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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fragmento de algo de siempre escrito por allá


Martín me había convidado a unos mates en el primer mate-bar que veía en la ciudad. ¿Esto no es para turistas? Aquí venimos los estudiantes, ¿no ves? Justo al lado estaba la facultad de psicología de la UBA y frente a toda la cuadra se extendía, casi interminable, la Avenida Independencia que pasaba por una de las partes de Buenos Aires que más vieja y destartalada se mantenía.


Mentiría si no dijera que me acuerdo mal de las cosas que hablamos allí por varias horas. Tengo clarísimo, eso sí, el nombre del mate que tomábamos (Amanda), las chicas vestidas de vaqueras promocionando la marca, las dulces medias lunas y las universitarias --futuras psicoanalistas en esta ciudad nula de secretos-- que rondaban en el lugar con sus melenas inconformes. Martín abría la boca y me contaba. Sé que llegamos a mencionar el nombre de Ale, de cómo nos conocimos, de lo que habíamos viajado juntos. Luego, de nosotros, de por qué él había regresado a Buenos Aires y yo había vuelto a salir de San Juan. ¿Pensás volver? De eso también me acuerdo, cómo no hacerlo: tan gracioso cuando otros preguntan por lugares para ellos desconocidos y para uno tan habituales y propios. Me pregunta y mi respuesta ya es automática, como la incómoda mirada que a ratos le doy a las personas con quien hablo: directa a los ojos, como si tratara de robarles el alma o inquirir en sus pensamientos. Y así me vacié, con esa larga cara mía descomponiéndose aún más para decirle que me prestara atención, que aunque creyera que estaba en busca de amparo en Buenos Aires, no, no pensaba volver.

miércoles, 1 de abril de 2009

¡Alfonsín, Alfonsín, Alfonsín!


Destructor de la sangrienta dictadura militar argentina (1976-1983) y amigo incondicional de la independencia de Puerto Rico, ayer murió en Buenos Aires, el ex presidente Raúl Alfonsín.  Tan pronto los argentinos supieron de la triste noticia, muchos se dieron cita frente a lo que hasta hace poco había sido su apartamento en la Ave. Santa Fe y empezaron a corear su apellido. Entren a Clarín para leer más.  Todas las fotos son de Clarín.



Muere a los 82 años el ex presidente argentino Raúl Alfonsín

Fue el primer presidente demócratico tras la dictadura militar (1976-1983)

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ - Buenos Aires - 01/04/2009

Raúl Alfonsín, el ex presidente que sentó en el banquillo a los 15 jefes militares que protagonizaron la feroz dictadura argentina, acusados de 30.000 asesinatos y desapariciones, falleció ayer, a los 82 años, en su domicilio de Buenos Aires. Alfonsín padecía un cáncer de pulmón, pero su larga enfermedad no suavizó la conmoción que han sufrido todos los sectores sociales, políticos e intelectuales del país. Centenares de personas se reunieron anoche mismo ante las puertas de su domicilio, en el barrio de la Recoleta.

Alfonsín, el único presidente de la democracia argentina que no ha tenido que vérselas en los tribunales por acusaciones de corrupción, recibió en los últimos años de su vida el respeto de casi todas las facciones políticas, que le reconocieron finalmente su enorme tarea para asentar la democracia en momentos muy difíciles y su extraordinaria honestidad personal.

Tres hechos definen la personalidad y la trayectoria de este abogado y político radical, que ganó las elecciones en 1983 y tuvo que hacerse cargo de un país arrasado económica y moralmente. En plena dictadura militar, Alfonsín ayudó a fundar la Asamblea Permanente en Defensa de los Derechos Humanos y se hizo cargo de multitud de casos de desaparecidos. El fue también uno de los poquísimos políticos argentinos que en 1982, en medio de la euforia general por la "recuperación" de las Malvinas, se negó a participar en un acto "patriótico" organizado por los militares en las islas. Para él, aquella guerra fue "una aventura demencial".

Recién elegido presidente de la República (eran las primeras elecciones celebradas después de la muerte del General Perón, en 1974, y de los casi ocho años de dictadura), Alfonsín puso en marcha una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, presidida por el escritor Ernesto Sábato, que elaboró el impresionante informe Nunca Más. Gracias a aquel trabajo, el presidente de Argentina, en un hecho inédito no sólo en América Latina, sino también en el resto del mundo, acusó formalmente a quince altos mandos de las Fuerzas Armadas por los crímenes cometidos. Los integrantes de la Junta Militar recibieron cadena perpetua. Era la primera vez que los responsables de un golpe militar no se iban tranquilamente a sus casas, a disfrutar de sus pensiones y rapiñas.

