
"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
viernes, 15 de julio de 2011
En El Punto Es

viernes, 1 de julio de 2011
Cuerdas curvas
Morrison me refutó y empezó a hablar de las coincidencias. Dijo todo lo que se le ocurrió para resaltar mi estupidez: construyes cosas de lo que te place y te las tragas como la única realidad. Él suele hablar con una pasta vertiginosa, enunciando todas las ‘eses’ y ‘des’ de las palabras. Suele hablar también sin mirarme, con la vista secuestrada por la pantalla del iPhone. Conversar con él es consagrarte en la paciencia, una virtud en desuso, pero necesaria en casos como este para que tu mejor amigo te diga algo sobre lo que hace años viene ocurriendo. Un tiempo verdaderamente considerable en el que siempre has decidido hacer nada.
Esa tarde le explicaba la conexión aparente en todo lo que Milady Anne y yo escribíamos, pensábamos y hacíamos. Su pregunta inicial era obvia: ¿y cómo estás tan seguro de eso? Patética, mi respuesta se circunscribía a lo virtual: por el Facebook, el Instragram, el mismo Twitter. He identificado un leit motif (de repente los vecinos de la parte posterior de la casa empezaron a tocar Ya es muy tarde) en toda nuestra huella virtual. Inmediatamente me pidió que abundara.
Me quedé pensando en la palabra. Abundar. Eso es lo que Milady y yo hemos estado haciendo todo este tiempo. Es la acción que mejor podía describir este escenario. Pero no sabía en qué abundábamos.
Empecé a explicarle a Morrison: a veces cuando ando por Guayama ella pone en su status que está o va para Guayama. Eso suele, ocurrir. Se llaman coincidencias. No, Morrison, son acercamientos del alma. También me ocurrió una vez que de tanto pensarla se me apareció. Primero vi a su hermana, al otro día a su mamá (todos en lugares distintos) y entonces el viernes, de entre la multitud, se lanzó un anzuelo que me llevó hacia ella y a su mirada aún fijada en las nubes. Conexiones del subconsciente, nada más; no le des importancia.
Había anticipado sus respuestas y por eso no me daba por vencido. Entré al tema de los hashtags, porque de entre el caos del Internet, era improbable que se dieran situaciones tan similares entre dos personas que llevaban años sin hablarse. O sea, me quieres decir que, por ejemplo, los dos pusieron lo mismo cuando llegó Obama o con lo del Picu. No me hagas perder el tiempo con esas mentiras, chico. Morrison dijo esto cuando ya se había entretenido con su télefono. Sabía que escuchaba lo que le contaba, pero me contestaba sin pensar (creo que no hay mejor definición que ésta para describir la conducta en esta era de la información).
Evidentemente esas no eran las coincidencias. Era de haber pensado en un mismo lugar y tuitearlo al mundo: el café en el que nos citábamos los sábados luego de mis clases, #cafélaplace, con pocas horas de diferencia. Hacernos fan del mismo blog en el que ya pronto empezaría a escribir, @acordeones. Tirarnos el status proverbial del tiempo pasado, real o no, con otras personas, en otros lados y formas. Reusar los mismos tags en el Instagram: #túsabes #bellaquin #donmamino #oíste. Adivinarle los dedos en una foto sin rostro, porque ese fue el bar donde los besos dejaron de ser palabras y se convirtieron en labios, #nuncamás.
Morrison no se rió como suele hacer cuando me pongo, como dice él, a enmierdar oraciones para que suenen lindas. Luego me preguntó: ¿qué has esperado entonces para llamarla?
#Noinsistas, decía la canción y fue lo que Milady Anne había tuiteado hace unos días. No encuentro otra manera efectiva de insistirle, te soy honesto y, a la vez, me parece que no hay mejor forma de estos lazos, de estos cables a los que seguimos conectados.
Interesante que me hables de cables en la era del Wi-Fi. Háblame mejor de telepatía: estamos viviendo en el futuro, mi pana. Morrison se quedó mirándome. Ya había dejado el móvil tranquilo, lo que indicaba que estuvo totalmente atento a mi última intervención. Le pedí el teléfono porque quería verificar algo en mi Twitter; un breve préstamo que siempre me concedía
Mientras abría mi cuenta en el buscador del iPhone, Morrison siguió comentando sobre mi metáfora: Al final, mano, con tantos cables se van a ahorcar. Yo, en cambio, la buscaba a ella y en mi mente defendía mi descripción: son emociones ancladas en cosas tocables, son líneas que resisten el tiempo, otros cuerpos, las lluvias de verano y las huelgas.
