sábado, 24 de febrero de 2007

Ossorio Costoya, invitado de La tribu, y su memoria más remota de la infancia

Sol. Rotundo. Mediodía. Arena, tibia bajo mí, caliente alrededor. No hay sombra. Cielo añil. Unánime. Voces de mis padres y tíos se cuelan entre el fragor de los marullos. Olor de salitre. Sopor. El sol dentro de mi cabeza. ¡Te vas a asar! ¡Ya voy! Inmóvil. No tengo ánimo para moverme. Meto los dedos en la arena. Un cobito. Lo tomo. Lo pongo en mi muslo. Camina. Huye. Lo retengo. ¡Vente! Me halan de la mano. El cobito se escapa. Yo no puedo.

Ossorio Costoya (Océano Atlántico, 1972) nació durante la travesía de un transatlántico en dirección de España a Puerto Rico. Hijo de puertorriqueños. Autodidacta. Incansable viajero. Lector de vocación. Escritor por accidente.

domingo, 18 de febrero de 2007

Sacha Delgado, invitada de La tribu

Gorda

Esa mañana comenzó como tantas otras: luchando con su ropa. Nada le quedaba bien. Todo esculpía sus rollos de grasa. Los chichos se desbordaban por todos lados. La grasa residía en los lugares obvios, como en el abdomen y las caderas, pero también habitaba en el mollero, alrededor de las rodillas y en los cachetes que, hundiéndole los ojos, le hacían parecer una misma cerda. Sí, ésa era la mejor descripción para ella: una cerda robusta, redondita, rosadita.

El espejo era su instrumento de tortura. No la dejaba escapar a la realidad. Le revelaba sin piedad su cuerpo desfigurado, grotesco, hinchado. Con esa imagen, no podía sentirse a gusto con ninguno de los atuendos. Su obesidad iba en aumento cada vez que se confrontaba con su reflejo. ¿Cuándo se dejó poner así de gorda?

Al fin, no por gusto, más bien por no llegar tarde al trabajo, se conformó con un ajustado pantalón negro y una blusa, negra también, pero con unas líneas verticales. Todo en un vano esfuerzo para hacer ver sus cinco pies, ocho pulgadas más esbelto.

Sabía que era necesario atacar de frente y con absoluta disciplina militar a la gordura que la aquejaba. Pero cuán difícil era… Apenas comía y se sometía a una rigurosa rutina de ejercicios. La verdad era que muchas veces su gula podía más que su deseo de ser flaca, y así se atracaba con rosquillas de crema en la repostería más cercana. Dos de cada tres sábados obviaba su rutina de ejercicios y se entregaba a la más vergonzosa holgazanería el resto del fin de semana.

¡Cómo se arrepentía al llegar a su oficina el lunes! Sentía que entre los brazos y el cojín de su silla sus caderas flojas se desparramaban. A las 10:30 de la mañana se tomaba una pastilla para aplacar el hambre. Aún así, al medio día ya tenía un apetito atroz. Hoy por poco se atraganta con los tomates, zanahoria, pepinillos y lechuga de la ensalada de Wendy’s que almorzó.

–¿A dieta de nuevo? –le preguntó, en tono de reproche, Mariela, una compañera.

–Ya sabes, es una lucha eterna –respondió cabizbaja.

–Si tú te ves bien –le afirmó Mariela, a lo que ella respondió con una tímida sonrisa.

Al salir del trabajo fue directo al gimnasio. Maldiciendo su falta de disciplina, decidió añadir 40 minutos de cardio a su rutina para ver si de alguna manera derretía la celulitis. Era repugnante, necesitaba tomar control. ¡Ahora sí iba en serio!

Al cabo de la sesión, sudada y segura de haber rebajado al menos dos libras, se paró sobre la báscula para medir su progreso. Horrorizada, vio como ese número de tres dígitos parpadeaba y le gritaba a todos en el gimnasio que ella había vuelto a fracasar. Sintió rabia, vergüenza, deseos de salir corriendo y alejarse rápidamente de esos tres numeritos rojos, chillones, malditos. ¿Cómo era posible que ella siguiera pesando tanto? ¡¡103, puñeta!!

Sacha Delgado (Santurce, 1976) pasó su niñez y adolescencia “sujeta a la voluntad trotamundística” de sus padres. Retornó a Santurce en la década de los noventa y se convirtió en la fanática número uno de los Cangrejeros (esto es un hecho y así confirmado por los apoderados del equipo). Puede discutir sobre básquet y literatura con la misma dosis de convicción. “¿Tienes alguna otra pasión?”, le pregunté. “Bueno”, me dijo muy melosa ella, “el chocolate, pero eso no se discute... se devora.”

viernes, 16 de febrero de 2007

El arte de insultar (fragmento)

