"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Feliz Navidad Rockera
viernes, 25 de junio de 2010
Lluvias
miércoles, 28 de octubre de 2009
Cielo iluminado
Años más tiernos, pero no menos activistas. Marchas y protestas por las emanaciones de la Gulf. Finales de los ochenta, principios de los noventa. El olor a químicos se sentía fácilmente en casa. Una vez la EPA dejó unos tanques especiales para que midieran la calidad del aire. Venían en unas cajas de metal. Ohhh, la teconología americana.
Una vez tuvimos que salir de casa y dar vueltas por la ciudad porque el olor era demasiado fuerte. No podíamos dormir. Conferencias en la comunidad de Puente Blanco en Cataño. De Bayamón, de una urbanización con control de acceso, fuimos a apoyar (¿el aire no es acaso tuyo y mío...de todos?) . Yo era muy chico para atreverme a hablar y le instaba a mi viejo que dijera algo, que nuestra participación quedará plasmada en el récord. La primera vez que vi esos audífonos graciosos que transmitían la interpretación simultánea del inglés al español (y viceversa).
Y fue esta vez que me enteré que no debíamos estar aquí. Que las industrias estaban primero. Que luego el plan se abandonó. Que las industrias (y los billetes) estaban primero. Que luego el rió se canalizó. Y las industrias, claro, estaban aquí primero y sus tubos y sus millones; sus tanques y contribuciones. Crearon riqueza, mucha, que trajo más gente con sueños e hipotecas. Vino Levitt y le dejaron que construyera su pueblo. Pero y las comunidades en Cataño, ¿no estaban aquí antes del petróleo? ¿Los árboles, los humedales y el tatarabuelo del guaraguao herido que tomó muy sensiblemente el lente de un fotoperiodista del periódico? El huevo ni el ave vineron primero. Al principio hubo la tierra, el agua y los árboles. Luego llegó el hombre con su fuego.
La angustiosa incertidumbre de tener la cara contra el piso
Por más breve que haya sido el momento marcado en la cara de un reloj (10, 15, 20 segundos) no lo fue para la mía que asumía la posición contra las losetas frías de mi casa. Estaba en el segundo piso y al escuchar los estallidos sólo supe tirarme al suelo. Y sí, estallidos eran, ¿pero de qué? ¿Disparos vengando la masacre de La Tómbola? ¿Nos bombardeaban? ¿Un avión caído de los cielos?
Luego del estupor, de saber que la casa todavía se sostenía y de que me había librado de algo desastroso, salí a la calle con mi perro. Todos los vecinos salimos al mismo tiempo (luego de recomponerse del susto incial, de la taquicardia, de sentir la posibilidad del final tan cerca) y cuando miramos detrás de mi casa (donde se abre el bosque por donde antes pasaba el río) el humo se alzaba y el anaranjado de las llamas se reflejaba contra la pizarra de la noche. Fue entonces cuando dije en voz alta que no, no había sido un avión sino la Gulf, algo se reventó en la Gulf.
Los periodistas del futuro: la tribu de Facebook y Twitter
La demora con que la prensa tradicional, escrita y televisada, respondieron a este suceso manifiesta su creciente obsolescencia. Las emisoras radiales picaron alante, pero ninguno de los canales locales ni los periódicos de mayor circulación lanzaron algo. El Canal 6 empezó a transmitir como a eso de las dos, casi tres de la madrugada y Primera Hora logró actualizar su página web mucho más rápido que El Nuevo Día, pero ya, hacía horas, que los que se habían despertado por la explosión o los que nunca se habían dormido, se habían enterado de la catástrofe que había ocurrido en las cercanías de Cataño y Bayamón. Fue entre los mismos usuarios de Facebook y Twitter que se descartó la posibilidad de un accidente aéreo y las primeras imágenes y videos fueron suministradas por los "tipos comunes" de nuestro pueblo. Periodismo legítimo, sin comprometer su integridad a cambio de agendas políticas (claro, siempre y cuando no sea el de traer la noticia primero y recibir más comentarios), el 5to poder como lo llaman o periodismo ciudadano, no sólo está para quedarse, sino que está comenzando.
