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jueves, 27 de agosto de 2009

Dim-sum

Cuando te enamoras de Xiao Xia sólo piensas en las mañanas. Sus besos de naranja te extraen de las dimensiones abismales del sueño; sus ojos de fruta prohibida te recuerdan el mundo que dejaste atrás. Antes, todos los labios te sabían a sofrito y todos los ojos te miraban con un desdén de telenovela. Ahora, juras que la boca de tu chinita es resplandor de pera; que su mirada te exprime en gotas de ajonjolí y perlas de canela.

Cuando te despiertas junto a Xiao Xia sólo piensas en el desayuno: panecillos de arroz rellenos de carne y salsa, jiaozi de vegetales y té verde. Ella te sirve con sus manos de arbusto y sonrisa de flores. Tomas el té. Pintas de esperanza la ausencia que creaste muchas horas atrás en la cama que espera al otro lado del océano.


Cuando a Xiao Xia le llega la hora de partir la recuerdas junto al lago en el traje amarillo -tierno como su cuello delgado. Mezclas el amor y la ilusión como la batida de leche de soya y chocolate que le compraste para hacerla reír luego de haberla reencontrado gracias a tu paciencia artesanal.

Cuando Xiao Xia sale por tu puerta, como lo hacen los rayos del sol detrás de las nubes, te envuelve un rubor. Sientes que una brisa fresca, leve, recorre tu cuerpo caliente y perspirado. De espaldas, su cabello cae sobre sus hombros como un pesado manto negro. También al hombro lleva su cartera Coach (Made in China) donde guarda, junto a su lápiz labial invisible y tarjeta de estudiante, los pocos yuanes que le pagas.

martes, 13 de enero de 2009

De vuelta al Caribe

No sé por qué pienso que regresar a Puerto Rico es volver a la realidad.  ¿Acaso estar en otro país o continente no es también real?  ¿Acaso no nos enteramos de lo que pasa en otros lados, no nos cortamos los dedos con el mismo dolor o vamos al baño con la misma regularidad? No entiendo, entonces, por qué siento que he entrado a una dimensión desconocida cuando no lo es; he regresado al país que más conozco, a mi hogar, a mi hábitat natural.  Pero la sensación es de haber retornado al pasado, a las mismas cosas de siempre y porque al final, el regreso de cualquier viaje o recorrido, por más corto que sea -al menos para mí- es cerrar un ciclo, un espacio único y eso trasciende las barreras de la razonabilidad y la cotidianeidad.  

Me fui con la idea de olvidar, buscar y encontrarme a mí mismo y, de paso, a muchas otras cosas desconocidas.  Quería salir para vivir solo nuevamente, para disolver una sensación de opresión que me ahogaba y para escribir que es también vivir.  Primero un mes por China y sus ciudades conglomeradas.  Las motocicletas eléctricas y los autos han paulatinamente sustituido las icónicas bicicletas, pero la gente aún escupe sin pudor en donde sea.  Con todo y escupitajos y el calor pantanal de las ciudades que visité, comí a mis anchas como en poco lugares lo había hecho y esto sin enfermarme una sola vez.  La comida que se cocina en China es espeluznantemente variada y sorpresivamente deliciosa.

China construye su futuro con edificos sacados de las sagas futurísticas hollywoodenses pero con la exactitud y opresión comunista de un régimen que necesita liberalizarse en la cuestión política y social.  Dicen que el futuro está allá, pero luego de pasearme por el Cono Sur, me di cuenta que el futuro está en todos lados porque está en nosotros.  El futuro está, inclusive, en Puerto Rico, aunque la realidad se torne más crítica mientras uno se acerca más a Washington y sus fallidas políticas económicas basadas en ideologías (neoliberalismo) en lugar de datos constatables, datos que mostraban que la crisis venía sin titubeos y nadie hizo nada porque no querían admitir que los postulados neoliberales habían fallado rotundamente.  Y digo que hay futuro en Puerto Rico no porque Fortuño esté de gobernador (Mr. Republican ha sugerido implantar recomendaciones que no pican fuera de la bolsa ideológica neoliberal que nos ha traído este regalito de fin de década), sino porque los malos augurios siempre vienen acompañados de nuevos comienzos.