Opinión - Libertad Digital
La lengua viva - 26/05/2006
Amando de Miguel


[. . . ]Isabel Guilló opina que la palabra cafre se utiliza con "la clara intención de ofender o menospreciar". Añade doña Isabel: "Tengo entendido que siempre se ha utilizado de esta manera para las personas de color en Sudáfrica y referido al primitivismo y quizás brutalidad de dicha tribu. Cometí el error de decir esta palabra delante de un sudafricano de color y me explicó que para ellos era una gran ofensa y una palabra prohibida, debido a la utilización que de ella habían hecho los blancos durante tanto tiempo para llamarlos salvajes". Es cierto que cafre puede ser un insulto, pero también blanco. Todo depende de la intención. En árabe kafir es el pagano, el infiel, el no musulmán. No es propiamente una tribu o una raza, como no lo es cafre. En Sudáfrica los negros denominaban cafres a los bárbaros, los que habitaban en tierras lejanas o apartadas. Más tarde los blancos llamaron cafres a los negros, los que eran salvajes o no civilizados desde la perspectiva europea. Muchos antepasados de esos mismos blancos eran llamados bárbaros por los antiguos romanos, con un sentido parecido al de cafres. Nunca hubo un pueblo que fuera propiamente el de los bárbaros o los cafres.

jueves, 15 de febrero de 2007

¿Ahora qué?

[Comentario: ensayo de opinión escrito el 16/10/2006, unos días después del ensayo nuclear norcoreano. Lo reproduzco hoy aquí ante el reciente anuncio de que las negociaciones a seis bandas ("Six-party Talks") en Beijing lograron que Corea del Norte se comprometiera a abandonar su programa nuclear a cambio de concesiones petroleras y económicas. Vea también un artículo sobre esta nueva etapa en The Economist.]

Por Luis A. Ponce
Diplomado en Relaciones Internacionales
16 de octubre de 2006

El ensayo nuclear del 9 de octubre, según los líderes norcoreanos, respondió a la negativa de Washington de entablar conversaciones bilaterales con Pyongyang y a la supuesta amenaza estadounidense de decapitar el régimen del país comunista. Ambas aseveraciones son una cortina de humo para encubrir la desesperada situación que vive el gobierno totalitario de Pyongyang y un intento más de chantajear a la comunidad internacional.

Inmediatamente después de la prueba nuclear, Washington llamó a aprobar sanciones contra Pyongyang, demostrando así que la opción militar no será utilizada en esta nueva crisis nuclear en la península coreana. El único capaz de empezar una nueva guerra es Kim Jong Il, tal y como hizo su padre en 1950, pero esta vez los costos humanos y económicos de un conflicto en el teatro coreano serían inimaginables y la actitud de su mayor aliado, la República Popular China, ha cambiado. Beijing está harto de la conducta desenfrenada e irresponsable del estado norcoreano, en un momento en su historia nacional que busca posicionarse dentro de las normas de la comunidad internacional. “La vieja amistad [entre Beijing y Pyongyang] se ha ido al infierno”, afirmó el profesor Yan Xuetong de la Universidad de Tsinghua al reaccionar al ensayo norcoreano. Y es que para el Prof. Yan y otros académicos chinos esta prueba realizada por sus camaradas comunistas en la península coreana representa “el mayor fracaso diplomático desde el establecimiento de la República Popular China”, según declaró el profesor Zhan Liankui, de la Escuela del Partido Central, al diario londinense The Financial Times. Pyongyang, con su prueba nuclear, no sólo violentó las resoluciones del Consejo de Seguridad, sino que decidió ignorar por completo la postura de Beijing, su mayor aliado y proveedor de asistencia humanitaria y energía. Esto pone en aprietos a la política exterior china que históricamente se ha opuesto a las sanciones redactadas en un lenguaje fuerte que Washington ha querido imponerle a Corea del Norte a través de la ONU.

Si bien es cierto que emitió una inusual condena enérgica contra Pyongyang (calificó al ensayo nuclear de “flagrante y descarado”), Beijing titubeó inicialmente en comprometerse a apoyar una serie de sanciones que castigarán al gobierno norcoreano. Muchos analistas occidentales observan que detrás de la negativa china de recrudecer las sanciones está el interés económico por parte de Beijing de invertir miles de millones de dólares en proyectos mineros en el vecino país. Esto es parcialmente cierto. La historia completa es que Beijing no quiere ver al régimen de Kim Jong Il implosionar a causa del estrangulamiento total del país, ya que provocaría una posible guerra civil y una invasión de refugiados norcoreanos a las provincias del sureste chino.

Beijing no está solo en esta interpretación. Seúl también ha repensado apoyar sanciones duras contra Pyongyang porque además del temor bien fundado a una oleada sin precedente de refugiados hacia Corea del Sur y de la violencia que pueda surgir del vacío de gobierno en el norte, los surcoreanos pagarían los altos costos de una reunificación; si Alemania Occidental sufrió tanto la absorción de Alemania Oriental a principios de los noventa, el caso de las Coreas sería mucho más dramático. Es por esto que Seúl todavía debate en torno a qué hacer con su política de acercamiento al Norte, mejor conocida en inglés como “Sunshine Policy”, cuyos proyectos turísticos en la Montaña Sagrada Kumgang y el parque industrial Kaesong, ambos en territorio norcoreano, han sido exitosos. Seúl argumenta que con este tipo de gestiones sus hermanos del Norte empezarán a abrirse al mundo y abandonar, poco a poco, sus posturas patéticas y peligrosas.