La operación de limpieza de las terribles Fuerzas Armadas no pudo proseguir en otros niveles, porque, sometido a una intensa presión y a dos rebeliones, (los carapintadas), Alfonsin se vio obligado a dictar la muy criticada Ley de Punto Final y de Obediencia Debida, que dejó en la calle a decenas de oficiales de menor rango, igualmente asesinos.

Sus mayores errores, sin embargo, se produjeron en el área económica, donde no supo hacer frente a una dura crisis, que se sumó al lastimoso estado de la industria que había heredado de la dictadura. Agobiado por una espiral de hiperinflación, por el permanente acoso de los peronistas y de los sindicatos, que sacaron a la calle a los ciudadanos y le organizaron ocho huelgas generales (cuando no habían convocado ninguna durante la dictadura), Alfonsín entregó el poder, cinco meses antes de acabar su mandato, al peronista Carlos Menem. Por primera vez, Argentina era escenario de un traspaso democrático y legal del poder.

"Le voté, luego le critiqué y ahora me arrepiento". La frase, de unas de las cientos personas que llamaron ayer a las radios argentinas para expresar su homenaje a Alfonsín, refleja bien el sentir de muchos argentinos. Pese a todos los errores, el ex presidente es en la memoria de los argentinos el símbolo de la democracia y la honestidad política. "No se ha resaltado suficientemente que Raul Alfonsín, el político más importante de la democracia argentina, fue un hombre de consenso, que estimaba por encima de todo la defensa de la democracia y el diálogo", explica Joaquín Morales Solá, uno de los más comentaristas políticos más famosos y apreciados del país. Morales recuerda la frase de Alfonsín, "La política, cuándo no es dialogo termina siendo violencia" como definitoria de su personalidad. "Su muerte", asegura Morales Solá, "quizás sirva para recordar que una sociedad no puede vivir permanentemente en la crispación y el enfrentamiento, como sucede ahora".

Alfonsín fue efectivamente un hombre de diálogo y de paz (promovió el decisivo tratado con Chile sobre el Canal Beagle) y un decidido partidario de la unificación latinoamericana (fue uno de los creadores de Mercosur). "La democracia", decía, "es un proyecto de largo plazo. No importa cómo me juzgue a mí la historia. Lo que importa es que haya ayudado a salvaguardar la democracia". Esa fue su obsesión.




Muestras del apoyo de Alfonsín a la lucha por la independencia de Puerto Rico (gracias a José R. Bas del PIP por los enlaces):





¡Presidente Alfonsín, que descanse en paz!

martes, 31 de marzo de 2009

Sinfonía de primavera

Caminaba casi descalza porque sus zapatitos eran diminutos, su suela invisible y sus hermosos pies perecían flotar sobre la sucia vereda de Callao.  Su falda no era corta, más bien volaba sobre sus tobillos entre el humo de cigarrillo, el smog de los colectivos y las aguas estancadas de las huecos en la carretera.  Vestía de verde, mi verde luz de noviembre entre los edificios grises de tiempo, la música de las tiendas y los gritos de los porteños.  



Llegó a su destino y entonces me di cuenta que su caminar siempre había sido más bien una danza cuando se sentó en las escaleras de la entrada del instituto y al verla de frente me percaté de algo ingenioso:  la música que la hacía deslizarse por la acera provenía del iPod que guardaba entre las tetas.

martes, 13 de enero de 2009

De vuelta al Caribe

No sé por qué pienso que regresar a Puerto Rico es volver a la realidad.  ¿Acaso estar en otro país o continente no es también real?  ¿Acaso no nos enteramos de lo que pasa en otros lados, no nos cortamos los dedos con el mismo dolor o vamos al baño con la misma regularidad? No entiendo, entonces, por qué siento que he entrado a una dimensión desconocida cuando no lo es; he regresado al país que más conozco, a mi hogar, a mi hábitat natural.  Pero la sensación es de haber retornado al pasado, a las mismas cosas de siempre y porque al final, el regreso de cualquier viaje o recorrido, por más corto que sea -al menos para mí- es cerrar un ciclo, un espacio único y eso trasciende las barreras de la razonabilidad y la cotidianeidad.  

