Mostrando las entradas con la etiqueta soberanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta soberanía. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de mayo de 2011

Hoy a las 7PM en el Ateneo: ¡No faltes!



Como parte de los esfuerzos educativos que lleva a cabo el Movimiento Unión Soberanista (MUS), hoy se celebrará un foro sobre las alternativas al plebiscito propuesto por Fortuño en el Ateneo Puertorriqueño en el Viejo San Juan. La actividad comenzará a las 7PM en punto.

Las ponencias de los invitados serán transmitidas en vivo vía Internet a través del canal USTREAM del Instituto Soberanista Puertorriqueño (ISP).

domingo, 1 de mayo de 2011

Mis islas de Hawai'i


Bienvenidos al Club de 1898

Lo peor de volar a Honolulu es iniciar el viaje en Newark. Son once horas de repeticiones de las mismas tres películas y de comer la malísima comida de porciones diminutas que te venden porque a pesar del largo viaje, las políticas que aplican a los vuelos domésticos continúan vigentes. A esto hay que añadirle mi terror a volar y lo escurridiza que es mi imaginación al recrear mi muerte en medio del aire (como si haber soñado con un episodio así me diera licencia para saber cómo realmente se muestra la muerte a velocidad crucero).

Al aterrizar todo fue mejor, pero parcialmente: aún el frío intenso de marzo se colaba por las mañanas y noches de O'ahu (mi guille de isleño me salió caro porque no lleve ni un puto jacket) y en la mesa (que para mí fue como una estocada fulminante a mi voraz apetito) un disgusto mayor por la ensalada de salmón salado llamada lomi lomi (mitad pico de gallo, mitad algo parecido a un ceviche mal sazonado y violento al paladar), además de la presentación tan hostil con la que los hawaianos ofrecen sus especialidades gastronómicas: pelotas de arroz mochi, otra más de lo que podría llamarse un híbrido de nuestra ensalada de papas y coditos servidas juntas y revueltas, bautizado con el guiso o proteína de tu selección que muchas veces incluía algo de spam, hamburger steaks o algo frito. Todo esto tirado sobra un plato inmenso (por eso este tipo de comida se conoce como plate lunches) sin ton ni son. Claro, lo que he descrito no es comida de lū'au ni de restaurantes finos. Hablo de la comida de la calle, las panaderías y las guaguas de comida que funcionan como el equivalente hawaiano de nuestra cultura de chinchorreo. Un caos como el nuestro -lo concedo-, pero al ser un caos diferente, choca.

En contrapunto está el cerdo estilo kalua, la variedad alucinante de pescados frescos y el poke. De estos tres platos, el más común es el poke que vendría a ser una especie de ceviche japonés-hawaiano (en nada parecido al lomi lomi) en el que el pescado fresco (usualmente ahi) es aderezado en diferentes estilos y servido sobre arroz mochi. El cerdo kalua no es otra cosa que la versión polinesa de un lechón asado, mientras que los pescados frescos están considerados como una proteína ocasional echada hacia un lado como hacemos en Borikén donde la dieta típica es también a base de carbohidratos (aunque mucho más diversos que en Hawai'i), cerdo y carnes.

Empiezo por la comida porque la manera en que comen los hawaianos vierte luz sobre su sociedad. Estos plate lunches están casi siempre reservados para la minoría (digo, si tienen dinero suficiente para comer), que en hawaiano vendría a significar, pues, los propios hawaianos. El pescado fresco, los mariscos, el lū'au, el sushi creativo, la cocina creativa llamada Pacific Rim Cuisine es para los otros hawaianos: la mayoría blanca anglosajona, los turistas y la poderosa minoría japonesa. La mesa, una vez más, sirve como un mapa muy certero de la realidad de los países. Y en Hawai'i la realidad es una de pobreza para el hawaiano originario.

El aislamiento de estas islas también ahoga las oportunidades para la población: una gran grieta que ya se ve y se palpa sobre la capota de ensueño polinesio a la que estamos acostumbrados. Al lado de una de las autopistas principales de Honolulu lo primero que vi fue un caserío derruido y en la prensa y radio se discute, como el tema del status en Puerto Rico, el grave problema de dependencia que luego de 50 años de estadidad el archipiélago sigue sufriendo. Como la vasta mayoría de lo que se consume es importado, los costos se han elevado ("¿no sueñas que estás en Puerto Rico?") y, sumado a la falta de trabajo, el resultado de esta ecuación es de fácil comprobación al visitar los parques públicos del estado. En ellos pude presenciar a familias enteras viviendo bajo toldos o casetas de acampar. Evidente y lamentablemente, la mayoría de estos invasores son los nativos hawaianos, hace más de un siglo reducidos a una minoría en su propia tierra.


[Primera de tres entregas sobre mi reciente viaje al archipiélago de Hawai'i. Esperen por las siguientes dos muy pronto. La segunda parte de la crónica está aquí.]

domingo, 15 de abril de 2007

Las dos soberanías


Comentario al artículo «¿Y el hombre dónde estaba?», publicado hoy en La Revista de El Nuevo Día por Mario Vargas Llosa.