La mesura con la que China y Corea del Sur quieren tratar el caso de Corea del Norte tiene que ser desplegada en conjunción de los intereses de la comunidad internacional para evitar un mal precedente que luego futuros proliferadores nucleares podrían utilizar para continuar impunemente con sus planes y el desarrollo, por parte de Tokio, de un arsenal nuclear para hacerle frente a la amenaza norcoreana. Este escenario indudablemente desencadenaría una carrera armamentista en la región y por consiguiente traería inestabilidad económica.

El apoyo de China al texto aprobado el 14 de octubre en el Consejo de Seguridad, es alentador y confirma el gradual alineamiento de Beijing con las posiciones de Occidente. Mientras hayan sanciones que castiguen al régimen norcoreano, y Seúl y Beijing continúen sus acercamientos con Pyongyang para ir modificando el régimen desde adentro (en inglés esta estrategia se conoce como “good-cop/bad-cop”), la comunidad internacional obtendrá mejores resultados para controlar, sino desarmar, a Corea del Norte.

domingo, 11 de febrero de 2007

¿Es posible redescubrir las maravillas del sueño?

Uno no redescubre las maravillas del sueño cada vez que duerme. Ni tampoco cuando uno se queda en la cama sabiendo que en realidad tiene que levantarse y salir a trabajar (esto sólo representa un pequeño goce). Los placeres del sueño nacen del agotamiento físico y espiritual. Cuando ya no se puede más. Cuando la solución es irse en blanco, en un sueño tan sólido que ni se pueden recordar los sueños y pesadillas. Cuando se recae en los viejos vicios de siempre y dormir representa la única opción de purificación.

jueves, 8 de febrero de 2007

¿Por qué "la tribu de los cafres"?

No es que defienda o apoye lo rudo, inculto y rústico. Ni tampoco es que desee imitar esa tipografía del cafre boricua, sus formas y fondos. Pero -y continuando con el legado semántico de Sunshine- de igual modo, no pretendo convertirme en el cruzado de lo avanti y de lo sublime, lo eminentemente artístico. Creo en que hay que salpicar un poco de cafrería a nuestro entorno de todos los días. Por supuesto, el arte, la búsqueda de la perfección (que es la verdad) y la expresión contundente deben regir cualquiera que sea nuestra labor y, sin embargo, esto no implica que de vez en cuando nos gocemos un chiste de La Comay o unos "hot dogs" guisados con arroz blanco (como sirvieron hoy de almuerzo en la escuela donde trabajo).

Lo cafre no es la cultura popular, pero sí es lo burdo, mediocre y enlatado que de ella puede degenerar (el merengue de grupillos, la constante gula de jamonilla y empanadillas de pizza son un buen ejemplo). El cafre o kāfir (ya que viene del árabe pagano o bárbaro) puede ser alguien que no tenga educación pero no necesariamente. Las universidades están llenas de esa tribu de los cafres: son los que simplemente pasan por la universidad, los que no logran entablar ese enlace tan personal y enriquecedor con el mundo académico. Los ves, precisamente, hablando de "este y de aquella", de las eternas fiestas, del sexo banal. Son los pseudos estudiantes (porque los estudiantes eternos somos otra cosa).

Las profesiones están llenas de cafres. Véase los parlamentos y congresos del mundo (y a las residencias presidenciales) y encontrará su buena dosis de bárbaros. Vaya a las convenciones de los maestros, de los doctores, farmaceúticos. En fin recibirse de algún grado, matricularse en una universidad, no es cura infalible contra la cafrería.

La cafrería para mí es un marco, una guía y una manera de comprender el lugar donde convivimos. No es el fin. Hay que denunciarla. Pero para hacer eso hay que entenderla, experimentarla y, de vez en cuando, escribirla.

lunes, 5 de febrero de 2007

The Gift of Kantare's

Restaurant Review
by Luis A. Ponce
Appoint Magazine (Dec.'06)

Friday night, 9:30 p.m. Unlike any other restaurant in the Metropolitan Area, Kantare’s is already packed (yes that early!), live nueva trova musicians on stage are into their third song of the evening, and chef Jonathan Rosado is as busy as ever manning the kitchen and dispatching dish after dish of his “international fare with a Puerto Rican twist” cuisine. Kantare’s calls itself a restaurant, bar and grill but it is much more than that. Step into the restaurant and you’ll understand why Kantare’s is the rendez-vous point for those that need to celebrate life through all five –or six– senses.

Behind are the never-ending traffic jams, the weekly workload, and the fast-paced way of life to which we all have succumbed. A mood change automatically settles in as the rustic terrace, overlooking Winston Churchill Avenue, catches your attention and, once inside, your eyes adapt with ease to the mellow light that floods the spacious restaurant.

Tonight Kantare’s showed that it is a place for everyone: families were enjoying dinner, a big group was celebrating a birthday, couples were profiting from the cozy atmosphere, and an eclectic mix of the musician’s relatives and friends were singing along, while keeping the black-and-orange-clad servers busy with orders of appetizers and wine.