Me fui con la idea de olvidar, buscar y encontrarme a mí mismo y, de paso, a muchas otras cosas desconocidas.  Quería salir para vivir solo nuevamente, para disolver una sensación de opresión que me ahogaba y para escribir que es también vivir.  Primero un mes por China y sus ciudades conglomeradas.  Las motocicletas eléctricas y los autos han paulatinamente sustituido las icónicas bicicletas, pero la gente aún escupe sin pudor en donde sea.  Con todo y escupitajos y el calor pantanal de las ciudades que visité, comí a mis anchas como en poco lugares lo había hecho y esto sin enfermarme una sola vez.  La comida que se cocina en China es espeluznantemente variada y sorpresivamente deliciosa.

China construye su futuro con edificos sacados de las sagas futurísticas hollywoodenses pero con la exactitud y opresión comunista de un régimen que necesita liberalizarse en la cuestión política y social.  Dicen que el futuro está allá, pero luego de pasearme por el Cono Sur, me di cuenta que el futuro está en todos lados porque está en nosotros.  El futuro está, inclusive, en Puerto Rico, aunque la realidad se torne más crítica mientras uno se acerca más a Washington y sus fallidas políticas económicas basadas en ideologías (neoliberalismo) en lugar de datos constatables, datos que mostraban que la crisis venía sin titubeos y nadie hizo nada porque no querían admitir que los postulados neoliberales habían fallado rotundamente.  Y digo que hay futuro en Puerto Rico no porque Fortuño esté de gobernador (Mr. Republican ha sugerido implantar recomendaciones que no pican fuera de la bolsa ideológica neoliberal que nos ha traído este regalito de fin de década), sino porque los malos augurios siempre vienen acompañados de nuevos comienzos.

Recorrer miles de kilómetros de pura naturaleza fue lo más alucinante de mi recorrido por la Patagonia.  Espacio abierto, vida silvestre, cielo azul, temperaturas contrastantes y caminar casi de la mano con pingüinos.  El Uruguay y las playas despobladas de Maldonado, lagunas protegidas, campo abierto y un Montevideo que se parece más a las fotos de La Habana que a una copia de Buenos Aires.  En Perú los microclimas de la sierra, el verdor en la ceja de selva cuando vas llegando a Machu Picchu, la siempre fascinante -y horrible- vista de los cerros desérticos que circundan a Lima y, por supuesto, el copioso ceviche, sus mariscos, y el ají que ya sea por gusto o costumbre siempre te invade el paladar.

Y sí, es cierto:  si en estas primeras semanas de mi regreso me preguntan cómo me siento, diré que raro y un poco atormentado porque extraño el anonimato de ser un extranjero, de devorar revistas, periódicos y libros para entender una realidad ajena y no sentir la obligación inmediata de actuar; la variedad de productos que he comentado y reseñado hasta la saciedad porque me parece un atropello que los puertorriqueños sigamos escogiendo nuestros condimentos y verduras de una selección pobre, cara y mediocre.  En el mismísimo Km. 0 de Buenos Aires conseguía frutas y legumbres frescas y de buena calidad, igual historia con la carne, quesos, panes y repostería.  En Puerto Rico un buen pan criollo es difícil de conseguir y la baguette que se consigue en los demás comercios es un insulto de grandes proporciones:  una farsa más de la que -ya es evidente- estamos tan acostumbrados.  

Extraño pasearme por los parques y caminos de la ciudad porque mi metrópolis duerme encerrada y con el aire acondicionado en high.  Bienvenido a comprar libros caros y a perderme en Borders entre tanto dumping literario estadounidense.  Lo que queda es la ventana del Internet, las fotos y las cervezas con los amigos; la familia y un mar siempre cálido, envidia de la gente que vive en climas variables.  El Hamburguer con vista al mar, el Viejo San Juan y sus siglos de melancolía, las langostas del oeste con sus atardeceres y la voracidad caribeña que se bate en la arena y en kioskos, botes, hoteles y apartamentos desde Piñones hasta Peñuelas.

Regresé con la intención de irme de nuevo.  Pero primero hacen falta unas cosas:  amar, escribir, estudiar y terminar lo comenzado.  Dos, tres, cuatro años, y me voy.  Como toda partida, ésa tendrá también el gérmen del retorno:  nada hay inescapable en esta vida y menos un país tan pequeñamente grande llamado Puerto Rico. 
 
Tratando de bloguear desde Lima (Ene. 09).

Siesta frente al Pacífico en la playa de Chocalla (sur de Lima, Ene. 09).

