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sábado, 23 de octubre de 2010

12 Consejos de Bolaño

Mi amigo Renato Zeballos es un tigre con verbo de cóndor. De vez en cuando --y esto es pura suposición mía-- cuando la mañana o el día se vuelve pantanoso, él entra al Facebook y sube unos versos, microcuentos o pequeños relatos que tienen el efecto de atraparte. Aunque tome sólo unos minutos leerlos, esas grandes alas de imágenes y palabras que surcan desde Lima llegan a acaparar mi mente por varios días. Entrar al Facebook, pues, toma nuevos matices; depende de la hora del día, esta red social puede convertirse en una gran antología o enciclopedia.

En esta misma honda y hace unos dos días, Renato se topó en el blog feederico.com con este pequeño escrito del chileno Roberto Bolaño y lo compartió en su muro. Ahora me toca compartirlo con ustedes en mi blog. Cierto, no lo escribió Renato, pero algo de la locura del Boñalos siempre ha estado dentro de la cuentística de mi amigo.

12 Consejos de Bolaño para escribir cuentos

"Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo."

Entrada original aquí.

martes, 1 de septiembre de 2009

Noche de ayer

Supo que ya era tarde cuando, saliendo del auto, escuchó con una claridad de cristal el paso del tren que hace menos de veinte minutos lo había dejado en el centro de la ciudad. Las vías del tren no abrazaban las cercanías donde él vivía y por eso no estaba preparado para los sonidos que esa noche le traía: el suave deslizamiento --en verdad, el rumor eléctrico-- de los vagones por el entretejido urbano. O el seco golpe contra el asfalto del bulto que contenía los restos de su amor.

jueves, 27 de agosto de 2009

Dim-sum

Cuando te enamoras de Xiao Xia sólo piensas en las mañanas. Sus besos de naranja te extraen de las dimensiones abismales del sueño; sus ojos de fruta prohibida te recuerdan el mundo que dejaste atrás. Antes, todos los labios te sabían a sofrito y todos los ojos te miraban con un desdén de telenovela. Ahora, juras que la boca de tu chinita es resplandor de pera; que su mirada te exprime en gotas de ajonjolí y perlas de canela.

Cuando te despiertas junto a Xiao Xia sólo piensas en el desayuno: panecillos de arroz rellenos de carne y salsa, jiaozi de vegetales y té verde. Ella te sirve con sus manos de arbusto y sonrisa de flores. Tomas el té. Pintas de esperanza la ausencia que creaste muchas horas atrás en la cama que espera al otro lado del océano.


Cuando a Xiao Xia le llega la hora de partir la recuerdas junto al lago en el traje amarillo -tierno como su cuello delgado. Mezclas el amor y la ilusión como la batida de leche de soya y chocolate que le compraste para hacerla reír luego de haberla reencontrado gracias a tu paciencia artesanal.

Cuando Xiao Xia sale por tu puerta, como lo hacen los rayos del sol detrás de las nubes, te envuelve un rubor. Sientes que una brisa fresca, leve, recorre tu cuerpo caliente y perspirado. De espaldas, su cabello cae sobre sus hombros como un pesado manto negro. También al hombro lleva su cartera Coach (Made in China) donde guarda, junto a su lápiz labial invisible y tarjeta de estudiante, los pocos yuanes que le pagas.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Mundo lágrimas

Cuando ella lloró porque él no le chupaba sus pezones marrones como la yema tostada, pezones de areolas circularmente perfectas y con un leve sabor a rocío, porque a él lo que le invadían eran las ganas de mirarle su rostro y no de lamerle las tetas, en ese momento cuando, molesta, se salió de encima de él y se echó a un lado fue cuando él se dio cuenta que ese mismo día el también lloraría como no lo había hecho en un año entero.

martes, 17 de julio de 2007

Rey Andújar, invitado de La tribu, y El factor carne (fragmentos)

Conocí a Rey Andújar hace poco más de un mes en el Closed Mike celebrado en Café Seda de El Viejo San Juan. Conversando de lo mucho que me había gustado su novela, El hombre triángulo y sobre los blogs, le dije que pondría en La tribu de los cafres el poema suyo que más me había gustado de la noche, Debajo de ti (porque me hizo pensar mucho en ti). Aquí lo tienen, junto a una narración breve. Ambos, incluyendo su información biográfica, fueron tomados del sitio Cielo Naranja.

