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martes, 5 de febrero de 2008

Anónimo contraataca

Talibán vive en Álava junto a su compañera que en alguna ocasión fue esposa de un ex amigo en común. Los celos aún viven pero las distancias atemperan los odios, las ganas, el deseo revanchista, hasta que claro, este ex amigo comenta en La tribu y el Talibán ve su comentario y también comenta pero abre la herida más aguda: la herida causada por los cuernos. Entonces se ha desatado un intercambio feroz de e-mails, mensajes de Facebook e intentos de dañar reputaciones a través de la Internet y de la telefonía a larga distancia que lo consideré muy pertinente como para dejarlo pasar por alto.

Como cualquier intento de historia esta comenzó cuando el Talibán se dio cuenta que la Yoli (nombre hermosamente ficticio) lo miraba desde la tercera fila, cuarto pupitre de la clase de Conflictos Armados en el África Sub-Sahariano. Último año de universidad en Washington y ya Anónimo y la Yoli estaban casados por lo civil. Talibán lo sabía y se comportó a su altura, pero algo más profundo le decía que la Yoli lo quería. Meses después esta profunda sensación del Talibán se manifestó en el futón de su apartamento en esa semana antes de la graduación. Nadie vio, pero algunos escucharon y todos al final se enteraron. La Yoli, la primera en casarse de nuestras amigas quedó maravillada por las atenciones que el Talibán le logró atestar sobre el paño áspero y verde del mueble y decidió nunca más volver con Anónimo. Éste lo vino a escuchar muy tarde y muy lejos: recién había salido para Quantico a entrenar antes de su tour de force en Afganistán.

Nota: El Talibán me ha dado permiso para mostrar algunos de los mensajes que publicaré a lo largo de estos días. Anónimo nunca me contestó, pero bueno, creo que este riesgo vale la pena.

Primer e-mail de Anónimo a Talibán:

[Direcciones electrónicas han sido eliminadas por respetar el derecho a la intimidad.]
Tue, 29 Ene 2008 18:11:21 -0400

Conque has reaparecido? Dale que como bien conseguí tu e-mail, he encontrado todo sobre uds. en Álava. Siempre haces lo posible para traer lo de Yoli, cuando todo esto pasó hace tres años, cuando, carajo, lograste quedarte con ella. Ya debes parar, como también debes dejar de defender a Ponce y sus mediocridades. Tú sabes menos que él lo que es escribir, lo que es pasar por experiencias: ver a gente morir, niños partidos por la mitad, madres que ven frente a sus ojos como pierden a toda su familia por una bomba, comer gatos y burros porque estás harto de las raciones del ejército. De eso uno escribe, no de las mariconadas que uno le hace a un amigo en la universidad; no de las inconsecuencias que Luis escribe.

Quiero que sepas que prefiero contestarte por aquí y no por el blog como tú haces. Es más, te escribiría una carta a ti y a Yoli para decirles esto: estoy llegando a España en marzo y tu dirección me la tengo memorizada.

Semper fi,

[Nombre ha sido eliminado.]

El e-mail me inquieta y toda esta situación me preocupa. No lo pongo aquí para trivializarla, por más mal que me caiga Anónimo y su revanchismo atrasado. Lo pongo como una advertencia y a manera de evitar una tragedia mayor.

martes, 10 de abril de 2007

"Sunday Morning"

El domingo por la mañana cuando me levanté de mi cama luego de haberlo hecho de un colchón o cama ajena por toda una semana, todavía me sentía raro, desorientado. No es que el tiempo fluya rápido y que haya cierto tipo de melancolía enrredada en mi alma, pero los espacios y ventanas amplias de mi casa no me parecían familiares. No era un extraño en el extranjero, sino, ¡un extraño en mi propia casa!

Nueva York no sólo habita en los millones de establecimientos, bares, tiendas, teatros, y oficinas de la ciudad, sino en las calles, en el Subway, en los callos de mis pies. Yo hubiese pensado que el frío (increíble que hiciera tan baja temperatura en abril y eso que yo viví en Boston) mantendría a una menor cantidad de neoyorquinos caminando por la ciudad, pero claro, esto no era más que un pensamiento iluso -y desinformado- de mi parte. NYC estaba, como siempre, transitado por peatones hasta la saciedad.

En dos ocasiones evité la enfermedad debido al súbito cambio de temperatura (y mi idiotez logística de no haber empacado mi abrigo largo y sombrilla para una estadía de una semana), pero el constante peregrinaje a Starbucks u otros cafés para tomar mi dosis de té (con miel por supuesto y un poquito de limón), la interminable caminata por la 2da Avenida yendo de misión en misión de la ONU o los almuerzos a la carrera (yo que odio almorzar rápidamente), terminaron por enfermarme mentalmente. La prisa, el constante cambio de trenes, taxis, autobuses -sobre todo cuando se hace trajeado- me cansaron y ya cuando regresaba por las tardes al diminuto pero acogedor apartamento de mi amiga Caitlin, solamente quería ver televisión y esperar -como un nene chiquito lo hace con una sorpresa- la cena.

Anoté en la libretita que he llevado para todos mis viajes desde el 2003 algunas notas sobre las cuales quería expandir, recordar o indagar a mi regreso de Nueva York. Pero por supuesto, y como siempre hago, me lanzo primero a escribir sobre cosas que ni siquiera había apuntado. Esto debe ser parte de la desorientación que todavía me tiene confundido y sí, tengo que finalmente admitir, medio melancólico de mi intensa semana en NYC. Semana de reencuentros (pronto verán Boston-New York-Bayamón II, para la primera parte click aquí), lloviznas, inuendos, pizzas, Mario Batali y, además de té, mucha, mucha cerveza.

La tribu errante