miércoles, 30 de septiembre de 2009

Tantas veces Breñas


La flaca de la gorrita cammo y bikini engullido entre las nalgas está en la orilla dándole chupitos de cigarillo a su novio que está metido hasta las rodillas en la playa. Bastante nalgona para ser flaquita, pensó Pedro. Hay veces que las flacas vienen así, Pedrito, Jefté le adivinó la mirada. ¿Fumar en el agua? ¿Será tan bueno? ¿Qué crees?, lo evadió Pedro. Con lo que sales, Pedrito, con lo que sales.


La misma flaca con un tatuaje de carácteres chinos encima de la nalga izquierda. Todas tienen una variación de esos signos, es lo último. Uy, Pedrito, qué bien se ven…ahí encimita del bikini, ¿en la caderita? ¿Abrimos las sillas o qué?, le cortó Pedro. Le siguieron Morrison y Chino. La neverita es mía y hacia ella corrió Jefté.


Pedro se dispuso a desdoblar su silla de playa y cuando lo hizo diez cucarachas enormes salieron nerviosas, con las antenas alertas, del interior. ¡Está cabrón, esto es un asco!, gritó Pedro. ¿Desde hace cuánto no vas a la playa, Pedrito? ¡A matarlas!, Morrison las perseguía y trataba de pisarlas con el talón desnudo. Pedro ni se acercaba, mira, deja eso… ¡Písalas todas, que no quede ni una!, ordenaba con chancleta en mano, desde lejos, haciendo el amague de lanzarla para acabar con uno de esos insectos. El Chino les tiraba arena tratando de sepultarlas.


Jefté, por el contrario, reaccionó a lo de las cucarachas abriendo una cerveza y sentándose sobre la neverita. El sol de la una de la tarde, una cerveza bien helada y el tatuaje chino alejándose de poco a poco: no tenía que inmutarse por unas simples cucarachas. Cualquiera que lo viera diría que sólo perseguía con la vista a esas cimbreantes nalgas que devoraban el bikini. Pero no. Jefté se preguntaba si todo lo que hoy celebraban –delatar, informar, en fin, hacer lo que hicieron– daría el resultado esperado. Fue entonces cuando se tiró a la arena tratando de esquivar la silla de Pedro que, junto a algunas cucarachas, volaba por los aires.


«¡Uh, oh!»


Pedro volvió a matar una araña bajo la incandescencia de su lámpara de escritorio. Hacía dos años, cuando tenía dieciséis, que no atrapaba a una de esas arañitas inofensivas que se cuelan por las ventanas, la había encerrado en una copita plástica volteada y la había puesto bajo la luz. Muchas veces había verificado que estas lamparitas compradas en un pulguero de Massachusetts tenían una luminosidad intensa y voraz. Derretían hasta el plástico, le escribía a su maestra de inglés en el ICQ cuando ya no encontraba qué más decirle. Pedro recordaba esas noches de hace ocho años el día en que decidió buscar el récord de las conversaciones que tuvo con ella. López Nieves va a estar muy contento, se dijo cuando encontró las casi doscientas páginas de transcripciones que había impreso meses atrás.


Pedro lee las transcripciones de ICQ:


»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:23PM): hoy no pasaste por el salón… te extrañé, t pasa algo?

Mălądīnø(10/1/99-11:14:27PM): estaba cansado……y frustrado

»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:28PM): me hiciste falta

»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:28PM): de q??

Mălądīnø(10/1/99-11:14:31PM): es que bueno, tú en la escuela y uno ahí viéndote sin poder hacer nada…

»CĤεłŸ«(10/1/99, 11:14:31PM): hacer q???

Mălądīnø(10/1/99-11:14:35PM):pues estar junto a ti, bes……

……….

Mălądīnø(2/13/00-12:20:46AM): la pasaste bien?

»CĤεłŸ«(2/13/00-12:20:49AM): Sí. Gracias por todo. Hacia tiempo que no me pasaba algo asi…

Mălądīnø(2/13/00-12:20:53AM): Así cómo?

Mălądīnø(2/13/00-12:20:54AM): Tú sabes lo que siento por ti…

»CĤεłŸ«(2/13/00-12:20:59AM): Y por eso te doy las gracias… eres alguien especial.

Mălądīnø(2/13/00-12:21:03AM): sabes?, me haces feliz

……….

Mălądīnø(2/25/00-10:43:07PM): te quiero desnuda, cerca de mí, sentirte respirar y tenerte por detrás, mantenerme dentro y hacerte estallar conmigo, al mismo tiempo, al mismo instante

»CĤεłŸ«(2/25/00-10:43:13PM): Wow! Son palabras mayores…

»CĤεłŸ«(2/25/00-10:43:14PM): hay más de dónde vino eso?