Almuerzo costero:  tiradito de pescado en tres salsas, corvina a la parrilla y su infaltable chelita helada (Ene. 09).

Mi segunda vez en Machu Picchu:  siempre hay que volver a estas alturas místicas (Dic. 08).

El cuy chacta'o:  plato tradicional arequipeño y legado de los Incas.  Delicioso (Dic. 08).

Con Nydia frente al Palacio de Gobierno en Lima (Dic. 08).

Con Miguel Novellino, mi compañero de apt. argentino y propietario de A Dos Veinte (Dic. 08).

Los Boludos en la tienda Puro Diseño en Palermo, Buenos Aires (Dic. 08).

Plaza Independencia, Montevideo, Uruguay (Dic. 08)

Las Cataratas de Iguazú, Misiones, Argentina (Dic. 08).

Frente a frente al Perito Moreno, El Calafate, Argentina (Oct. 08).

Allende por las calles de Punta Arenas, Chile (Oct. 08).

Próximo a cruzar el Estrecho de Magallanes, Chile (Oct. 08).

Parrillada en Villa General Belgrano, Argentina (Oct. 08).

En el panteón de Evita, Cementerio de La Recoleta, Buenos Aires, Argentina (Sept. 08).

En el Canal Beagle, Ushuaia, Argentina (Oct. 08).

Mao se repite en el Museo de la Propaganda, Shanghai (Ago. 08).

En Xi'an (Ago. 08)


En la Muralla China en Simatai (Ago. 08)

Con los soldados de terra cota en Xi'an (Ago. 08).

domingo, 21 de diciembre de 2008

Chau, Buenos Aires

Adiós al balcón con vista al Congreso Nacional, a las tardes ricamente perdidas en los parques de la ciudad, al mate compartido con amigos ya sea bajo el frío del invierno o bajo el sol de El  Tigre.  Adiós al olor de los colectivos que no es otro que el del trajín diario de su gente:  del sudor, del smog, del carbón de las miles de parrilladas, de la dulce garrapiñada.  Me despido del olor a subdesarrollo y vanguardia de sus calles; su Palermo chic y extravagante por un lado y los kioskos laberintescos de Once por el otro.

Si por mí fuera me quedaría toda la vida en Buenos Aires, aunque no aguante la pedantería de muchos porteños o la excesiva burocracia que contamina hasta la insignificante compra de un limón a medio día para refrescar mi soda.  Está también la mafia de taxistas que siempre intentan robarte y las desventajas de vivir en un país donde el cliente casi nunca tiene la razón.  Puede ser bastante fuerte vivir aquí, pero me lo banco, lo soporto para vivir la rica vida cultural de estos buenos y truculentos aires.  Para haber sobrevivido varias dictaduras militares e implosiones económicas, los argentinos tienen que tener una mentalidad abierta hacia la creatividad.  Crean y recrean cuanta cosa imaginable y aunque lento, salen poco a poco de sus problemas.  


Yo me quedo por eso y, claro está, por sus librerías, la majestuosidad de sus edificios, la amistad de los grandes amigos que hice, sus maravillosas verdurerías y sus restaurantes internacionales.  Buenos Aires todavía es una ciudad borgesiana en lo inverosímil, storniana por su tragedia y cucurtiana por su amalgame de lenguas, bailes y bebidas. 


En mis últimos dos días en Argentina ya me sentía como un fantasma en la ciudad porque me di cuenta que la ciudad no me pertenecía.  Creí que lo hizo durante los cuatro meses que la viví (y me perdí en ella, como uno se pierde entre las sutilezas de un cuerpo de mujer), pero como todo lo que creemos que nos pertenece, al final vemos que la realidad es otra y que lo único que nos pertenece son las ilusiones que nos creamos sobre las cosas.


Ahora en el avión rumbo a Lima, Buenos Aires queda como una estampa.  Cuatro meses y sus vivencias quedan plasmadas en un collage instantáneo en la mente:  allí está Buenos Aires, entre ceja y ceja, corazón y pulmones y boca y estómago.  "Volveré y seré millones" en la ciudad de la furia.


martes, 2 de diciembre de 2008

Me he puesto a leer a Oliverio Girondo...

...porque no leerlo en esta ciudad sería una oportunidad perdida.

Todo fue gracias a la escritora Nydia Antonia Russe, artífice de memorables momentos en su tour por Buenos Aires, quien me señaló el camino para descubrir las maravillosas alas del surrealismo de este gran poeta.