Alex Manuel, the calm and generous owner of Kantare’s was born in Michoacán, México, but for the last 14 years he has made Puerto Rico his home. The philosophy behind Kantare’s resides in that it is a space where boricuas can enjoy and savor their culture every single night. “In my restaurant I want to give priority to Puerto Rico, its nationality, its music; a place where everybody can feel right at home,” he adds.

That vision is well adapted into the menu, composed by chef Rosado. Hand-picked by Alex Manuel, Rosado brings to Kantare’s the right skills and experience. “I have given him total freedom to create in the kitchen,” a confident Alex Manuel tells me while I sip the easy to drink Ramón Bilbao Crianza (oenophiles: Kantare’s offers wines by the glass and has a short but well selected wine list).

Rosado’s menu explores various emblematic international dishes, while staying very close to home: alongside a rib-eye steak with sherry sauce and the Kantare’s mar montuno feast (a combination of lobster, shrimp and filet mignon with mash and vegetables), you can find the traditional asopao de camarones or the already-Puerto-Rican-staple, chicken breast a la Parmigiana. Well aware that Kantare’s is also a family restaurant, there’s a Kid’s Menu that includes: chicken wings and tenders, and breaded fish filets.

We started with the most popular appetizer, five tostones rellenos that revolved around a center of slightly smoky mashed potatoes. The tostones were overfilled with small pieces of chicken breast that reminded me in its tanginess and appearance to Indian tandoori-chicken, and with an irresistibly sweet and well balanced shrimp salad. Other appetizers that caught my eye were the zetas enjuelladas and the classic chicharrones de pollo, this time, however, with a selection of guava, tamarind, passion fruit or mandarin dipping sauces.

For the second course, chef Rosado suggested the chuletas de cordero and we also opted for a special grilled churrasco and shrimp combination. My chuletas de cordero arrived in a very elaborate vertical presentation: on a bed of sautéed vegetables, the four lamb chops stood up, and in the middle of the ring, a generous portion of the same mashed potatoes that accompanied the tostones rellenos (chef Rosado offers each day a different kind of mash). When ordering meats, it is always important to specify to your server how you want your cut cooked. I say this because although the lamb chops were bone-licking good, the meat itself wasn’t moist enough to be truly delectable. However, the rub of spices, rosemary being the protagonist, and the balsamic vinegar reduction that was drizzled on the chops was a great accomplishment.

The churrasco proved to be a total success. On the outside, the cut offered a fine caramelized crust, while leaving the inside succulent and with an intense reddish color. The meat was tender and the seasoning was minimal, allowing you to savor the true flavor of the meat. The three large shrimps that paired the churrasco were crisp fresh and seemed to have been rapidly sautéed in order to lock in their natural sweetness.

The desserts offered by Kantare’s are vanilla crème brûlée, guava cheesecake and tres leches. I chose the first option and wasn’t thrilled to find out that underneath the perfect crystallization of the sugar, my crème brûlée was half frozen. But if you do enjoy frozen desserts, this will soothe and comfort you.

The small but well stocked bar keeps the night going and, to much surprise for our Colombian brothers and sisters, Kantare’s serves aguardiante, an eau-de-vie distilled from aniseed that is to Colombians what rum is to Puerto Ricans. The restaurant also has two different Happy Hour blocks that go between 5:00 and 10:00 in the evening. Corona Extra, Corona Light and Tequila Cuervo Especial rule on Tuesdays and Fridays, while Becks Premium beer and Finlandia vodka do the same on Thursdays and Saturdays.

Alex Manuel, besides restauranteur, is also a musician and songwriter. Live music, with a different artist every evening, is definitely the main course and attraction at Kantare’s. Once you visit the restaurant, be sure to take with you their schedule of presentations so you won’t miss nueva trova and rock en español legends like Tito Auger (from Fiel a la Vega), Roy Brown or El Topo, that appear at least once every month. Giving me his latest musical production, Alex Manuel, En vivo desde Kantare’s, he told me: “Here, inside you will find what Kantare’s is all about”. And true to his word, I discovered that Kantare’s is, after all, a metaphor of a generous gift from Alex Manuel to his Puerto Rican compatriots.

Kantare’s is located at 162 Winston Churchill Ave. Hours of operation are: Tues.-Sat., 5 p.m.-2 a.m.; (kitchen closes at 12a.m.) Prices range from $10 to $32.

sábado, 3 de febrero de 2007

Kefar Nahum o «la tierra de los cafres»

El hombre se levantó desnudo e inmediatamente se dio cuenta que habían dormido por muchas horas, inclusive, más de lo debido. Afuera estaba de noche y el viernes cada vez más próximo. Por la diminuta ventana veía a los últimos comerciantes salir del pueblo y a un regimiento militar entrar para relevar a los guardias diurnos. El ruido de los soldados —el metal de la armadura, las sandalias contra la tierra— también lo despertó junto a la certeza de que le quedaba un año de vida. De repente sintió frío.

***
Pero es que no hay ni que escucharlo hablar. O sea, miren esa cara de cafre, esos cachetitos de Kiko, de niñito que come rico y saluda como un marinerito mariconcito. O sea, ¿en qué piensa la gente?

