a comer maní en un banco del Parque Rochas.  Piensa en Rochelle de noche y en sus inmensas orejas.  Tranquilamente se acuerda de Dumbo y de su perro que también comen maní.  Agricultor de esta planta americana era Jimmy Carter y Jimmy fue tremendo presidente hasta lo de Irán.  ¿A dónde irán a parar los argentinos?  Las Malvinas son argentinas lee un grafitti en el monumento central del parque.   Esas islas son tan argentinas como la primera edición de La Guaracha del Macho Camacho en Ediciones de la Flor.  Y es para olvidar las flores de tu jardín medieval que el Capitán se ha puesto a volar.

Obra de Luis Tomasello

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mi prima Karol en MTV Perú


Hace unos minutos Karol me mandó el video de la entrevista que MTV Perú le hizo a Área 7 , el primer grupo de Heavy Metal peruano compuesto únicamente por chicas. Al momento de la entrevista mi prima era la bajista,  pero actualmente es una de las guitarristas y en 2009 viene a la Argentina a tomar cursos de ingeniería de sonido.

Yo no soy muy metalero que digamos, pero espero que algunos que sí lo son y visitan La tribu puedan ver en Área 7 algo distinto (ahh, también puedo facilitar autografos).

lunes, 15 de septiembre de 2008

Los colores sin rosa

Foto de Lila Siegrist.  De la instalación Avatar en un quinto piso.  macro



El mate sin azúcar.  

El café sin crema.  

La tortilla sin yemas.  

El pancho sin ketchup.  

El hamburger sin bacon.  

El queso sin pasteurizar.  


Las espinacas sin manteca.

El chorizo sin piel. 

El ceviche sin apio, 

el sancocho sin cabro 

y la ensalada sin ajo.

Los tostones sin sal.  


Las manías sin reservas.  La literatura sin fronteras.


jueves, 11 de septiembre de 2008

Suzhou trajo lo que no era suyo

From 3rd Week - Suzhou, China

El error fue prenderme de su foto en el libro del Instituto que nos dieron.  Me enamoré de su rostro y de las posibilidades que me provocaban sus ojos rasgados, casi infinitos.

Luego decidimos que salir casualmente era tan normal como los accidentes entre bicicletas, motocicletas y peatones (sí, todos al mismo tiempo).  Y es que lo normal siempre se adecúa a las circunstancias que queremos y nosotros nos queríamos adecuar a gustarnos sin admitir nada.  En vez de un beso ella me ofrecía una manzana.  En lugar de una caricia, una sonrisa mía.  En vez de irnos a la cama, una inocente invitación a su habitación para utilizar su computadora y mirarnos las caras de extranjería que cada uno traía.

-Te portas tan bien con tus colegas chinos.


-Yo soy el que vengo a su país, no debo por qué portarme de otra forma.


-Te gusta la China demasiado, ¿no es asi?


-Me gusta desde que descubrí que mis juguetes los hacían aquí -me forcé a decir, no porque fuese mentira, sino porque decirle que en realidad la china que me gustaba era ella hubiese sido un final bastante abrupto.  Más abrupto que éste.


(Tomado de La libreta de Xi'an)

A 35 años del martirio de Allende y de todo un pueblo

La tribu se une a Sin Mordazas y a toda América Latina hoy, 11 de septiembre, para homenajear a un hombre que, como pocos, sigue vivo después de la muerte. 


miércoles, 10 de septiembre de 2008

El resto...

Al fondo se aprecia la Pearl Tower en Pudong (distrito de Shanghai).

...de las fotos de China ya están en Picasa:




Pronto subiré las que he tomado en Argentina.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Mira la Muralla y unas causas no aptas para el público

En todas las ciudades que he visitado te venden camisas que leen: I climbed the Great Wall. Yo la subí pero no me la compré. En cambio, me regalaron una postal.
Desde acá arriba no se huele a los sobacos encebollados del Metro de París, ni a los acueductos de Suzhou y Shanghai. Aquí se huele a lo que por mucho tiempo ha existido. Es un aire eterno como eterna es mi tristeza...
Lo sé. Escribirte esa postal fue un acto de desafío.

viernes, 22 de agosto de 2008

China no sólo sorprende, te hace tomar fotos charras

Hagan click en la antorcha y vean el álbum de la Plazoleta Olímpica donde me volví loco y no paré de tomar fotos.