Y hablando de alas, aquí una escena de la película argentina El lado oscuro del corazón (Subiela, 1992), en donde el actor principal recita un fragmento del primer poema de Espantapájaros (al alcance de todos) (Editorial Proa, 1932).  Éste ya se ha convertido en uno de mis poemas favoritos.


viernes, 21 de noviembre de 2008

Imposible mi vida sin sopas

Encontrar una sopa en Buenos Aires es como procurar vegetales frescos en los supermercados de Puerto Rico:  una misión casi imposible.  Hoy finalmente tomé una de cabello de ángel en el restaurante Plaza España en la Avenida de Mayo.  ¡No podía creerlo!  Entre tanta pizza, empanadas, pastas y bifes, había encontrado una sopa.  Rico caldo y fideos que me cautivaron.  Comencé entonces a acordarme de mi viejo quien fue el que nos enseñó a mis hermanos y a mí a tomar sopas.  Él es peruano y como allá se come sopa todos los días, él necesitaba -y todavía necesita- su sopita a la hora de comer.  Y mi mamá, quien hoy cumple años, aprendió a hacer una variedad increíble de ellas, además de cremas riquísimas que poquito a poco nosotros comenzamos a apreciar porque al principio como que no nos hacía mucha onda.  ¿Sopa con el calor que hace en la isla?  ¿Fideos, verduras y pedacitos de carne?  O la bien peruana sopa de viernes, con leche, fideos, algunos vegetales y...huevo?!  No, de verdad que nos quedábamos con el arroz y habichuelas o la lasagna con amarillitos...mira y que comer
sopa.
Mi viejo con el Morocho del Abasto.

Pues la cosa es que miré mucho y probé más porque he estado todos estos meses desviviéndome por ellas.  Los chinos siempre son mi salvación porque incluyen muchas sopas en su dieta y me he cura'o en el Barrio Chino de Belgrano ante la escasez en el Centro, Congreso, Palermo y demás barrios porteños.  Cuando anduve este verano por la China me puse las botas con sus sopas wonton (con ricas variaciones a la que todos conocemos en Occidente), sopa de setas, de pollo negro y ginseng, sopas con jiaozi (los famosos dumplings), sopa de huesos de pato, el paomo (sopa sino-musulmana de cordero) y de todo lo que uno puede imaginarse.  Todas las probé porque así también me criaron en casa:  a meterle el diente a todo.

Voilà!, el pollo negro (no es ningún tinte, esta especie china de pollo tiene la piel negra), la raíz de ginseng y otros trozos del pollo común -y "blanco"- que todos conocemos.

Increíbles son las conexiones que hago desde Argentina, desde mi apartamento en pleno centro, pensando en mis viajes y en mis viejos.  Esto de viajar también es culpa de papi, lo mismo con lo de ser perfeccionista y de planificar con antelación.  Estas últimas cualidades pueden ser una cuchilla de doble filo pero hasta ahora me han servido para bien y es que siempre las he sabido combinar con la calma que mi viejo también me enseñó cuando crecía, esa eterna y maravillosa calma de no apurar las cosas, de no desesperarse y de dialogar, hablar con el otro y con uno mismo.  Mi viejo, que como ingeniero graduado en Perú tuvo que limpiar baños y trabajar en minas en Estados Unidos cuando salió de su país, siempre me ha dicho que la vida es hermosa.  Y sí, la vida es hermosa, a pesar de todo, es linda o por lo menos hay que verla con optimismo.  Sólo así pude encontrar mi sopa en pleno centro de Buenos Aires.  Finalmente.

Abajo, el paomo que me comí en Xi'an.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Las razones por las que no soy normal


1. Estoy escribiendo en el blog en lugar de estar durmiendo, a pesar de que mañana tengo un día largo.

2. Estuve todo el día pensando en qué poner aquí en lugar de escribir mi ensayo de Derecho.  Al final he empezado a escribir esta lista sin haberla pensado previamente.

3. Desayuné saludablemente ligero, tomé una merienda de quesos y duraznos y cené sushi... y hace un rato me comí dos copas de helado artesanal.

4. Mi razón finalmente le hace caso al corazón.

5. No le busco razones al amor que siento por ella, ergo, mi amor por ella es anormal.

6. Creo que se puede alcanzar lo que parece imposible, sin ser comunista ni utopista.

7. Me gustan las anchoas en la pizza y en la ensalada Ceasar.

8.  Pretendí escribir cuentos en Buenos Aires, mas me he dedicado a escribir postales.

9. No impongo mis gustos.

10. En el único domingo en que me levanto temprano para estudiar me corté un dedo fregando y tuve que ir a Urgencias.  Perdí la mitad del día.