¡No!, me dirán los sensibles sociólogos, los teólogos del Villa Capri Divinity School, los fariseos que fomentan el libertinaje religioso. Hoy en día, me dirán, la gente está dispersada como antes las doce tribus de Israel, y necesitan su mesías con un mapa de ruta para que los saque del pecado y la miseria.

Así que, Luis Ponce, chico, deja tu comemierdería, hay que entenderlos. A ellos les urge tener un líder, un ungido a su imagen y semejanza que les haga creer en algo y si ese algo es que el pecado se acabó y esta vida es pa’ vivir como rey, pues chévere, yo creo en Rosselló…digo, Jesucristo Hombre.

Pero es que no es sólo creer. Hay que ofrendar y en grande. El Jesucristo Hombre precisa para su ministerio una mansión en Miami, una flota de carros alemanes, vuelos en jet privado y un séquito de guardaespaldas. Ajá, y una segunda esposa —bien rica que está— que llegue a los calores infernales de las ‘crismas’ boricuas con una bufanda de lana con copitos de nieve colgando de los extremos: mira qué linda.

Y les repito a mis amigos que creen en este ay, bendito social, de que hay que perdonar y entender a estas «taras del subdesarrollo» boricua (Mario Vargas Llosa, ¡alábalo que vive!), a esos que como animalitos indefensos se aferran a lo que sea, que votan por la misma calaña de gente para gobernarnos porque en sus peregrinaciones de iglesia a iglesia el pastor de turno les decía, “este es el que es” mientras invocaba a Jehová, Ezequiel y Joel frente al Capitolio. Que estos engendros, promiscuos religiosos y archienemigos de la razón —porque les huele a secular—, no son los marginados, los de abajo, ni mucho menos los desposeídos de la tierra. Son los mismos que cada dos o tres generaciones producen uno que se cree es Jesucristo hecho Hombre, como si el original no lo haya sido.

***
Buscó el calor en los tapetes y sábanas que en el suelo hacían de cama y en el siempre cálido cuerpo de María. En estos últimos años, él siempre se despertaba primero por culpa de los sobresaltos que lo invadían, sensaciones de un terror que solamente podía controlar en público, pero nunca en la intimidad. Amaba a María porque lo había rescatado de la soledad y la demencia. Ella lo amaba, sobre todas las cosas, porque él le había devuelto la vida.

Los largos viajes por Palestina lo agotaban, pero no en extremo. Hoy habían asistido a una boda en las cercanías de Cafarnaún. En la boda, la comida y el buen vino fluían en exceso y ambos tomaron hasta casi saciarse. Las festividades aún continuaban cuando decidieron partir: él quería seguir conociendo los milagros de la carne junto a María.

***
Entonces llega y nos es imposible librarnos de su presencia. Perseguido se sentirá. Acosado, hostigado, extenuado por permanecer todo el tiempo en la mirilla y en las páginas de la llamada prensa de esta ínsula hirsuta. Todo lo acapara. O sea, a fin de cuentas es un mesías posmoderno (sí, sin ‘t’), que desparrama su evangelio a través de Vea y Súper Xclusivo y conversaciones con Marcano y en A Calzón Quita’o. Está en todas y hasta los llamados estudiosos de la Biblia no saben qué más hacer para decirle a este pueblo de caravanas, de parrandas republicanas y de turbas independentistas, que este Jesucristo Hombre, es mitad drogodependiente y esquizofrénico y mitad Dios sabe qué, pero de pendejo no tiene nada. Por ocho mil dólares mensuales yo me convierto en lo que tú quieras, mi amor. En político mesiánico, redactor de discursos en la Casa Blanca, abogado de Julito Labatut, y ah, en Jesucristo, Pornostar.

Es que Luis Ponce, ¿quién te crees que eres? Chico, deja tu pedantería, deja a un lado tu falso sentido de responsabilidad ciudadana, tu palabrería patriótica porque ni siquiera has ido a la Parguera ni conoces las urbanizaciones de tu linda metrópoli cosmopolita San Juan. Eres tan esmalla’o como todos aunque intentes hacer jueguitos satíricos, tan arrima’o como los mantení’os que dices criticar, tan bellaco como los que fantasean con la esposa de Jesucristo Hombre.

***
María de Magdala era hábil con sus manos. Hilvanaba los hilos con gran facilidad a la hora de tejer vestimentas y hacer remiendos. En manos de María, el rito de la unción se desnudaba de todo carácter sacro y suscitaba incandescentes placeres. En la cama, sus deditos se adelantaban impávidos sobre la piel, totalmente entregados a provocar principios y conclusiones. Sobre él, María lo convertía en un cúmulo de carne hecho verbo. Contra la pared, en un rincón, con las rodillas hincadas ella, él le daba el mejor significado a la palabra comunión. Antes de caer dormidos, mientras acariciaba con su nariz y labios los diminutos pezones de María, hizo una pausa y le dijo: «Qué hijos de puta somos, dejamos al pobre de Juan solo en la boda.»