Debajo de ti
(Verano 2000)

Cómo explicarte
Que debajo de ti
Soy otro
Todo cambia
Todo suda alrededor
Inevitablemente
Cuando estoy debajo de ti
Siento el arrullo de la sangre caliente
Por cada una de mis venas
Eso siento
Cuando nos tocamos
Cuando no queremos acabar
Cuando estoy debajo de ti
Cuando tú tomas el control
De los cielos, del universo
De estas cuatro paredes estáticas
Soy diferente
Soy tan pequeño
Cuando estoy debajo de ti
La tierra se hunde
Se confunde con las tinieblas
Me tomas de los brazos
Te mueves
Jadeas
Yo
Como destinatario universal de todos tus actos sublimes
Debajo de ti

Inolvidable, excitada, erizada, inmortal, horivertical
¿Porqué cambia mi perspectiva de estar solo
Sólo cuando estoy debajo de ti?
Cuando juego con tus caderas
Y tus caderas toman el control
Y tus caderas gobiernan mis impulsos
Y tus muslos son la guía
Y tus pechos el premio
Y tu boca la gloria
Y yo
Debajo de ti

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

Descubrimiento de la carne

Paola, me encuentro con ella por vez primera. Primerísima hembra entre todas las primeras, tan primera, que más de diez años después me sigue embromando la paciencia cada vez que puede. Me descubro como hombre, ella se descubre como mujer, y entre tanto descubrimiento, descubrimos un desorden mentalmaniacodepresivo con tendencia al suicidio voluntario en primer grado. Aunque mas de una vez la salvé de las garras de sobredosis de aspirinas, Prozac, Mejoral de Adulto, pastillas de bacalao o vitamina E, lo primero que agarrara del botiquín (botiquín no, en Villa Duarte, las medicinas se ponen encima de la nevera, práctica ésta aplicada en múltiples barrios de Santo Domingo, aún en estos días, al alcance de los niños). Se me cortaba las venas, hacía de todo para matarse y así llamar la atención de medio mundo. Gracias que Dios o el Diablo no se dieron por enterados. Y así las cosas, fui yo mismo quien casi se la anota, cuando, tratando de inducirle un falso aborto de un falso embarazo, la obligué a beberse una tisana de hojas de aguacate con astillas de cuaba. Volvió en sí después de dos lavados estomacales y entre el "juidero" para la Clínica Peña Núñez y de ahí a la Chan Aquino, y el asunto de la preñadera y la rudeza de mi Modus Operandi, se nos acabó la sesión de cariño llamada noviazgo.

Rey Andújar (Santo Domingo, 1977) es todo un Robinson (pero antes de toparse con la Isla). Es narrador por excelencia, vive entre aquí-es y allá-ses. Pertenece a lo más reciente de nuestro imaginario literario (MDM).

Vea un artículo sobre nuestro invitado en Claridad.

lunes, 2 de julio de 2007

Luis Villanueva Nieves, invitado de La tribu

Las marcas de la Dama Dragón

Cada día se hizo más difícil ocultarme de la Dama Dragón: me había estrujado contra su cuerpo durante largas noches, y luego ella no quería que me detuviera; ella insistía en seguir quemándome con el vapor que expedía su boca, marcándome la piel. Cada vez que me mordía y chupaba, dejaba tatuados en mi piel coágulos que duraban semanas… Lo peor era su capacidad espacial de manifestar su cuerpo de modo espontáneo en cualquier parte.

En todo momento, en todo lugar, la imagen de su rostro brotaba en mi mente de forma inesperada: era como un acecho inagotable que me hacía permanecer en un letargo contemplativo; letargo que acrecentaba mi desesperación, mi ansiedad. Entonces… se manifestaba y concretaba su cuerpo ante mí… y el vapor de su boca me causaba sed, brutalidad y extenuación.

