Esta revista me fascina. No son sus fotos, el tamaño grande de sus páginas, o la rica delicadeza con que sus diminutos textos siempre son bilingües. Es el papel en que esta revista se publica; son las ideas que expresan los encargados de traernos un tema diferente para explorarlo desde diversas visiones. Colors destella creatividad y te inunda la mente con nuevos pensamientos, en su mayoría raros y qué bueno que así sea.
El sitio web te permite registrarte para subir tus propios trabajos que luego podrían ser escogidos para su publicación final en la revista. Es más, si les gusta lo que inicialmente escriben, van tras ti y te pagan para que alargues tu idea. Tu viaje. Tu pasión. Tu lo que sea.
Algunas ediciones de la revista "aumentan tu realidad" a través de la tecnología de augmented reality, logrando así que puedas abrir la revista frente a tu webcam, ésta lea una foto y puedas acceder a más contenido a través del Internet. Las revistas son, desde hace ya mucho tiempo, objetos-artefactos: únicas, impredecibles, controvertidas, pero honestas, con un sentido de humor sardónico y sencillamente hermosas.
Parte de la compañía italiana United Colors of Benneton y producto directo de su laboratorio de ideas, Fabrica, Colors es mejor que cualquier droga y, a veces, hasta mejor que un viaje.
No hay badtrips. Sólo puro desenfreno creativo.
Chin-chin.
Luis Ponce Ruiz no es un agente ni recibe remuneración ni está relacionado de forma alguna con Colors Magazine, Fabrica o Benneton. Claramente desearía que fuera todo lo contrario. Coño.
"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
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jueves, 12 de agosto de 2010
jueves, 29 de marzo de 2007
Los viajes de mi hermano
Entrevista con G-Love (Parte 1 de 2)
Somos una familia de viajeros. Hoy mi hermano se dirige hacia Italia, la semana que viene me escaparé a Nueva York y mi padre estará llegando a Medellín la semana después. Esta coordinación en los viajes -todas por distintas pero apasionantes razones- viene ocurriendo desde el final de la secundaria de mi hermano. En el verano de 2004, por ejemplo, mientras yo estaba por Francia estudiando, mi hermano no sólo estuvo por México, sino que terminó de misionero en Nicaragua.
"Un momento", se preguntarán algunos, "¿ese hermano de Ponce de pocas palabras?" Ese mismo, y no de poco verbo diría yo, sino de precisos. Mi hermano es un conversador comedido, certero, como lo es un buen esgrimista con la espada. No es palabrero como yo, que muchas veces me desbordo en inconsecuencias (y cafrerías).
Todos sus viajes, sin embargo, no son internacionales. Con cierta regularidad se va para Villalba y Orocovis para mantener constante el lazo con la increíble fanaticada que ha cultivado en el corazón de la Isla. Enlaces que él muy bien aprovecha como lo hizo para este viaje a Italia. Este hermano de Ponce recaudó $2,000 en dos semanas para costearse el pasaje y una actividad de universitarios en Roma. Claro, él es artista y vendió algunos de sus cuadros, pero completó lo que le faltaba yéndose a la montaña a vender boletos para el sorteo de una de sus otras pinturas. ¡Mierda!, me hubiese metido a artista, a diseñador gráfico, porque no creo que pueda recaudar, con la aparente facilidad que él lo hizo, tanto dinero en tan poco tiempo. Y es que nadie estará interesado en comprar un boleto para la rifa de un cuento.
Pero, claro, mi hermano tiene sus 'otros' viajes de vez en cuando. Véanlo en los videos que finalmente incluyo en el blog y que acompañan esta entrada. Lo curioso es que él no nos dijo nada de esta filmación hasta que mi hermana lo vio en Youtube. Y yo sé muy bien porque no nos lo dijo: por su engañosa economía de la palabra.
Entrevista con G-Love (Parte 2 de 2)
sábado, 17 de marzo de 2007
Renia Fermaint, invitada de La tribu, y diez líneas suyas
Polos I
Lejano, desaparecido, presencia ausente.
Tu gélido cuerpo se enfrenta con el mío, ardiente, sudoroso, vibrante.
Permaneces sobre la hamaca, inmóvil y sereno, perdido en un abismal hueco vacío.
Mientras yo, inquieta y en llamas, te escucho el silencio, te analizo el alma.
Quiero viajar a tus glaciares, desplazarme por tus polos.
Pero qué puede hacer un sol caribeño entre tanta nieve, entre tanto hielo.
No puedo derretirte, no logro inquietarte, no alcanzo a moverte.
Y yo, infinito mar, calor eterno, música estridente, alocada fiesta
no soy capaz de someterme a tu inmutable rostro de tonos azules.
Porque en mí viven los amarillos, los anaranjados, los rojos.
Renia Fermaint (1981) hubiera querido ser bailarina y pasarse la vida marcando pasos: uno, dos, tres... Pero de pequeña era más bien retraída, así que ¿cómo iba a ocurrírsele mostrar su cuerpecito contoneándose frente a un público?. Nunca tomó clases y ¿empezar a los 25? Quiere vivir en Toscana desde que vio "Bajo el Sol de Toscana" para sentarse en una mesa con vista a la nada y, con las manos ocupadas sobre una maquinilla Underwood, dedicarse al "maniático vicio de escribir". Así espera marcar y fundir los latidos de su corazón con el de las teclas.
Lejano, desaparecido, presencia ausente.
Tu gélido cuerpo se enfrenta con el mío, ardiente, sudoroso, vibrante.
Permaneces sobre la hamaca, inmóvil y sereno, perdido en un abismal hueco vacío.
Mientras yo, inquieta y en llamas, te escucho el silencio, te analizo el alma.
Quiero viajar a tus glaciares, desplazarme por tus polos.
Pero qué puede hacer un sol caribeño entre tanta nieve, entre tanto hielo.
No puedo derretirte, no logro inquietarte, no alcanzo a moverte.
Y yo, infinito mar, calor eterno, música estridente, alocada fiesta
no soy capaz de someterme a tu inmutable rostro de tonos azules.
Porque en mí viven los amarillos, los anaranjados, los rojos.
Renia Fermaint (1981) hubiera querido ser bailarina y pasarse la vida marcando pasos: uno, dos, tres... Pero de pequeña era más bien retraída, así que ¿cómo iba a ocurrírsele mostrar su cuerpecito contoneándose frente a un público?. Nunca tomó clases y ¿empezar a los 25? Quiere vivir en Toscana desde que vio "Bajo el Sol de Toscana" para sentarse en una mesa con vista a la nada y, con las manos ocupadas sobre una maquinilla Underwood, dedicarse al "maniático vicio de escribir". Así espera marcar y fundir los latidos de su corazón con el de las teclas.
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