sábado, 5 de diciembre de 2009

Ver las cosas desde lejos

Decidirse a salir, evitando mirar hacia atrás, causa la siguiente contraindicación: nadar largamente en la incertidumbre. Es una ventana rota. Adentro todo se puede tocar con sólo introducir la mano, cuidadosamente, porque se puede cortar. Y sangrar.

No se quiere sangrar (ni tan siquiera tocar; el riesgo es muy alto). Se busca mirar por el cristal con la clara intención de no volver. Nada más. Y nunca más. Las cosas, todas, tienen ventanas, tienen agujeros por donde mirarse. Muchas, sino todas, se rompen y se sigue caminando pensando que la senda que más lejos de lo quebrado lleve a uno es la correcta, hermosa, única senda. Hacia adelante siempre, dicen. Los ojos buscan el camino que más amplio se abra sobre el horizonte. Es el norte. Es el progreso.

Así las cosas permanecen inutilizadas. Sí, porque se sigue una línea recta, rectísima, sin curvas ni desviaciones ni círculos que son tan humanos; el pasado se quebró y llorar de nada vale porque llorar es, pues, passé. Como la ventana a la que se hace referencia en el primer párrafo de ¿esto? Como todo lo que se ha quedado y de vez en cuando se ve a lo lejos. Se ve y uno lo mira como si hubiese sido el hogar antiguo, una vieja piel que se mudó para aplazar el retorno (que nunca se digna en aparecer pero que fue tan de uno).

Uno se pone a mirar a través de la ventana porque hay veces que uno se extravía de tal manera que no tiene otro otro lugar a dónde ir. Sólo resta refugiarse en los vidrios rotos, la piel seca del pasado y anhelar (si es del todo posible) que la cola de cemento que se compró en la ferretería pueda devolverle a las cosas su forma perdida. Eso y una buena secadora de pelo que sujete bien las partes del todo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La maravillosa ternura del pavo

Cuando estaba en universidad iba con mi amiga Emily a Syracuse a pasar el Día de Acción de Gracias junto a su familia. Era el intermezzo a los exámenes finales y una perfecta oportunidad para planificar lo que le escribiría a la chica del momento que me gustaba: una carta de amor, un poema, una tarjeta con lindos versos. Ideaba la manera hasta de invitarlas a las fiestas de Navidad que se organizaban en el campus. Ahora me acuerdo del frío de la nieve de los últimos días de diciembre y del sótano de la casa fraterna donde se bailaba y las parejas se besaban. Como nunca mis cartas y poemas fueron bien recibidos, terminaba yendo con amigas que, por desgracia, luego también me empezaban a gustar y cuando finalmente decidía escribirles algo, mis palabras nunca encontraban el tibio pecho de sus lectoras.

Nuevamente al año siguiente, entre los árboles de manzana sin hojas, los caminos congelados y el frígido aire que me succionaba el calor del cuerpo en Upstate New York, me ideaba otros poemas y soñaba con otra chica. Esto se convertía en mi razón definitiva para fijarme en los detalles de Emily, en su ropa, sus cuidados, en lo que me respondía para así aplicar mis nuevos conocimientos en las muchachas de turno; de concentrarme en entender las letras de las canciones de Navidad que Rich -el papá de Emily- ponía en la sala antes de la cena. Frank Sinatra descompuso de tal manera mis recuerdos pasados sobre esta época, que luego del fin de mis estadías en Syracuse, todavía me veía sentado frente a la chimenea de la sala de Emily, intentando memorizarme las letras de Ol' Blue Eyes. Alguna vez le llegué a explicar a Rich mis apasionamientos y él me animaba en ellos, a la vez que me servía otroapéritif y nos disponíamos a esperar el banquete de la velada.

Lo curioso es que años después me encontraba a esas muchachas que les había escrito y hasta algunas accedían a un café y a una conversación. Todas muy bien con sus vidas-trabajos-novios/esposos-éxitos. En esos pocos minutos en que lograba atisbar las formas de sus cuerpos bajo los ropajes o la sonrisa que me ofrecían al pasarle un sobrecito de azúcar, redescubría las razones de mi atracción por ellas: el lunar en el cachete de una; la forma tan cómica con que otra todavía me hablaba mientras se devoraba una galleta; el espectáculo de sus dedos al aguantar la taza de café; su manera de responder el móvil, pagarme el café e irse apresuradamente (porque también hay formas de ausencia que ciertas personas vuelven únicas).

Luego de observarlas y recordar mis infructuosas historias con ellas, la verdad tocaba fondo y entendía la razón por la que nada había surgido entre nosotros: la lejanía de nuestros mundos. Esto se reconfirmaba cuando estas chicas, antes de marcharse, preguntaban sobre mí ya que a lo largo de nuestro encuentro no había lanzado pormenores de mi vida. Yo les respondía -cómo no hacerlo luego de su interés- con tres descripciones: desempleado, viviendo con mis padres y escribiendo. ¿No has publicado nada? Algunas veces mentía y les decía que sí, pero en vez de darle el título de un libro, las refería a mi blog (trataba así de subsanar mi mentira). Otras veces decía la verdad y a los pocos minutos me daban las gracias (en estas otras salidas impetuosas siempre tenía la amabilidad de invitarles el café y las galletitas, por supuesto) y se desaparecían entre la multitud de la ciudad.

De las siete u ocho chicas que he vuelto a ver, sólo una mostró interés y en esa ocasión rápido me increpó sobre mi estilo literario, de porqué sigues en esta ciudad si aquí no vas a encontrar oportunidades. Sal, mijo, tienes que irte de aquí, ¿o es que todavía no te has dado cuenta que esto es una tumba de ideas nuevas?

Entonces ella se acordó de una tarjeta que le di en las Navidades del 2002: todavía la guardo aunque no me creas. Ya sabía por donde iba la cosa y me sonreí con ella aunque en ese instante no recordaba las palabras exactas que le había dirigido, un gran descuido de mi parte ya que de lo único que suelo acordarme es de las cosas que escribo. Seguimos hablando en el café con el ímpetu del que deshoja una alcachofa y admito que no sólo empecé a sudar debajo de mi suéter, sino que inclusive acerqué más la silla a sus muslos y traté de buscarle sin recato sus ojos verdes, ignorando por completo el anillo de matrimonio que llevaba en esa linda mano que ya comenzaba a dibujar garabatitos en la servilleta (yo sudando y ella garabateando, ¿acaso no estábamos bastante viejos ya como para controlar el nerviosismo?). ¿En realidad fue una tarjeta de Navidad? Pues si quieres te la muestro.