La conocí durante una serie de conferencias que desarrollé para un cliente. Ella era la persona en la empresa a cargo de coordinar cada coloquio y por eso tuve una relación constante con ella. Al principio las llamadas eran formales, luego se dieron de manera incidental hasta que yo di un primer paso llamándola un domingo. De ahí en adelante, todo fue cuestión de sexo.

Luego, no supe cuál debía ser mi respuesta final a sus avances ―y a sus ataques. Necesitaba organizar mis pensamientos y no encontré otra manera de hacer semejante introspección que no fuere recurriendo al mundo oscuro y ascético de las palabras.

Así, tras tomar la primera libreta que encontré, me encerré a escribir.

Comencé haciendo rayas, garabatos, dibujos de líneas entrelazadas, signos y círculos deformes; luego marcas, letras, comas y puntos, hasta que surgieron palabras y frases sin respetar regla alguna; eran neologismos y educciones sin exigir una rigurosa coherencia gramatológica. Escribía guiado por el placer de dibujar palabras, dirigido a encontrar en algún momento una solución, significado o simplemente probar la experiencia estética: allanarme a la belleza que encontraba en el conjunto absurdo de palabras que acumulaba línea tras línea, página tras página, hoja tras hoja.

Mi primera palabra inteligible fue “necesidad”, seguida de “capricho, vómito, pena, saliva, lluvia negra,”. Pero no pude escribir más; tan pronto comenzaba a descubrir un sentido en lo que escribía, mis pensamientos se rendían al terror de que surgiere el rostro de la Dama. Estaba consciente, pero algo me alteraba; era su rostro otra vez:

―Hola, Dumas ―y mis manos abandonaron la libreta tras recaer en el letargo. Tu vagina, el cabello, el pináculo, mis brazos, tus dientes, la saliva, tu lengua y lame, mis dedos, tu espalda, a morder, oler, mamar, beber, comer; tu cabello me corta; te gusta mascar colores. Tus ojos me sonríen… estaba en la habitación, en el suelo. Se arrastraba, mirándome… plásticos, amarras, tornillos, el beso, el pene, la herida, apretarla, aunque duela; luego, hasta el ano. Pero voy a matarla, a exprimir su cuello y preservar su cuerpo y saciarme cada vez que el sol muera en rojo. Tengo sed, ella me da sed. Me muerde. Arde. Sangro. Mi sangre es malteada, espesa como leche cruda y loca como esperma.

La Dama Dragón había ganado, pero sólo esa noche.

Luis Villanueva Nieves (San Juan, 1975) cursó estudios humanísticos en la Universidad de Puerto Rico y se licenció de abogado durante la década de los noventa. Se cree que existen varios duplicados de Luis, dado que varias personas han visto individuos idénticos a él en diversos y distantes puntos de la isla, incluso en momentos simultáneos. Para no sufrir una maldición, siempre que lo vea, invítele un café.


lunes, 28 de mayo de 2007

Ossorio Costoya, invitado de La tribu

Sígueme

Treta, treta y solo treta, te crees tú que voy a caer otra vez, mientras caminaban a la playa de Ocean Park y los miraban desde la Navigator negra, negra, negra y brillosa, oye parece sacada del dealer, y con los cristales laterales y traseros negros, negros, negros, quién sabe quién nos está mirando y nos retrata o graba, actores en una película sin que nos den a leer el guión, total la vida es así, ¿quien sabe su guión, quién sabe lo próximo que va a hacer o decir o callar o mirar o?, y ya me tienen hasta las teleras los cabrones esos que nos siguen descaradamente, no disimulan, viste, ya ni disimulan, pero bebé tú te estás imaginando cosas, no eres tan importante, siempre con tu manía de que te invaden la privacidad, si tu vida es aburridísima, beber y janguear y hacer que haces, vivir de lo que queda de tu herencia, te equivocas nena, te equivocas y lo sabes mejor que nadie, por eso sigues conmigo todos los sábados, domingos y días de guardar, yo tengo mi lado secreto que tú quisieras averiguar, ser parte de, tener un rush de adrenalina y no seguir en tu rutinita de niña buena de lunes a viernes para dártelas de jodedora los fines de semana conmigo, disfrazada de jodedora, para que no te reconozcan las amistades, pero de verdad para que te reconozcan y te envidien, coño todavía me siguen, vamos a doblar aquí, corre, ahora corre, tú por allá nena, te veo en la playa frente a Pamela's, y los dos jadean, jadean, jadean, mi paranoico chulo, que despístate por allí, que metámonos por acá, que en esa discoteca no, baby, que en ese pub estoy caliente, que nena vámonos sin el postre, y por dónde, carajo, cogió ella, la verdad, que un día, las lío, ya yo no estoy, para estos, arrechuchos, si miro, hacia atrás, la Navi, debe estar ahí, todavía, no, no, los despisté, ok, total, lo que les pagué, para darle, a la nena, su dosis, de peligro, es nada, con lo que le voy, a sacar, a ella, esta noche, en la cama, y ya.