Y entonces allí estaba, ese tweet de hace una hora, solito, encima de las risas, las ironías, los intentos -algunos geniales, otros frustrados- de asomarse a la tuiteratura: “Las cuerdas se doblan y ya es muy tarde #piénsalo”.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Ante la muerte de Arturo Ponce Carpio
lunes, 9 de mayo de 2011
Mis islas de Hawai'i - II
domingo, 1 de mayo de 2011
Mis islas de Hawai'i
Bienvenidos al Club de 1898miércoles, 6 de abril de 2011
Silvio y los cráteres de mi vida
sábado, 1 de enero de 2011
Primero de enero de dos mil once
martes, 16 de noviembre de 2010
Quinoa Fields Forever en La Acera
lunes, 18 de octubre de 2010
Clase
jueves, 7 de octubre de 2010
La colombiana RCN Radio entrevistó en exclusiva al nuevo Premio Nobel
RCN Radio fue el primer medio en entrevistar a Mario Vargas Llosa luego de anunciarse el premio.
Y aquí está la primerísima entrada de este blog, en donde hablo sobre mi primer encuentro con MVLl mientras estudiaba en Georgetown. Días después pudimos dialogar en diferentes foros y me autografió La Fiesta del Chivo.
martes, 3 de agosto de 2010
Cuando no quise escapar
Cuando la Olga me condujo a su ciudad me pareció entrar a un escaparate de 1980. Por lo de escaparate no te ofendas. Todo lo contrario, me sentía emocionado, no tan sólo por que estaba en presencia de tu pasado –los libros amontonados por los años, las fotos de tu familia, el maravilloso afiche de Lautrec-Toulouse, las medias multicolores– sino por el olor de tus cosas que me hacían recordar mis veranos en París. Porque París es todavía tierra de escritores, Olga. El estado francés ha hecho de la patria de Apollinaire y Verlaine un elefante lento y pesado, pero todavía conserva ese inquietante vaho –como el del Sena en las madrugadas– que emboba y seduce a cualquiera. O por lo menos en mí tenía ese efecto y sé que en ti también lo tendrá cuando hagas lo propio y visites a París.
Lo propio en este momento es dejarme que me cuentes tu pasado. Yo escucho mejor de lo que hablo. De hecho, no me hagas caso por mis intentos de llenar los silencios. Mejor habla tú que has vivido más que yo.
A mí me falta hacer tantas cosas. Vivir en Madrid. Permanecer tres días sin dormir en el Carnaval de Río. Subir a lo alto de un edificio con una enamorada y decirle que si en este preciso momento un avión se nos viniera encima y derrumbaba esa torre gemela del tiempo moriría feliz. Me faltan por decir muchas cursilerías, Olga, de adornar mi vida de clichés porque, ¿acaso eso no es lo que hace la gente normal, la gente que ama? Decir por ejemplo: me gustaría que tú fueras esa enamorada y no morir en lo alto de un edificio sino de hambre por querer ser escritor.
Me voy ahora. Los recuerdos han regresado. Y me digo tantas veces lo mucho que se me parece esto a tantos otros encuentros fallidos porque en aquel entonces, como ahora, me rehusé a repetir las cosas que la gente siempre dice. Te las dije diferente y bien que las entendiste, pero nos mantuvimos afianzados a nuestras orillas, alejadas por diez leguas australes, que ninguno de los dos osó acortar. Mi esperanza es que en algún momento osemos caminarlas.
(Escrito en mayo de 2007).
miércoles, 23 de junio de 2010
Ciudades
viernes, 18 de junio de 2010
"El título es ya la idea. Mantengo siempre el título original, aunque a veces suene forzado y no corresponda al texto."
El título de esta entrada es una cita de José Saramago y fue parte de la respuesta que le dio a Ángel Darío Carrero en la entrevista que le hiciera el año pasado y la que endi.com hoy publica nuevamente a raíz de la muerte del escritor. Me gustó esa contestación porque denota la manera casual con la que Saramago le entraba a la literatura y algunas veces los que pretendemos escribir nos ocurre lo mismo, vemos algo, escuchamos, recordamos y de repente nace un título que poco a poco va echando raíces o vuelo o -más certeramente- desangrándose en los frutos que son las palabras sobre el papel.
Yo no soy un estudioso de su obra y confieso que lo más que he leído de él han sido algunos de sus -¿cómo describirlos y pensarlos?- mágicos y posibles poemas, además de su blog El cuaderno de José Saramago. Dígase entonces que soy un principiante y novato Saramaguino y que a lo mejor no debería estar escribiendo nada sobre él, pero yo digo que no y lo más seguro Saramago, al que nunca conocí en persona, me de la razón y hasta me diga, con su aliento a nada, que ya ni lo lea, que mejor invierta el tiempo en otros grandes. Si este fuera el caso, muy respetuosamente le diría otro no y me leería su obra empezando con los libros que tengo en mi biblioteca además de su Poesía Completa: La balsa de piedra y Ensayo sobre la ceguera.