Recorrer miles de kilómetros de pura naturaleza fue lo más alucinante de mi recorrido por la Patagonia.  Espacio abierto, vida silvestre, cielo azul, temperaturas contrastantes y caminar casi de la mano con pingüinos.  El Uruguay y las playas despobladas de Maldonado, lagunas protegidas, campo abierto y un Montevideo que se parece más a las fotos de La Habana que a una copia de Buenos Aires.  En Perú los microclimas de la sierra, el verdor en la ceja de selva cuando vas llegando a Machu Picchu, la siempre fascinante -y horrible- vista de los cerros desérticos que circundan a Lima y, por supuesto, el copioso ceviche, sus mariscos, y el ají que ya sea por gusto o costumbre siempre te invade el paladar.

Y sí, es cierto:  si en estas primeras semanas de mi regreso me preguntan cómo me siento, diré que raro y un poco atormentado porque extraño el anonimato de ser un extranjero, de devorar revistas, periódicos y libros para entender una realidad ajena y no sentir la obligación inmediata de actuar; la variedad de productos que he comentado y reseñado hasta la saciedad porque me parece un atropello que los puertorriqueños sigamos escogiendo nuestros condimentos y verduras de una selección pobre, cara y mediocre.  En el mismísimo Km. 0 de Buenos Aires conseguía frutas y legumbres frescas y de buena calidad, igual historia con la carne, quesos, panes y repostería.  En Puerto Rico un buen pan criollo es difícil de conseguir y la baguette que se consigue en los demás comercios es un insulto de grandes proporciones:  una farsa más de la que -ya es evidente- estamos tan acostumbrados.  

Extraño pasearme por los parques y caminos de la ciudad porque mi metrópolis duerme encerrada y con el aire acondicionado en high.  Bienvenido a comprar libros caros y a perderme en Borders entre tanto dumping literario estadounidense.  Lo que queda es la ventana del Internet, las fotos y las cervezas con los amigos; la familia y un mar siempre cálido, envidia de la gente que vive en climas variables.  El Hamburguer con vista al mar, el Viejo San Juan y sus siglos de melancolía, las langostas del oeste con sus atardeceres y la voracidad caribeña que se bate en la arena y en kioskos, botes, hoteles y apartamentos desde Piñones hasta Peñuelas.

Regresé con la intención de irme de nuevo.  Pero primero hacen falta unas cosas:  amar, escribir, estudiar y terminar lo comenzado.  Dos, tres, cuatro años, y me voy.  Como toda partida, ésa tendrá también el gérmen del retorno:  nada hay inescapable en esta vida y menos un país tan pequeñamente grande llamado Puerto Rico. 
 
Tratando de bloguear desde Lima (Ene. 09).

Siesta frente al Pacífico en la playa de Chocalla (sur de Lima, Ene. 09).

Almuerzo costero:  tiradito de pescado en tres salsas, corvina a la parrilla y su infaltable chelita helada (Ene. 09).

Mi segunda vez en Machu Picchu:  siempre hay que volver a estas alturas místicas (Dic. 08).

El cuy chacta'o:  plato tradicional arequipeño y legado de los Incas.  Delicioso (Dic. 08).

Con Nydia frente al Palacio de Gobierno en Lima (Dic. 08).

Con Miguel Novellino, mi compañero de apt. argentino y propietario de A Dos Veinte (Dic. 08).

Los Boludos en la tienda Puro Diseño en Palermo, Buenos Aires (Dic. 08).

Plaza Independencia, Montevideo, Uruguay (Dic. 08)

Las Cataratas de Iguazú, Misiones, Argentina (Dic. 08).

Frente a frente al Perito Moreno, El Calafate, Argentina (Oct. 08).

Allende por las calles de Punta Arenas, Chile (Oct. 08).

Próximo a cruzar el Estrecho de Magallanes, Chile (Oct. 08).

Parrillada en Villa General Belgrano, Argentina (Oct. 08).

En el panteón de Evita, Cementerio de La Recoleta, Buenos Aires, Argentina (Sept. 08).

En el Canal Beagle, Ushuaia, Argentina (Oct. 08).

Mao se repite en el Museo de la Propaganda, Shanghai (Ago. 08).