La distancia entre el café y su apartamento no fue mucha, pero menos fue entre la puerta y la isla de la cocina donde nos comimos muy lentamente esa pequeño corazón de alcachofa que palpitaba dentro de nosotros. El instante en que le mordí su dedo anular ensortijado fue como escribir una nueva oración de mi siempre inconclusa novela: el poder metafórico que se disparó en mí al intentar estropear con mis dientes ese gran símbolo de la familia perfecta logró que finalmente nevara sobre la ciudad temporal que habíamos edificado sobre la isla rústica de madera, sustituyendo de un porrazo los lindos frutos otoñales de plástico que hacían juego con la decoración del apartamento y que ahora permanecían regados en el suelo.

En ningún momento pude recordar lo que le había escrito hace ya algunos años y ella, luego de disculparse para ir al baño y arreglarse un poco, no hizo ningún esfuerzo por encontrar esa tarjeta de Navidad de la que me había hablado. Dudé si en efecto esta mujer era quien decía ser. A decir verdad nunca le pregunté su nombre y en todo momento supuse que era ella, si total, me trató con la naturalidad más fresca del mundo. Pero, ¿estudiamos juntos? Sí, me respondió ella cuando nos tropezamos en el parque Lafayette y empezamos a hablar. ¿En Georgetown? Por supuesto. Espérate, fuiste la roommate de Carolina, ¿no? Pues aquí me tienes. Rápidamente supuse que en algún momento le había escrito algo o más bien invitado a la Gala de Navidad en la calle Prospect: la cierto es que su cara me parecía familiar junto a sus ojos verdes, inclusive, la forma un poco rara en que sus labios formaban las terminaciones de las palabras. A todas mis interrogantes me respondía en la afirmativa, pero eso sí, nunca me llamó por mi nombre. Nunca me dijo, Luis es fascinante lo que me escribiste o Luis, ¿no te pareció un poco ridículo mandarle tarjetas de Navidad a todas las chicas que te gustaban en aquel momento? Soy sincero y a mí no me parecía nada ridículo mi atropellado intento de conseguirme una novia y en el café nos reímos de mis ocurrencias y yo de las de ella, de su vida después de graduada, de que esta ciudad a veces cansa, pero más la cansaba su trabajo de abogada que compartía con su esposo. Y entonces aprovechó el hilo de la conversación para que le hablara de mí, un error de su parte (¡cómo entonces no caí en cuenta!): tan sabido es por la gente que me conoce que una vez me preguntan sobre mí tiendo a olvidarme de todo y a centrarme en mis grandes fracasos que proclamo como aciertos frente todos esos que viven guarecidos tras sus conquistas y, en estos últimos días, detrás de sus iPhones. Así logré interesarla más, y el resto fue historia, me dije, cuando intenté despedirme sin meter la pata e increparle en la cara: ¿pero acaso no te has dado cuenta que no nos conocemos?

Al despedirme ella me dio la mitad de una tarta de canela que, imagino yo, le sobraba en el refrigerador y cerró la puerta. Pensé en gritarle, ¡gracias por el bizcocho...Feliz Navidad!, pero en su lugar le di un mordisco a su regalo (hacía horas que no comía nada y ya mi estómago estaba al borde de la hecatombe con tanto café que le había vertido) y comencé a caminar hacia Syracuse, donde me esperaba una rica cena o por lo menos mi memoria en un estado mucho más ordenado que el actual.

Muchas gracias, Señora Historia

Y pensar que gracias a feriados como éstos vislumbraba que el amor todo lo podía (soñar es fácil, me decían algunos y les hice caso porque, bendito, pregúntenle al pavo [y a los pueblos originarios]).

sábado, 7 de noviembre de 2009

La antorcha tiki me hizo alucinar

El boli rojo no se ve en la oscuridad, pero es también la única manera en que un boli rojo puede de repente ser violeta, azul o anaranjado. Entonces es en la ausencia de luz donde todo es posible, donde el país se puede reinventar, donde podemos ganar siempre, donde golpeamos y hacemos sangrar a ese que nos cae tan mal. Hay también una fina línea entre el poder y la violencia. Digamos que esta es la única contraindicación que tiene la oscuridad. Por eso el tiki encendido --y solitario--, flotando como una nube sobre la noche, nos ha venido a rescatar (más bien a esclarecer) y a imponer orden a la dictadura de la negrura, a la libertad desenfrenada de lo transformable.

[Se detuvo un momento. Se guardó el boli rojo en el bolsillo de su camisa y se levantó. A los pocos minutos regresó con otro trago y volvió a tomar su asiento].

Adentro hablan y ríen de lo que nunca nos dijeron. Ahora, más que nunca, notamos lo diferentes que somos. Los años marcan una exagerada diferencia y es porque a veces importan y otras no. El cisma que habíamos intentado solapar se ensancha con cada risa y palabra dada al viento. Así lo quieren ellos y de verdad [este trago fue el más largo de los que había tomado anteriormente] yo no soy quién para decirles que cambien la geografía de nuestros problemas. Ellos adentro; nosotros afuera: ¿algún estado más metafórico que éste? Las metáforas, como las cosas vivas, cambian aunque el trabajo de escribirlas nos haga pensar lo contrario. A mí ese trabajo me tomó el pelo y por eso dejé de escribir, ahora sólo hablo.

Todo esto para advertirles que los tiempos mejores están por venir luego de que nos hayamos caído todos por la falla de las distancias que se ha abierto: porque de tanto intentar apartarnos, al final siempre nos acercamos más. Es lo que ellos haya adentro no entienden. Y es una regla de vida [calla y mira a los que están a su alrededor; les pregunta si les hace falta más tragos, si quieren que pase más comida]: lo más que evitamos es con lo que más nos topamos. En fin, que no sólo es muy cierto eso de que se podrá correr y correr pero nunca esconderse, sino que se podrá huir y rehuir, rellenar, tapar con la mano, ponerse una mascarilla para dormir, pero nunca nada va a cambiar. Eso solo ocurre en la oscuridad, en la falta de luces. O sea, en nuestras cabezas de ingenuos que creemos que podemos hacerlo todo.