Mălądīnø(2/25/00-10:43:22PM): Hay más, mucho más… cuándo será?… tú sólo dime y ahí llego… no puedo esperar… quiero conocer como es con una mujer mayor…

»CĤεłŸ«(2/25/00-10:45:14PM): …mi familia tiene una casa en Breñas…

……….

Mălądīnø (12/04/00-11:10:38PM):estás ahí? Pq no respondes?? jelouuuu!

Mălądīnø (12/04/00-11:13:48PM):hoy no te vi en el colegio, estás bien?, quiero saber… te llamé pero estaba ocupado, por eso intento por aquí…

Mălądīnø (12/04/00-11:13:59PM): fue algo que hice, dije?

»CĤεłŸ«(12/04/00-11:23:15PM): no, Pedro… es que estoy cansada del colegio… me quiero ir de allí

Mălądīnø (12/04/00-11:23:19PM): déjame ayudarte

……….


«¡A Bebo’s, aunque la bulla no nos deje hablar!»


¿Llamo o no llamo? ¿Qué le digo? Sí, hola, busqué su número en la universidad y pensé llamarle… No, así no. Buenas, doctor López Nieves, le habla Pedro Carmona Nazario, un seguidor suyo, y quiero invitarlo a Bebo’s para hablar de una novela...de mi novela.


Sé que en Bebo’s el ruido se refleja en los precios. Que hay una pantalla inmensa proyectando el bloque telenovelero de seis a diez, pero cualquier asopao es bueno. Y, ¡ah!, acabarlo todo con un morirsoñando o un frappé de papaya… Ya usted sabe por qué los gringos llegan hasta la calle Loíza, rico, barato y pintoresco. Tengo que llamarlo.


O mejor, qué tal abordarlo así: He leído todos sus libros y quiero, como usted, trocar la historia, bueno, mi historia. ¿Podríamos hablar sobre esto? Yo invito, por supuesto. Hay venganza, sexo entre estudiantes y maestras como está de moda en estos días y mire que todo esto pasó en 1999, 2000 y 2001. Con una protagonista bien educada, pero bueno, usted sabe, una mujer fatale, y, ah, sí, con un culo esférico y vello púbico bien arregladito en un landing strip. Pero qué dices, ¡¡qué dices!! Así te engancha y ya se te esfumó la oportunidad con el doctor. Pues sí, ella una maestra, veintiséis años, imagínela con esos pantalones de oficina bien apretados, con una blusita también pegadita, caminando por los pasillos de un colegio de varones. Sí, así mismo iba a la escuela. Ya ni se lo imagina. Lo siente. Véala besándose con sus estudiantes, y ahora no con algunos estudiantes sino con media escuela y no sólo besándose...exacto. Y nosotros, los más cercanos a ella ni por enterados. Creyendo todo lo que nos decía, rebelándonos contra las injusticias que la administración supuestamente siempre le hacía. Éramos algo preciado para ella; éramos su fan club incondicional.


Hay que ir preparado para enfrentar al doctor López Nieves. Bien documentado. Me tiene que contestar: ¿es posible hacer ficción de algo tan real y personal como esta historia? ¿Cambio nombres, los dejo igual? La suerte siempre ha estado de su lado porque usted escribe de gente muerta o inventada… De hecho, El corazón de Voltaire, me lo devoré tan pronto salió el mes pasado, estupendo. Pero yo, en cambio, voy a escribir sobre gente viva. Sepa que todavía recibo noticias de la maestra. Cada vez que alguien la ve la información siempre llega hasta mí. ¿Ve cómo la gente no ha olvidado lo que pasó hace ocho años?


Quiero tergiversar mi historia para salir de ella, matar a esta locura que me consume… Cuando me escuche el doctor me dirá que es demasiado obvio, que tengo que involucrarme en otras cosas, dejar esto a un lado. Pero ahí mismo le respondo que, por eso, usted es el único que me puede ayudar. Lo sé, me rechazará.


Todo lo que pretendo hacer, ¿es válido en la literatura? ¿No caeré en las mismas cosas de siempre? ¿O me mandará a Ciudad Seva? No, ahora sí que no lo vas a llamar, y olvídate de invitarlo a un morirsoñando o a una Coca-Cola, él sólo toma Pepsi sin cafeína.


«¿La venganza es felicidad?»


Breñas, Breñas, Breñas, repetía Pedro, tirado en la arena. Pedrito, ya para. ¿Lo hicimos o no lo hicimos? Hablamos con el director... ¿Acaso no era lo que querías hacer con la misi? Fue venganza, te lo dije siempre, Morrison volvía a hacer su punto. El Chino sólo abría la boca para tomar más cerveza.


Gordo, nunca más la volverán a contratar... Esto se ha regado por todos lados, ya hiciste lo que querías, ¿verdad Pedrito? ¿No te sientes feliz de haberla jodido? Nosotros somos los que estamos jodidos, Jefté, nosotros, Morrison no se cansaba de repetir. Gordo, si fuiste tú el que conseguiste las conversaciones de ICQ, tú fuiste el que entraste a su computadora.