En Xi'an (Ago. 08)


En la Muralla China en Simatai (Ago. 08)

Con los soldados de terra cota en Xi'an (Ago. 08).

viernes, 21 de noviembre de 2008

Imposible mi vida sin sopas

Encontrar una sopa en Buenos Aires es como procurar vegetales frescos en los supermercados de Puerto Rico:  una misión casi imposible.  Hoy finalmente tomé una de cabello de ángel en el restaurante Plaza España en la Avenida de Mayo.  ¡No podía creerlo!  Entre tanta pizza, empanadas, pastas y bifes, había encontrado una sopa.  Rico caldo y fideos que me cautivaron.  Comencé entonces a acordarme de mi viejo quien fue el que nos enseñó a mis hermanos y a mí a tomar sopas.  Él es peruano y como allá se come sopa todos los días, él necesitaba -y todavía necesita- su sopita a la hora de comer.  Y mi mamá, quien hoy cumple años, aprendió a hacer una variedad increíble de ellas, además de cremas riquísimas que poquito a poco nosotros comenzamos a apreciar porque al principio como que no nos hacía mucha onda.  ¿Sopa con el calor que hace en la isla?  ¿Fideos, verduras y pedacitos de carne?  O la bien peruana sopa de viernes, con leche, fideos, algunos vegetales y...huevo?!  No, de verdad que nos quedábamos con el arroz y habichuelas o la lasagna con amarillitos...mira y que comer
sopa.
Mi viejo con el Morocho del Abasto.

Pues la cosa es que miré mucho y probé más porque he estado todos estos meses desviviéndome por ellas.  Los chinos siempre son mi salvación porque incluyen muchas sopas en su dieta y me he cura'o en el Barrio Chino de Belgrano ante la escasez en el Centro, Congreso, Palermo y demás barrios porteños.  Cuando anduve este verano por la China me puse las botas con sus sopas wonton (con ricas variaciones a la que todos conocemos en Occidente), sopa de setas, de pollo negro y ginseng, sopas con jiaozi (los famosos dumplings), sopa de huesos de pato, el paomo (sopa sino-musulmana de cordero) y de todo lo que uno puede imaginarse.  Todas las probé porque así también me criaron en casa:  a meterle el diente a todo.

Voilà!, el pollo negro (no es ningún tinte, esta especie china de pollo tiene la piel negra), la raíz de ginseng y otros trozos del pollo común -y "blanco"- que todos conocemos.

Increíbles son las conexiones que hago desde Argentina, desde mi apartamento en pleno centro, pensando en mis viajes y en mis viejos.  Esto de viajar también es culpa de papi, lo mismo con lo de ser perfeccionista y de planificar con antelación.  Estas últimas cualidades pueden ser una cuchilla de doble filo pero hasta ahora me han servido para bien y es que siempre las he sabido combinar con la calma que mi viejo también me enseñó cuando crecía, esa eterna y maravillosa calma de no apurar las cosas, de no desesperarse y de dialogar, hablar con el otro y con uno mismo.  Mi viejo, que como ingeniero graduado en Perú tuvo que limpiar baños y trabajar en minas en Estados Unidos cuando salió de su país, siempre me ha dicho que la vida es hermosa.  Y sí, la vida es hermosa, a pesar de todo, es linda o por lo menos hay que verla con optimismo.  Sólo así pude encontrar mi sopa en pleno centro de Buenos Aires.  Finalmente.

Abajo, el paomo que me comí en Xi'an.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Suzhou trajo lo que no era suyo

From 3rd Week - Suzhou, China

El error fue prenderme de su foto en el libro del Instituto que nos dieron.  Me enamoré de su rostro y de las posibilidades que me provocaban sus ojos rasgados, casi infinitos.

Luego decidimos que salir casualmente era tan normal como los accidentes entre bicicletas, motocicletas y peatones (sí, todos al mismo tiempo).  Y es que lo normal siempre se adecúa a las circunstancias que queremos y nosotros nos queríamos adecuar a gustarnos sin admitir nada.  En vez de un beso ella me ofrecía una manzana.  En lugar de una caricia, una sonrisa mía.  En vez de irnos a la cama, una inocente invitación a su habitación para utilizar su computadora y mirarnos las caras de extranjería que cada uno traía.

-Te portas tan bien con tus colegas chinos.


-Yo soy el que vengo a su país, no debo por qué portarme de otra forma.


-Te gusta la China demasiado, ¿no es asi?


-Me gusta desde que descubrí que mis juguetes los hacían aquí -me forcé a decir, no porque fuese mentira, sino porque decirle que en realidad la china que me gustaba era ella hubiese sido un final bastante abrupto.  Más abrupto que éste.


(Tomado de La libreta de Xi'an)

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El resto...

Al fondo se aprecia la Pearl Tower en Pudong (distrito de Shanghai).