[Por última vez se levantó, se acercó a las flamas de las cuatro antorchas tiki e inhalando todo el aire que sus grandes, grandísimos pulmones podían aguantar, las apagó de un porrazo, de un soplido que los dejó a la deriva en una oscuridad más espesa que todas sus ideas juntas].

domingo, 1 de noviembre de 2009

Teoría de los parques V: Dación en pago de la ciudad infinita

Yo nunca supe lo que era un precio cierto, ni dinero, besos, manos o signo que lo represente. Bocas, labios, dientes que nos obligaron a halarnos del pelo, porque masticarse las orejas tiene su límite (como no lo tenía mi promesa de entregarte esa cosa determinada, esa cosa que nació en mi habitación en Rivadavia y se desbordó por sobre los mares hasta llegarte).

Yo no sé de contratos cuando la ciudad se nos enredó en las miradas, abrazos, caminatas en sus parques de estar, en sus veredas irregulares y espressos acompañados con su vasito de agua de soda. Yo sólo quería entregarme como una cosa tan indeterminada para que luego tú me dieras forma, me amasaras entre tus pechos ondulantes y me dijeras que todo iba a estar bien mientras el cielo relampagueaba y las calles se inundaban súbitamente.

Yo comprado no quería nada, ni mucho menos vendido, ni arreglado por escrito. Lo queríamos todo al momento y que nuestros suspiros lo hicieran eterno.

Pero las palabras también llueven y las distancias se abren entre lo ideado, lo querido, entre las páginas no escritas de los contratos que nunca se perfeccionaron. Qué daría ahora por mudarme de esta ciudad, de escapar de sus brazos, regazo y piernas, de pagar cualquier precio. Las lágrimas mueren en la dureza de los propios ojos que prefirieron no mirar hacia atrás.

En otra ciudad, entre los bloques de granito que se elevan hacia el sol, la arenilla de los parques me parece la misma; los árboles, aunque en otra temporada, secretean como los de mi ciudad prohibida. Hay otros trenes, otros taxis, otras gentes que no miran ni espían, que te pasan por el lado en un acto repetitivo. Y aunque el olor es distinto, aunque nunca caminamos por estas calles, todavía, entre los pasos de la gente que se apura escapando del frío de octubre, escucho tus sandalias, el leve sonido de tu falda entre tus muslos y el merecido espacio vacío que creas en ésta y todas las ciudades que piso.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Cielo iluminado

A Gad Zeevi porque en este país amamos a los corruptos, digo, inversionistas ausentes.

Preludio de un ¡bum!

Años más tiernos, pero no menos activistas. Marchas y protestas por las emanaciones de la Gulf. Finales de los ochenta, principios de los noventa. El olor a químicos se sentía fácilmente en casa. Una vez la EPA dejó unos tanques especiales para que midieran la calidad del aire. Venían en unas cajas de metal. Ohhh, la teconología americana.

Una vez tuvimos que salir de casa y dar vueltas por la ciudad porque el olor era demasiado fuerte. No podíamos dormir. Conferencias en la comunidad de Puente Blanco en Cataño. De Bayamón, de una urbanización con control de acceso, fuimos a apoyar (¿el aire no es acaso tuyo y mío...de todos?) . Yo era muy chico para atreverme a hablar y le instaba a mi viejo que dijera algo, que nuestra participación quedará plasmada en el récord. La primera vez que vi esos audífonos graciosos que transmitían la interpretación simultánea del inglés al español (y viceversa).

Y fue esta vez que me enteré que no debíamos estar aquí. Que las industrias estaban primero. Que luego el plan se abandonó. Que las industrias (y los billetes) estaban primero. Que luego el rió se canalizó. Y las industrias, claro, estaban aquí primero y sus tubos y sus millones; sus tanques y contribuciones. Crearon riqueza, mucha, que trajo más gente con sueños e hipotecas. Vino Levitt y le dejaron que construyera su pueblo. Pero y las comunidades en Cataño, ¿no estaban aquí antes del petróleo? ¿Los árboles, los humedales y el tatarabuelo del guaraguao herido que tomó muy sensiblemente el lente de un fotoperiodista del periódico? El huevo ni el ave vineron primero. Al principio hubo la tierra, el agua y los árboles. Luego llegó el hombre con su fuego.

La angustiosa incertidumbre de tener la cara contra el piso


Por más breve que haya sido el momento marcado en la cara de un reloj (10, 15, 20 segundos) no lo fue para la mía que asumía la posición contra las losetas frías de mi casa. Estaba en el segundo piso y al escuchar los estallidos sólo supe tirarme al suelo. Y sí, estallidos eran, ¿pero de qué? ¿Disparos vengando la masacre de La Tómbola? ¿Nos bombardeaban? ¿Un avión caído de los cielos?

Luego del estupor, de saber que la casa todavía se sostenía y de que me había librado de algo desastroso, salí a la calle con mi perro. Todos los vecinos salimos al mismo tiempo (luego de recomponerse del susto incial, de la taquicardia, de sentir la posibilidad del final tan cerca) y cuando miramos detrás de mi casa (donde se abre el bosque por donde antes pasaba el río) el humo se alzaba y el anaranjado de las llamas se reflejaba contra la pizarra de la noche. Fue entonces cuando dije en voz alta que no, no había sido un avión sino la Gulf, algo se reventó en la Gulf.

Los periodistas del futuro: la tribu de Facebook y Twitter


La demora con que la prensa tradicional, escrita y televisada, respondieron a este suceso manifiesta su creciente obsolescencia. Las emisoras radiales picaron alante, pero ninguno de los canales locales ni los periódicos de mayor circulación lanzaron algo. El Canal 6 empezó a transmitir como a eso de las dos, casi tres de la madrugada y Primera Hora logró actualizar su página web mucho más rápido que El Nuevo Día, pero ya, hacía horas, que los que se habían despertado por la explosión o los que nunca se habían dormido, se habían enterado de la catástrofe que había ocurrido en las cercanías de Cataño y Bayamón. Fue entre los mismos usuarios de Facebook y Twitter que se descartó la posibilidad de un accidente aéreo y las primeras imágenes y videos fueron suministradas por los "tipos comunes" de nuestro pueblo. Periodismo legítimo, sin comprometer su integridad a cambio de agendas políticas (claro, siempre y cuando no sea el de traer la noticia primero y recibir más comentarios), el 5to poder como lo llaman o periodismo ciudadano, no sólo está para quedarse, sino que está comenzando.

Todos los fuegos la colonia


Lo que no se hizo esperar fueron las unidades de rescate de los municipios. Tan pronto cesaron las explosiones pude escuchar una sinfonía de alarmas moviéndose por la ciudad. No se puede negar este hecho: el mecanismo de emergencia del estado reaccionó a tiempo y construyó infraestructura necesaria casi al instante para abrir caminos y traer agua desde la bahía. Una respuesta rápida y efectiva de parte de Luis Fortuño, para parar el catastrófico incendio y para también ponerle un poco de freno a su marcado declive político.

