"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
lunes, 19 de noviembre de 2007
El roce eterno - Cadáver exquisito 3
jueves, 15 de noviembre de 2007
El roce eterno - Cadáver exquisito
domingo, 11 de noviembre de 2007
Te traigo un nombre
Por supuesto, no lo hacen para cualquier perro. Yo no creo en perros diminutos, con ladridos chillones y cabecitas de rata. Estos no cumplen su función de perros, sino de accesorios, de artículos de moda. Al futuro hijo de Kenny le pondré Miguel Cotto, ya está decidido.... O mejor Cotto pela'o...sí así sería mejor. "¡Ven Cotto, ven aquí! Cotto, ¡no! ¡Cooo-ttooo!, ¿dónde estás?" 
jueves, 8 de noviembre de 2007
Jueves en el Savoy
Imagino que mi silencio y mis miradas cansadas le bastarían como respuestas a sus preguntas.
–Ja, es cierto… Un nombre rimbombante, bourgeois, por decirlo así. Vaya, ¿aún no me crees? Bueno, ese es tu problema… ¿Te tomas algo?
–Ya sabes lo que pasa cuando pedimos dos –le recordé.
–Estupideces de la gente… Bueno… Sí, un gin and tonic, por favor y, ah, que sea Tanqueray. Perfecto, gracias… En qué estábamos. Pues, qué te parece, entonces, ajá, sí, ¿vamos mañana jueves a El Savoy?... ¿A las seis, después del trabajo? Entonces, ya, listo.
No le sugerí hora ni remotamente hice gesto alguno que le indicara que aceptaba su propuesta. Él seguía totalmente inmerso en sus palabras. Le extrañaba que un recién llegado a la ciudad como él conociese los lugares que hacen a esta ciudad, arrebatada del pantano, ciudad. Para él eran establecimientos en boga no porque se abarrotaban de gente decía, sino porque se presentaban aquellos con los que realmente querías estar.
Sorbía su trago con entusiasmo mientras sus ojos exploraban sobre mi hombro el inmenso vestíbulo que se abría a mis espaldas. Le daba tanto gusto escucharse a sí mismo que noté los rápidos movimientos de su mano izquierda: sólo el dedo pulgar sostenía su quijada mientras los restantes cuatro parecían tocar un instrumento invisible, hecho de aire. Sin embargo, y a pesar de mi silencio, a la hora de irme supe de todas maneras que mañana me lo encontraría en otro hotel de esta sórdida ciudad, esta vez en El Savoy.
* * *
En la esquina de la avenida Wisconsin con la calle Davis está El Savoy. Veo a Marcos llegar en un taxi y al bajar lo saludo de lejos. Me hizo una señal para que lo siguiera: la barra preferida de Marcos en El Savoy era The Deck y se encontraba justamente a un costado del hotel, en un pequeño recinto semioculto por arbustos de hojas menudas y puntiagudas. En el lugar había unas diez o doce mesas con su correspondiente sombrilla. La mitad de ellas estaban ocupadas: “¿Viste? ¿Qué te dije? A esta hora es perfecto”. Yo me mantenía detrás de él.
–Es increíble… Jamás pensarías que estás al borde de la calle. Ja, casi ni la sientes y se respira con tranquilidad, con pureza, ¿no crees? –Marcos continuaba con su número igual que ayer. Yo sólo miraba su espeso cabello negro y sus largas patillas que se juntaban a una barba en pleno apogeo.
Los reunidos en The Deck intrigaban. No eran bellos (en realidad, sólo la bartender y uno de los meseros podían considerarse así), pero sus gestos, sus miradas y confianza ocultaban las grandes orejas, los dientes fuera de lugar y los inmensos lunares indiscretos.
–Hoy en el trabajo, bien mal: me tuvieron haciendo llamadas para cancelar citas, enviar los documentos que había dejado mi jefa en yo no sé qué archivo… Sí, mi jefa la incompetente. Te juro, sólo pensaba en mostrarte el hotel…Sí, ¿no?, es increíble.
Marcos nunca me había molestado con sus repeticiones, sus constantes palabras, abalanzadas con desesperación una encima de la otra como cuerpos en un carnaval. Me importaba poco que se pasara hablando de sí mismo y de las maravillas que me mostraba en esta ciudad de gente que se pensaba tan importante; sólo me interesaba estar acompañado.
