[Leí este texto en el 1er Campeonato Mundial del Cuento Breve Oral, celebrado el viernes, 11 de mayo en la Universidad del Sagrado Corazón, auspiciado por el Grupo Editorial Norma y la Maestría en Creación Literaria. Hubo cuentos buenísimos, no tan buenos, malos y malísimos. Aunque los cuentos infantiles estaban proscritos (claro, esto salió en la segunda versión de las reglas del Campeonato), tengo que admitir que fueron buenos cuentos, tanto que hasta pude absorberlos y citarlos de memoria varias horas y Medalla Lights después. Aplauso para todos los que participaron.]
Ojos, botellas y gansos
Pelo cobre enrizado, suspendido en el aire, cervecita en mano y labios diciéndome qué bien te ves, así me la imagino mientras también me doy mi fría, pero ella habla con todos menos conmigo, ¿no es verdad, Jota-Jota? y él, sí, Capitán de la Pluma de Ganso, con usted qué va a hablar si tiene ese sombrero con plumas puesto y esos tremendísimos culos de botella por espejuelos, pero yo ni caso le hago porque ella tiene que ser una cliente recurrente y por eso habla con tanta gente, y dele otra vez, Capitán, con sus fantasías de siempre, ¡no, no, no, Jota-Jota, que ella sabe muy bien lo que tiene! y mientras discutimos, ella, con una soltura acrobática, acompaña con sus botitas de vaquera al coro del Gran Combo de la vellonera, su piel sudorosa y sus ojos tiritando sobre la mirada infinita de nosotros, así es la vida y la joda, Jota-Jota, y yo tendré culos de botella, pero bien que me dejan ver sus piernas, claro, es que usted siempre de lejos mira y dice que va para allá, pero todo es chau, chau desde su silla y nada más, entonces Jota-Jota se para –sus brazos gritan ¡ya basta!– y se va lejos, tan lejos que ahora habla con la salsera de la cabellera encendida y le sigue los pasos con una destreza (pero, ¡qué destreza!), y se sigue yendo y no ha vuelto; se fue y aquí me quedé: pelo enrizado en suspiros, suspendido en la noche con cervecita en mano, a todos y a nadie mirando, el Capitán de la Pluma de Ganso.