Todos los fuegos la colonia
Lo que no se hizo esperar fueron las unidades de rescate de los municipios. Tan pronto cesaron las explosiones pude escuchar una sinfonía de alarmas moviéndose por la ciudad. No se puede negar este hecho: el mecanismo de emergencia del estado reaccionó a tiempo y construyó infraestructura necesaria casi al instante para abrir caminos y traer agua desde la bahía. Una respuesta rápida y efectiva de parte de Luis Fortuño, para parar el catastrófico incendio y para también ponerle un poco de freno a su marcado declive político.
Pero el estado nuestro siempre ha fallado junto con sus sucesivos gobiernos. Su falla ha sido en la fiscalización de la empresa privada, sobre todo la petroquímica, la farmacéutica y la de construcción. El estado colonial de Puerto Rico --pasando primero por la agricultura a gran escala, donde el capital ausentista norteamericano dominó por medio siglo nuestra economía-- con tal de bajar un poco la tasa del desempleo y de llenarle los bolsillos a otros pocos, procura no hacerle mucho berrinche a los grandes intereses económicos e industriales que han venido a Puerto Rico a hacer riqueza y dejar casi ninguna (véase, por ejemplo, las ya desaparecidas 936, tildadas de milagrosas por el establishment colonial, y a la hora de irse, no dejaron en la eonomía local, no sólo el dinero esperado, sino tampoco el know-how para desarrollar grandes industrias locales, de capital puertorriqueño, como suele ocurrir en otras jursidicciones).
El gobierno puertorriqueño no le hace berrinche al evitar galantemente la imposición de mayores impuestos a las corporaciones foráneas; regalando más tierras fértiles al cemento; no luchando activamente para acabar con las leyes de cabotaje; no desarrollando la (para)diplomacia boricua; haciendo todo lo posible para encapsularnos cada vez más en el sistema estadounidense cortándonos las alas a nosotros mismo. En esto todos los gobiernos han sido culpables.
El factor ecológico o cuán fácil es despachar lo verde
"Un daño ambiental incalculable", fue el estribillo que plagó la prensa durante las horas del incendio, durante las 60 horas del mismo. Incalculable. ¿Con esta palabra qué se pretendía? ¿Atribuirse, de un plumazo, una preocupación ambiental, tan políticamente correcta en estos días verdes? La columna de humo se elevaba y los residuos tóxicos viajaban por el cielo y sabe el viento y las nubes dónde habrá ido a parar. Fue sólo hoy, a tres días de haberse extinguido el incendio, que El Nuevo Día se expresó sobre el ambiente ("El gran reto es ambiental"). Pero antes la habladuría era sobre lo que hacían o dejaban de hacer los políticos, las historias de terror de la gente, las fotos impactantes y las teorías de conspiración. El ambiente, muy bien gracias, "por lo menos se está moviendo hacia el Atlántico". Y yo pensando, vaya, entonces mientras el particulado caiga en el mar y se congestione la atmósfera alta, estamos a salvo de la contaminación. También pensé en la responsabilidad con nuestros vecinos del Caribe: ¿sabe alguien hasta dónde han llegado estos contaminantes y los posibles efectos que puedan tener?
¿Quién asume la responsabilidad? ¿Se podrán alegar reparaciones por los daños ambientales? ¿Qué hacer con CAPECO?
Y finalmente, ¿dónde está Gad (y Sila, Cantero Frau y los millones que le perdonaron)?
Para muestra sólo basta un botón, pero para los eñangotaos, sólo nos resta ver al Partido Popular. La fábula del león aquí y cordero allá es harta conocida, pero qué tal ésta del monstruo de tres cabezas. La ex gobernadora debe esclarecer esta condonación de parte de la deuda que tenía que satisfacer CAPECO por sus violaciones ambientales. Dinero que se perdió para ayudar a mejorar el ambiente, para educar, para invertir en nuevas tecnologías. Pero nada de eso es efectivo en Puerto Rico, porque la mentalidad es que hay que mantener felices a ciertas personas que no vienen a la isla ni invitados y con los gastos pagos. Son nuestros grandes desarrollistas, los inversores ausentistas, ese gran capital detrás de la cortina del management que asegura nuestro camino seguro al progreso (¿y al recogido del café?...yep, ¿quién dijo que tenía que llegar la república pa' irse pa'l campo a trabajar la tierra?).