Ossorio Costoya
(Océano Atlántico, 1972) nació durante la travesía de un transatlántico en dirección de España a Puerto Rico. Hijo de puertorriqueños. Autodidacta. Incansable viajero. Lector de vocación. Escritor por accidente.

domingo, 13 de mayo de 2007

El Capitán de la Pluma de Ganso

[Leí este texto en el 1er Campeonato Mundial del Cuento Breve Oral, celebrado el viernes, 11 de mayo en la Universidad del Sagrado Corazón, auspiciado por el Grupo Editorial Norma y la Maestría en Creación Literaria. Hubo cuentos buenísimos, no tan buenos, malos y malísimos. Aunque los cuentos infantiles estaban proscritos (claro, esto salió en la segunda versión de las reglas del Campeonato), tengo que admitir que fueron buenos cuentos, tanto que hasta pude absorberlos y citarlos de memoria varias horas y Medalla Lights después. Aplauso para todos los que participaron.]

Ojos, botellas y gansos

Pelo cobre enrizado, suspendido en el aire, cervecita en mano y labios diciéndome qué bien te ves, así me la imagino mientras también me doy mi fría, pero ella habla con todos menos conmigo, ¿no es verdad, Jota-Jota? y él, sí, Capitán de la Pluma de Ganso, con usted qué va a hablar si tiene ese sombrero con plumas puesto y esos tremendísimos culos de botella por espejuelos, pero yo ni caso le hago porque ella tiene que ser una cliente recurrente y por eso habla con tanta gente, y dele otra vez, Capitán, con sus fantasías de siempre, ¡no, no, no, Jota-Jota, que ella sabe muy bien lo que tiene! y mientras discutimos, ella, con una soltura acrobática, acompaña con sus botitas de vaquera al coro del Gran Combo de la vellonera, su piel sudorosa y sus ojos tiritando sobre la mirada infinita de nosotros, así es la vida y la joda, Jota-Jota, y yo tendré culos de botella, pero bien que me dejan ver sus piernas, claro, es que usted siempre de lejos mira y dice que va para allá, pero todo es chau, chau desde su silla y nada más, entonces Jota-Jota se para –sus brazos gritan ¡ya basta!– y se va lejos, tan lejos que ahora habla con la salsera de la cabellera encendida y le sigue los pasos con una destreza (pero, ¡qué destreza!), y se sigue yendo y no ha vuelto; se fue y aquí me quedé: pelo enrizado en suspiros, suspendido en la noche con cervecita en mano, a todos y a nadie mirando, el Capitán de la Pluma de Ganso.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Después del almuerzo de hoy, miércoles

¿Por qué lo dijo en ese momento? ¿Acaso no pudo haber esperado a que las circunstancias fueran más favorables? En el trabajo, en la cocina compartida por todos, allí, mientras se echaba azúcar al café lo dijo. Quizás lo había pensado mucho, dormido bajo la misma idea por varias noches. Se había ingeniado miles de escenarios para que el comentario pareciera casual, coloquial, sin insinuaciones indebidas. El joven es tranquilo, le dicen cuantos lo conocen; respetuoso, comentan entre sí sus amigas nocturnas; con una buena dosis de humor, siempre ha creído él. Fue en ese momento cuando la situación lo precipitó a decir la línea que ayer se había memorizado.