Pero el estado nuestro siempre ha fallado junto con sus sucesivos gobiernos. Su falla ha sido en la fiscalización de la empresa privada, sobre todo la petroquímica, la farmacéutica y la de construcción. El estado colonial de Puerto Rico --pasando primero por la agricultura a gran escala, donde el capital ausentista norteamericano dominó por medio siglo nuestra economía-- con tal de bajar un poco la tasa del desempleo y de llenarle los bolsillos a otros pocos, procura no hacerle mucho berrinche a los grandes intereses económicos e industriales que han venido a Puerto Rico a hacer riqueza y dejar casi ninguna (véase, por ejemplo, las ya desaparecidas 936, tildadas de milagrosas por el establishment colonial, y a la hora de irse, no dejaron en la eonomía local, no sólo el dinero esperado, sino tampoco el know-how para desarrollar grandes industrias locales, de capital puertorriqueño, como suele ocurrir en otras jursidicciones).

El gobierno puertorriqueño no le hace berrinche al evitar galantemente la imposición de mayores impuestos a las corporaciones foráneas; regalando más tierras fértiles al cemento; no luchando activamente para acabar con las leyes de cabotaje; no desarrollando la (para)diplomacia boricua; haciendo todo lo posible para encapsularnos cada vez más en el sistema estadounidense cortándonos las alas a nosotros mismo. En esto todos los gobiernos han sido culpables.

El factor ecológico o cuán fácil es despachar lo verde


"Un daño ambiental incalculable", fue el estribillo que plagó la prensa durante las horas del incendio, durante las 60 horas del mismo. Incalculable. ¿Con esta palabra qué se pretendía? ¿Atribuirse, de un plumazo, una preocupación ambiental, tan políticamente correcta en estos días verdes? La columna de humo se elevaba y los residuos tóxicos viajaban por el cielo y sabe el viento y las nubes dónde habrá ido a parar. Fue sólo hoy, a tres días de haberse extinguido el incendio, que El Nuevo Día se expresó sobre el ambiente ("El gran reto es ambiental"). Pero antes la habladuría era sobre lo que hacían o dejaban de hacer los políticos, las historias de terror de la gente, las fotos impactantes y las teorías de conspiración. El ambiente, muy bien gracias, "por lo menos se está moviendo hacia el Atlántico". Y yo pensando, vaya, entonces mientras el particulado caiga en el mar y se congestione la atmósfera alta, estamos a salvo de la contaminación. También pensé en la responsabilidad con nuestros vecinos del Caribe: ¿sabe alguien hasta dónde han llegado estos contaminantes y los posibles efectos que puedan tener?
¿Quién asume la responsabilidad? ¿Se podrán alegar reparaciones por los daños ambientales? ¿Qué hacer con CAPECO?

Y finalmente, ¿dónde está Gad (y Sila, Cantero Frau y los millones que le perdonaron)?

Para muestra sólo basta un botón, pero para los eñangotaos, sólo nos resta ver al Partido Popular. La fábula del león aquí y cordero allá es harta conocida, pero qué tal ésta del monstruo de tres cabezas. La ex gobernadora debe esclarecer esta condonación de parte de la deuda que tenía que satisfacer CAPECO por sus violaciones ambientales. Dinero que se perdió para ayudar a mejorar el ambiente, para educar, para invertir en nuevas tecnologías. Pero nada de eso es efectivo en Puerto Rico, porque la mentalidad es que hay que mantener felices a ciertas personas que no vienen a la isla ni invitados y con los gastos pagos. Son nuestros grandes desarrollistas, los inversores ausentistas, ese gran capital detrás de la cortina del management que asegura nuestro camino seguro al progreso (¿y al recogido del café?...yep, ¿quién dijo que tenía que llegar la república pa' irse pa'l campo a trabajar la tierra?).

Las llamas no sólo simbolizaron la agria lucha social que estamos sufriendo, sino que confirmó que alrededor de ellas teníamos, además de los bomberos heroicos, un gobernador crecido y alcaldes usurpadores de la sombra de grandeza de Fortuño, un pueblo que miró la humareda y el fuego como quien ve en su home theater el último blockbuster del cine hollywoodense. Tal y como nuestro querido Gad lo vio, aunque por satélite, en la sala de su casa en Israel.

lunes, 19 de octubre de 2009

Desde la Escuela de Derecho: Lo más nuevo en la blogósfera

Reconocidos y respetados, el blog de los profesores de la Escuela de Derecho, Derecho al derecho, el de la Prof. Érika Fontánez Torres, Poder, espacio y ambiente, y el del Prof. Hiram Meléndez Juarbe, ...elplan..., han estado en la web desde hace ya algún tiempo. Los tres han sido punto de referencia y encuentro para los aliados de las causas justas, de la crítica y la academia. Han llenado, sin lugar a dudas, un espacio necesario entre los blogs boricuas.

Curioso --y más que bienvenidos-- son los blogs que han florecido en la blogósfera en días recientes y en especial en octubre, mes donde además del calor que se sigue arrastrando del verano (¿quién dijo calentamiento global?), está el sudor y fragua de las protestas, de los paros, de los cierres, piquetes y calletrecerías. Un mes convulsionado donde parte del resultado haya sido esta proliferación --y también reactivación-- de blogs como vehículos de libertad de expresión dice mucho sobre el afán del estudiantado y jóvenes profesionales en contribuir a la discusión pública sobre los problemas que aquejan a la nación (a la nuestra, a la puertorriqueña, y no a la mendigada como cree McCajita Feliz). Y dentro de ese torbellino de ideas, de entradas, sugerencias, disgustos y críticas es donde se regenera y fortalece nuestra democracia imperfecta.

Si ahora el aparato estatal va a vigilar lo que publican y anuncian los blogs de los estudiantes puertorriqueños (caramba, pareciera que estos neoliberales del penepé se están pareciendo cada vez más a los comunistas chinos), pronostico que incurrirán en más gastos al tratar de seguirle el rastro a estos blogs alternativos, disidentes y polémicos, casi todos concebidos en el tumulto de este octubre de 2009. ¿Alguien dijo miedo?