11. Hablo hasta de los temas que incomodan.

12. Camino las 20 cuadras que hay desde mi apartamento a El Ateneo para ahorrarme el taxi y depués gasto AR$300 en libros.

13. Veo siempre el macro y al analizarlo me preocupo más.

14. No puedo dejar de disimular mi disgusto.

15. Soy un romántico insufrible (a.k.a., no garcho por garchar).

16. Me levanto chequeando mi e-mail y me acuesto hablando con ella por Skype.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Ciudad deshabitada


Ver a Buenos Aires desde mi balcón te da otra vibra.  Ves de frente a la arquitectura y al cielo obviando a las personas.  Se convierte en una ciudad habitada por autos, motos y colectivos; por alarmas, luces y edificios.  Los humanos sólo causan un rumor, un susurro parecido al olvido.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Desde su estatus de Nomádica, La tribu comenta sobre la política puertorriqueña

Ayer no voté en las elecciones de Puerto Rico.  Cierto, no he estado en el país desde mediados de julio pero mi extensa ausencia demuestra que sí pude haber hecho los trámites para votar ausente.  Pero no lo hice porque quería mantenerme alejado de todo el torbellino político, quería estar en paz en Buenos Aires disfrutando la dicha de perderme otro evento eleccionario en mi país.




Si participaba hubiese votado por el PIP porque mi conciencia así siempre me lo ha dictado.  Pero en términos prácticos y para ayudar a propiciar un cambio genuino hubiese votado por Rogelio y su PPR.  Siempre he sido y seré independentista, pero me alegro que ayer el PPR haya sacado más votos que el PIP. El idealismo cerrado de la cúpula de ese partido se tornó ayer más evidente que nunca.  Rubén y Fernando ya dieron lo que tenían que dar en el 2000 con lo de Vieques.  Ver a un Rubén nuevamente frente al micrófono es ver a un abuelo resondrando a los nietos sobre lo malo que es el Wii y el iPod porque nada es mejor que el radio.  Así lo vi yo ayer.  Edwin y el nuevo liderato que se ha formado bajo la tutela de Rubén tiene que romper con él para salvar el PIP.  El problema no es el partido, son las ideas mohosas y el virus de inacción y conformismo de Rubén y Fernando.  La base del partido tiene que elegir a un nuevo presidente.  La inscripción del PPR y este quinto fiasco del PIP es más que una lección, es la alarma para genuinamente traer un cambio radical en el partido y en el independentismo para romper con el pasado y con el elitismo y crear un nuevo manifiesto independentista para el S. XXI.  El MINH debe igualmente repensar su apoyo a candidatos populares y dejar de vivir en la Guerra Fría:  Cuba, y menos Venezuela, no son amistades útiles para adelantar la independencia.  No sugiero romper con los lazos que se han forjado históricamente, pero sacarlos del carrito de enfrente, buscar otros amigos, como la mayoría de los puertorriqueños.  La independencia significa no depender de Estados Unidos, por lo tanto tampoco podemos depender de los cubanos y venezolanos para llevar a cabo nuestra lucha.


En cuanto a Aníbal Acevedo Vilá y su primera -y bien merecida- derrota electoral hay una gran moraleja:  el ELA y ELA mejorado han llegado a su fin.  Lo que hace falta es un giro total del PPD hacia la soberanía de Puerto Rico.  No soy de los que le achacan la derrota de AAV al encontronazo que tuvo con los federales y a su discurso en el Coliseo de Puerto Rico, más bien, la gente votó por Fortuño por la aparente ineficacia del ejecutivo popular durante este pasado cuatrenio.  Muchos habrán votado por Fortuño por el miedo provocado por la mera mención de AAV de la palabra soberanía, pero esos no son la mayoría.  Al final convenció más el mensaje de cambio de Fortuño (por más vacío que sea y será).  AAV vio lo nefasto que puede ser el aparato federal en la Isla y como figura máxima del PPD debe, junto a Willie y demás soberanistas populares, revisar dónde está su conciencia y dónde radica el verdadero cambio.  Fortuño es más de lo que estamos acostumbrados:  otro gobernador de la colonia que por su historial y falta de agallas para resolver con creatividad y sin miedo los problemas que nos estrangulan (el tráfico de drogas, la pobreza, el desastre ecológico, los derechos civiles y el colonialismo), recurrirá a las mismas recetas de siempre fomentadas por el gobierno federal en colaboración con su ya legendario servilismo hacia los grandes intereses económicos.  Será otro impotente más como casi todos los anteriores, inclusive, como el mismísimo AAV.  Este ciclo de cambios de partidos en el poder se seguirá repitiendo hasta que varios sectores (quizás el PPR, un PIP recreado, unos populares soberanistas o un movimiento social de vanguardia) vea críticamente el estado de Puerto Rico y su relación con Estados Unidos y el mundo y se mueva a crear un proyecto nacional puertorriqueño.  Eso ni la ola positiva de Obama en EE.UU. ni el falso cambio que traerá Fortuño (¡es el mismo estribillo de Rosselló, por Dios!) lo podrán provocar. Obama, después de todo, es el jefe de Fortuño y a Obama no sólo no lo elegimos nosotros, sino que como todo presidente estadounidense, su principal interés será su nación:  los Estados Unidos de Norteamérica. 