Convivir entre ellos: una olimpiada de por sí

Dejar a Beijing por Xi'an fue un poco difícil, pero no tanto como dejar atrás a China. Llevo dos días en Buenos Aires y extraño ser el foco de atención, la incogruencia hecha carne, en que tanto los chinos se fijaban. Extraño más la manera en que las chicas se vestían aún cuando mostraban ralos vellos debajo de las axilas. Todas con tacos hasta en la lluviosa Plazoleta Olímpica, en la Ciudad Prohibida o sobre las piedras milenarias de la Muralla China. Con traje de noche muchas, con lentejuelas las más provocadoras, las chinas están ciertamente acomplejadas con su baja estatura, pero qué bien se ven. Están entonces las más guerrilleras, con peinados a lo Laura Om, que se aglomeran en Shanghai. Con minifaldas, la cuerdita roja alrededor del cuello que sujeta el jade que esconden entre sus pequeños pechos y sus ojos que seducen por su tan apabullante otredad.

La moda tan cargada que exhiben las jóvenes chinas es el indicador más certero para entender que la China comunista no existe. Lo que hay en su lugar es un estado autoritario con el cual la mayoría de la población está dispuesta a vivir a cambio de tiendas Gucci, Internet gratis y vigilancia del estado las venticuatro horas a través de las cámaras de seguridad que están hasta en las fachadas de los monumentos históricos.

El deseo de superarse y el orgullo que los chinos sienten por su trabajo y país también es asombroso y conforma el único peligro real a la autoridad del Partido Comunista. Los compañeros del programa de Suzhou tienen un calendario cargado de clases de inglés, contabilidad y voluntariado además de su rigurosos cursos de Derecho. Algunos recién se hicieron miembros del Partido Comunista, pero no porque compartan su ideología, sino porque era algo adicional que poner en el CV. Son ambiciosos y quieren tener más. Recordemos que la clase media es la que históricamente pide y efectúa los cambios en las sociedades.

Luego está la doble actitud que los chinos tienen hacia los demás. Pude notar como en muchas ocasiones los chinos tienen una sólida línea bien trazada en lo que es relación de trabajo y relación personal. Esto se demuestra también en las calles donde es tierra de nadie y ni las bicicletas le ceden el paso a los autos y peatones. En general, el chino solo brega bien en su círculo interno de familiares y amigos. Las generaciones de jóvenes como con los que compartí tienen una mentalidad en evolución, pero todavía no ha cambiado del todo y muchos no entendían que algunos de nosotros, occidentales, los invitáramos a dar un paseo por la ciudad o sentarnos a tomar un té. Algunos sólo lo hacían por su deber como anfitriones y otros como un mero favor al extranjero. Ya luego, cuando se empezaron a desarrollar vínculos de amistad, el acercamiento fue cambiando y las salidas se hacían por la única y gratificante razón de disfrutar de la compañía mutua.


China te atrapa, tan bien o peor como la china que ante tus galanterías te contesta en Business English.

Hoy caminé por la Plaza Lorea en el mismo centro de Buenos Aires y sentí un nudo en la garganta al ver una sucursal del banco chino HSBC. El contacto que uno tiene con la China se da, casi seguramente, desde el primer hasta el último momento de la vida gracias a la proliferación de artículos Made in China, pero los que hemos visitado a China y nos ha gustado, hay algo que nos envuelve e impacta de tal manera que nos sentimos raros no sólo con ver el HSBC, sino con cualquier restaurante chino y con los carteles rojos comunistas de la hamburguesa de Beijing que McDonald's vende en Argentina. Lo que siento es, sin dudas, la nostagia del viajero, pero China ha desencadenado una nostalgia más intensa que luego describiré en otra entrada.

China no es un paraíso, pero el combo entero de inmensidad, historia y gente optimista (aunque trata de matarte en plena avenida echándote el ómnibus encima) te hacen pensar que (eso sí, fuera de sus ciudades contaminadas y basurales urbanos) te encuentras en un lugar especial y muy lejos de donde naciste. Esa lejanía es lo que produce cierto misticismo y es la causa del asombro en la gente cuando le digo que he estado por China y que pienso regresar porque me falta ver tanto más.

El nomádico, atónito, frente a los guerreros de terracota en Xi'an.


[Nota: Vean bajo Nomádica o La tribu en fotos, los últimos álbumes que he subido a Picasa. Todavía faltan subir las fotos de la Muralla China y de mi última parte del viaje, Shanghai.]

viernes, 25 de julio de 2008

El oficio solitario y el té solidario

Tiempo tengo hasta para ver caer sobre mi taza de té una gota de miel del fondo de su recipiente.


(Es que adoro escribir en mi Moleskine).

lunes, 21 de julio de 2008

China-mandarina, pepinillo-cigarrillo

Caminar en Suzhou es nadar en los vapores de un sauna.