Cuentas y cuentos de Fernando Moreno (pre octubre)
Refugio Jurídico de Carlos Saavedra Gutiérrez (pre octubre)
Pensamiento, derecho y política de Luis Alberto Zambrana et al.
Sentido Común de Gamelyn Oduardo
Nananinas de Mariana Muñiz Lara
Garabato Mental de Irisel Collazo Nazario
Biodiversidad de Puerto Rico de Héctor J. Claudio Hernández
Rincón de la cinefilia de Julián Díaz Morales y Yanin M. Dieppa

jueves, 15 de octubre de 2009

Este blog apoya al Paro del 15 de octubre y a las luchas que se aproximan

Sin haber regresado me encontré con la universidad cerrada. Más clases perdidas, más atropellos de los que administran la cosa pública, el país. Hoy es viernes, ya terminó el sit-in de los compañeros de Derecho organizado valerosamente por el CAED(Comité de Acción de Estudiantes de Derecho), la Asamblea frente a Torre Norte; por descargue descolegiaron al Colegio de Abogados, el Supremo validó las escoltas y el Paro Nacional de ayer pasó a la historia. Ahora, porque el paso del tiempo nos brinda nuevas perspectivas, pasemos a hacer sentido y canalizar lo ocurrido en esta tórrida semana de octubre.

La vendetta como estrategia

El verdadero cambio del gobierno de Luis Fortuño es la torpeza con la que los apparatchiki han demostrado su visión de país. Si antes los gobiernos coloniales de turno hacían un esfuerzo para mantener esas voces acalladas, cubiertas en lindos eufemismos y discursos huecos, Fortuño, como fiel discípulo de las Reaganomics, ha encontrado su vocación en desmantelar a la clase pobre de Puerto Rico tanto física como moralmente para el beneficio de unos pocos. El uso de términos de la Guerra Fría no es una mera coincidencia: en Puerto Rico, al ser una nación en la periferia de los grandes cambios mundiales, todavía estamos implosionando al país a través de ideologías absolutistas, tanto de izquierda como de derecha.


El interés de Fortuño de hipotecar al país bajo los peores términos responde a dos razones principales: sus vínculos corporativos con el gran capital que chocan de frente con los intereses de las comunidades y ciudadanos "que no pueden comprar limbers", y su ideología republicana-neoliberal que ve en la organización de masas un peligro inminente porque busca transformar, reenfocar y empoderar a los que no tienen gran participación económica ni política.

La combinación de ambas razones sólo va a causar una cosa: la eventual radicalización del sector mayoritario de Puerto Rico (los pobres y la clase media asalariada) que va a empezar a vivir un empeoramiento sustancial en su calidad de vida. Y es la calidad de vida, el sentido de comunidad, los valores inmutables de los puertorriqueños, lo que este gobierno no siente, entiende ni mucho menos busca proteger.

El cálculo político muchas veces se queda corto de abarcar al componente humano. Son incontables los efectos que emanan del desempleo, las faltas de oportunidades y un tren de vida que favorece al privilegiado y las respuestas que formulan la clase política dominante colonial (azules y rojos) para responder a ellas están más que desprestigiadas. Pero se persevera en ellas, para cuadrar dentro de un marco ideológico-político en particular, para no asustar al americano, para llevar esto hacia una estadidad inasequible o a la continuación perpetua del protectorado indecoroso.

Mayordomos eternos y bochornosos. Esos son los gobernadores de Puerto Rico. Muñoz Marín empezó con la tradición y Fortuño (que hábilmente ha sabido citar a "El Vate" en sus discursos) la ha perfeccionado: vamos a radicalizar a las "garrapatitas vividoras", cortarle el oxígeno, quitarle el Colegio, seguir derrochando el erario en custodiar a los ex gobernadores, en contratos millonarios (may the real Edwin Mundo, please stand up?), a acabar con el Fideicomiso del Caño y pa' fuera los empleados públicos. Crear una radicalización --ya se está hablando en varios círculos-- para invocar el Patriot Act. Y no estoy halando este tema por los pelos, es que ya todo el río subterráneo de los temores y visiones de Puerto Rico ha salido a la superficie. Desde este verano hasta ayer mismo los medios tradicionales y no tradicionales de prensa han captado en varias frases y comportamientos elocuentes de Fortuño y Cía la insensibilidad e incapacidad para gobernar a un país como el nuestro. Ya se ha trazado la línea entre ellos y nosotros: para ser afortunado hay que ser rico y si no, pues a jugar la Loto, las crápulas son las que protestan, las garrapatitas las que organizan a las comunidades, los del Fideicomiso son unos buscones, los comunistas los que intentan frenar el atropello de la policía, los cineastas, escritores, artistas y otros trabajadores de la cultura hay que censurarlos en nombre de la moral de unos y sacarlos de carrera a favor del gran capital; terroristas son los que llaman a abrir los portones de la Universidad, los que mueven al pueblo a protestar, los que se oponen al gobierno, los que buscan transformar.

Se ha formado una cadena de eventos que en realidad son castigos para arrinconar a los que se dignan de elevar su voz contra el conformismo y el atropello. La descolegiación del Colegio va de la misma mano con el atentado que cerró a la universidad esta semana. Si seguimos conectando los puntos llegamos al contubernio neoliberal-fascista entre la legislatura, el Municipio de San Juan y el ejecutivo en contra del Fideicomiso ("lo más importante es el empoderamiento individual", subrayó nefastamente Fortuño) y al desalojo xenofóbico de Villas del Sol.

El martes 13, el Supremo le dio su bendición a las escoltas (para guisar no hay diferencias entre azules y rojos) y descolegió a los abogados mediante una aprobación por descargue, así incumpliendo (aunque, en serio, ¿se esperaba lo contrario?) la promesa del Presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz (y de otros senadores) de llevar un proceso transparente y de altura. De este modo, Tommy se vengó, como un nene chiquito, de la efectiva mediación que el Colegio había prestado horas antes, en el impasse entre el CAED y la policía en la Avenida Ponce de León.

Jorge Santini, Thomas Rivera Schatz, Marcos Rodríguez Ema, Kenneth McClintock y Fortuño se creen que tienen el país en bandeja de plata listo para repartírselo y la estrategia que han seguido lo confirma. Pretender acabar con la disidencia, la denuncia, el grito del que no puede ejercer sus derechos de otra forma y al mismo modo llamar a mantener inmaculado el mal llamado "imperio de la ley y el orden", es una hipocresía. No se puede preservar el contrato social imperturbable si las condiciones sociales no lo permiten. Puerto Rico puede muy bien llegar, en cualquier momento, a ese punto. Y tal parece que así lo está buscando el partido en el gobierno.