martes, 4 de noviembre de 2008

"On the road" en BAires

Me da miedo caminar con la mochila a mis espaldas que guarda mi recién adquirida Apple.  Si pudiera la llevaría en el bolsillo de al frente con mi billetera, USB drive y demás valiosos como las siempre ausentes monedas argentinas.  Monedas para el colectivo que me lleva a todos lados.  Monedas que me ayudan a enviar las postales a Miramar; monedas, en fin, que me hacen receptor de sonrisas por parte de cajeras frustradas por la falta de cambio.

Hoy fui a El Ateneo Grand Splendid, la librería más grande de Suramérica.  La tienda es una joya:  la librería está alojada en un antiguo teatro restaurado.  Donde era el escenario hay un café con todo y Wi-Fi.  Allí dejé doscientos y pico de pesos argentinos comprando los dos Volúmenes de los Cuentos Completos de Cortázar que edita Alfaguara, un libro de cuentos del uruguayo Leo Masliah ("Todas las estrategias de la narración apuntan a socavarla:  los acontecimientos no son más que versiones posibles de los hechos y las cosas y los seres no siempre son idénticos a sí mismos" -David Oubliña) y los monólogos paranoicos "Yo, yo y yo" del argentino Juan Filloy ("Elogiado por Alfonso Reyes y por Julio Cortázar, se le considera uno de los mejores escritores de habla hispana").  Ya les contaré de Filloy cuando me lo lea.

Luego salí de El Ateneo y me paré en otra librería, la Guadalquivir (www. proeme.com).  La variedad y cantidad nada comparan con El Ateneo pero pude conseguir casi todas las obras del escritor maldito del momento en la Argentina, Washington Cucurto ("Desde Osvaldo Lamborghini no asomaba un lenguaje tan violento, tan fosfórico en la literatura patria" -Tomás Eloy Martínez").   Irreverente, anti-canon, Cucurto escribe para alucinar y mearte de la risa con su mezcla de lunfardo, cumbiantera y negritud:  algo nada cercano  al clasismo intelectualoide europeo que permea en esta ciudad llamada Buenos Aires.  ("A Cucurto le interesa mucho más mencionar culos y tetas que las vueltas de la subjetividad. [...] Le interesa la vulgaridad de lo que puede ser dicho con las palabras de la música más popular:  Puig escuchó las letras de Le Pera, Cucurto la de la cumbia." -Beatriz Sarlo).  Me leí "El curandero del amor" (Emecé, Cruz del Sur, 2006) y me recordó a La Guaracha del Macho Camacho pero sudamericanizada: inmigrantes pobres y rumbones en un Buenos Aires que todavía no puede salir de su crisis política y económica, una sociedad en que la negritud es casi inexistente en el imaginario nacional, un país que se reinventa cartón a cartón, en que la literatura y los diseños de sus modistas son la única vanguardia y en el que la prostitución, como el psicoanálisis y los abortos, te lo reparten a plena luz del día y en todas las esquinas. Con Cucurto lo sutil toma el giro del sudor, de los traficantes y del barroquismo antiporteño.

Al final del día, sobre AR$300 en páginas y tinta.  Not a bad day at all.

viernes, 22 de agosto de 2008

China no sólo sorprende, te hace tomar fotos charras

Hagan click en la antorcha y vean el álbum de la Plazoleta Olímpica donde me volví loco y no paré de tomar fotos.