No fue venganza; no, lo hicimos por nosotros. ¡No! ¡Fue por ti! ¡Cállate, Morrison! Lo hicimos para que no vuelva a ocurrir. Pedro pensó en levantarse pero prefirió quedarse acostado en la arena. Su silla estaba nuevamente cerrada: él no se quería sentar en lo que hasta hace poco había sido un nido de cucarachas.


Entonces, Pedrito, ¿por qué esa cara? ¿Por qué sigues ahí tomando y tomando (mira, ya casi nos has acabado las cervezas) y pensando en Breñas cuando Edison le metió mano? Eso es lo que le molesta, Jefté, por eso nos hizo hacer esto... ya sabía yo, Pedro, tenías envidia, estabas herido. No sabes de lo que hablas, además no fui yo quien jaqueó su máquina: fuiste tú, Gordo. ¡Ja!, ahora me dices gordo como el maricón de Jefté. Lo que pasa es que Jefté conoce a Breñas muy bien. ¿Y tú qué haces hablando, Chinito? ¿Qué dices? Miente, Pedrito, si no ves que él también se ha tomado par de cervezas.


El Chino se levantó de donde estaba tendido y se quitó la camisa. Las cinco de la tarde es buena hora para meterse al agua, ¿no me quieren acompañar? Pedro comenzó a sospechar no sólo de Jefté, sino del Chino también. ¿Acaso no descubrió así lo que ella hizo con su amigo de toda la vida, Edison, en Breñas? Sospechando, claro; por confidencias. Pedro se levantó finalmente: yo también me voy a meter. Vamos, Chino, hay que enterrar esto. Claro, Pe, ya hablamos, ya mandamos los e-mails, nos desquitamos. Pedrito, cuidado con lo que te vaya a decir este Chino. Ya, Gordo, ¿vamos también?


Y mientras los cuatro se acercaban al agua Pedro sólo pensaba en Breñas, Breñas, Breñas.


domingo, 27 de septiembre de 2009

Bonito atardecer

“Mi REINO es de papel

y todo lo que toco

se convierte en palabra.”

-El Rey de Gramercy Street


“Y encima el sol dejando

crecer inmensamente sus cabellos

sobre nuestras cabezas de alfiler.”

-De Vuelta de paseo


-Lorenzo Helguero, Poeta en Washington, D.C.



Este papel no estaba destinado a aguantar esta historia. Salió de algún árbol de los bosques canadienses y fue comprado por el gobierno federal estadounidense en su forma final como hoja crujiente y blanca. La Oficina General de Administración apropió parte de ese cargamento y al ser pedida por los jueces de este distrito territorial, la partida de papel fue finalmente entregada a las oficinas de la corte de distrito en el Viejo San Juan. Junto a sus demás hermanos papeles lo sacaron de su empaque una calurosa mañana de junio, arreciada por los polvos del Sáhara y cuando entró en las frías cámaras de las impresoras nunca se imaginó que en estas cortes se reciclaba.


Fue en la consecución de este afán que Raúl Helguero cobró conciencia de esta hoja cuando la tomó del cesto de reciclaje para usarla en alguna de sus tareas. Hacía unos días el papel había servido de portada a uno de los incontables documentos legales que imprimía. Estaba escasamente marcado y al reverso aún se vislumbraba la blancura virginal de un producto de calidad. Al contacto con los dedos de Raúl ninguno de los dos supo que meses después retratarían con palabras un atardecer de finales de septiembre.


Ese atardecer tampoco sabía que eventualmente cabría en estas páginas. Todo fue un impulso, un estruendo que dividió el tiempo en tres rebanadas de viento. Poca cosa para servir como excusa de un escrito que nadie se había propuesto a escribir. El papel, Raúl y el atardecer encadenados en una secuencia impredecible, en un elaborado nudo de partículas residuales de lo que fue, es y pudo haber sido.


1

Fue anunciarle en aquel momento que la luz de las seis de la tarde de los domingos era más placentera que cualquier otra. Como Raúl había estado todo el día leyendo y ella pintando, no habían preparado nada para comer. Pan y queso mozzarella, dijo ella. Mejor una ensalada, interpuso Raúl. La mirada de ella comenzó a rondar por los espacios superiores de la cocina y al final se encogió de hombros: la lechuga se terminó de podrir ayer. ¿No hay entonces? No y rió secamente.


Raúl no entendía cómo ella mantenía limpios sus pequeños dedos de los colores de las pinturas, mientras la tinta de los bolígrafos que usaba para resaltar los pasajes imprescindibles de sus lecturas le había transgredido las palmas de las manos y hasta la tela de su camisa. Pediremos chino y se encaminaron a la terraza. Fue allí donde hizo el comentario de las seis de la tarde. De la luz que sellaba estos domingos de entregas a domicilio y de esa irresistible soledad que engullía las calles de Miramar. A todo esto ella ya dormía en la hamaca.