Gracias a mis shorts las personas no dejan de mirar mis piernas velludas. Las miran y me imagino que se preguntarán: ¿acaso los occidentales son descendientes más cercanos de los simios? Me río y me paro a tomar una fotografía y mientras lo hago escucho el grito que tarde o temprano sabría que escucharía: "jelouu, jelouu". Así le llaman la atención a los turistas, a los occidentales, a esos que venimos con las patas pelúas. Es la bienvenida que recibimos los velludos al país de la gente lampiña.


China me sabe a esas mandarinas que llevamos a la playa y dejamos en el bulto sobre la arena. Se calientan un poco con el sol, pero como quiera nos las comemos. Y aquí me la como suspirando: por qué no decidí estudiar mandarín en vez de francés y portugués.


Estoy en un Internet café cerca de la Universidad de Suzhou. El calor del sauna sigue aquí adentro a pesar de los abanicos. Debe ser el calor que emiten las ciento y pico de computadoras que están aquí juntas o los ciento y pico de chinos que ni siquiera han mirado mi copiosa cantidad de vellos. Algunos gritan a través del chat y otros mantienen su mirada fija en la pantalla, con los dedos recorriendo el teclado con la maestría que solo logran los que se pasan tardes enteras sumergidos en los juegos de computadora.

Muchos de ellos fuman mientras juegan. Fuman y se paran para ver el status de sus amigos unas mesas más abajo. Las novias vienen a darle ánimos y a preguntarle cuando acabarán. No parece que se irán pronto. Yo me voy. Los cigarrillos me gustan mucho menos que los pepinillos crudos con salsa hoisin.

jueves, 17 de julio de 2008

Guaynabo City me roza (o el grupo de Facebook que nunca creé) - III

GCMR

El esposo le rogó a su esposa que por favor escuchara su versión, que todo era mentira, un gran malentendido de gente lengüilarga y de gargantas profundas, pero ya se encontraba fuera de la casa. Fuera. Familia. ¿Final?

No se dio por vencido. Es que en Guaynabo City, en donde todo tiene su debida traducción, también subsisten espacios para traducir la decepción en cafrería, pero de la bien intencionada. La buena intención del esposo fue valerse de un mensaje a plena vista de todos. Un mensaje pintado sobre un fondo amarillo en el lado externo del divisor del expreso Martínez Nadal que da justo a la salida de su otrora urbanización.

"A mi esposa:
No escuchaste la segunda verción. No te engañé. Te amo demasiado. Dame una oportunidad. Te ama, tu esposo."

Recuerdo que así leía el afiche, con todo y la 'c' en versión. Con esa 'c' del City Hall y del GCity Magazine.

Nada descarta, claro, que el esposo en su desesperación le haya escrito a ella en su Facebook wall (otro mensaje público por si el afiche amarillo a plena vista de todos sus vecinos –y demás visitantes inocuos– no cumpliera con su cometido) y le haya congestionado el buzón con e-mails cortos ("¿Fuiste tú?", "No cierres la puerta todavía" o "Te extraño tanto…") y largos (rememorando las calles de Praga que caminaron juntos o las vacaciones al desnudo en una playa desolada de la República). Tampoco lo eximo de que haya cambiado múltiples veces al día su estatus en Twitter o en el MSN gracias al Blackberry (marca que antes confundía con Burberry).

Guaynabo City me roza. Pero en estos días lo hace menos porque, luego de cuatro meses, cambiaron el afiche (sin dudas es una operación nocturna, clandestina y casi guerrillera la que estos pasquineros ejecutan). El cambio, me huele a mí, se habrá originado más bien por el deseo de informarle a todos sus fieles lectores, que su ardid sí rindió frutos y para recordarles a todos que nunca olviden decirle a su esposa lo mucho que la aman.

Al final de su nuevo mensaje nos reitera: "Yo se lo digo todos los días y soy el hombre más feliz del mundo. Te amo".

Pero, ¿verdaderamente se habrán reconciliado? Como espectador nunca sabré (esto es parecido a lo que ocurre cuando uno lee los mensajes del wall, los comentarios de las fotos, las mismas entradas de este blog nómada) pero yo quiero pensar que sí. Después de todo así es Guaynabo: Cafric (cafre+chic), Monumental y Risible.

martes, 15 de julio de 2008

Guaynabo City me roza (o el grupo de Facebook que nunca creé)- I

Por la noche dicen que la estación Martínez Nadal es tierra de nadie.