¡Que el paro no se detenga, que mañana toca a la Isla entera!


Ante este escenario, los compañeros de la Escuela de Derecho han acallado las voces pusilánimes que quieren ver a un estudiantado dócil, encerrado en bibliotecas y salones. La desobediencia civil, la amplia convocatoria y la presencia sistemática en las luchas más importantes de nuestro país debe servir de catalítico para reformar la profesión jurídica y el estatus actual de los asuntos en Puerto Rico. El Paro de ayer fracasa si no sirve para "revolcar el hormiguero" como siempre nos recuerda la profesora Morales-Cruz. No es que la lucha va a comenzar ahora (¡la misma comenzó hace tanto!), es que la lucha se debe dar desde cualquier trinchera. En el Paro o dentro del Paro, ya lo vaticinó de Diego: "dentro del régimen, en contra del régimen".

Se debe buscar un moméntum más duradero para provocar los cambios antes que se le venza el término a este gobernador. Para bien o para mal, el camino que está llevando este gobierno causará, más temprano que tarde, que lo que ayer fue un paro y anteayer varios episodios importantes de desobediencia civil, crezca en un movimiento político social (me imagino a soberanistas junto con independentistas, estadoístas desencantados, no afiliados y grupos civiles, religiosos y alternativos) que pueda permanentemente combatir las injusticias y diseñar un tan necesitado plan nacional, inclusivo y realista.

Del Paro a la Huelga nacional un paso no es, pero esa debe ser la próxima meta y para eso se debe trabajar. Los chinos han podido ver, por siglos, las oportunidades detrás de las crisis: el carácter para la palabra crisis, 危机, weiji, contiene siempre la semilla para nuevos comienzos. Nos toca a todos, para salvar la nación puertorriqueña, no desaprovechar el cruce de caminos que se aproxima para acabar con el inmovilismo social y la sórdida realidad que consume nuestros días.

Todas las fotos (c) Regina Rodríguez Manzanet. Para ver más de su talentoso lente, vaya aquí.

Más fotos del Paro gracias a José Borges por aquí.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Tantas veces Breñas


La flaca de la gorrita cammo y bikini engullido entre las nalgas está en la orilla dándole chupitos de cigarillo a su novio que está metido hasta las rodillas en la playa. Bastante nalgona para ser flaquita, pensó Pedro. Hay veces que las flacas vienen así, Pedrito, Jefté le adivinó la mirada. ¿Fumar en el agua? ¿Será tan bueno? ¿Qué crees?, lo evadió Pedro. Con lo que sales, Pedrito, con lo que sales.


La misma flaca con un tatuaje de carácteres chinos encima de la nalga izquierda. Todas tienen una variación de esos signos, es lo último. Uy, Pedrito, qué bien se ven…ahí encimita del bikini, ¿en la caderita? ¿Abrimos las sillas o qué?, le cortó Pedro. Le siguieron Morrison y Chino. La neverita es mía y hacia ella corrió Jefté.


Pedro se dispuso a desdoblar su silla de playa y cuando lo hizo diez cucarachas enormes salieron nerviosas, con las antenas alertas, del interior. ¡Está cabrón, esto es un asco!, gritó Pedro. ¿Desde hace cuánto no vas a la playa, Pedrito? ¡A matarlas!, Morrison las perseguía y trataba de pisarlas con el talón desnudo. Pedro ni se acercaba, mira, deja eso… ¡Písalas todas, que no quede ni una!, ordenaba con chancleta en mano, desde lejos, haciendo el amague de lanzarla para acabar con uno de esos insectos. El Chino les tiraba arena tratando de sepultarlas.


Jefté, por el contrario, reaccionó a lo de las cucarachas abriendo una cerveza y sentándose sobre la neverita. El sol de la una de la tarde, una cerveza bien helada y el tatuaje chino alejándose de poco a poco: no tenía que inmutarse por unas simples cucarachas. Cualquiera que lo viera diría que sólo perseguía con la vista a esas cimbreantes nalgas que devoraban el bikini. Pero no. Jefté se preguntaba si todo lo que hoy celebraban –delatar, informar, en fin, hacer lo que hicieron– daría el resultado esperado. Fue entonces cuando se tiró a la arena tratando de esquivar la silla de Pedro que, junto a algunas cucarachas, volaba por los aires.


«¡Uh, oh!»


Pedro volvió a matar una araña bajo la incandescencia de su lámpara de escritorio. Hacía dos años, cuando tenía dieciséis, que no atrapaba a una de esas arañitas inofensivas que se cuelan por las ventanas, la había encerrado en una copita plástica volteada y la había puesto bajo la luz. Muchas veces había verificado que estas lamparitas compradas en un pulguero de Massachusetts tenían una luminosidad intensa y voraz. Derretían hasta el plástico, le escribía a su maestra de inglés en el ICQ cuando ya no encontraba qué más decirle. Pedro recordaba esas noches de hace ocho años el día en que decidió buscar el récord de las conversaciones que tuvo con ella. López Nieves va a estar muy contento, se dijo cuando encontró las casi doscientas páginas de transcripciones que había impreso meses atrás.


Pedro lee las transcripciones de ICQ:


»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:23PM): hoy no pasaste por el salón… te extrañé, t pasa algo?

Mălądīnø(10/1/99-11:14:27PM): estaba cansado……y frustrado

»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:28PM): me hiciste falta

»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:28PM): de q??

Mălądīnø(10/1/99-11:14:31PM): es que bueno, tú en la escuela y uno ahí viéndote sin poder hacer nada…

»CĤεłŸ«(10/1/99, 11:14:31PM): hacer q???

Mălądīnø(10/1/99-11:14:35PM):pues estar junto a ti, bes……

……….

Mălądīnø(2/13/00-12:20:46AM): la pasaste bien?

»CĤεłŸ«(2/13/00-12:20:49AM): Sí. Gracias por todo. Hacia tiempo que no me pasaba algo asi…

Mălądīnø(2/13/00-12:20:53AM): Así cómo?

Mălądīnø(2/13/00-12:20:54AM): Tú sabes lo que siento por ti…

»CĤεłŸ«(2/13/00-12:20:59AM): Y por eso te doy las gracias… eres alguien especial.

Mălądīnø(2/13/00-12:21:03AM): sabes?, me haces feliz

……….

Mălądīnø(2/25/00-10:43:07PM): te quiero desnuda, cerca de mí, sentirte respirar y tenerte por detrás, mantenerme dentro y hacerte estallar conmigo, al mismo tiempo, al mismo instante

»CĤεłŸ«(2/25/00-10:43:13PM): Wow! Son palabras mayores…

»CĤεłŸ«(2/25/00-10:43:14PM): hay más de dónde vino eso?

