martes, 4 de noviembre de 2008

"On the road" en BAires

Me da miedo caminar con la mochila a mis espaldas que guarda mi recién adquirida Apple.  Si pudiera la llevaría en el bolsillo de al frente con mi billetera, USB drive y demás valiosos como las siempre ausentes monedas argentinas.  Monedas para el colectivo que me lleva a todos lados.  Monedas que me ayudan a enviar las postales a Miramar; monedas, en fin, que me hacen receptor de sonrisas por parte de cajeras frustradas por la falta de cambio.

Hoy fui a El Ateneo Grand Splendid, la librería más grande de Suramérica.  La tienda es una joya:  la librería está alojada en un antiguo teatro restaurado.  Donde era el escenario hay un café con todo y Wi-Fi.  Allí dejé doscientos y pico de pesos argentinos comprando los dos Volúmenes de los Cuentos Completos de Cortázar que edita Alfaguara, un libro de cuentos del uruguayo Leo Masliah ("Todas las estrategias de la narración apuntan a socavarla:  los acontecimientos no son más que versiones posibles de los hechos y las cosas y los seres no siempre son idénticos a sí mismos" -David Oubliña) y los monólogos paranoicos "Yo, yo y yo" del argentino Juan Filloy ("Elogiado por Alfonso Reyes y por Julio Cortázar, se le considera uno de los mejores escritores de habla hispana").  Ya les contaré de Filloy cuando me lo lea.

Luego salí de El Ateneo y me paré en otra librería, la Guadalquivir (www. proeme.com).  La variedad y cantidad nada comparan con El Ateneo pero pude conseguir casi todas las obras del escritor maldito del momento en la Argentina, Washington Cucurto ("Desde Osvaldo Lamborghini no asomaba un lenguaje tan violento, tan fosfórico en la literatura patria" -Tomás Eloy Martínez").   Irreverente, anti-canon, Cucurto escribe para alucinar y mearte de la risa con su mezcla de lunfardo, cumbiantera y negritud:  algo nada cercano  al clasismo intelectualoide europeo que permea en esta ciudad llamada Buenos Aires.  ("A Cucurto le interesa mucho más mencionar culos y tetas que las vueltas de la subjetividad. [...] Le interesa la vulgaridad de lo que puede ser dicho con las palabras de la música más popular:  Puig escuchó las letras de Le Pera, Cucurto la de la cumbia." -Beatriz Sarlo).  Me leí "El curandero del amor" (Emecé, Cruz del Sur, 2006) y me recordó a La Guaracha del Macho Camacho pero sudamericanizada: inmigrantes pobres y rumbones en un Buenos Aires que todavía no puede salir de su crisis política y económica, una sociedad en que la negritud es casi inexistente en el imaginario nacional, un país que se reinventa cartón a cartón, en que la literatura y los diseños de sus modistas son la única vanguardia y en el que la prostitución, como el psicoanálisis y los abortos, te lo reparten a plena luz del día y en todas las esquinas. Con Cucurto lo sutil toma el giro del sudor, de los traficantes y del barroquismo antiporteño.

Al final del día, sobre AR$300 en páginas y tinta.  Not a bad day at all.

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La tribu errante