Llevaba muchos años merodeando por la ciudad, pero nunca me habían llamado la atención los cafés literarios ni los restaurantes muy sofisticados, ni mucho menos los lounges de los hoteles. Fue por pura casualidad que conocí a Marcos. Él había leído mal unas direcciones y andaba perdido buscando el Hilton Embassy Row en la Massachusetts. Esa noche yo también me dirigía al Hilton y acababa de bajar del Metrobus cuando Marcos me detuvo, primero con su mirada que delataba cierta angustia y después con su ya distintivo ademán de humildad y seguridad a la vez. Me preguntó si estaba cerca del lugar, si lo podía dirigir y me mostró la dirección del hotel.
Por unos momentos quedé en silencio. Mis ojos se quedaron en él estáticos, examinándolo, tratando de descifrar qué tipo de sujeto era éste que se dignaba a hablar conmigo, un viejo envuelto en un abrigo raído y de pasos precavidos. Hacía años que nadie en esta ciudad de comités y comitivas se preocupaba por aquél como yo que disfrutaba de su bien merecida soledad. Le indiqué con mi mano que me siguiera. Luego le dije que yo también me dirigía al Hilton.
–Sí. Este es un lugar un poco pretencioso, pero con cierto aire de libertad –interrumpí su acto mientras continuaba escudriñando a los que se encontraban en The Deck.
–Lo has descrito muy bien… D.C. se presta para eso. Ya los extremos están muy gastados, desde discotecas que parecen parques de diversiones, hasta los clubes privados de los grandes burócratas y ricos de este país… Nosotros, pues, nos movemos en el medio, por eso insisto en lo de bourgeois que ayer mencioné: somos unos petits bourgeois que se pasan la vida tomando gin and tonics y comiendo cangrejos (son fabulosos los blue crabs de la Chesapeake cuando están en temporada, ¿no?,). Oiga, mesero… Por favor, dos gin and tonic…
–Muy bien, ¿con cuál los desea?
–El mío con Tanqueray –dijo Marcos y luego se volteó hacia mí y me preguntó: –¿Con cuál quieres el tuyo?
Yo miré al mesero y le dije Bombay, pero el mesero se quedó mirando sin parpadear a Marcos.
–Bueno, ya lo oyó. Y si puede esta vez, échele sólo una cascarita de limón al mío.
Al mesero no le cambiaba la expresión de confusión en el rostro. Sus ojos se movían de Marcos al asiento desocupado frente a él y no comprendía la insistencia de que el vacío le respondiera el nombre de alguna ginebra. Ya estaba nuevamente confirmado: en toda esta capital, Marcos era el único que podía ver a una vieja alma errante como la mía.
miércoles, 31 de octubre de 2007
Document 16 - In the crossroads of words

“Acércate y al oído te diré adiós.
Adiós. Me voy.
Pero me llevo estas horas.”
-José Emilio Pacheco (Mexican poet)
The ten months in Boston are gone. He will undoubtedly miss the way the T transits through Beacon Street all the way downtown to Kenmore. During the summer, on Sunday afternoons, Beacon Street is at its fullest: construction on the street has stopped, Bostonians seem to walk with a smile on their faces, couples board the T wearing sandals and caps, carrying beach chairs going or coming from a BBQ or a lake. Boston is pleasant, especially if you live in the outskirts of the city. However it is not as pleasant as running to an Art Gallery in Newbury Street on a Wednesday night, pretending to know about art while he carefully listens to her account on how to make a lithograph and an engraving. He knew the cheese and wine at the event deserved each other, but he wondered if he deserved the chance to even look at the impossibly beautiful eyes she fluttered away between sip and sip of wine.
Abrupt change of scenery 1
At the unbearable hour of twilight –when the morning isn’t settled- he would try to realize where he was. The opened windows in his room let in a slight but constant breeze that remembered his mornings when it was time to get up for high school, years ago in Puerto Rico. He always dared to look through the windows and only saw blue. At this point, having deceived his brain that this world is all painted in one color scheme, he would immediately go back to bed. It was 5:00 in the morning and it has been 5 years since he left home.