Las llamas no sólo simbolizaron la agria lucha social que estamos sufriendo, sino que confirmó que alrededor de ellas teníamos, además de los bomberos heroicos, un gobernador crecido y alcaldes usurpadores de la sombra de grandeza de Fortuño, un pueblo que miró la humareda y el fuego como quien ve en su home theater el último blockbuster del cine hollywoodense. Tal y como nuestro querido Gad lo vio, aunque por satélite, en la sala de su casa en Israel.
jueves, 12 de marzo de 2009
Entrando por el libro
lunes, 17 de marzo de 2008
La insoportable sobriedad de Jefté
Jefté
Lo conozco hace 10 años y sólo hace uno descubrí que se llama Jefté. Nunca pensé que entre su primer nombre y apellido había un personaje bíblico. (Tampoco invoque religiones ni teorías creacionistas ni nihilistas: respire hondo porque para volar no hace falta Red Bull). Jefté lo llamaban en Radio Universidad, en la biblioteca de CoPu, en el estudio de filmación y yo insistía en llamarle Luis, Luillo, Lacourt. La cancha en francés y lo suyo era pista y campo en la high. No busque el arrebato ni llame a Kundera por plagio: lo insoportable es muchas veces lo desconocido y la gran mentira de creerse rebelde en un mundo que regula hasta lo ilegal.
Jefté no chupa de la teta del cliché. Chupa más bien de una taza de cerveza vacía, de una pipa de crack desprovista de su piedrita, de un porro huérfano y con sabor a polvo. Jefté vive de sus profecías instantáneas, del rubor que causa el relampagueo entre las manos de dos extraños que se gustan, de la posibilidad -casi inasible- de ser más humano sin recurrir al exilio de la indiferencia, de la apatía, del enojo. Jefté es quizás el mesías del pueblo abandonado por Yuquiyú.
Yo creo en Jefté porque aparece en fotos a las que no ha sido invitado. Porque en él las patillas adquieren sutileza de notas musicales sin él ser músico; porque me causa una inexplicable euforia de señalar al fotógrafo en ese preciso instante en que Sérgio Méndes amenizaba la fresca noche bayamonesa. Creo en Jefté porque mi tía lo catalogó de esquizofrénico cuando en él las apariencias son un teatro, una farsa que se abre camino con las artes marciales del anime.
Dile no al lugar común y sí a las patillas de Jefté.
-Pues sí, -me cuenta Jefté con su mirada depositada en el fondo de su vaso de agua- me gustan los Oldies y Dick Clark es mi Dios y Kurosawa está sentado a su derecha.
"Hacia el oeste, les digo, allí Elvis vive todavía ".
"La pornografía nunca es buena, mata el alma y la envenena".
>No, no estudia Derecho porque cree en las sagradas escrituras del cómic
>Jefté, serás mi asesor literario, pero yo sé más de Carmen Luvana que tú de Kurosawa.
La piñata de cumpleaños nunca bajó y el único cartón que se quebró fue el de la leche FoodClub con que nos comimos el bizcocho de chocolate de Kirkland Signature. Ya no hay una fiesta sin productos comprados en Costco: la homogenización de la globalización llama a medidas urgentes, a actuaciones desesperadas, a evitar el capeo de todos los días y a vernos de frente sin necesidad de un espejo. La tendencia es ya un regreso a los productos auténticos, a la reinterpretación de lo tradicional, al esfuerzo por retomar lo original: al Kabuki sin maquillaje.
