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miércoles, 2 de febrero de 2011

Entrevista de La Acera en "Piedra, papel y tijera"


Rafael Josué Vega de Radio Universidad entrevistó a Marco Rigau III y a este servidor en su popular programa de entrevistas, "Piedra, papel y tijera".

Hablamos de los blogs en Puerto Rico, de la ausencia de intereses editoriales en La Acera ("no hay vacas sagradas" nos recordó Marco) y la diversidad que converge en este espacio único en la red puertorriqueña. Al final todo fue un buen junte y tremendo vacilón.

Aquí les dejo lo que escribió Rafael en el blog de "Piedra, papel y tijera" sobre La Acera:

Las maneras de libre expresión, se abren paso en el mundo de la red. Un espacio donde se entran en discusiones y debates sin el control o dirección de una línea editorial. La intención es participar y compartir.

El blog se presenta a modo de mosaico por el flujo de aportaciones de colaboradores y lectores visitantes. El debate y la crítica es la constante. De la inconformidad ante los foros de manifestaciones disponibles, La Acera es el sitio donde todo paseante converge.

Los blogueros Luis Ponce y Marco Rigau, compartieron la iniciativa y el progreso del blog respondiendo a preguntas como:

  • Dicen que no tienen línea editorial, pero, ¿cómo definir una intención o un propósito, cuando no se tiene una línea editorial? o, ¿a qué se refieren como línea editorial?
  • Cuando se ofrece esa libertad que ustedes presentan en este espacio, ¿cómo se trabaja o se vela por la calidad de los escritos?
  • Con la llegada de nuevas plataformas y el desarrollo de la tecnología, así como ustedes, los medios tradicionales también han incursionado a estos nuevos espacios, ¿cómo evalúan los medios tradicionales y esta incursión en los medios electrónicos, en las redes sociales y espacios alternos?


jueves, 13 de enero de 2011

Escúchame hoy a las 5:30PM por Radio Universidad

Sintoniza a Radio Universidad y conoce más sobre el proyecto de La Acera, la libertad de expresión en los blogs y las estrepitosas risas de Marco y mías al final del programa. Como adelanté hace unos días, Rafael Josué Vega nos entrevistó en su programa Piedra, papel y tijera.

miércoles, 27 de junio de 2007

L’attente (“La espera”)

Radio Universidad me ha salvado una vez más.

Esta vez lo ha hecho de la arenilla que se cuela por las ventanas, la mierda de y olor a paloma de mi salón y el brusco trato de una señora de escasas lecturas y poca civilidad. Ella es de las cafres malas, de las que tratan de ocultarlo, pero que a la primera oportunidad la embarran; es la cafre antológica, la que nunca podrá ser parte de la verdadera tribu de los cafres de Sudáfrica (víctimas indefensas del mal(h)ab(l)ar de los siglos y el coloniaje) o de ninguna otra tribu que no sea la de la barbarie cultural, la del faux-pas social, y la del uso de muletillas y frases recicladas. Ella es, pues, miembro de la tribu del malgusto nato y puro.

En esta espera que lleva ya una semana entera, el tiempo se ha vuelto una simple excusa para transcribir cualquier pensamiento al papel; para revisar incontables veces mi e-mail, leer las noticias una y otra vez, leer cuentos y ver las fotos y comentarios en mi blog. Onanismo informático. Radio Universidad tan sólo me mantenía unido a la voz y presencia humana, porque no había nadie más esperando conmigo.

Pero claro, luego de haber escrito esto en un papel, lo estoy pasando a computadora. La dependencia con la computadora es continua. El hábito de estar frente a ella, de una forma u otra, nos hace sentir escuchados, acompañados. Somos seres, después de todo, que odiamos la soledad.

Odiamos la soledad y esperar en un salón desvencijado por la entrevista de salida con esta señora. Me pregunto si toda esta espera era una vendetta a los que ella detestaba o si simplemente era una manera de mostrar su autoridad, de aplastar a aquellos que consideraba inferiores.

Y cuando me llamó, entré, esperé todavía un poco más, pero ya cuando salí no hubo marcha atrás. Casi corriendo llegué a mi carro –eran las doce del mediodía– bajé las ventanas, me abrí la camisa de botones y, obviando por un instante a Radio Universidad, puse el CD de Mima y pensé que si no fuera por la amenaza de lluvias (las nubes se amontonaban en la costa y hacía un calor pegajoso), hoy sería un buen día para ir a la playa. Pero ni loco iba a esperar a que aclarara.

jueves, 8 de marzo de 2007

Dulce Carolina; dulces sueños

Hoy me estaba durmiendo al volante. Cabeceo una, dos, tres veces y mis parpadeos duran un poco más. Me asusto porque ya me ha pasado varias veces. Y no es que maneje por las carreteras y autopistas resquebrajadas de este país a las tres o cuatro de la mañana. Esto me ocurre en pleno día, a la 1:30PM cuando voy rumbo a casa luego de salir de la escuela donde trabajo en Carolina.

Esta semana Radio Universidad (no hay mejor estación que ésta) no me ha ayudado porque están con su Festival de Radio Amigos (de hecho, cooperen, por fa) y se pasan hablando mucho más de lo usual y tengo que cambiar a KQ para mantenerme despierto, pero ni eso. Ya no sé ni qué música enlatada pasan por KQ. Estoy, entonces, a la merced de mi sueño retrasado, de toda la carga de estas semanas que se vuelven cortas y pesadas.

Lo de ser maestro por el día y tomar más clases por las noches se torna fatigante por todo lo que tengo que manejar. Me levanto por la madrugada, para evitar el tapón de Bayamón y luego seguir hasta Carolina. De enseñar portugués y francés salgo a la 1:30PM, y si no he chocado (knock on wood), llego a Bayamón como a las dos. Cuando tengo maestría, que son los martes y miércoles, prefiero quedarme por San Juan para no tener que salir de casa a eso de las 4:30PM para así evitar otro tapón, esta vez de Bayamón a Santurce, y no llegar tarde a las clases que empiezan a las seis y supuestamente duran hasta las nueve (aunque ayer, gracias a unas divagaciones inoportunas, nos mantuvieron hasta las 9:30). Pero, por supuesto, no he podido realizar esta buena idea porque siempre he tenido que regresar a Bayamón luego de la escuela para acabar un trabajo o encargarme de algo. Así que además de seguir desperdiciando tiempo en tapones, gastando gasolina y contaminando el ambiente, estoy dejando $2 diarios en los peajes.

Claro, está el Tren Urbano y muchos saben que casi siempre lo cojo, pero en estas últimas semanas no he querido chuparme la travesía de casi 25 minutos de Sagrado a Bayamón, cuando a las nueve de la noche las carreteras están limpias y llego a casa en 12 minutos. Esos 13 minutos adicionales representan una ganancia. Son esa rara satisfacción de haberle ganado tiempo al tiempo y de dormir ese poquito más por las mañanas. Esos 13 minutos que, ahora estoy convencido, me han ayudado a no dormirme del todo en el expreso de Diego, cuando el sol de las 1:30 de la tarde envuelve todo en una luz que se asemeja a la que ilumina mis sueños.

La tribu errante