2

Es hoy cuando este papel recibe el bonito atardecer a base de estos trazos. Los libros de leyes mutan por páginas amarillentas de viejas novelas redescubiertas y éstas por el fresco de colores que se recrea apesadumbradamente en el cielo. A los rayos del sol, claramente, no les hace falta papeles para escribir. Y para ver, ¿qué mejor que abrir la boca y tocar las cosas con el paladar?: así entran las esencias del fin del día, de esos nudos invisibles de gases que encienden el firmamento en llamas.


Raúl separa suavemente los labios, asoma la puntita de la lengua al aire y sin abrir los ojos sabe que esas horas tan espléndidas de las que hablaba y todavía habla se suceden demasiado rápido para viajar en el tiempo.


3

Pudo haber sido que el árbol que creció en el frío de Canadá nunca hubiese nacido ni que Raúl Helguero se hubiese decidido por las humanidades y en su lugar se hubiese estrellado contra la frialdad de los números. De este modo no habría podido darse cuenta de que el ocaso de los domingos tiene un sabor agridulce a flores y a un baño caliente con agua de azahar.


El atardecer también se hubiese dado en otro planeta, muy lejos de éste, con un sol cuyos rayos hicieran crecer voluntades y no sólo palabras.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fragmento de algo de siempre escrito por allá


Martín me había convidado a unos mates en el primer mate-bar que veía en la ciudad. ¿Esto no es para turistas? Aquí venimos los estudiantes, ¿no ves? Justo al lado estaba la facultad de psicología de la UBA y frente a toda la cuadra se extendía, casi interminable, la Avenida Independencia que pasaba por una de las partes de Buenos Aires que más vieja y destartalada se mantenía.


Mentiría si no dijera que me acuerdo mal de las cosas que hablamos allí por varias horas. Tengo clarísimo, eso sí, el nombre del mate que tomábamos (Amanda), las chicas vestidas de vaqueras promocionando la marca, las dulces medias lunas y las universitarias --futuras psicoanalistas en esta ciudad nula de secretos-- que rondaban en el lugar con sus melenas inconformes. Martín abría la boca y me contaba. Sé que llegamos a mencionar el nombre de Ale, de cómo nos conocimos, de lo que habíamos viajado juntos. Luego, de nosotros, de por qué él había regresado a Buenos Aires y yo había vuelto a salir de San Juan. ¿Pensás volver? De eso también me acuerdo, cómo no hacerlo: tan gracioso cuando otros preguntan por lugares para ellos desconocidos y para uno tan habituales y propios. Me pregunta y mi respuesta ya es automática, como la incómoda mirada que a ratos le doy a las personas con quien hablo: directa a los ojos, como si tratara de robarles el alma o inquirir en sus pensamientos. Y así me vacié, con esa larga cara mía descomponiéndose aún más para decirle que me prestara atención, que aunque creyera que estaba en busca de amparo en Buenos Aires, no, no pensaba volver.

martes, 15 de septiembre de 2009

La Chiwinha en La tribu vía Encounters at the Counter


Los maravillosos amigos de La Chiwinha, Joel y Karla, me han privilegiado con una entrada en su blog Counter Encounters. La escribí hace casi un mes, cuando celebrábamos el primer aniversario de ese maravilloso templo a los buenos valores, a la amistad y a unos lassi salvajes.

Lo reproduzco aquí, haciendo la salvedad que el mismo fue escrito en una sentá' y más bien muestra mi fluir de consciencia en aquel instante en que Joel me dio la libreta de los Encuentros. No sé si haga algo de sentido (el título que le puso Joel, "reflexión, sexto sentido", quizás intentaba hacer eso) pero, a lo mejor, ese posible sin sentido es lo que lleva a esas palabras gravitar hacia ese final de mi escrito: el vivo latido que es esta pequeña grandiosa empresa. Muchas gracias a ambos.

SÁBADO 15 DE AGOSTO DE 2009

reflexión, el sexto sentido

15/ agosto/ 2009


No todo lo pasado fue mejor pero La Chiwinha recupera de mi ser los momentos más queridos que he vivido.

A veces es increíble la brisa que se puede sentir entrando al negocio y te olvidas que estás en la ciudad. Río Piedras reflorece gracias a este lugar y nosotros que lo visitamos también.

Yo suelo venir escapando, corriendo, fatigado por una realidad que hemos dejado que se convierta en opresiva, rápida, controlada.

Joel me ve pensativo y por eso me ofreció esta libreta. Y es cierto, pienso y luego siento más: es muy posible que pensar o relexionar sea ese sexto sentido del que tanto se habla. Siento y hablo - más bien escribo - sobre todo esto porque es lo más importante que el latido de La Chiwinha me lleva a sentir.