Mălądīnø(2/25/00-10:43:22PM): Hay más, mucho más… cuándo será?… tú sólo dime y ahí llego… no puedo esperar… quiero conocer como es con una mujer mayor…

»CĤεłŸ«(2/25/00-10:45:14PM): …mi familia tiene una casa en Breñas…

……….

Mălądīnø (12/04/00-11:10:38PM):estás ahí? Pq no respondes?? jelouuuu!

Mălądīnø (12/04/00-11:13:48PM):hoy no te vi en el colegio, estás bien?, quiero saber… te llamé pero estaba ocupado, por eso intento por aquí…

Mălądīnø (12/04/00-11:13:59PM): fue algo que hice, dije?

»CĤεłŸ«(12/04/00-11:23:15PM): no, Pedro… es que estoy cansada del colegio… me quiero ir de allí

Mălądīnø (12/04/00-11:23:19PM): déjame ayudarte

……….


«¡A Bebo’s, aunque la bulla no nos deje hablar!»


¿Llamo o no llamo? ¿Qué le digo? Sí, hola, busqué su número en la universidad y pensé llamarle… No, así no. Buenas, doctor López Nieves, le habla Pedro Carmona Nazario, un seguidor suyo, y quiero invitarlo a Bebo’s para hablar de una novela...de mi novela.


Sé que en Bebo’s el ruido se refleja en los precios. Que hay una pantalla inmensa proyectando el bloque telenovelero de seis a diez, pero cualquier asopao es bueno. Y, ¡ah!, acabarlo todo con un morirsoñando o un frappé de papaya… Ya usted sabe por qué los gringos llegan hasta la calle Loíza, rico, barato y pintoresco. Tengo que llamarlo.


O mejor, qué tal abordarlo así: He leído todos sus libros y quiero, como usted, trocar la historia, bueno, mi historia. ¿Podríamos hablar sobre esto? Yo invito, por supuesto. Hay venganza, sexo entre estudiantes y maestras como está de moda en estos días y mire que todo esto pasó en 1999, 2000 y 2001. Con una protagonista bien educada, pero bueno, usted sabe, una mujer fatale, y, ah, sí, con un culo esférico y vello púbico bien arregladito en un landing strip. Pero qué dices, ¡¡qué dices!! Así te engancha y ya se te esfumó la oportunidad con el doctor. Pues sí, ella una maestra, veintiséis años, imagínela con esos pantalones de oficina bien apretados, con una blusita también pegadita, caminando por los pasillos de un colegio de varones. Sí, así mismo iba a la escuela. Ya ni se lo imagina. Lo siente. Véala besándose con sus estudiantes, y ahora no con algunos estudiantes sino con media escuela y no sólo besándose...exacto. Y nosotros, los más cercanos a ella ni por enterados. Creyendo todo lo que nos decía, rebelándonos contra las injusticias que la administración supuestamente siempre le hacía. Éramos algo preciado para ella; éramos su fan club incondicional.


Hay que ir preparado para enfrentar al doctor López Nieves. Bien documentado. Me tiene que contestar: ¿es posible hacer ficción de algo tan real y personal como esta historia? ¿Cambio nombres, los dejo igual? La suerte siempre ha estado de su lado porque usted escribe de gente muerta o inventada… De hecho, El corazón de Voltaire, me lo devoré tan pronto salió el mes pasado, estupendo. Pero yo, en cambio, voy a escribir sobre gente viva. Sepa que todavía recibo noticias de la maestra. Cada vez que alguien la ve la información siempre llega hasta mí. ¿Ve cómo la gente no ha olvidado lo que pasó hace ocho años?


Quiero tergiversar mi historia para salir de ella, matar a esta locura que me consume… Cuando me escuche el doctor me dirá que es demasiado obvio, que tengo que involucrarme en otras cosas, dejar esto a un lado. Pero ahí mismo le respondo que, por eso, usted es el único que me puede ayudar. Lo sé, me rechazará.


Todo lo que pretendo hacer, ¿es válido en la literatura? ¿No caeré en las mismas cosas de siempre? ¿O me mandará a Ciudad Seva? No, ahora sí que no lo vas a llamar, y olvídate de invitarlo a un morirsoñando o a una Coca-Cola, él sólo toma Pepsi sin cafeína.


«¿La venganza es felicidad?»


Breñas, Breñas, Breñas, repetía Pedro, tirado en la arena. Pedrito, ya para. ¿Lo hicimos o no lo hicimos? Hablamos con el director... ¿Acaso no era lo que querías hacer con la misi? Fue venganza, te lo dije siempre, Morrison volvía a hacer su punto. El Chino sólo abría la boca para tomar más cerveza.


Gordo, nunca más la volverán a contratar... Esto se ha regado por todos lados, ya hiciste lo que querías, ¿verdad Pedrito? ¿No te sientes feliz de haberla jodido? Nosotros somos los que estamos jodidos, Jefté, nosotros, Morrison no se cansaba de repetir. Gordo, si fuiste tú el que conseguiste las conversaciones de ICQ, tú fuiste el que entraste a su computadora.


No fue venganza; no, lo hicimos por nosotros. ¡No! ¡Fue por ti! ¡Cállate, Morrison! Lo hicimos para que no vuelva a ocurrir. Pedro pensó en levantarse pero prefirió quedarse acostado en la arena. Su silla estaba nuevamente cerrada: él no se quería sentar en lo que hasta hace poco había sido un nido de cucarachas.


Entonces, Pedrito, ¿por qué esa cara? ¿Por qué sigues ahí tomando y tomando (mira, ya casi nos has acabado las cervezas) y pensando en Breñas cuando Edison le metió mano? Eso es lo que le molesta, Jefté, por eso nos hizo hacer esto... ya sabía yo, Pedro, tenías envidia, estabas herido. No sabes de lo que hablas, además no fui yo quien jaqueó su máquina: fuiste tú, Gordo. ¡Ja!, ahora me dices gordo como el maricón de Jefté. Lo que pasa es que Jefté conoce a Breñas muy bien. ¿Y tú qué haces hablando, Chinito? ¿Qué dices? Miente, Pedrito, si no ves que él también se ha tomado par de cervezas.