«Pero me temo que . . . el factor cultural constituya un obstáculo mayor para que un hombre o una mujer puedan romper con la tiranía de la tribu».
- Mario Vargas Llosa

¿A qué «tiranía de la tribu» se refiere Vargas Llosa? Pues al encasillamiento del individuo en identidades colectivas, a la sectarización (vean la negatividad que estos dos nombres cargan) del ser humano. Una práctica peligrosa porque según Amartya Sen (Premio Nobel de economía) y Vargas Llosa lleva al «fanatismo de quienes se consideran superiores» y atenta contra la soberanía de los seres humanos.

Esta interpretación es cierta porque a la vez que nos pensamos partes exclusivas de una multiplicidad de grupos, nos vamos arrinconando en subculturas, religiones y etnias, y nos olvidamos del otro, del que precisamente se encuentra “outside our box”. El libro de Sen y este escrito de Vargas Llosa llaman a que dentro de su individualidad el ser humano busque la amplitud necesaria que lo ayude a matar la deshumanización, ese ‘extranjero’ que todos llevamos dentro y que ha sido el causante que nuestra historia sea una oda a la tragedia de guerras y conflictos. (Vargas Llosa escribió en 1988 un ensayo sobre la novela de Camus titulado, «El extranjero debe morir», el cual recomiendo leer).

Para usar un vocablo del derecho internacional –y a esto es lo que se refiere Vargas Llosa cuando escribe que «una persona pueda elegir su soberanía»–, las distintas identidades que heredamos y asumimos nunca deben coartar el derecho a nuestra autodeterminación como individuos. Esta autodeterminación se accede gracias a la soberanía individual que es el derecho a escoger lo que somos y lo que queremos ser. Esta actitud explica el rechazo que Vargas Llosa siente hacia el nacionalismo, las dictaduras y el fanatismo en todas sus vertientes y la que le ha ganado tantos enemigos y críticos a Vargas Llosa en Latinoamérica. Este rechazo al pensamiento liberal del peruano-español muchas veces se basaba en argumentos hechos por individuos que precisamente se abrazaban –y todavía se abrazan– a posturas arcaicas del nacionalismo, la cultura y la identidad. Sin embargo, parte de la crítica que hoy día recibe Vargas Llosa es válida, sobre todo cuando el centro de la misma aborda las nuevas corrientes políticas continentales que apelan a ciertos grupos étnicos y sociales. Un cambio que tanto él como otros analistas han hecho todo lo posible por desacreditar al asignarle características negativas a la palabra populista, como si elegir gobiernos con el apoyo popular sea una desgracia.

El tiro le ha salido por la culata porque aunque ningún gobierno sobre la faz de la tierra es perfecto (y algunos de los que se han instaurado en Latinoamérica, como el de Chávez, ya están demostrando vicios de ideologías desacreditadas), lo cierto es que estos gobiernos fueron elegidos mayoritariamente por los pueblos ejerciendo el otro tipo de soberanía que Vargas Llosa y otros comentaristas de derecha muchas veces subestiman: la soberanía política de los pueblos.

Las dos soberanías, la individual y colectiva, son imprescindibles, porque si bien todos tenemos derecho a la identidad que escojamos, también, y cito a Vargas Llosa, «pertenecemos a muchas colectividades» y una de ellas es nuestra colectividad de pueblo y nación. Una depende de la otra. Sin soberanía individual un colectivo no puede autodeterminarse y aspirar a la soberanía política plena y sin esa soberanía política plena, el individuo de ese colectivo no puede participar de la globalización y la economía de mercado en condiciones de igualdad. A fin de cuentas, apoyar la soberanía política, reafirmarse en una de nuestras múltiples identidades, no es retroceder en el tiempo y apoyar el «descuartizamiento de la humanidad». Es, precisamente, lo contrario: celebrar el multiculturalismo y «permitir que la libertad pueda ejercitarse por todos».

Tomemos al toro por los cuernos. O sea, hablemos de Puerto Rico
¿Acaso los puertorriqueños no cabemos en ese todo? Puerto Rico tiene el derecho de disfrutar de su libertad. Libertad que no se ha atrevido a ejercer por 514 años. Porque libertad no es escoger no ser libre.

No hemos accedido a la soberanía política y por ende no hemos participado de las nuevas dinámicas internacionales. Esto nos imposibilita gestar un proyecto nacional que nos inserte en las corrientes globales de vanguardia y que provea un abanico más amplio de opciones para atajar nuestros problemas colectivos.