Muchos deseos de futuro y amor para ustedes,

Luis Ponce Ruiz

martes, 1 de septiembre de 2009

Noche de ayer

Supo que ya era tarde cuando, saliendo del auto, escuchó con una claridad de cristal el paso del tren que hace menos de veinte minutos lo había dejado en el centro de la ciudad. Las vías del tren no abrazaban las cercanías donde él vivía y por eso no estaba preparado para los sonidos que esa noche le traía: el suave deslizamiento --en verdad, el rumor eléctrico-- de los vagones por el entretejido urbano. O el seco golpe contra el asfalto del bulto que contenía los restos de su amor.

jueves, 27 de agosto de 2009

Dim-sum

Cuando te enamoras de Xiao Xia sólo piensas en las mañanas. Sus besos de naranja te extraen de las dimensiones abismales del sueño; sus ojos de fruta prohibida te recuerdan el mundo que dejaste atrás. Antes, todos los labios te sabían a sofrito y todos los ojos te miraban con un desdén de telenovela. Ahora, juras que la boca de tu chinita es resplandor de pera; que su mirada te exprime en gotas de ajonjolí y perlas de canela.

Cuando te despiertas junto a Xiao Xia sólo piensas en el desayuno: panecillos de arroz rellenos de carne y salsa, jiaozi de vegetales y té verde. Ella te sirve con sus manos de arbusto y sonrisa de flores. Tomas el té. Pintas de esperanza la ausencia que creaste muchas horas atrás en la cama que espera al otro lado del océano.


Cuando a Xiao Xia le llega la hora de partir la recuerdas junto al lago en el traje amarillo -tierno como su cuello delgado. Mezclas el amor y la ilusión como la batida de leche de soya y chocolate que le compraste para hacerla reír luego de haberla reencontrado gracias a tu paciencia artesanal.

Cuando Xiao Xia sale por tu puerta, como lo hacen los rayos del sol detrás de las nubes, te envuelve un rubor. Sientes que una brisa fresca, leve, recorre tu cuerpo caliente y perspirado. De espaldas, su cabello cae sobre sus hombros como un pesado manto negro. También al hombro lleva su cartera Coach (Made in China) donde guarda, junto a su lápiz labial invisible y tarjeta de estudiante, los pocos yuanes que le pagas.

miércoles, 8 de julio de 2009

La columna más sarcástica que ha publicado El Nuevo Día

El compañero de la Escuela de Derecho, GRG, ha escrito una joya. Buena, Guillermo, estás pasa'o.
08-Julio-2009 | GUILLERMO REBOLLO GIL
Buscapié

Mr. Me Too

El día que una reconocida figura de los medios organizó una marcha y caminó en respaldo de las comunidades del Caño, yo me quedé en mi cuarto frente al clóset indeciso, algo frustrado, sin atuendo ni modista, sin zapatillas ni hada madrina. Igual me pasó el primero de mayo. Lo mismo el día de la Asamblea de Pueblo.

Y es que, ¿qué se pone un nene de Caparra para una marcha? (Lacoste no hace polos de Obama, ¿o sí?) ¿Qué combinación de chaquetón y corbata dice que la solidaridad en la Urba se extiende más allá de la asociación de vecinos (“no need for background checks ‘cause Guaynabo City cares”)? ¿Cómo decir que “yo también soy el Caño” y que represento esa minoría dentro de la minoría dominante del país que de veras siente algo -lo que sea- por los trabajadores (¡Qué monos ellos!) o por el pueblo (“whatever that means”)?

¿Cómo hacerle un sentido coro a las voces de mis queridos columnistas furibundos que en 320 palabras o menos pierden el pelo argumentando certeramente cómo buena vibra como yo nunca apuestan el pellejo por las ideas tan lindas que esbozan? Y es de esperarse, cuando mi pellejo resulta tan susceptible al sol, que es mejor no quemarme por esa reconocida figura, y dejar los panderos y pancartas para quienes asumen sin remedio las consecuencias de un nuevo gobierno repetido sin bombo ni platillo ni poesía. Yo simplemente escribo columnas para el periódico y espero con ansias locas a que el guardia deje a los repartidores pasar, para mirar las fotos de la marcha con detenimiento, con mi cereal, a ver qué rayos se puso la gente para otro domingo al sol.

Entonces me regreso a mi cuarto. Desempolvo la cassettera, los tapes de Silvio (que tanto gustaban en San Ignacio). Agarro la camisa del concierto de Calle 13. Tumbo el aire acondicionado (“for authenticity purposes”). Me cuadro frente al espejo, y practico decir: “Yo también soy el Caño, yo…”.

El autor es escritor.

lunes, 29 de junio de 2009

Golpistas en Honduras - Declaración de la AAJ



Todas las fotos (c) El Heraldo de Honduras

La AAJ, cuya Presidenta Continental es la puertorriqueña Vanessa Ramos, ha distribuido la siguiente declaración en torno al golpe de estado en la hermana república de Honduras:

Resolución sobre Puerto Rico ante el Comité de Descolonización

La última versión, aprobada hace sólo unas semanas.