...de las fotos de China ya están en Picasa:




Pronto subiré las que he tomado en Argentina.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Mira la Muralla y unas causas no aptas para el público

En todas las ciudades que he visitado te venden camisas que leen: I climbed the Great Wall. Yo la subí pero no me la compré. En cambio, me regalaron una postal.
Desde acá arriba no se huele a los sobacos encebollados del Metro de París, ni a los acueductos de Suzhou y Shanghai. Aquí se huele a lo que por mucho tiempo ha existido. Es un aire eterno como eterna es mi tristeza...
Lo sé. Escribirte esa postal fue un acto de desafío.

viernes, 22 de agosto de 2008

China no sólo sorprende, te hace tomar fotos charras

Hagan click en la antorcha y vean el álbum de la Plazoleta Olímpica donde me volví loco y no paré de tomar fotos.

Convivir entre ellos: una olimpiada de por sí

Dejar a Beijing por Xi'an fue un poco difícil, pero no tanto como dejar atrás a China. Llevo dos días en Buenos Aires y extraño ser el foco de atención, la incogruencia hecha carne, en que tanto los chinos se fijaban. Extraño más la manera en que las chicas se vestían aún cuando mostraban ralos vellos debajo de las axilas. Todas con tacos hasta en la lluviosa Plazoleta Olímpica, en la Ciudad Prohibida o sobre las piedras milenarias de la Muralla China. Con traje de noche muchas, con lentejuelas las más provocadoras, las chinas están ciertamente acomplejadas con su baja estatura, pero qué bien se ven. Están entonces las más guerrilleras, con peinados a lo Laura Om, que se aglomeran en Shanghai. Con minifaldas, la cuerdita roja alrededor del cuello que sujeta el jade que esconden entre sus pequeños pechos y sus ojos que seducen por su tan apabullante otredad.

La moda tan cargada que exhiben las jóvenes chinas es el indicador más certero para entender que la China comunista no existe. Lo que hay en su lugar es un estado autoritario con el cual la mayoría de la población está dispuesta a vivir a cambio de tiendas Gucci, Internet gratis y vigilancia del estado las venticuatro horas a través de las cámaras de seguridad que están hasta en las fachadas de los monumentos históricos.

El deseo de superarse y el orgullo que los chinos sienten por su trabajo y país también es asombroso y conforma el único peligro real a la autoridad del Partido Comunista. Los compañeros del programa de Suzhou tienen un calendario cargado de clases de inglés, contabilidad y voluntariado además de su rigurosos cursos de Derecho. Algunos recién se hicieron miembros del Partido Comunista, pero no porque compartan su ideología, sino porque era algo adicional que poner en el CV. Son ambiciosos y quieren tener más. Recordemos que la clase media es la que históricamente pide y efectúa los cambios en las sociedades.

Luego está la doble actitud que los chinos tienen hacia los demás. Pude notar como en muchas ocasiones los chinos tienen una sólida línea bien trazada en lo que es relación de trabajo y relación personal. Esto se demuestra también en las calles donde es tierra de nadie y ni las bicicletas le ceden el paso a los autos y peatones. En general, el chino solo brega bien en su círculo interno de familiares y amigos. Las generaciones de jóvenes como con los que compartí tienen una mentalidad en evolución, pero todavía no ha cambiado del todo y muchos no entendían que algunos de nosotros, occidentales, los invitáramos a dar un paseo por la ciudad o sentarnos a tomar un té. Algunos sólo lo hacían por su deber como anfitriones y otros como un mero favor al extranjero. Ya luego, cuando se empezaron a desarrollar vínculos de amistad, el acercamiento fue cambiando y las salidas se hacían por la única y gratificante razón de disfrutar de la compañía mutua.


China te atrapa, tan bien o peor como la china que ante tus galanterías te contesta en Business English.

Hoy caminé por la Plaza Lorea en el mismo centro de Buenos Aires y sentí un nudo en la garganta al ver una sucursal del banco chino HSBC. El contacto que uno tiene con la China se da, casi seguramente, desde el primer hasta el último momento de la vida gracias a la proliferación de artículos Made in China, pero los que hemos visitado a China y nos ha gustado, hay algo que nos envuelve e impacta de tal manera que nos sentimos raros no sólo con ver el HSBC, sino con cualquier restaurante chino y con los carteles rojos comunistas de la hamburguesa de Beijing que McDonald's vende en Argentina. Lo que siento es, sin dudas, la nostagia del viajero, pero China ha desencadenado una nostalgia más intensa que luego describiré en otra entrada.

