jueves, 10 de mayo de 2007

Nuevo en La tribu de los cafres: Cuento por entregas

Este es el primero. No tengo nada más escrito y el reto es que cada semana escriba dos párrafos más. Esto hasta puede tomar forma de experimento colectivo.

El día del viaje

Era uno de esos amaneceres cuando todo lo que hay en el mundo tiene, por unos instantes, un olor a nuevo y limpio. En la urbanización Riverview, a unos 20 Km. del centro de Balbuena, un rayo de sol se escabulló por entre las espesas cortinas del cuarto donde Óscar Pérez Marrero dormía. El cuarto, orientado al este, siempre recibía las primeras luces del día y por eso su esposa había decidido comprar esas largas y pesadas cortinas. Habitaban la casa desde hacía cinco años cuando la construcción de la urbanización, ubicada en la ribera norte del antiguo cauce del río Garzas, recién había finalizado.


La luz que se coló en el cuarto finalmente despertó al corpulento Óscar.
Automáticamente pensó en las vitaminas que siempre tomaba con el primer café de la mañana. Se apresuró a la cocina para empezar a colar el café, sin antes ir al baño y orinar primero como el cuerpo exige a estas horas tan tempranas. De vuelta al cuarto se dirigió al baño. Su mujer había estado detrás de todo el diseño y decoración del mismo. Ella quería mucho más que un simple baño matrimonial: en vez de un solo lavamanos, había habilitado dos; en vez de una ducha convencional quiso una con múltiples regaderas; además del inodoro de rigor consiguió que un bidet le hiciera compañía y, utilizando el espacio de la expansión que habían hecho al lado sur de la casa, tuvo la romántica idea de instalar un jacuzzi también. Y era allí donde yacía muerta desde la noche anterior.

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La tribu errante