La soberanía para Puerto Rico no es un llamado nacionalista ni mucho menos anti-estadounidense. La soberanía colectiva de Puerto Rico es el paso impostergable para respetar la soberanía individual de todos los puertorriqueños. Así celebraremos la hibridación y acabaremos con los elefantes blancos de la «cultura puertorriqueña monolítica» creada por el ELA para alimentar un falso sentido de libertad. Y así habilitará un proceso que erradique los males que Vargas Llosa muy bien deplora (el fanatismo, la intolerancia, la dictadura, el abuso de los derechos humanos). Males que vivimos en Puerto Rico y que son producto directo del coloniaje.

viernes, 26 de enero de 2007

¿Quién es la reina de la fritanga?

A Roy Brown lo censuraron en las ondas radiales porque en su último éxito de Navidades la palabra 'chicho' estaba incluida en el coro. Bien se sabía que ese 'chicho' no hacía referencia el acto de ... , sino que nombraba esa muy boricua protuberancia del exceso de grasa producto del también muy nacional deporte de la fritura.

¿Me censurarán cuando ahora me disponga a ventilar que la empanadilla de pizza se convierta en compeñera de nuestro bacalaíto, dejando a un márgen la muy afroboricua alcapurria? Baso esta propuesta en los hechos oculares presenciados en estas pasadas Fiestas de la Calle San Sebastian y, en fin, en cualquier tipo de actividad bebelatera que se efectúe en este archipiélago. Además, no es secreto que hasta en Piñones -al que deben denominar, si es que no lo han hecho ya, con el nombre de El Camino de la Fritanga- se vendan las susodichas empanadillas.

La empanadilla de pizza es la muy bastarda heredera del muy español (en realidad mozárabe) pastelillo de queso. La empanadilla, con su relleno grasoso, elástico y artificial, es producto de los que algunos en Puerto Rico se atreven a llamar globalización.
Pero en Puerto Rico, globalización es un eufemismo. Hablemos claro. Hablemos de coloniaje. Y no es que esté en contra de la globalización. Todo lo contrario: Puerto Rico debe insertarse de lleno a los mercados internacionales y tener una presencia diplomática en cuanto foro y organización supranacional pueda participar. Pero a la Isla todavía ser una colonia, al su soberanía estar restringida y mediatizada por otro estado, lo que se da y ocurre en Puerto Rico es una globalización mediocre y a medias. Solamente tenemos lo peor de un sólo mundo.
La empanadilla de pizza avanza por doquier y ya hace rato se adueñó de nuestras meriendas escolares. La alcapurria está en peligro. Si hasta en Piñones está amenazada es hora de hacer algo. Hay que volverla a hacer reina de la fritanga boricua.

martes, 23 de enero de 2007

La guagua del cambio y otros desmadres

Ya hay gente que cree en Fortuño. Si a esas mismas personas le preguntas en quién creía hace siete, ocho años te responderán inequívocamente Rosselló. Ajá, tenían hasta un estribillo y todo: "Yo creo en Rosselló".

Los de Fortuño hablan de cambios. Muy en específico que este pueblo lo que quiere es un cambio y que va a ser este pueblo el que va a decidir. ¿Acaso la gente no se da cuenta de estos clichés refritos? Pero por lo menos Fortuño no es un mesías ni nada parecido. Lo que sí es: un individuo capaz y sumamente inteligente que teniendo buen conocimiento de ambas lenguas, la española y la inglesa, en sus conversaciones hace todo lo posible por intercalar ambos idiomas, como si esto fuese una excelsa finura, un alarde de su maravilloso ideario alquilado de Luis Ferré de que la multiculturalidad de los Estados Unidos de Norteamérica es sinónimo a multinacionalidad o, para citar textualmente, "una nación de naciones." Y por eso está bien alternar los idiomas: se puede hacer de todo al mismo tiempo aunque se haga a medias y nadie te comprenda.

Fortuño, será el "all-American-boy", renegará la nacionalidad boricua y creerá en unos Estados Unidos que no existen, pero hay que ser francos y la verdad es que él se llevaría a Aníbal Acevedo Vilá enrredao. O por lo menos en eso quiero fantasear. Porque, Fortuño, así americanito como es, le va y le exige al Congreso, le habla claro. Aníbal, todo un ocho cuando habla con los congresistas. Es el que le dice "I'm sorry", y le pide permiso para organizar una constituyente, "please, please". Entonces en Fortaleza, es el más machote. El Macharrán Aníbal, Campeador de los intereses puertorriqueños. Como dijera Fortuño: "Yeah, right!". Si hasta le lloró a la Marina para que no saliera de Roosevelt Roads.

Pero claro, yo en mi vida votaría por Fortuño, ni por Aníbal ni cualquier otro popular, al menos que sea Willie Miranda Marín. Entonces podemos hablar. Pero primero, creo yo, los populares tienen que hacer lo suyo y librarse del incompetente y maquiavélico Acevedo Vilá. Es más, rasgarse los ropajes coloniales y cualquier otro tipo de artimaña (lo más gracioso y triste fue el último invento de Aníbal, "soberanía popular) y enfrentar de cara el reto de construir un Puerto Rico verdaderamente soberano e integrado a la comunidad global. Nosotros, los esperaremos con los brazos abiertos.

La tribu errante