China no es un paraíso, pero el combo entero de inmensidad, historia y gente optimista (aunque trata de matarte en plena avenida echándote el ómnibus encima) te hacen pensar que (eso sí, fuera de sus ciudades contaminadas y basurales urbanos) te encuentras en un lugar especial y muy lejos de donde naciste. Esa lejanía es lo que produce cierto misticismo y es la causa del asombro en la gente cuando le digo que he estado por China y que pienso regresar porque me falta ver tanto más.

El nomádico, atónito, frente a los guerreros de terracota en Xi'an.


[Nota: Vean bajo Nomádica o La tribu en fotos, los últimos álbumes que he subido a Picasa. Todavía faltan subir las fotos de la Muralla China y de mi última parte del viaje, Shanghai.]

viernes, 25 de julio de 2008

El oficio solitario y el té solidario

Tiempo tengo hasta para ver caer sobre mi taza de té una gota de miel del fondo de su recipiente.


(Es que adoro escribir en mi Moleskine).

lunes, 21 de julio de 2008

China-mandarina, pepinillo-cigarrillo

Caminar en Suzhou es nadar en los vapores de un sauna.

Gracias a mis shorts las personas no dejan de mirar mis piernas velludas. Las miran y me imagino que se preguntarán: ¿acaso los occidentales son descendientes más cercanos de los simios? Me río y me paro a tomar una fotografía y mientras lo hago escucho el grito que tarde o temprano sabría que escucharía: "jelouu, jelouu". Así le llaman la atención a los turistas, a los occidentales, a esos que venimos con las patas pelúas. Es la bienvenida que recibimos los velludos al país de la gente lampiña.


China me sabe a esas mandarinas que llevamos a la playa y dejamos en el bulto sobre la arena. Se calientan un poco con el sol, pero como quiera nos las comemos. Y aquí me la como suspirando: por qué no decidí estudiar mandarín en vez de francés y portugués.


Estoy en un Internet café cerca de la Universidad de Suzhou. El calor del sauna sigue aquí adentro a pesar de los abanicos. Debe ser el calor que emiten las ciento y pico de computadoras que están aquí juntas o los ciento y pico de chinos que ni siquiera han mirado mi copiosa cantidad de vellos. Algunos gritan a través del chat y otros mantienen su mirada fija en la pantalla, con los dedos recorriendo el teclado con la maestría que solo logran los que se pasan tardes enteras sumergidos en los juegos de computadora.

Muchos de ellos fuman mientras juegan. Fuman y se paran para ver el status de sus amigos unas mesas más abajo. Las novias vienen a darle ánimos y a preguntarle cuando acabarán. No parece que se irán pronto. Yo me voy. Los cigarrillos me gustan mucho menos que los pepinillos crudos con salsa hoisin.

lunes, 19 de mayo de 2008

¿Culpa de la represa?

China Digital Times cita a The San Francisco Chronicle sobre la posibilidad de que el terremoto de la semana pasada en Wenchuan pudo haber sido ocasionado por la presión ejercida por la represa de las Tres Gargantas. En mi entrada anterior hablé de mi preocupación por la seguridad de esta presa, pero jamás me imaginé que podía establecerse algún nexo entre los movimientos de las placas tectónicas y la construcción de represas.
Pueden leer el artículo que explica la relación entre las presas y los terremotos -para mí algo inimaginable- en la revista Scientific American aquí. Vamos, que vale la pena salir cada vez más de la penumbra del desconocimiento.


Hoy, en todo el territorio nacional chino, se llevó a cabo el primer día de tres de duelo nacional a raíz de esta catástrofe que ha dejado a más de 50,000 muertos (aunque el gobierno calcula que ese total se duplicará).



Como también adelanté en mi pasada entrada, aquí está el enlace de la Cruz Roja para ayudar a las víctimas del terremoto.

martes, 13 de mayo de 2008

Terremoto en Wenchuan, cómo ayudar y las Olimpiadas

A menos de 100 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos 2008 en Pekín, un fuerte sismo sacudió a la provincia suroeste de Sichuan. El mismo se sintió por toda Asia, desde Pakistán hasta Vietnam y llega muy a destiempo. Para los chinos es como si el SARS, la represión en el Tíbet, el accidentado relevo de la antorcha, la aberrante contaminación de sus ciudades (16 de las ciudades más contaminadas del mundo están en China) no hayan sido suficiente para dificultar la responsabilidad de ser sede del evento deportivo más celebrado en todo el mundo (aunque tengo que conceder que los hinchas del fútbol dirán que ese evento es la Copa del Mundo).