Abrupt change of scenery 2
At the gallery, he tried to make sense of the paintings. Don’t get him wrong, he genuinely liked them, they evoked a melancholy that anyone –indistinctively of whether they’ve been in France or not- could feel. They walked by the Parisian landscapes of a Delacroix, went downstairs and sat in front of a painting believing (or wanting to believe) that they were at a park and, once upstairs again, he couldn’t avoid recognizing the view from a terrace in Provence. “Come,” he called her, “you need to see this. These tones, the colors, they are exactly as I remember them. You could look in the distance and the green of the mountains looked like this violet”. She drank and she kept looking at this landscape. Probably she was really imagining how it must feel to be in Provence, overlooking olive trees and seeing the hued violet distilled by the green and the Mediterranean fog. And then she said: “Is there more cheese?”
Abrupt change of scenery 3
Sometimes he laughs out of nervousness. “It is better,” he thinks, “to offer someone a laugh than a dreary, insecure look.” However, most of the time he laughs because the present circumstances are so fantastic that they truly deserve an exaltation, a big grin made noise. Then, he also laughs when someone else laughs or when someone keeps silent and is awaiting a response. And at that moment he should speak but out of nervousness, of course, he only laughs.
He cooks to maintain that link between man and nature more than out of necessity: to be there, present, at the transformation of things. A cook always gives the gift of love through his hands, eyes, and taste buds.
He writes to maintain that link between reality and idealisms more than anything else. He does write, though, out of sheer necessity: to review his thoughts, to say the unsaid, to amend things. A writer shows the power of love through his hands, mind and words.
Abrupt change of scenery 4
In these ten months, Boston has become the North End, the cosmopolitanism of Cambridge, the intrigue of its centuries old universities, the one sidedness of history encapsulated in Newton. It has become a magic powder that carries the scent of her and the darkness of reality.
More than the sea that surrounds the life and idiosyncrasy of this city, lays its clam chowder, its poached scrod and the literal ocean of Dunkin’ Donuts’ coffee into which its inhabitants willingly drown themselves. Boston has meant that company where he and she worked and has also meant her.
Back to block 1
A whole five days have passed. Between completed paragraphs and articles for newspapers, he downed a mojito per night. “The secret,” he uses to say to his friends, “besides fresh ingredients, is dashes of Angostura bitters. Only then you’ll have a real mojito.” While writing his closing remarks he was still waiting for his dinner and he was still waiting to read some of her stories. However, more than a trade-off, he wanted her to read his words, his ideas. He wanted to write the things that he couldn’t get around to say. He wanted precisely this.
jueves, 25 de octubre de 2007
Dedos
(De Fronteras de versos)
La copa toda de la tomas
mientras te muerdo los pechos
y trazo con mis dedos
el sendero luminoso hasta tu
sexo.
Y de tus labios caen gotas
rubíes que de tu piel usurpo,
robo, como hago con los
misterios de tu cuerpo.
© Luis Ponce Ruiz
28 de mayo de 2007
Viejo San Juan, Puerto Rico
₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪
III
(De Esa cálida cosa llamada luz (y su ausencia))
En la más apasionante
oscuridad levanto los ojos
y lo único que veo
es mi rostro desfigurado
por el placer solitario.
© Luis Ponce Ruiz
8 de noviembre de 2004
Washington, DC
₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪
mira
mis dedos,que
te tocaron
y tu cálida y perfecta
pequeñez
-ven?no se parecen a mis
dedos. Mis muñecas manos
que con cuidado sostuvieron el suave silencio
tuyo(y tu cuerpo
sonrisa ojos pies manos)
son diferentes
de lo que solían ser. Mis brazos
en donde todo lo que eres tú estuvo acurrucada
silenciosamente,como una
hoja o alguna flor
recientemente hecha por la Primavera
Misma,no son mis brazos. No me reconozco
como yo esto que encuentro frente
al espejo. yo
no creo
haber visto nunca estas cosas;
alguien a quien tú amas
y quien es más delgada
alta que
yo ha entrado y se ha convertido en esos
labios con los que yo hablaba,
una nueva persona está viva y
gesticula con mi
o eres quizás tú quien
con mi voz
estás
jugando.