La catarsis de la globalización.
martes, 10 de abril de 2007
"Sunday Morning"
Nueva York no sólo habita en los millones de establecimientos, bares, tiendas, teatros, y oficinas de la ciudad, sino en las calles, en el Subway, en los callos de mis pies. Yo hubiese pensado que el frío (increíble que hiciera tan baja temperatura en abril y eso que yo viví en Boston) mantendría a una menor cantidad de neoyorquinos caminando por la ciudad, pero claro, esto no era más que un pensamiento iluso -y desinformado- de mi parte. NYC estaba, como siempre, transitado por peatones hasta la saciedad.
En dos ocasiones evité la enfermedad debido al súbito cambio de temperatura (y mi idiotez logística de no haber empacado mi abrigo largo y sombrilla para una estadía de una semana), pero el constante peregrinaje a Starbucks u otros cafés para tomar mi dosis de té (con miel por supuesto y un poquito de limón), la interminable caminata por la 2da Avenida yendo de misión en misión de la ONU o los almuerzos a la carrera (yo que odio almorzar rápidamente), terminaron por enfermarme mentalmente. La prisa, el constante cambio de trenes, taxis, autobuses -sobre todo cuando se hace trajeado- me cansaron y ya cuando regresaba por las tardes al diminuto pero acogedor apartamento de mi amiga Caitlin, solamente quería ver televisión y esperar -como un nene chiquito lo hace con una sorpresa- la cena.
Anoté en la libretita que he llevado para todos mis viajes desde el 2003 algunas notas sobre las cuales quería expandir, recordar o indagar a mi regreso de Nueva York. Pero por supuesto, y como siempre hago, me lanzo primero a escribir sobre cosas que ni siquiera había apuntado. Esto debe ser parte de la desorientación que todavía me tiene confundido y sí, tengo que finalmente admitir, medio melancólico de mi intensa semana en NYC. Semana de reencuentros (pronto verán Boston-New York-Bayamón II, para la primera parte click aquí), lloviznas, inuendos, pizzas, Mario Batali y, además de té, mucha, mucha cerveza.
jueves, 8 de marzo de 2007
Dulce Carolina; dulces sueños
Esta semana Radio Universidad (no hay mejor estación que ésta) no me ha ayudado porque están con su Festival de Radio Amigos (de hecho, cooperen, por fa) y se pasan hablando mucho más de lo usual y tengo que cambiar a KQ para mantenerme despierto, pero ni eso. Ya no sé ni qué música enlatada pasan por KQ. Estoy, entonces, a la merced de mi sueño retrasado, de toda la carga de estas semanas que se vuelven cortas y pesadas.
Lo de ser maestro por el día y tomar más clases por las noches se torna fatigante por todo lo que tengo que manejar. Me levanto por la madrugada, para evitar el tapón de Bayamón y luego seguir hasta Carolina. De enseñar portugués y francés salgo a la 1:30PM, y si no he chocado (knock on wood), llego a Bayamón como a las dos. Cuando tengo maestría, que son los martes y miércoles, prefiero quedarme por San Juan para no tener que salir de casa a eso de las 4:30PM para así evitar otro tapón, esta vez de Bayamón a Santurce, y no llegar tarde a las clases que empiezan a las seis y supuestamente duran hasta las nueve (aunque ayer, gracias a unas divagaciones inoportunas, nos mantuvieron hasta las 9:30). Pero, por supuesto, no he podido realizar esta buena idea porque siempre he tenido que regresar a Bayamón luego de la escuela para acabar un trabajo o encargarme de algo. Así que además de seguir desperdiciando tiempo en tapones, gastando gasolina y contaminando el ambiente, estoy dejando $2 diarios en los peajes.
Claro, está el Tren Urbano y muchos saben que casi siempre lo cojo, pero en estas últimas semanas no he querido chuparme la travesía de casi 25 minutos de Sagrado a Bayamón, cuando a las nueve de la noche las carreteras están limpias y llego a casa en 12 minutos. Esos 13 minutos adicionales representan una ganancia. Son esa rara satisfacción de haberle ganado tiempo al tiempo y de dormir ese poquito más por las mañanas. Esos 13 minutos que, ahora estoy convencido, me han ayudado a no dormirme del todo en el expreso de Diego, cuando el sol de las 1:30 de la tarde envuelve todo en una luz que se asemeja a la que ilumina mis sueños.