La pueden leer aquí:


Resolucion ONU 2009 -

viernes, 26 de junio de 2009

La tribu se une al Caño

En solidaridad con el Fideicomiso del Caño Martín Peña, pero sobre todo, con la lucha de los hermanos puertorriqueños de las ocho comunidades, este blog se une al resto de las voces virtuales, escritas, gritadas y cantadas que indignadas pero consecuentes, defienden los mecanismos alternativos --y más humanos-- de superación y apoderamiento.

La red de blogs solidarios la componen (si se me queda alguno me avisan y me disculpan):
Poder, espacio y ambiente
Cargas y descargas
Poder 5
Tinta digital
Sin mordazas

A continuación, la columna de la Prof. Fontánez (del blog Poder, espacio y ambiente) publicada hoy en El Nuevo Día:
26-Junio-2009

ÉRIKA FONTÁNEZ TORRES

Ya son propietarios

Las comunidades del Caño Martín Peña ya son dueñas de la tierra. Eso es lo que le incomoda a unos pocos con poder económico y político. Por eso, buscan quitarles su propiedad. Las comunidades que por décadas han recibido las falsas promesas y el embate de la grandilocuencia de los “títulos de propiedad”, ya no dependen de políticos. No necesitan que cada cuatrienio vayan a chantajearlos prometiéndoles “propiedad” mientras los perpetúan en la pobreza. Ya son dueños de la tierra, propietarios del Fideicomiso y como tal debe respetárseles.

A través de nuestra historia los políticos han hecho uso demagógico y prepotente de la retórica de “títulos de propiedad”. Prometiendo progreso mediante la entrega clientelista de títulos, no han logrado sino la perpetuación de condiciones de pobreza extrema, desplazamientos y expropiaciones para dar lugar a grandes desarrollos.

El abuso de los conceptos “título”, “dueño” y “propietario” enmarca gran parte de nuestra historia de desigualdades, pobreza y clientelismo político. Habría que terminar con la supuesta neutralidad de esos términos y apuntalar que hay diversos tipos de “propietarios”. Es hora de abordar con seriedad estos conceptos. La realidad es que ser “dueño” no significa lo mismo en todos los contextos y mucho menos en los de pobreza extrema. Es imperativo reconocer que estamos en una sociedad profundamente desigual que protege a los propietarios con poder económico y castiga a los propietarios pobres.

Mediante una falsa neutralidad se ha mantenido la apariencia de que un “título de propiedad” de una estructura precaria, sin alcantarillado sanitario y encima de agua contaminada, es igual que el título de propiedad de las residencias en zonas privilegiadas. No es lo mismo tener el “título” de una propiedad de $500,000 que ser “dueño” de un lotecito hacinado, irregular, sin infraestructura y con el riesgo de un poste de alto voltaje encima. Quienes prometen “justicia social” a través de supuestos títulos saben que otorgarlos en esas condiciones asegura el desplazamiento de ese “dueño” pobre cuando se enfrente a un futuro “dueño” con poder económico para desplazarlo y construir ahí un desarrollo en el que el primero no podrá entrar jamás.

Por eso, en el Caño escogieron ser otro tipo de “dueños”, una categoría de dueños con aún más poder: tienen un título sobre sus casas, el derecho a edificar y otro grupal sobre la tierra. Estudiaron el menú jurídico propietario en busca de un mecanismo que les garantizara “propiedad” pero con permanencia y garantía de que la suma de sus propiedades les permitirá revitalizar y aumentar el valor para todos. Seleccionaron de la gama de mecanismos jurídicos disponibles para maximizar su tierra y mejorar sus condiciones. Eso es el Fideicomiso de la Tierra.

Pero a unos pocos -acostumbrados a utilizar ese menú jurídico en sus negocios- les incomoda que sean los pobres quienes lo utilicen. Y es que los “fideicomisos”, “corporaciones”, “usufructos” y “derechos de superficie” son mecanismos jurídicos utilizados a diario por los señores corporativos para obtener grandes ganancias. Habría que preguntarse por qué ahora cuestionan a las comunidades del Caño que -para salir de la pobreza, revitalizar, dragar el Caño y tener vivienda decente- han utilizado el Fideicomiso para lograr lo que el Gobierno nunca les podrá garantizar.

Hay una doble vara en la retórica. Si la filosofía es que el “privado” es el “dueño” de Puerto Rico, aquí los privados son precisamente las comunidades del Caño. Si los fideicomisos y otros mecanismos jurídicos del mundo de los negocios son buenos para quienes cuentan con capital, ¿por qué no son buenos para la gente del Caño?.