-E.E. Cummings
(Traducido por LPR
28 de junio de 2007
Bayamón, Puerto Rico)
domingo, 21 de octubre de 2007
Coloniaje y estadidad: Martinica, Bermuda y Puerto Rico
A propósito de la reunión que este martes se celebra en Casa Blanca con los líderes de los partidos políticos puertorriqueños en torno al estatus, La Revista de El Nuevo Día ha publicado dos artículos que tratan sobre nuestra condición colonial. Uno lo escribió Edgardo Rodríguez Juliá en su excelente columna Guaynabo City Blues y el otro, titulado La 'estadidad' no termina el colonialismo, trata sobre cómo en Martinica, inclusive luego de advenir a la departamentalización francesa en 1946 (lo que equivaldría, en nuestro caso, a la estadidad con EUA), perdura un sentimiento de inconformidad y confusión entre las lealtades políticas y culturales, además de una serie de problemas sociales y económicos. En 1949, a sólo tres años de la integración de Martinica con Francia, Aimé Césaire declaró: "a partir de ahora, la contradicción se va a exacerbar y estallar frente a los ojos de todos, entre la nueva fórmula política que se le dio a este país y la realidad económica-social y administrativa, fórmula que ustedes no tuvieron la valentía de modificar, fórmula que será colonial y yo diría que hasta colonialista misma". Des origines de la nation martiniquaise – Camille DARSIERES, coll. Thèse & textes DESORMEAUX.
Lo curioso del caso es que sesenta y un años después de la 'estadidad', el Presidente de la región de Martinica, Alfred Marie-Jeanne, pertenece al Movimiento Independentista Martiniqueño. En una situación similar se encuentra Bermuda, como verán en el siguiente artículo que publiqué el año pasado.
Una lista de agravios
Por: Luis A. Ponce
Perspectiva
El Nuevo Día – viernes, 16 de junio de 2006
En nuestro hemisferio hay otro archipiélago que junto al de Puerto Rico es una de las colonias más antiguas del mundo. Me refiero al archipiélago de Bermuda, un territorio de Ultramar de la Corona inglesa. Muchos puertorriqueños desconocen los procesos políticos e históricos de dichas islas que se encuentran frente a las costas de Carolina del Norte. Desconocen que el eficiente sistema colonial británico ha permitido la formación de un gobierno local verdaderamente autónomo. La corona británica sólo se encarga de los asuntos diplomáticos y la defensa.
Un dato interesante es que la constitución vigente en Bermuda, ratificada en 1968, fue redactada con la independencia del archipiélago en mente.
Aunque la independencia nunca se materializó (fue derrotada abrumadoramente en el plebiscito de 1995), Bermuda ostenta su propia moneda, es miembro asociado de CARICOM (oportunidad que fue denegada a Puerto Rico por el Departamento de Estado Federal) y, sin poseer industrias ni recursos naturales explotables, tiene un desempleo bajísimo (5%) y un ingreso per cápita similar al de los Estados Unidos. El gobierno en poder, dirigido por el premier William Alexander Scott, ha retomado el tema de la independencia.
En Puerto Rico, las limitaciones del ELA son muchas. EE.UU. nos controla de tal manera que hasta los británicos nos llaman "Welfare Island" (The Economist, 27 de mayo al 2 de junio). Además de demostrar la falta de libertades políticas y económicas que sufrimos en comparación a las islas Bermuda, esta exposición nos lleva también a concluir que Estados Unidos, en su afán de distanciarse lo más posible de su antigua metrópoli (Gran Bretaña), ha fracasado como administrador colonial. Nos compete ahora a los puertorriqueños denunciar estos agravios. Si caen nuevamente sobre oídos sordos, nos veremos forzados a tomar las riendas de nuestro destino. No podemos seguir malgastando el tiempo.
Más notas mías a modo de discusión...
Los independentistas en este país nos tenemos que dar cuenta de la importancia que tienen las elecciones en la colonia. Sino es para adelantar la causa independentista, por lo menos lo es para enviar un mensaje. La estrategia de no participar en las elecciones o de no votar por el único partido que defiende la independencia no ha rendido ningún fruto, sino que le ha servido a los enemigos de la soberanía nacional. Las no tan brillantes ejecutorias del PIP es materia de otra discusión, pero hasta que no se formé otro partido electoral independentista, es preferible votar por el PIP que votar por colonialistas o abstenerse. Los ejemplos de Bermuda y Martinica representan un modelo a seguir porque aún sin ser independientes, sus líderes electos más importantes favorecen la independencia de sus respectivos archipiélagos y eso es un mensaje poderoso, independientemente del grado del poder que se ejerza. A ver si todas la organizaciones independentistas recapacitan y para las elecciones del 2008 se presentan unidas en un frente amplio soberanista. Por la independencia siempre es mejor sumar que restar.
miércoles, 17 de octubre de 2007
Wilo Benet, Embajador Culinario

Por: Luis A. Ponce
Artículo para el número de octubre de Appoint Magazine (www.appointmagazine.com).