29 de diciembre de 2006

lunes, 29 de enero de 2007

Bitácora de campo para el libro «La importancia de llamarse Daddy Yankee»

Extracto de investigación # 1: La discoteca “The Noyz”, viernes noche (25/02/05), con anotaciones

Desde afuera, esperando en fila, se sentía el bajo desatarse con una furia insolente llevando a la muchedumbre a creer, por unos instantes, que el epicentro de tal retumbe se originaba en sus pechos. Pero era viernes, «noche de pariseo, sandungueo y perreo»,[1] como anunciaban los volantes esparcidos por las escuelas y universidades, en la legendaria discoteca The Noyz.[2] La mayoría de los jóvenes apostados en la acera esperaban con una paciencia desconcertadora. Muchos de los padres o extraños a lo que, eufemísticamente, se denomina ‘el género’, se habrán sorprendido al pasar por esta calle del Viejo San Juan y ver a esta concentración de juventud reguetonera esperar por su ingreso en una total –y contradictoria– tranquilidad. Estos observadores ignoraban que estos jóvenes en fila (vestidos en una combinación repetitiva de uniformes deportivos, mahones dos o tres tallas más grandes, ellos; camisitas ligeras y pegadas, acompañadas de mini faldas o jeans abraza-caderas, con los ‘gistros’ asomándose carifrescos, ellas) tenían la certeza de que estaban donde únicamente querían estarlo esa noche y que, una vez dentro, romperían esa tranquilidad acartonada y le someterían al perreo.
Esta relativa calma también se puede explicar por el hecho incuestionable de que, una vez dentro de la ‘disco’, no habrá recepción alguna para hacer llamadas con el móvil: por eso en la fila, estas manadas que en cuestión de media hora se abalanzarán sobre la pista de baile, no paraban de hablar por celular, de mandar y contestar mensajes de texto, y –aunque esto lo puedan hacer adentro– de tomarse fotos con esas diminutas cámaras que ahora vienen incluidos con el teléfono móvil si te abonas al plan de $69.95 al mes.

***

He tratado de crear un alter ego reguetonero, pero al parecer en la fila no me funcionó y eso que fui ayer con Pablo para «blin-blindearme»[3] y acicalarme para esta noche. Primero me pasó la número dos («Eres muy cabezón para la uno», me dijo); luego me prestó tres camisas (primero camisilla de manguillos Hanes, luego polito Ecko extra grande, todo debajo de una camisa abierta de los New York Yankees); jean también Ecko y de talla extra grande que ocultaba las Nike de coleccionista que Pablo finalmente me prestó («Te vas con las negras y rojas, porque si te doy las blancas y alguien te las pisa, tendremos problemas»). Claro, no faltaba la cadena de oro que sujetaba las macizas letras que deletreaban su nombre («Lo mismo va con esta cadena que con las tennis»). Y mientras intentaba sonreír a cuanta mirada se depositaba en mí, supe que mi alter ego reguetonero era, en efecto, mi pana de toda la vida y consejero en estos asuntos, Pablo.

Fueron esas sonrisas falsas que ofrecí en la fila que me fueron delatando: parecía tener el flow[4] por las ropas, pero era mi rostro, afeitado y acicalado, que no podía ocultar el hecho de que la barba y las largas patillas le asentaban mejor y que esto de pretender ser reguetonero pintaba mal. Empecé a escuchar risitas de algunas de las chicas en la fila, que me miraban con ojos acusadores, como si me dijeran que fue un error haber asumido mi alter ego Pablo para entrar a la ‘disco’. En varias ocasiones pensé abortar la misión. Miraba al frente y atrás: ojitos, risitas, caderitas, caderitas algunas; cabellos oxigenados, rostros ásperos, pecho amorfo desbordándose por el escote, otras. Sentí temor por lo que me esperaba adentro.

El bajo continuaba en todo su estruendo y mientras la fila se acercaba más a la entrada, la paz que antes reinaba se iba poco a poco descomponiendo hasta que llegaba ese momento en que uno de los orangutanes (luciendo una camisa a punto de reventarse) que la discoteca emplea para controlar la multitud, te hacía levantar los brazos y abrir las piernas para revisarte si traías algún arma. «Una vez pasas el chequeo», recordé que Pablo me dijo, «estás por tu cuenta».

***
Adentro, lo primero que uno siente es el aire acondicionado que refresca el cuello y las axilas transpiradas. Es después que se respira una atmósfera ácida, un concentrado de humo de cigarrillo y de marihuana, mezclado con las feromonas y el apetito sexual para crear un cóctel único en estas latitudes del Caribe. Entonces la música. En ese instante una de Don Omar: «La llaman salvaje…/Pues cuando baila se aprieta, se toca, se sube el traje…». Los destellos de luces, sincronizados a cada segundo, permitían ver la inmensa pista de baile del primer piso y a todas las almas entregadas a una sola cosa: acoplarse y moverse al ritmo de las interminables y repetitivas notas del reguetón. Al fondo de la pista, una enorme barra donde los grupos de varones se arremolinaban para no perder ni un sólo momento de tragos y observar a las mujeres para, una vez identificada, acercársele para intentar una movida. Hay que estar atento, moverse rápido y hacerlo con «fronte».[5] Sólo así se logra bailar, aunque sea por una sesión.
Las chicas, sin embargo, no esperan en la barra. Las mejor vestidas se sientan en las mesitas y butacas localizadas a ambos lados de la pista; ahí se sientan por invitación de algún tipo que las haya reservado para su comitiva o para sus ‘gatas’, como cariñosamente le llaman a las féminas en los círculos del ‘género’.