Yo los corrijo y digo que a falta de auto propio es tierra mía y de nadie más.

domingo, 6 de julio de 2008

Jefté Lacourt, invitado de La tribu

La vía

Dos ancianos se encuentran conduciendo por una calle donde los carros pasan rápido y no abundan los establecimientos. Se escucha una música tranquila, de viaje, y sus rostros se ven complacidos. De repente, el pasajero se exalta y empieza a mirar a su alrededor como si acabase de despertar de un sueño y grita: «¡Para!».

El conductor se asusta y se detiene abruptamente en el carril del paseo. El pasajero se baja del auto inmediatamente y el conductor hace lo mismo luego de apagar el motor.

Conductor: ¿Pero qué pasa?

Pasajero: Mano, ¿qué rayos estamos haciendo?

Conductor: Pues conduciendo, ¿no ves? Llevamos años haciéndolo.

Pasajero: Pero, ¿a dónde vamos?

Conductor: Pues a donde va todo el mundo, coño.

Pasajero (confundido): No, no, no, espérate… No mano, no pue… ¡¿qué va a pasar cuando lleguemos?!

Conductor: …Nnn, no me había puesto a pensar en eso…

Pasajero (temeroso): Joder, cabrón…

Conductor: Bueno, pero tampoco nos podemos quedar parados aquí, o sea.

Pasajero (sarcástico): ¿Ah sí? ¿Y qué sugieres?

Conductor: Pues seguir, ¿qué más?

Pasajero: No, no, no…cabrón, ¿no te das cuenta? ¡No sabemos qué nos va a pasar!

Conductor: ¡Nadie sabe qué va a pasar!

Pasajero: Pues no, ¡vamos a virar!

Conductor: ¡¿Quéeee?!

Pasajero: Vamos a virar.

Conductor: ¡Loco, no podemos virar!

Pasajero: Claro que sí, vamos, yo guío.

Conductor (burlón): Sí, Pepe.

Silencio. Los dos viejos pensativos parecían dos gotas de lluvia en el medio de una inmensidad atravesada por dos vías: un sin sentido que el sol pronto extinguiría.

Pasajero: Nada más míralos. Siguen por ahí pa’bajo sin detenerse a pensar qué carajo están haciendo.

Conductor: Bueno…en verdad, para serte honesto, yo tampoco. Pero qué felices éramos mientras lo ignorábamos.

Pasajero: Éramos, tú lo has dicho.

Conductor (luego de una pausa): ¿Y ahora qué hacemos?

Pasajero: Vamos a comer algo.

Conductor: De nada servirá, como quiera vamos a llegar.

Pasajero: ¡Coño, pero tenemos que comer! Lo que no sirve de nada es quedarse aquí. Vamos.

Conductor: Ok, ok, vamos.

Los viejos se detuvieron en una panadería cuyas paredes eran de cristal. El pasajero, mientras se comía un sándwich ve a una muchacha salir de la panadería y montarse en un carro.

Pasajero: Dios mío…qué linda esa nena.

Conductor: Ay, mijo, si a ti te gustan todas.

Pasajero (Ignorando el comentario y luego suspirando): Pensar que a esa edad uno anda con mapa…

Conductor: Dame una servilleta.

Pasajero (dándole una servilleta): Mano, si tuviera una foto de ella…y de este sándwich…y de nosotros y de esta panadería y de este momento… ¿tú sabes cuántos momentos nos hemos perdido?

Conductor: Diablo mano, en verdad estás empezando a darme pena. O sea, no lo cojas a mal, te entiendo, pero sólo acéptalo: vamos a llegar.

Pasajero: Si fuera por mí, me iría por el expreso.

Conductor: ¿Por qué?

Pasajero: Por ahí es que ella cogió, ¿no la viste?

Conductor (señalando a la carretera por donde venían): No. Por ahí vamos a llegar más rápido.

Pasajero (burlón): Bueno no afectará en nada, «como quiera vamos a llegar».

Conductor: ¡Vete al carajo!

Pasajero: Ya mismo nos vamos.

Jefté Lacourt (San Juan, 1983) adora el olor del papel de historieta y preferiría morir viendo una película. Nació en un día lluvioso de abril y a donde quiera que va lleva su abrigo verde.

lunes, 30 de junio de 2008

Los taponautas en la Poncepista - III

—Hay fuego debajo de mis alas. . .

—No sé por qué tienes que leer en el carro.

—El libro está genial, chica. Y lo leo en voz alta para que lo escuches.

—Más vale que cuando lleguemos lo dejes, no quiero que estés en la fiesta leyendo.

—Pero, ¿qué hay de malo en leer?

—Es que vas a agarrar un palo, vas a hablar un poquito y luego te irás a una esquina a leer.

—Yo nunca he hecho eso.

—Sí lo has hecho. Varios en la familia me lo han dicho varias veces. Es rudo.