A propósito de esta edición dedicada a la comida y bebida, Appoint conversó con el chef Wilo Benet en su restaurante Pikayo acerca de la evolución del paladar boricua, sobre cómo atreverse a innovar –y quemar cosas– en la cocina y sobre su auto impuesta misión de hacer nuestra gastronomía accesible al mundo. Y claro, también reseñamos los platos –todos sin listar en el menú– que Wilo nos preparó.
Somos los que pedimos todo well done pero amamos el sushi. Nuestra hospitalidad ha enamorado a extranjeros, mas subestimamos la industria del servicio. Y por desgracia, nos conformamos con las frutas y vegetales de mala calidad que venden en los supermercados. Así opina Wilo Benet, el afamado chef y dueño de Pikayo y Payá, sobre la comida, los puertorriqueños y los restaurantes. Es quizás por esas posturas que ama tanto a la cocina y se ha dedicado a llevar nuestra gastronomía allende nuestros campos y playas. Su libro más reciente, Puerto Rico True Flavors, se convierte en la punta de lanza de esta campaña para seducir al mundo con nuestra sazón. A falta de un cuerpo diplomático puertorriqueño, y con la exposición y experiencia que ha logrado, Wilo se convierte en nuestro embajador.
Pikayo es harto conocido para los amantes de la elegancia absoluta en el buen comer. Saben que éste ha sido el laboratorio donde Wilo, por los pasados 17 años, ha desarrollado su concepto Criollo-Vanguardista. Su formación clásica francesa en el Culinary Institute of America (CIA) y su gusto particular por los sabores vivos de la cocina Cajun y puertorriqueña, le han permitido reinventar platos nuestros como los frituras, el bistec encebollado y el mofongo con resultados sabrosamente sorprendentes.
Esa recreación se reflejó en nuestra experiencia en el restaurante. No basta sino con untar la mantequilla de miel y semillas de ajonjolí al pan calientito que te sirven para darte una pista de los interesantes rumbos por donde la comida de esta noche te llevará.
Comenzamos nuestra cena en Pikayo con el carpaccio de pulpo con verjus y microcilantro. La alfombrita cuadrada compuesta de finas y tiernas rodajas de pulpo: una presentación sencilla para iniciarte en el juego del balance de acidez protagonizado por el verjus (jugo de uvas verdes). Una vez acabé el pulpo, limpié con un pedazo de pan el resto de la vinagreta que quedó sobre el plato (no son malos modales, sino un halago al chef).
Unos minutos después llegó un filetito de chillo frito con salsa de chorizo. Como le comenté a Wilo, este plato es la salsa. La esencia de chorizo, junto al sabor del chillo hizo de este plato mi predilecto. Esto quiere decir que cuando vayas a Pikayo y no veas en el menú la salsa de chorizo, pregúntale al señor Carlos Nieves, gerente del restaurante, para que te saque un plato con salsa de chorizo. Muy gustosamente la cocina de Pikayo acomodará tu pedido.
Los medallones de cordero rellenos con espinaca y setas salteadas sobresalieron, no tan sólo por la calidad y término de cocción del cordero, sino por la incorporación de un ingrediente asiático en un ítem predominantemente mediterráneo. Las setas shiitake le brindaron una perspectiva distinta y aromática al plato.
El tatin de pera con sorbet de champagne fue nuestro punto final a la cena y quizás la demostración más intrigante de que con tan sólo cinco ingredientes o menos se puede obtener un plato de dimensiones complejas. En este caso, la neutralidad del sorbet salvó a un tatin muy acaramelado.
Esta muestra, junto al resto del menú, evidencia la internacionalización del paladar puertorriqueño. Esperamos que el éxito del libro de Wilo logré posicionarnos en el mapa para que no sólo nos atrevamos a probar comidas más exóticas que el sushi, sino que podamos impulsar nuestra industria de hospedería para consolidar a Puerto Rico como un destino gastronómico mundial, exportador de platos emblemáticos boricuas e importador de frutas frescas y verduras variadas, ésas que no se pueden conseguir en los supermercados.
Wilo Benet responde…
1) Appoint: ¿Qué significa Pikayo?