En las rondas que se dieron en el área de baile se comprobó la nueva modalidad de algunas muchachas de deshacerse de su ropa interior. Algunas entregan sus panties a las amigas o los guardan en sus carteritas. Otras simplemente los arrojan al suelo y, pocos minutos después, vuelan por los aires a la espera de ser atrapados por esas criaturas que tienen como fetiche husmear y sincerarse con estas prendas íntimas. Esta práctica incita abiertamente al acto sexual y es el causante principal de ese peculiar olor, descrito al principio de esta entrada, que les da la bienvenida a los que por primera vez visitan a The Noyz.

***
Luego de pedir un trago y despacharlo en cinco minutos, intenté entrar a la sección VIP en el segundo piso. Había fila, pero ésta se movía rápido. Me entusiasmé al saber que hasta el momento, nadie se había metido conmigo y que, dentro de poco, pasaría a la sección especial de la discoteca, yo, que esta noche me iniciaba en el circuito reguetonero. Pero ya a punto de llegar me di cuenta que estaban pidiendo un boleto especial que no tenía. Decidí utilizar mi faceta de investigador y le dije al segundo orangután de la noche: «vengo con propósitos periodísticos y no me habían informado del boleto adicional», a lo que, sin tan siquiera reírse por la estupidez que le había dicho, me señaló con una mirada de «no jodas o te jodo» hacia el primer piso. Acaté su pedido con una leve protesta, pero una vez le di la espalda bajé apresuradamente.

De vuelta en la pista decidí que tenía que aprovechar esta primera experiencia y me lancé en busca de una ‘gata’ para ‘yaquear’. Cuando buscas a una mujer, hay que saber moverse entre la gente. El aire se vuelve más denso, el corazón es ahora el bajo dentro de tu pecho, las manos te sudan y sientes un cosquilleo irradiando tu entrepierna. Le seguía el ritmo a las luces intermitentes y revisé todo el perímetro: manos aquí en muslos y allá debajo de faldas, labios atosigados a cuellos, perreo encarnizado. Me mezclé con la gente; levanté los brazos y grité para entrar en calor. Continué mirando: nalgas, culos; piernas, piernotas. Me lancé y me agarré de la cintura de una. Me acerqué por detrás cadenciosamente y me acoplé en su ranura. Ella intentó darme un vistazo y lo logró: rápido tomó mis manos y violentamente me las alejó de su carne y se perdió entre la multitud. No soy, después de todo, el tipo más guapo del mundo.

Me quedé con ganas de más y me tiré nuevamente a la búsqueda. La erección que iba in crescendo comenzó a desvanecerse, pero rápido volvió a la carga cuando entré nuevamente en contacto. Daddy Yankee con su «Gasolina» hizo de esta, mi última ‘perreá’ de la noche, una explosiva. La ‘gata’ sandungueaba con su alma, pero en especial con sus mullidas e incontrolables nalgas; nalgas que me aprisionaban, me apretaban; nalgas que flotaban liberadas debajo de su mini falda. Ojitos que me miraban, boca que salivaba, caderas que amortiguaban mis impetuosas invasiones. Ranura estrecha y profunda que me hizo desfallecer, salir apresuradamente de The Noyz y ya afuera, sentado en una esquina del Viejo San Juan para disimular los efectos de esta «noche de pariseo, sandungueo y perreo», llamar a mi alter ego para que me buscara.

- Fin de la bitácora -

[1] Frase célebre en los circuitos del reguetón. ‘Pariseo’del inglés, to party; ‘sandungueo’, voz afrocaribeña que significa «bailar como si no hubiera mañana»; ‘perreo’ voz puertorriqueña derivada de la posición sexual, mejor conocida en inglés como doggystyle, y que designa la forma de bailar el reguetón.
[2] Discoteca del género de reguetón que en los 1990, y gracias a sus DJ’s, inició la fiebre del underground. Luego de cambiar de establecimientos por varios problemas (lavado de dinero, tráfico de drogas y asesinatos), se ha asentado (hasta nuevo aviso) en el Viejo San Juan. Del inglés, noise, que significa bulla.
[3] Dos acepciones: i) De la voz afroamericana, bling-bling. Onomatopeya que recoge el destello de las joyas al reflejarse contra la luz que portan los grandes raperos de Estados Unidos. Generalmente estas prendas también adornan varias partes del cuerpo de estos artistas; ii) Del verbo blindar.
[4] En inglés, fluir. En el habla popular del ‘género’, es estar dentro del ‘corillo’, en control de tu actitud, «como pez en el agua». También implica sucumbir a la presión de grupo y estar «a la moda aunque me joda».
[5] Actitud, confianza en sí mismo, o «quítate tú pa’ ponerme yo».

domingo, 28 de enero de 2007

Prominentes figuras de América Latina apoyan la independencia de Puerto Rico

[Comentario: Aquí tenemos una de las muchas instancias en que la esfera de la literatura entra en la esfera de lo político, jurídico y social. Muchos son de la opinión que la vida literaria y el quehacer político son actividades excluyentes entre sí. Yo apuesto a lo contrario.
-LAPR]
25 de enero de 2007
Comunicado de prensa

"Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura y Ernesto Sábato considerado el más grande de los escritores argentinos vivos, y quien presidiera la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que abrió las puertas al enjuiciamiento de las juntas militares de la dictadura, encabezan la lista de prominentes figuras de la América Latina que han manifestado su apoyo a la independencia de Puerto Rico a través de su adhesión a la Proclama de Panamá aprobada por unanimidad en el Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico celebrado en Panamá en noviembre pasado", anunció en conferencia de prensa el Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño, Rubén Berríos Martínez.

