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miércoles, 6 de octubre de 2010

Hipocresía general en el operativo más grande en la colonia más antigua

Bravo.

Por el megaoperativo, claro. Por eso y por el número de personas detenidas. Números: es lo que realmente busca el pueblo. Que los administradores de la colonia no se llenen la boca de teorías, argumentos y razones. Escupan eso. Llénense el buche de otras cosas: numbers, baby. Hay que afinar la voz con estadísticas y 133 o los que fuesen es una cifra hermosa. 133 menos equivale a más seguridad. 133 menos equivale a que el resto de nuestra Policía está derechita, incólume, lista para el servicio y la honestidad. 133 menos equivale a que este gobierno está haciendo las cosas bien y que la Guerra contra las Drogas es un hit. Un número grande acompañado de la palabra "histórico" y tenemos un #TriunfoÉpico. Tweet-tweet.

Falta mucho por hacer, dicen los administradores y les creemos. El que se desvíe le espera un castigo seguro: es lo que demuestra este operativo. Es cierto. Sanchita nos dice esto y Eric Holder nos felicita en español. El Gobe se aguanta las ganas de hacer una fiestecita en Fortaleza por tan lindas palabras del negrito ese. La celebridad invitada no sería otra sino que la mismísima Evelyn Vázquez. El Día del Buen Trato es otra genial manera para darnos más seguridad y paz; como la Policía en los caseríos y la Guardia Nacional cogiéndose la ride con los azules.

Pero habrá algunos que con estos números se detendrán a pensar las cosas con más calma. Después de todo, por su propia naturaleza, siempre hay algo raro cuando las cifras no cuadran. Estas personas, que son las que siempre critican todo lo que hace el gobierno, van a preguntarse: ¿133 nada más de una operación que genera cerca de $15 mil millones al año y con una red internacional de producción y distribución? $15 mil millones vs. ¿cuánto es que le iban a pagar a estos pelagatos por mover la droga?

Y otros se preguntarán lo mismo y estarán clamando por el fin de la Guerra contra las Drogas, lo que apoyo como un replanteamiento de una estrategia fracasada que ha multiplicado el crimen y reducido las oportunidades de los pobres. La gente lo sabe, gente bien buena; gente de arriba y gente de abajo. En el gobierno, en la medicina, en las librerías, en las escuelas, en la huelga.

Los malos son los pejes grandes que no caen, esos son los malos y 133 es un chiste.
Pero mientras, vamos a pedir delivery de lo que tú quieras, papi. $75. Total, yo le doy Like a los derechos humanos en Facebook, me sumo a la campaña a favor del aborto y después a un nevadito. $25. Déjame leer el periódico con una nota antes de salir a trabajar. $15. El médico se jarta con $100 al día, pero hace una estupenda labor en el hospital. El estudiante se empepa en el carro y, loco, ¿viste como sacó A? Y se ganó $40 porque repartió un poquitín a otros más. $75 + $25 + $15 + $100 + $40 también es matemática. Y cuadra.

Pero siempre es más fácil contar los del otro que contar los de uno.

Bravo.

lunes, 17 de marzo de 2008

La insoportable sobriedad de Jefté

Vístase de verde y blanco para escapar al álbum de sus pensamientos y emociones. No tome píldoras ni mucho menos se endrogue: este viaje con escalas no reseca la boca.

Jefté

Lo conozco hace 10 años y sólo hace uno descubrí que se llama Jefté. Nunca pensé que entre su primer nombre y apellido había un personaje bíblico. (Tampoco invoque religiones ni teorías creacionistas ni nihilistas: respire hondo porque para volar no hace falta Red Bull). Jefté lo llamaban en Radio Universidad, en la biblioteca de CoPu, en el estudio de filmación y yo insistía en llamarle Luis, Luillo, Lacourt. La cancha en francés y lo suyo era pista y campo en la high. No busque el arrebato ni llame a Kundera por plagio: lo insoportable es muchas veces lo desconocido y la gran mentira de creerse rebelde en un mundo que regula hasta lo ilegal.

Jefté no chupa de la teta del cliché. Chupa más bien de una taza de cerveza vacía, de una pipa de crack desprovista de su piedrita, de un porro huérfano y con sabor a polvo. Jefté vive de sus profecías instantáneas, del rubor que causa el relampagueo entre las manos de dos extraños que se gustan, de la posibilidad -casi inasible- de ser más humano sin recurrir al exilio de la indiferencia, de la apatía, del enojo. Jefté es quizás el mesías del pueblo abandonado por Yuquiyú.

Yo creo en Jefté porque aparece en fotos a las que no ha sido invitado. Porque en él las patillas adquieren sutileza de notas musicales sin él ser músico; porque me causa una inexplicable euforia de señalar al fotógrafo en ese preciso instante en que Sérgio Méndes amenizaba la fresca noche bayamonesa. Creo en Jefté porque mi tía lo catalogó de esquizofrénico cuando en él las apariencias son un teatro, una farsa que se abre camino con las artes marciales del anime.

Dile no al lugar común y sí a las patillas de Jefté.

-Pues sí, -me cuenta Jefté con su mirada depositada en el fondo de su vaso de agua- me gustan los Oldies y Dick Clark es mi Dios y Kurosawa está sentado a su derecha.


"Hacia el oeste, les digo, allí Elvis vive todavía ".

La velada se transformó para recibir a Nino Bravo y ABBA. Después más favoritos de Dick Clark gracias a los LP's de mi papá. No bailamos porque Jefté consumió la acción toda. El rumor de los cuchicheos se escuchaba a mis espaldas: eran mis invitados que no paraban de preguntarse "¿y quién es este amigo de Ponce? No estudia en Derecho, ¿verdad?".

"La pornografía nunca es buena, mata el alma y la envenena".


>No, no estudia Derecho porque cree en las sagradas escrituras del cómic

>Jefté, serás mi asesor literario, pero yo sé más de Carmen Luvana que tú de Kurosawa.


La piñata de cumpleaños nunca bajó y el único cartón que se quebró fue el de la leche FoodClub con que nos comimos el bizcocho de chocolate de Kirkland Signature. Ya no hay una fiesta sin productos comprados en Costco: la homogenización de la globalización llama a medidas urgentes, a actuaciones desesperadas, a evitar el capeo de todos los días y a vernos de frente sin necesidad de un espejo. La tendencia es ya un regreso a los productos auténticos, a la reinterpretación de lo tradicional, al esfuerzo por retomar lo original: al Kabuki sin maquillaje.

La catarsis de la globalización.

La tribu errante