El Fideicomiso de la Tierra hace a los residentes del Caño propietarios fuertes; tienen mucho más que un título individual vacío que perpetúa sus condiciones de injusticia. Tienen una herramienta jurídica que les da futuro y les hace verdaderos dueños.

¿Por qué quitársela?

jueves, 18 de junio de 2009

Puerto Rico "posesión colonial de EE.UU." según Newsweek

[Este artículo es, por el momento, una respuesta inmediata a la columna publicada por José Alfredo Hernández Mayoral en El Nuevo Día de hoy. También lean el anterior de Rodríguez Orellana.]

The Empire Burden

Why It's So Hard to Get Out of Iraq, Afghanistan or ... The Comoro Islands

Christopher Dickey
NEWSWEEK
From the magazine issue dated Jun 22, 2009
URL: http://www.newsweek.com/id/201753
(énfasis de Comité Nueva York - PIP)

When George Orwell was a young man in the 1920s, he served as a British policeman in the colony of Burma. On duty there he saw, as he put it, "the dirty work of empire at close quarters." He deplored the "white man's" oppression of the "native people" in "the East." But what Orwell found most disconcerting was the trap his own country had fallen into. "When the white man turns tyrant, it is his own freedom that he destroys," Orwell wrote a few years later in his essay "Shooting an Elephant." "In every crisis he has got to do what the 'natives' expect of him. He wears a mask, and his face grows to fit it."

We may have moved beyond the paternalistic rhetoric of the early Orwell, but more recent jargon like "mission creep," coined during the Somalia debacle of the early 1990s, covers similar ground. In fact, the history of the past century should have proved conclusively that empires are traps, draining enormous resources and eventually enormous prestige from those who build them. Whether past imperialists saw their missions as conquerors and occupiers or liberators, peacekeepers and nation-builders, or all of the above, those Western countries that have claimed "a foothold in a foreign land," as the 19th-century naval strategist A. T. Mahan put it, have often found themselves serving interests that were no longer clearly their own.

The Obama administration is learning that lesson. It came to office a little more than four months ago committed to withdrawing from Iraq, and to stabilizing Afghanistan so it could get out of there, too. But we heard recently from U.S. Army Chief of Staff Gen. George Casey that plans have been drawn up in case American fighting forces have to remain in Iraq for another decade—and this despite a written agreement with Baghdad to pull all troops out by the end of 2011. Why? Not least because the Iraqis that the Americans helped put in power think they may need those forces to stay. Iraqi Vice President Adil Abdul-Mahdi recently told a small group of reporters that he is "very concerned" about what will happen if the Americans leave. So, he suggested, the United States might well be asked to remain.

It's rare, in fact, that imperial powers decide on their own to give up any fragment of their foreign territories or influence. The British, for instance, "regarded long-term occupation as an inherent part of their 'civilizing mission'," the Harvard historian Niall Ferguson wrote in 2003. A self-described neo-imperialist, Ferguson supported the invasion of Iraq then taking place, but worried that the Americans wanted to get out too fast. "When the British intervened in a country like Iraq, they simply didn't have an exit strategy," Ferguson wrote. Their job would be done only when the country in question met their standards of civilization, the rule of law and free markets. "The only issue was whether to rule directly-—installing a British governor—or indirectly, with a British 'secretary' offering 'advice' to a local puppet," Ferguson noted. Presumably it was this latter case that some in the Bush administration envisioned for Iraq.

The question Orwell posed was about who really pulled the strings: the empire or its subjects. And there may come a time when neither side really knows. People in the colonies, territories and countries under tutelage reach a point where they cannot imagine how they would survive without the help of a faraway power—even if they resent its interference. And the erstwhile imperialists, once they've been forced out of their largest possessions, cannot imagine giving up even a small fraction more of territory or influence, no matter how much it costs them militarily, economically or politically.

As a result, vestiges of past empires can be found all over the globe. Back in 1982 British Prime Minister Margaret Thatcher launched a full-scale war to hold on to the windswept Falkland Islands, even though they are almost 13,000 kilometers away from England and only about 290 kilometers from the shores of Argentina. The little enclaves of Ceuta and Melilla on the Moroccan coast remain parts of Spain and therefore of the European Union. So, would-be immigrants from deep in Africa regularly trek hundreds and even thousands of kilometers across the desert to try to storm the fences in hopes of asylum. Meanwhile, the United States itself continues to administer remnants of the imperial possessions it took in the Spanish--American War of 1898, including Guam, Puerto Rico and, yes, Cuba's Guantánamo Bay.

But it's the French who offer the most complicated and potentially the most instructive case study in past atrophy and future ambitions. The sun never sets on what Paris calls "the confetti of empire": from French Polynesia, New Caledonia and Wallis and Futuna in the South Pacific to Saint-Pierre and Miquelon off the coast of Newfoundland. Indeed, France's longest land border is not with Germany or Spain, but, thanks to French Guiana, with Brazil. "It is all about extending our influence," a senior official at the French Foreign Ministry says bluntly, if privately.