"Por Puerto Rico suscribieron la adhesión los reconocidos escritores Luis Rafael Sánchez, Ana Lydia Vega y Mayra Montero. A ellos se suman de Uruguay el poeta y novelista Mario Benedetti y el escritor Eduardo Galeano, autor de Las Venas Abiertas de América Latina; de Brasil, su más importante poeta, Thiago de Mello y Frei Betto, fraile dominico, teólogo y autor; el periodista y ensayista mexicano Carlos Monsiváis, Premio Nacional de Periodismo y Premio Juan Rulfo; el cantautor cubano y uno de los fundadores de la Nueva Trova, Pablo Milanés; el novelista, ensayista y diplomático ecuatoriano Jorge Enrique Adoum y el poeta cubano, Premio Nacional de Literatura y Casa de las Américas Pablo Armando Fernández."

El Licenciado Berríos manifestó que "En los últimos cincuenta años no se había podido lograr, para un fin político, el endoso de tantas figuras literarias de esta talla. Lo que significó el apoyo de los veintidós partidos políticos que asistieron al Congreso por la Independencia de Puerto Rico que se celebró en Panamá, se extiende ahora al endoso de estas prominentes figuras que como novelistas, poetas, ensayistas, cantautores, reflejan con su arte el sentir de sus pueblos".

El presidente del Partido Independentista Puertorriqueño anunció además que como consecuencia del Congreso por la Independencia, se ha logrado la aprobación de una Resolución de apoyo del Parlatino (Parlamento Latinoamericano), del Partido de los Trabajadores de Brasil (partido del Presidente Inácio Lula da Silva), el Senado de Argentina y la Cámara de Diputados de México.

sábado, 27 de enero de 2007

Boston - New York - Bayamón I

De este estado no sé quién me librará. Cuando te encuentras pensando en lo que pudo haber pasado y en lo que ahora podrá pasar. Sí, me hago de muchas esperanzas. Demasiadas. Pero también de muchas desventuras.

Es el problema que sufrimos aquellos que quieren reinventar su historia. Sobre todo, cuando te toman por sorpresa cosas que pudieron salir de un libreto de una comedia romántica de esas de Miramax. Esas situaciones esperadas; esos viejos clichés de siempre. Te conmocionas porque nunca pensaste que te podrían pasar a ti. Es lo que ocurre con el e-mail o carta que busca desenterrar lo enterrado, hurgar en el baúl de los recuerdos olvidados, de las ansias difuminadas. Ese mensaje que busca sensibilizarte para que olvides lo malo que pasó y le ofrezcas una nueva oportunidad.

Pues bien, ayer recibí y leí (verdaderamente lo devoré) el mensaje de una vieja pasión de Boston. No hubo elaboraciones de su parte: luego de seis meses de silencio, su mensaje -corto y colegial- fue tan casual como si el martes hubiésemos cenado y yo le hubiese dicho las somocurciadas que le dije la última noche. Pero miento. Realmente retomó nuestro rollo desde ese último instante en que nos comunicamos o más bien yo me comuniqué con ella a través de esa tan preciada forma de comunicación que es el mensaje de texto que además de rápido y efectivo, tiene esa gran ventaja de causar una deliciosa sorpresa al destinatario.

Le mandé ese "text" desde el aeropuerto de Nueva York, en mi última escala en el continente antes de regresar a Puerto Rico. Y en ese mensaje solamente le envíe el título de una canción de Jarabe de Palo, Agua. Aparentemente nunca la escuchó hasta hace unos días y algo le tiene que estar pasando para que haya decidido escribirme. Puedo pensar en varias cosas como, por ejemplo, que quiere reestablecer un vínculo conmigo para que nos podamos ver nuevamente. O que a lo mejor finalmente se dio cuenta que no se portó bien conmigo y está tratando de decírmelo de la única manera que yo le haría caso, a través de las letras de la misma canción que me hacía pensar tanto en ella (además de las de Cesária Évora). O, quién sabe, a lo mejor quiere contentarme para que se me ablande el corazón y deseche mis complejos de superioridad para que cuando ella quiera escaparse del frío de Nueva York yo le diga con la lengua afuera, hecho todo un perrito faldero, que sí, sí, por favor ven.

Esbozo todas estas posibilidades y teorías pero a fin de cuenta, como fiel romántico y trillado fanático de Silvio, ojalá que este e-mail luego se convierta en alguna promesa para volverla a ver muy pronto.

La tribu errante