Wilo Benet: Pues buscaba un nombre que reflejara la comida condimentada y pensé en los Cajun de Louisiana. De hecho, me encontraba visitando Nueva Orleans cuando vi el nombre de un periódico, el Times Picayune… le cambié la ‘c’ por la ‘k’ y varié el sonido del final para obtener Pikayo.
2) A: Cuando te levantas por la mañana, ¿qué te pide el cuerpo?
WB: Huevos fritos (o revueltos), queso, tostadas y mucha jalea de frutas. Me gustan los sabores dulces y salados…y picantes, por lo que de vez en cuando le echo Tabasco a los huevos.
3) A: ¿Has quemado alimentos en la cocina?
WB: Sí. Es parte de ser arriesgado. También está el famoso “Adoquín de coco”: mi esposa bautizó de esa manera a mi fallido intento de hacer un terrine de tembleque mientras era chef en La Fortaleza.
4) A: Tu dulce favorito en la Noche de Brujas?
WB: Te tendría que decir que mi dulce favorito de toda esta temporada es el pie de calabaza.
5) A: En la cena de Acción de Gracias, ¿qué prefieres?
WB: Stuffing con cranberry chutney.
6) A: Qué plato o alimento se te viene a la mente cuando menciono a estas personalidades:
Chef Robert Treviño (codueño de OOF! Restaurants): Egg rolls con chorizo y queso derretido.
Aníbal Acevedo Vilá (Gobernador de Puerto Rico): Tapas
George W. Bush (Preesidente de los EE.UU.): BBQ ribs Texas-style
Fidel Castro (Presidente de Cuba): Habichuelas negras con mucho comino
Luis Fortuño (Comisionado Residente): Chillo frito
Filiberto Ojeda Ríos (Líder de Los Macheteros): Serenata de bacalao
Hugo Chávez (Presidente de Venezuela): Arepas
J.Lo (Actriz y cantante): Sopa de plátano
7)A: Al llegar a tu casa luego de un día largo de trabajo, ¿qué buscas cuando abres la nevera?
WB: Me hago un sándwich de atún a mi manera. También me gusta el mantecado. Así de snacks, me gustan los hamburgers… los de El Hamburger especialmente.
Wilo Benet Tuna Sandwich
Esta fue la receta que me dio Wilo de su snack de medianoche:
-atún enlatado
-aderezo Thousand Island
-tostadas de pan
-cebolla picadita (opcional)
Mezclar el atún con el aderezo y añadir (si gusta) la cebolla. Una vez listo, poner el atún sobre las tostadas.
Pikayo está localizado en el Museo de Arte de Puerto Rico, Avenida De Diego 299, Santurce. Los lunes abre de 6:00 PM a 11:00PM, de martes a viernes ofrece almuerzo de 11:30 AM a 3:00 PM y cena de 6:00PM a 11:00PM, los sábados de 6:00PM a 11:00PM. Los domingos no abre. Reservaciones: 787.721.6194.
lunes, 15 de octubre de 2007
Un jueves de jazz y chat
Me apena decir que el que acaba de hablarte no tiene la experiencia necesaria para decir cosas concretas y diáfanas. En realidad le faltan muchos años para envejecer, pero para él cualquier paso del tiempo es un paso más hacia el abismo de las décadas y el cansancio. Se deja mover por el recuerdo, las ansias y las emociones robadas al tiempo que tanto dice menospreciar. La amargura no es el resultado de la vida, sino del dolor al vivirla sin mesura, sin pensar en el mañana, sin tener un plan o una guía para tornar los inevitables sufrimientos en triunfos venideros. La amargura es lo que nos recuerda lo tarado que hemos sido.
Bob Parlocha es mi acompañante en las madrugadas mientras hablo con ella por el chat. El chat teje nuestras conversaciones que ya se expanden por kilómetros y kilómetros a la redonda de nuestros corazones. Y el saxofón es el acompañante de Bob y el que he estado escuchando desde la medianoche hasta las seis de la mañana. De noche no duermo y me paso el día vagando en calzoncillos por mi jardín junto a mi perro y acostado en una hamaca en mi terraza. Mi trabajo es este blog y mi novela. Me dije que me mudaría aquí, lejos de la ciudad para acabarla, pero sólo la veo luego de haberme emborrachado. Voy al escritorio donde tengo la computadora, abro el documento y también el Messenger y luego el radio para escuchar el programa de Bob. El supuesto ardor del licor se convierte en una sensación fría en mi estómago vacío, en el glacial hielo de mis páginas inconclusas. Los saxofones melancólicos y tristes sólo han nevado música álgida toda esta semana.