–¿Viste la película el sábado? –dijo ella, también confeccionándose una bebida en la moderna cafetera.

Él pensó que esa era su señal, que ella le preguntó adrede, a sabiendas de lo que le esperaba. Pensó que también sería su única y última oportunidad del día, que todo el silencio que había guardado hasta este momento habría valido la pena por este intento, cafeínado y azucarado. Dijo: «No, pero estaba pensando que quizás la podríamos ver juntos.» Y el silencio se apoderó del tiempo. Pero duró poco porque sin dejar espacio para un suspiro lento y pausado, el joven, tratando de subir del abismo a donde se había lanzado, continuó con la conversación, ignorando que él había sido el dueño de esas palabras que habían conmovido a su compañera de trabajo. Sin embargo, una vez fuera del abismo, encontró que lo más sensato hubiese sido quedarse allá abajo, intentando alguna nueva forma de supervivencia para no salir de la cocina y finalizar algo que nunca había sido conversación, solo palabras insípidas, nada concretas y miradas invariables.

martes, 8 de mayo de 2007

Más que nada: Una dupla de cuentos

Una en mil noches

Acababa de salir del baño cuando una sensación –esa que reconocemos solamente una vez porque será la última – lo despojó de su soledad: «Hay alguien más».

Unas horas antes había cenado en el restaurante chino de siempre en la calle Prospect, donde sus propietarios, una pareja de ancianos de Formosa, nunca se asomaban al salón comedor una vez servían a los comensales, proveyéndole así total privacidad para su trabajo. Confiaba en el restaurante porque la información que intercambiaba en él siempre recorría el trayecto debido. En siete años no había ocurrido ninguna irregularidad. Esta noche, como en miles anteriores, había cenado con el reemplazo de una de sus recolectoras, una mujer tosca y corpulenta aunque de gestos y mirada delicados y dulces.

De regreso tomó cinco buses distintos para llegar a su apartamento. El viaje largo no le incomodaba porque esa era su mejor forma de protección: confundirse con la ciudad, disimular que tenía una rutina de trabajo como los demás.

Pero una vez fuera del baño no supo si sintió primero el aguijón en la nuca o si vio los pedazos a medio digerir de vegetales orientales y cacahuates del pollo Kung-Pao salir de su boca y que trató, sin suerte, de contener con las manos. En el suelo, ahogándose en sus propias supuraciones, escuchó (no podía hacer nada más) las palabras del invasor. Éste, con una sonrisa sosegada desdibujándose en los labios, le dijo: «La muerte nunca es fácil de tragar, mucho menos digerir: gracias por auspiciarnos durante todo este tiempo».

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La tormenta verde

–¡Escuchaste eso! –gritó Yoli, mirando hacia el techo de madera.

–Sí, lo escuché –dijo Mario. Al instante saltó de la silla y apresuradamente pegó su oído al panel que cubría una de las ventanas del cuarto.

El sonido aumentaba a la par con los vientos del huracán.

–¡Mario! ¡No se detiene! ¿Qué demonios está cayendo sobre nosotros? –ya histérica vociferó Yoli–, no pueden ser hojas ni ramas; son golpes fuertes… ¿Se nos vendrá la casa encima?

–¡Por Dios! ¡Tranquilízate por un segundo, ¿quieres?! –le gritó Mario mientras regresaba a su silla.

Yoli lo miró fríamente y en silencio salió del cuarto hacia la estufa de gas.

–¡Sí, tómate algo y cálmate de una vez! –le ordenó pero ni él mismo podía disimular su terror: realmente no sabía qué cosa golpeaba con tanta fuerza.

Pasado el huracán, Mario y Yoli subieron al techo de la casa para investigar.

–¡Dios mío! –exclamó Yoli al ver la tormenta verde de cientos de aguacates nuevos que, reposando sobre los aleros de la casa, le guiñaba insolentemente.

domingo, 6 de mayo de 2007

Enredo

Míralo, tan nacionalista y ahí está de nuevo paseando al perro ese de la nieve. Parece un lobo. ¿Muerde? No. ¿Lo han escuchado hablar con él? Sí, es un ridículo.