Ahora, discúlpenme por esta regresión, pero considero prudente detenerme y repasar la frase que utilicé en mi primer párrafo: "la muerte del escritor". Luego de leer varias de las esquelas que los medios han publicado, blogs de otros escritores y reimpresiones de entrevistas pasadas, la verdera razón por la que estoy escribiendo esto es por esa frase, por saber que una mente y verbo brillantes como el de Saramago hayan desaparecido y que solamente nos hayamos quedado con sus libros. No es poca cosa. Claramente, representan un volumen magistral de trabajo literario y por esto se dice que el escritor nunca muere, pero con alguien de la estatura de Saramago, no sé si esto sea cierto. El paso de la vida a la muerte de un ser humano es triste pero la vida continúa, la diferencia en este caso es que la vida continúa sin personas que se atrevan a ser como Saramago: en su manera tan desasosegada de decir verdades e irrumpir el intelecto con un temblor mental, de pensar alternativamente en un mundo mejor, de buscar en el amor la verdadera justicia y en la humildad el verdadero éxito.
No es trágico que un anciano de 87 años muera, es más, en una entrevista que ofreció a RFI hace un año, quizás un poco más, Saramago confiesa tranquilamente que se sabía cercano a la muerte; es más, lo sabía desde el 2000, cuando en esta útima década escribió casi una novela nueva por año, por lo que esto no debe sorprdender a nadie. La tragedia es que nos quedamos habitando un mundo con gente mucho más joven que Saramago, con mucho más dinero e influencia que él pero con una mentalidad tan opuesta y distante a la suya (tan renovada y desmitificadora). Refraseándolo, nos quedamos con los instruidos, pero no con los educados.
Ya hacia el final de la entrevista, Carrero le preguntó: "
¿Le consuela al menos que la obra literaria triunfe sobre sus creadores?" Y Saramago, tan Saramago repuso: "P
or un tiempo, como todo, pero la eternidad literaria tampoco existe".Que descanse en la paz o en la bondad o en donde quiera que se encuentre ahora, José.
martes, 8 de junio de 2010
5 de junio a cinco años de creer en la invencibilidad
martes, 4 de mayo de 2010
El cuarto de los souvenirs
De Buenos Aires me llega un tranvía lleno de parques con monumentos de los héroes nacionales grafitados por jóvenes que todavía tienen las ansias de ser revolucionarios. Volando desde Machu Picchu aterriza Túpac Andina con un collar de hojas de coca y otro de gotas de lluvia. Desde Uruguay, arena de las playas de Maldonado en un sobre que debía contener la última postal que me escribirían.
Así, desde el sur, se me van amontonando en mi cuarto todos estos recuerdos.
De Lima, un concentrado del diesel de las combis que infestan sus calles y, en un frasco, un poco de vapor del Mar de Grau. De Arequipa el micrófono de un kareoke y el suéter de un amigo. De Montevideo, una milésima de segundo de todo el sexo que tuve por el sur se guarda gravada en las ranuras de un disco de pasta que logré reproducir gracias a la generosa aportación del Museo de la Palabra (o más bien, ¿fueron los poemas de Benedetti los que pedí que me grabaran para llevármelos conmigo ante mis intentos infructuosos de encontrármelo en la ciudad?). Luego el poeta murió, quizás (muy probablemente) luego de yo romperle el corazón a alguien por segunda vez.
De Chile, un cielo más estrellado que mi carrera contra el tiempo y el gris terrible de sus pueblos meridionales, tal y como imagino mi cerebro cuando solía escribir postales al viento y (para qué posponerlo, ¿no?) al amor.
Y en Puerto Rico me queda todavía por guardar una isla más grande que esta Isla; no encuentro dónde ponerla y no quiero correr el riesgo que se vuelva a quemar o a traspapelarse entre las olas del mar.
domingo, 4 de abril de 2010
La insondable planicie de los mundos pequeños
sábado, 5 de diciembre de 2009
Ver las cosas desde lejos
domingo, 1 de noviembre de 2009
Teoría de los parques V: Dación en pago de la ciudad infinita
martes, 15 de septiembre de 2009
La Chiwinha en La tribu vía Encounters at the Counter

Los maravillosos amigos de La Chiwinha, Joel y Karla, me han privilegiado con una entrada en su blog Counter Encounters. La escribí hace casi un mes, cuando celebrábamos el primer aniversario de ese maravilloso templo a los buenos valores, a la amistad y a unos lassi salvajes.
SÁBADO 15 DE AGOSTO DE 2009
reflexión, el sexto sentido
15/ agosto/ 2009