But is it? Equitable treaties clearly make more sense if you can get them. In May French President Nicolas Sarkozy inaugurated a new French military base in Abu Dhabi. Similar in purpose if not in scale to American installations in Qatar and Bahrain, farther up the coast, it is touted as a demonstration of France's changing approach to force projection. Camp Peace, as it is called (in a touch Orwell himself might have appreciated), is meant to demonstrate that France is willing to defend Abu Dhabi and to send that signal to Iran, less than 300 kilometers away. But more than a show of force, it's a show window for big-ticket French weapons systems that Paris would like to sell in the region. Unlike other French bases overseas, there is no history of French claims to sovereignty. Abu Dhabi wants to diversify its reliance on foreign defense forces. And—what is certainly the biggest break with the past—Abu Dhabi is footing the bill.

Guadeloupe and Martinique in the Caribbean are more typical. They are considered part of France's national territory, like the states of the United States. Yet despite massive subsidies funded by French taxpayers, they have been the scene of so much unrest over the past few months that Sarkozy has postponed a planned visit several times. The islanders are not fighting for independence, mind you, just for better deals from Paris to compensate for the higher cost of living in these tiny markets that have grown dependent on imports from a distant mainland.

Altogether, France's overseas possessions add about 2.6 million people to its population and 120,000 square kilometers of land to its territory, and give France the third largest area of exclusive maritime rights in the world. They produce nickel ore and codfish, they provided testing areas for atomic weapons in the past and are the site of launching pads for space exploration to this day. Yet whatever the benefits, the responsibilities and costs are greater. "Through the 1980s and even into the 1990s, some of these arguments carried real weight," says Robert Aldrich, author of Greater France: A History of French Overseas Expansion. Now, however, they are mainly a drain on the French -budget, costing an estimated €16.7 billion per year. "In some ways," says Aldrich, "they are like old family jewels, perhaps not so valuable in monetary terms, though with a certain sentimental value."

Sentimental indeed. In the latter half of the 1980s, New Caledonia was on the verge of full-scale insurrection. Earlier this year the contagion of unrest spread quickly from Guadeloupe halfway around the world to the French island of Réunion in the Indian Ocean. Undeterred, Paris pushed ahead this spring to make Mayotte, a tiny island between Madagascar and Mozambique, the 101st département of the French Republic. The residents will be taxed, and receive welfare benefits—mainly the latter—just like on the mainland. They will be fully represented in the French Parliament and will be able to vote in all elections, including the European ones, because they will be considered Europeans, too. And eventually they will have to observe all of France's and Europe's laws and regulations.

The ostensible reason Paris took this decision is because that's what the people of Mayotte want. When the whole of the Comoros archipelago voted on its future in 1974, the other islands went for independence. Mayotte went for … dependence. And in the referendum this March, the people voted overwhelmingly for even closer ties. In a wondrous bit of rhetorical excess, French Interior Minister Michèle Alliot-Marie said the whole show was "reaffirming the values that forge, today as yesterday, the unity of our Republic and our everlasting democracy."

Clearly the old "mission to civilize" endures, however culturally anomalous the results might be. Of the roughly 180,000 Mahorais, almost all are Muslims, and polygamy is widespread. But polygamy will now be against the law on Ma-yotte as it is in France. The problem of illegal immigration from the other Comoros islands to Mayotte, meanwhile, is enormous. Roughly a third of the population is considered, as the French say, clandestin. Many are pregnant women who risk their lives so their children will be born "in France" and be eligible for citizenship. The overall birthrate is such that in the next 15 years the population could reach 300,000. Already the maternity ward of the main hospital in Mayotte is France's busiest, with 20 babies born a day. Employment prospects for the kids as they grow up are slim. Of the 4,000 who enter the job market each year, only 1,000 find work. And then there's the position of the Islamic Republic of Comoros, which rules the other islands. It may be one of the most unstable governments in the world, but it claims that -Mayotte is still part of its territory, and so does the United Nations.

Indeed, attempts by the French to explain why France wants Mayotte verge on the surreal. Left-wing critics charge, with no apparent sense of irony, that the French mainland wants to exploit Mayotte for its vanilla beans and the aromatic oil of the ylang-ylang tree. If the real motive to hold on were its strategic naval value at the head of the crowded Mozambique Channel, then it's surprising a French base planned for Mayotte in the 1970s has never been built.

In fact, what made global strategic sense for Admiral Mahan in the 19th century, when he advised grabbing footholds in foreign lands, is not so logical today. In a world of missiles, nukes and Internet-inspired terrorists with box cutters, the projection of political influence is at least as important as the projection of force. The idea of empire is no longer plausible, the reality of it no longer credible. The problem is not just that old imperialists had no exit strategy, it's that in some places, there's no exit to be found.

With Tracy McNicoll in Paris

La tribu errante