Esto lleva a mi segunda preocupación: si el boricua es esto y lo otro, ¿entonces por qué tanto revuelo con una conducta netamente orgánica? Jartarse a palos en cada oportunidad y bregarle heavy a las mamis, ¿acaso no es 100% puertorriqueño? Y esto no es un comportamiento de las comunidades de bajos ingresos y pobre educación, esta es la conducta general del puertorriqueño a cualquier nivel. Dentro de este apartado sale a relucir la manera simplista en que gran parte de la blogósfera boricua ha tratado esta noticia. El internet boricua muchas veces funge como lo peor de la prensa amarillista. Escándalo, es un escándalo. Aparte de que tuvo la malapata de que su intento de amor a la boricua quedara grabado, ¿qué otra cosa hizo este señor que otros, inclusive, los que hablan buen inglés, no hayan hecho?
La heterogeneidad de una sociedad puede llegar a una serie de valores inclusivos que se fomenten sin incidir en la intimidad de las personas o sus estilos de vida. Una cosa es hacer las payasadas que hacen los políticos, sobre todos los conservadores, de oponerse a medidas legislativas por valores religiosos y morales, mientras en sus vidas privadas son pedófilos, hostigadores sexuales y sepa uno qué otras cosas más. Otra, sin embargo, es proponer y provocar un diálogo en que todos los sectores de la sociedad se pongan de acuerdo en un conglomerado de valores comunes y necesarios para construir un país más justo y solidario.
El rampante indvidualismo y el consumo como meta de vida socavan valores tan elementales como la honestidad, la empatía y la solidaridad. La moral de pacotilla y las reglas sociales arcaicas contribuyen de igual manera a que las personas dejen de ser auténticas y claudiquen ante la presión social de ser como otros quieren que sean. Y esto es, precisamente, el propulsor interno para que el policía haya aceptado la trampa de los federales, el abogado haya aceptado jugar sucio para ganar el caso y para que el "Lobo Feroz" Navarro y otros políticos hipócritas como él digan una cosa y luego hagan otra; la doble vida de Jorgie Navarro...como la doble vida de muchos otros, incluyendo los que se llenan la boca de "ah" y "oh" ante tan patética noticia.
El excepcionalismo boricua, la noción ya convertida en realidad de que aquí siempre se hacen las cosas al garete y el más joseador es el que gana, se tiene que acabar. El problema es que este cuento de hadas se ha quedado por mucho tiempo en el disco rayado de nuestro inconsciente. Y andamos como país al igual que dos de los tres cerditos: pasándola bien y solamente buscando la salvación cuando ya no queda nada más que salvar.