¡A ayudal!

Pero es el lado humanitario que más duele y conmueve. En estas últimas dos semanas, dos grandes catástrofes han impactado al continente anfitrión de las Olimpiadas. Casi 30,000 personas murieron en Birmania a causa de un tifón. En Sichuan, provincia china donde se originó el epicentro, la cifra ya llega a los 12,000 muertos. Por motivo de las Olimpiadas y el interés que siempre he tenido por China, he comenzado a leer China Digital Times, un portal periodismo chino independiente y colaborativo.

Tan pronto hay una catástrofe de este nivel, accedo a la página de la Cruz Roja Internacional. Allí tienen un mecanismo fácil y seguro para hacer donaciones al instante a las misiones que tiene la Cruz Roja en el lugar del desastre. Cuando accedan verán que todavía no está China en la lista, pero tan pronto entre la misión de la CRI al país, podrán enviarle dinero.

Las Olimpiadas y el futuro de China

Las autoridades chinas y los organizadores olímpicos pensaron innmediatamente en las multimillonarias estructuras y edificios que se han construido en Shanghai, Pekín y Hong Kong para celebrar los juegos. Yo pensé en la Presa de las Tres Gargantas (o Three Gorges Dam en inglés). Esta represa en el río Yangtze está casi finalizada, pero no estará completamente lista hasta el 2011. La misma ya está considerada como la represa de más alta capacidad en el mundo. Este logro ha estado ligado a una gran pérdida cultural, social y ecológica ya que millones de personas fueron removidas de sus pueblos y ciudades ancestrales (familias enteras han vivido por miles de años en algunos de estos pueblos) para ser arrasados por las aguas de la represa. Como los pueblos, sumergidos quedarán artefactos arquelógicos y antiguas fábricas que son la causa de preocupación mayor entre los ecologistas ya que temen que residuos y desperdicios químicos contaminen más las aguas del Yangtze.

Esta represa, junto a todos los edificios que se están levantando en las grandes ciudades chinas, es la nueva muralla china del siglo XXI. Las aguas del Yangtze que se alzarán sobre aldeas milenarias es la metáfora más certera, como muchos analistas y escritores han dicho, para mostrar que China no tiene reparos en dejar su pasado atrás para volver a ocupar su sitio como la potencia mundial que siempre ha sido, excepto en los últimos 300 años. Pero, después de todo, ¿qué son tres siglos en la historia china que abarca doscientos siglos?

Hay que brindar oportunidades


Uno puede diferir con los chinos en su abismal récord de derechos humanos, por su anexión ilegal del Tíbet (independentista al fin, soy solidario con la autodeterminación e independencia de la nación tibetana) en su trato al medioambiente y en un sinnúmero de políticas erradas, pero hay un espíritu eminentemente chino (heredado, muy probablemente por ser una de las civilizaciones más antiguas del mundo) de unirse como pueblo y alcanzar metas altísimas, y de darle suma importancia al esfuerzo tanto individual como colectivo. El cambio que ha sufrido China en las últimas dos décadas ha dejado perplejo al resto del mundo. Conceder la sede de las Olimpiadas a China es un reconocimiento por parte de la comunidad internacional a esta realidad y demuestra el interés de Pekín de abrirse al mundo sin miedo. Esto tiene que ser bienvenido tanto por los incondicionales y los críticos de China. La interacción entre los pueblos y no el aislamiento o la guerra es la clave para propiciar cambios dentro de los países que, como la misma China, que tienen graves problemas internos.

La participación económica en el mercado chino ha sido el atractivo más grande y ha influenciado, desde la época de Nixon, el discurso hacia la China comunista por parte de Washington. Esta apertura entre China y Occidente, si bien estuvo matizada inicialmente por cuestiones ideológicas y estratégicas, siempre estuvo y estará fuertemente fundamentada en el capitalismo y en la noción de crear riquezas.

Fue Deng Xiaoping quien modificó el llamado de Mao ("¡Es glorioso ser revolucionario!") por "¡Es glorioso ser rico!". Esa apertura y riqueza ha llevado a China a elevar los estándares de salubridad, educación y empleo en su población y aunque hay grandes retos en cuestión de democracia, libertades y justicia, el camino de la cooperación y amistad ha logrado cambios positivos y espero que estas Olimpiadas, con todos los dolores de cabeza que ha causado, le sirvan a Pekín para seguir transformando al país, esta vez con más conciencia y responsabilidad.

La tribu errante