—¿Te molesta a ti que lo haga?

—Lo haces demasiado.

—Está bien, dejaré el libro. . . pero mientras, sigo leyendo.

—¿Y con quién voy a hablar?

—Pues conmigo, dale, yo te leo.

—No me gusta la poesía.

—La poesía te da alas.

—La poesía me las quema.

Se quedó callado. Luego de varios minutos me miró y se echó a reír.

—¡Nena, pero si es algo que he hecho toda la vida!

—¡Pero no ves que lo que quiero es hablar contigo! Desde que salimos no dejas el libro ese quieto.

—Entonces, ¿qué? ¿Lo tiro por la ventana?

—Háblame. Cuéntame porque te gusta tanto el libro ese.

Sabía que no me lo iba a contar. Sabía que era el libro que su ex le había regalado, aunque nunca me lo hubiese dicho.

—Mejor te cuento cómo me voy a deshacer de él.

—¿En casa de los viejos?

—¿Qué tal si le prendo fuego?

—Mejor déjalo en el librero del cuarto viejo.

—¿Cuánto falta para llegar?

—Tú sabes. . . como veinte minutos.

—Prefieres entonces que te hable a que te lea.

—Prefiero que me leas a mí, yo soy tu libro abierto.

—No puede ser, ¡odias a la poesía!

—Odio que lo hagas sabiendo que me molesta y cuando hay cosas mejores que hacer.

—¡¿Me odias?!

—¡¿Me quieres?!

—¡Vaya! Por una estupidez, ¿por la poesía?

—Por la poesía no, idiota. Por ti.

Y nos besamos como no lo habíamos hecho en todo el viaje.

Los taponautas en la Poncepista - II

—Te gustan las mujeres bajitas, ¿verdad?

—Sólo sé que me gustan las mujeres que me preguntan cómo me gustan las mujeres.

—Eres un cabrón.

—Y tú una mujer bajita que se cree alta.

Querube, que veníamos escuchándola desde que dejamos atrás a Yauco, finalizaba.

—¿Te molesta que fume?

—¿Te gusta que te bese?

Buscaba otra de Los Condes, pero dejé caer el iPod entre mis muslos cuando le indiqué que estábamos a punto de perder la salida.

Ante mi advertencia, ella acometió con diligencia el cambio abrupto de carriles.

—No contestaste mi pregunta.

—Ni tú la mía.

domingo, 29 de junio de 2008

Los taponautas en la Poncepista - I

—Todos los días se nos mueren neuronas.

No quise voltear a verla: en realidad sentía que algo se me moría. Tengo sed.

—Me salgo en la próxima. El desvío ha hecho esto insoportable y ya estoy cansada de tomar agua tibia.

Sigo sin mirarla. No alcanzaba a ver las divisiones de la carretera en todo su esplendor gris. Primero las letras negri-rojas de Ponce, luego el campo de golf y ahora, ¿esta autopista del sur?

—¿No tienes sed?

Si bien la sed me agujereaba la lengua y la garganta, en realidad no era lo apremiante. Estacionamos. El sur es un castigo durante los meses de verano. Sabía que se me moría algo más que las neuronas.

—¿Un refresco, un juguito? Dime qué quieres.

Continúo sin mirarla. Cuando finalmente sale ya sabe lo que quiero. Las once de la mañana se cuela adentro y ya empiezo a extrañar el aire acondicionado. La espera dentro de un carro siempre se vuelve ilógicamente larga. Regresa.

—No hay nadie comprando gasolina. Aquí tu cola...acá mi agua...

Algo se me muere. Es la luz de los meses de verano.

—...Y éstas, mis gafas. Deja verte...

Me saca del rostro sus gafas enormes. Me toca los ojos. Sabía que algo se me moría.

—No te preocupes, los recuerdos te ayudarán.

Aunque se me mueran neuronas todos los días.


[Nota aclaratoria: Ciertamente, en 1982
Carole Dunlop y Julio Cortázar hicieron el viaje París-Marsella en auto. No es un intento de plagio. Llamémosle homenaje. La pareja se mantuvo por más de un mes en las carreteras, creando una rutina de paradas en puestos de descanso, en parajes desolados para admirar las vistas y en habitaciones de los pueblitos y villas en donde les caía la noche. La tribu de los cafres cree que el equivalente de ese viaje en Puerto Rico es el de Bayamón-Ponce, sans las paradas en nuestros moteles (o en el Four Points de Willie). Próximamente (y antes de que La tribu se mueva a otros continentes) esperen otra miniserie titulada, Guaynabo City me roza (o el grupo de Facebook que nunca creé).]

La tribu errante