Convivir entre ellos: una olimpiada de por sí

Dejar a Beijing por Xi'an fue un poco difícil, pero no tanto como dejar atrás a China. Llevo dos días en Buenos Aires y extraño ser el foco de atención, la incogruencia hecha carne, en que tanto los chinos se fijaban. Extraño más la manera en que las chicas se vestían aún cuando mostraban ralos vellos debajo de las axilas. Todas con tacos hasta en la lluviosa Plazoleta Olímpica, en la Ciudad Prohibida o sobre las piedras milenarias de la Muralla China. Con traje de noche muchas, con lentejuelas las más provocadoras, las chinas están ciertamente acomplejadas con su baja estatura, pero qué bien se ven. Están entonces las más guerrilleras, con peinados a lo Laura Om, que se aglomeran en Shanghai. Con minifaldas, la cuerdita roja alrededor del cuello que sujeta el jade que esconden entre sus pequeños pechos y sus ojos que seducen por su tan apabullante otredad.

La moda tan cargada que exhiben las jóvenes chinas es el indicador más certero para entender que la China comunista no existe. Lo que hay en su lugar es un estado autoritario con el cual la mayoría de la población está dispuesta a vivir a cambio de tiendas Gucci, Internet gratis y vigilancia del estado las venticuatro horas a través de las cámaras de seguridad que están hasta en las fachadas de los monumentos históricos.

El deseo de superarse y el orgullo que los chinos sienten por su trabajo y país también es asombroso y conforma el único peligro real a la autoridad del Partido Comunista. Los compañeros del programa de Suzhou tienen un calendario cargado de clases de inglés, contabilidad y voluntariado además de su rigurosos cursos de Derecho. Algunos recién se hicieron miembros del Partido Comunista, pero no porque compartan su ideología, sino porque era algo adicional que poner en el CV. Son ambiciosos y quieren tener más. Recordemos que la clase media es la que históricamente pide y efectúa los cambios en las sociedades.

Luego está la doble actitud que los chinos tienen hacia los demás. Pude notar como en muchas ocasiones los chinos tienen una sólida línea bien trazada en lo que es relación de trabajo y relación personal. Esto se demuestra también en las calles donde es tierra de nadie y ni las bicicletas le ceden el paso a los autos y peatones. En general, el chino solo brega bien en su círculo interno de familiares y amigos. Las generaciones de jóvenes como con los que compartí tienen una mentalidad en evolución, pero todavía no ha cambiado del todo y muchos no entendían que algunos de nosotros, occidentales, los invitáramos a dar un paseo por la ciudad o sentarnos a tomar un té. Algunos sólo lo hacían por su deber como anfitriones y otros como un mero favor al extranjero. Ya luego, cuando se empezaron a desarrollar vínculos de amistad, el acercamiento fue cambiando y las salidas se hacían por la única y gratificante razón de disfrutar de la compañía mutua.


China te atrapa, tan bien o peor como la china que ante tus galanterías te contesta en Business English.

Hoy caminé por la Plaza Lorea en el mismo centro de Buenos Aires y sentí un nudo en la garganta al ver una sucursal del banco chino HSBC. El contacto que uno tiene con la China se da, casi seguramente, desde el primer hasta el último momento de la vida gracias a la proliferación de artículos Made in China, pero los que hemos visitado a China y nos ha gustado, hay algo que nos envuelve e impacta de tal manera que nos sentimos raros no sólo con ver el HSBC, sino con cualquier restaurante chino y con los carteles rojos comunistas de la hamburguesa de Beijing que McDonald's vende en Argentina. Lo que siento es, sin dudas, la nostagia del viajero, pero China ha desencadenado una nostalgia más intensa que luego describiré en otra entrada.

China no es un paraíso, pero el combo entero de inmensidad, historia y gente optimista (aunque trata de matarte en plena avenida echándote el ómnibus encima) te hacen pensar que (eso sí, fuera de sus ciudades contaminadas y basurales urbanos) te encuentras en un lugar especial y muy lejos de donde naciste. Esa lejanía es lo que produce cierto misticismo y es la causa del asombro en la gente cuando le digo que he estado por China y que pienso regresar porque me falta ver tanto más.

El nomádico, atónito, frente a los guerreros de terracota en Xi'an.


[Nota: Vean bajo Nomádica o La tribu en fotos, los últimos álbumes que he subido a Picasa. Todavía faltan subir las fotos de la Muralla China y de mi última parte del viaje, Shanghai.]

La tribu errante