Todas las noches Orfeo ¿suplica? a la misma hora para que lo paseen. Como el hombre, el perro también es un animal de rutina; se sienta frente a la puerta de la terraza y ahí permanece –como el guardián que nunca ha sido– hasta que me animo a darle su caminata nocturna.

Listo para desamarrar al husky siberiano, éste rápidamente empieza a dar brincos y a tratar de arrebatarme la soga –su soga– que lo ha mantenido todo el día atado. La excitación del perro ante su paseo inminente es palpable en sus ¿sílabas? (Porque son más que ladridos). ¿Aullidos? Tampoco. Sus sonidos son realmente un intento del que busca hablar, decir algo. Y yo…lo entiendo.

Por sus movimientos de felicidad se enreda con la soga y trato de soltarlo. Pero no. Me enredo; nos enredamos. Me raspa el talón con su soga. Mi sangre brota. Su olor lo desconcierta y en segundos se encuentra lamiendo mi herida: su tersa lengua, cálida y larga, me alivia el ardor. Aprovecho para zafarme del enredo, pero él no para de lamerme hasta que llegamos al portón. Ahí es entonces cuando me mira como si verdaderamente me mirara. Sus ojos azules me dicen que abra la puerta, que ya no se puede aguantar más. Nos entendemos. Me huele la entrepierna, choca su cabeza contra mis rodillas, se mueve de un lado a otro y finalmente abrimos el portón. Salimos y ambos sabemos lo que la gente nos dice en silencio.

¿Lo has visto? Si por lo menos usara camisa y se tapara el matorral que tiene en el pecho. Está fofo, ¿verdad? Sí. ¿Tiene novia? No. ¿Con quién vive? Solo, con el perro.

miércoles, 18 de abril de 2007

¿Cuento?

Ustedes decidirán. Comentarios, como siempre, bienvenidos.

«En nosotros siempre hay un reclamo».
Raúl Burneo
«Segundo Viaje» - Las palabras del extranjero

Me paré y conmigo se fueron la paciencia, la comprensión, el deseo. Me fui y ya no volvimos a ser los mismos.

Hay dos reclamos en mí, como dos almas en un mismo cuerpo, como dos conciencias que evitan cancelarse mutuamente. Te reclamo que seas perfecto y que no flaquees. Pero no lo eres ni puedes hacerlo. Te reclamo que no te rindas y aunque no lo haces, cada vez te sientes peor porque no logras nada.

Me levanté y te dejamos ¿con tus temores? Nos fuimos lejos para ¿quizás no volver? Dejamos el lastre junto a los reclamos de siempre. Reclamo más que tu mirada: reclamo tu cuerpo o esa materia con la que solías moverte sobre el mío. Más que tus labios, reclamo tu todo.

Me fui y no pudimos rescatar tu vientre de las arenas del desierto. Cuando cruzamos el umbral de la puerta nos sorprendimos que el mismo no se quebrara y nos cayera encima: a mí y a mi miedo, mis pretensiones, mi barba y mis píldoras. Todos nos fuimos por donde entramos.

Me fui y nos quedamos solos.

©Luis Ponce Ruiz
15 de abril de 2007
Bayamón

jueves, 25 de enero de 2007

Un ensayo para economizar la palabra

Prefiero no comentar sobre el mensaje del Estado de la Unión de George W. Bush. Aunque, bueno, creo que vale la pena resaltar la mejor parte del discurso del Presidente: su elocuente y bien merecido saludo a la Presidenta del Congreso, Rep. Nancy Pelosi. En lugar de mi opinión, se me apetece compartir un pequeño texto de algo que escribí hace 5 años:

De cuándo acá escribes con un bolígrafo de tan buena calidad que para conseguirlo te prostituiste dos y tres veces en el Marriott del Condado y, saliendo con más dinero en la mano y menos dignidad en tu cuerpo, te dirigiste a mí, en mi siempre desierta tienda de Mont Blanc y con tus pechos en el abismo de tu escote me preguntaste que cuál instrumento de los que te podía ofrecer cabrían y se verían más lindos en tus pequeñas manos y frágil sonrisa.

La tribu errante