El Chino se levantó de donde estaba tendido y se quitó la camisa. Las cinco de la tarde es buena hora para meterse al agua, ¿no me quieren acompañar? Pedro comenzó a sospechar no sólo de Jefté, sino del Chino también. ¿Acaso no descubrió así lo que ella hizo con su amigo de toda la vida, Edison, en Breñas? Sospechando, claro; por confidencias. Pedro se levantó finalmente: yo también me voy a meter. Vamos, Chino, hay que enterrar esto. Claro, Pe, ya hablamos, ya mandamos los e-mails, nos desquitamos. Pedrito, cuidado con lo que te vaya a decir este Chino. Ya, Gordo, ¿vamos también?


Y mientras los cuatro se acercaban al agua Pedro sólo pensaba en Breñas, Breñas, Breñas.


domingo, 27 de septiembre de 2009

Bonito atardecer

“Mi REINO es de papel

y todo lo que toco

se convierte en palabra.”

-El Rey de Gramercy Street


“Y encima el sol dejando

crecer inmensamente sus cabellos

sobre nuestras cabezas de alfiler.”

-De Vuelta de paseo


-Lorenzo Helguero, Poeta en Washington, D.C.



Este papel no estaba destinado a aguantar esta historia. Salió de algún árbol de los bosques canadienses y fue comprado por el gobierno federal estadounidense en su forma final como hoja crujiente y blanca. La Oficina General de Administración apropió parte de ese cargamento y al ser pedida por los jueces de este distrito territorial, la partida de papel fue finalmente entregada a las oficinas de la corte de distrito en el Viejo San Juan. Junto a sus demás hermanos papeles lo sacaron de su empaque una calurosa mañana de junio, arreciada por los polvos del Sáhara y cuando entró en las frías cámaras de las impresoras nunca se imaginó que en estas cortes se reciclaba.


Fue en la consecución de este afán que Raúl Helguero cobró conciencia de esta hoja cuando la tomó del cesto de reciclaje para usarla en alguna de sus tareas. Hacía unos días el papel había servido de portada a uno de los incontables documentos legales que imprimía. Estaba escasamente marcado y al reverso aún se vislumbraba la blancura virginal de un producto de calidad. Al contacto con los dedos de Raúl ninguno de los dos supo que meses después retratarían con palabras un atardecer de finales de septiembre.


Ese atardecer tampoco sabía que eventualmente cabría en estas páginas. Todo fue un impulso, un estruendo que dividió el tiempo en tres rebanadas de viento. Poca cosa para servir como excusa de un escrito que nadie se había propuesto a escribir. El papel, Raúl y el atardecer encadenados en una secuencia impredecible, en un elaborado nudo de partículas residuales de lo que fue, es y pudo haber sido.


1

Fue anunciarle en aquel momento que la luz de las seis de la tarde de los domingos era más placentera que cualquier otra. Como Raúl había estado todo el día leyendo y ella pintando, no habían preparado nada para comer. Pan y queso mozzarella, dijo ella. Mejor una ensalada, interpuso Raúl. La mirada de ella comenzó a rondar por los espacios superiores de la cocina y al final se encogió de hombros: la lechuga se terminó de podrir ayer. ¿No hay entonces? No y rió secamente.


Raúl no entendía cómo ella mantenía limpios sus pequeños dedos de los colores de las pinturas, mientras la tinta de los bolígrafos que usaba para resaltar los pasajes imprescindibles de sus lecturas le había transgredido las palmas de las manos y hasta la tela de su camisa. Pediremos chino y se encaminaron a la terraza. Fue allí donde hizo el comentario de las seis de la tarde. De la luz que sellaba estos domingos de entregas a domicilio y de esa irresistible soledad que engullía las calles de Miramar. A todo esto ella ya dormía en la hamaca.


2

Es hoy cuando este papel recibe el bonito atardecer a base de estos trazos. Los libros de leyes mutan por páginas amarillentas de viejas novelas redescubiertas y éstas por el fresco de colores que se recrea apesadumbradamente en el cielo. A los rayos del sol, claramente, no les hace falta papeles para escribir. Y para ver, ¿qué mejor que abrir la boca y tocar las cosas con el paladar?: así entran las esencias del fin del día, de esos nudos invisibles de gases que encienden el firmamento en llamas.


Raúl separa suavemente los labios, asoma la puntita de la lengua al aire y sin abrir los ojos sabe que esas horas tan espléndidas de las que hablaba y todavía habla se suceden demasiado rápido para viajar en el tiempo.


3

Pudo haber sido que el árbol que creció en el frío de Canadá nunca hubiese nacido ni que Raúl Helguero se hubiese decidido por las humanidades y en su lugar se hubiese estrellado contra la frialdad de los números. De este modo no habría podido darse cuenta de que el ocaso de los domingos tiene un sabor agridulce a flores y a un baño caliente con agua de azahar.


El atardecer también se hubiese dado en otro planeta, muy lejos de éste, con un sol cuyos rayos hicieran crecer voluntades y no sólo palabras.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fragmento de algo de siempre escrito por allá


Martín me había convidado a unos mates en el primer mate-bar que veía en la ciudad. ¿Esto no es para turistas? Aquí venimos los estudiantes, ¿no ves? Justo al lado estaba la facultad de psicología de la UBA y frente a toda la cuadra se extendía, casi interminable, la Avenida Independencia que pasaba por una de las partes de Buenos Aires que más vieja y destartalada se mantenía.


Mentiría si no dijera que me acuerdo mal de las cosas que hablamos allí por varias horas. Tengo clarísimo, eso sí, el nombre del mate que tomábamos (Amanda), las chicas vestidas de vaqueras promocionando la marca, las dulces medias lunas y las universitarias --futuras psicoanalistas en esta ciudad nula de secretos-- que rondaban en el lugar con sus melenas inconformes. Martín abría la boca y me contaba. Sé que llegamos a mencionar el nombre de Ale, de cómo nos conocimos, de lo que habíamos viajado juntos. Luego, de nosotros, de por qué él había regresado a Buenos Aires y yo había vuelto a salir de San Juan. ¿Pensás volver? De eso también me acuerdo, cómo no hacerlo: tan gracioso cuando otros preguntan por lugares para ellos desconocidos y para uno tan habituales y propios. Me pregunta y mi respuesta ya es automática, como la incómoda mirada que a ratos le doy a las personas con quien hablo: directa a los ojos, como si tratara de robarles el alma o inquirir en sus pensamientos. Y así me vacié, con esa larga cara mía descomponiéndose aún más para decirle que me prestara atención, que aunque creyera que estaba en busca de amparo en Buenos Aires, no, no pensaba volver.

La tribu errante