El documento de su novela no ha progresado desde la última oración que escribió el 15 de octubre de 2000. Siete años de haber vivido apartado de la ciudad, de haber abandonado todo lo que tenía en ella menos la computadora y el Internet, la comida y sus botellas, su sueño y sus temores exagerados. Abre el documento como una excusa y escribe párrafos y páginas enteras que al final de la sesión (antes de caer inconsciente sobre la hamaca) no guarda. Se queja mucho del Messenger y del alcohol y de su estómago vacío. Lo que todavía no se ha dado cuenta es que ha escrito toda su novela en el chat. Por eso no avanza y culpa al tiempo.
Yo culpo a Bob Parlocha y a sus seis horas ininterrumpidas de jazz. Esta semana he escrito como diez capítulos más pero los borro por lo malo que son. El chat calma y al mismo tiempo solivianta mi soledad. El jueves escribí la mayoría de esos capítulos. Ella me hablaba de todos los temas que quería abordar, pero que no podía indagar. Los fantasmas antiguos me borran lo que escribo, no soy yo. También es el tiempo y la lejanía de la ciudad. Ella me escribía y yo leía y le contestaba. Construíamos una historia novedosa: era la historia de nuestras fantasías en tiempo real. Cómo quiero rescatarlas, imprimirlas para luego encuadernarlas y mandarlas a algunas editoriales. Es que en el chat no simplemente conversábamos, estoy convencido que hacíamos literatura.
Ella guardaba todos los chats. Tenía la intención de imprimirlos y llevárselos el día que finalmente se animara a dejar la ciudad y sus gatos y caminar con los pies desnudos el césped aún húmedo del jardín del que tanto le hablaba él. Solamente era cuestión de tiempo o eso creían ambos.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Héctor Morales Rosado, Escritor
La conspiración
“… en la década siguiente, un cónclave universal de ex novelistas desempleados concurrió que con dos oraciones, de no más de 15 palabras, bastaba para decir todo”.
Por Héctor Morales Rosado
La proliferación del cuento corto, a principios del siglo 21, logró eliminar, casi en su totalidad, la creación de novelas. Los grandes proponentes del nuevo canon literario, novelistas todos, presintiendo lo peor, determinaron que “si no hay novelas, tampoco habrá cuentos”. Entonces, establecieron que 200 palabras eran suficientes para producir una obra narrativa. Luego, en la década siguiente, un cónclave universal de ex novelistas desempleados concurrió que, con dos oraciones, de no más de 15 palabras, bastaba para decir todo. Ya para fines de siglo, el cuento hiperbreve de mayor impacto fue la famosa ‘Página en blanco’, reafirmando contundentemente la futilidad de las letras. Aunque se le otorgó el premio Nobel, su autor no fue recompensado y menos aún reconocido, pues en el afán de ahorrar palabras no firmó la obra.
A partir de ese hito histórico, se creó el ‘Metaultrabrevismo’, el intrépido estilo literario que proponía que la expresión narrativa moderna se reduciría solamente al tamaño, forma geométrica y color del papel. Las palabras sobraban. La nueva literatura fue muy bien acogida por los políticos, quienes encontraron un medio que ellos podían entender. Los cuerpos legislativos, unánimemente, aprobaron una ley, hablada por supuesto, y promulgada al pueblo a través de altoparlantes, que vedaba la escritura con la finalidad de economizar espacio en el país. Violar la misma conllevaba una pena de 10 años de cárcel sin derecho a probatoria. Los países del mundo acogieron con beneplácito la legislación con la certeza de que su aplicación reduciría los efectos del calentamiento global.
Hoy, en los albores del nuevo milenio, algunos jóvenes, clandestinamente, honran a los que sacrificaron sus vidas en la sangrienta revuelta por las letras en el 2099. Estos escribas incipientes plasman sus palabras, irreverentemente, en los coloridos y multiformes papeles vacíos de las obras más laureadas de los últimos años. Además, todos coinciden en que el mejor medio para retomar el uso de las letras, inequívocamente, es la novela... y mientras más larga, mejor. Después de todo, tanto tiempo publicando palabras sin palabras, había mucho por escribir. ¡Los novelistas al fin habían triunfado!
Héctor Morales Rosado es estudiante de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón.



