jueves, 21 de junio de 2007

En el Amigo de Levittown

Esta mañana acompañé a mi mamá al supermercado. Verdaderamente lo hago cada vez que puedo para recordar mis años pre-universitarios y también las veces que regresaba de Washington para pasar unos días en Puerto Rico. Desde este, mi último y más extenso regreso, las veces que he ido con ella han sido para ayudarla en la nada fácil tarea de idear el menú de la semana. Cansada del arroz y habichuelas nuestro de todos los días y con una misión -verdaderamente imposible- de ponernos a todos bajo una dieta estricta (¿yo, en dieta? ¡Ja, ja, graciosísimo!) le brindo sugerencias para ensaladas, salsas, carnes y platos franceses y marroquíes.

Pero la comida y nuestras ideas sobre el menú toman un papel secundario cuando voy con ella al supermercado. Lo importante es ver como ella disfruta (se le ilumina de felicidad el rostro) cada vez que me manda en busca de algo que olvidó en la góndola anterior y yo, muy obediente (obedecer a la madre de uno, es después de todo, una dicha) voy a procurarlo. Mi mamá está en sus tempranos cincuenta y todavía conserva un aire de niña juguetona en sus gestos, su manera de señalarme las cosas y de esperarme mientras regreso con los artículos olvidados.

Luego viene la parte en la que, yo, como niño chiquito, me antojo de artículos. En los últimas meses siempre me antojaba de un pedazo de Manchego o chorizos cantimpalo; un brie que están trayendo de Dinamarca o una botella de vino que vaya bien con el filete en setas o spaguettis al pesto que habíamos planeado para la semana. Hoy, sin embargo, fueron una bolsa de maní tostado y un disparate monumental (sobre todo para alguien que se las echa tanto de que si restaurantes caros, quesos y otras nobles comemierderías gourmandes): bolsitas de Cebollitas y Munchos de Frito-Lay. De esas bolsitas que hace como 15 años costaban a peseta (ahora cuestan $0.60) y que todavía las ponen estratégicamente en las cajas para que golosos -y nostálgicos- como yo las tomen cuando ya pensaban que habían acabado con la compra. Pues sí, me entró un bajón de 'papitas', como de vez en cuando me entra el bajón de un Whopper y Chicken Tenders.

Pero ya cuando la cajera había pasado y puesto en bolsas toda nuestra compra (ya no hay bag-boys en los Amigos, jum...), lo único que faltaba era volver a embolsarla para llevarnos doble cantidad de bolsas, porque en casa no compramos bolsitas para los zafacones...no, no. Y ese trabajo, por supuesto, mi mamá me lo delega a mí. Ahora en los Amigos, gracias a los grandes avances en el manejo de los negocios hechos por Wal-Mart, las bolsas están en estas ruedas que giran para acelerar el empaque. Pues ahí fui yo a desacelerar todo el proceso, porque sacaba una bolsa llena de compra y la metía de nuevo en otra para as asegurar el manejo de los desperdicios sólidos en casa. Hacía esto mientras mi mamá, para disimular, porque en algún momento esto de adueñarse de bolsas se había catalogado como un acto más de jaibería boricua, decía: "Sí, ponle más bolsas porque éstas se rompen de na'".

Y es cierto, nunca me perdería una gira al supermercado con mi madre por nadita de na'.

8 comentarios:

Anahí dijo...

Un ritual perturbadoramente parecido tengo yo con mi abuela todos los viernes. ¿Qué será lo que tienen los supermercados?

Joel dijo...

ay, no sabía que había tanta gente que le encantaba el supermercado (aunque a ti te canta ir con tu mamá). Resulta que a mi me encanta ir al supermercado, pero muy pocas veces voy, porque mis padres hacen la compra cuando les entra el swing. La cosa es que en Orlando iba a Walmart súpercenter a la una de la mañana, en parte porque salía tarde del work, en parte porque no hay nada mejor que un supermercado medio vacío; es la comida lo que hace la compra tan atractiva, y la necesidad de la comida, porque no es lo mismo ir a una tienda de ropa, y aunque me encante el palacio (muchas veces desorganizado) llamado Borders, tampoco se compara con esa asepticidad del supermercado. (me voy en un viaje)

ah, mientras leía la parte que decias que te antojabas de manchegos "and whatnots" me decía: "en las cosas que se antoja éste, si soy yo busco galletitas o esquimalitos" y entonces sales con las Funjuns. Hay que darse los guilty pleasures.

Luis Ponce Ruiz dijo...

anahí:

Sí, también con mis abuelos el supermercado toma un matiz distinto...sublime...creo que debe ser la relación con tiempos más tiernos y el sagrado oficio de la cocina.

joel:

Estoy contigo, no hay nada mejor que un supermercado medio vacío... Yo odio el revolú, el tapón, las filas largas en las cajas...

De acuerdo con los "guilty pleasures"... Eso del manchego "and whatnots" ha sido después de viejo...ahora me acordaste de los esquimalitos...uyyy!!!

Madam dijo...

Ya veo que no soy la única que disfruta de los supermercados. (leí el comentario de joel)

Me gusta ir de noche tarde, cuando no tengo que tropezar con coches de niños o escuchar a la gente gritar via cellular. No tengo prisa cuando voy. Leo las etiquetas, (no sé para qué igual si tiene grasa lo compro) y comparo las raciones. Me parece surreal que ahora uno pueda comprar ropa interior y pastrami en el mismo lugar,entiéndase Walmart.

Oye hace siglos que no veo los Munchos, damn. Mis papitas favoritas son las de sal y vinagre. Ya me dio hambre otra vez.

Luis Ponce Ruiz dijo...

madam:

"Pantys" y pastramis juntos y a la vez...Jaja. Para algunos, ambos les puede causar hambre.

Iva dijo...

madam - no sé porqué tenías tanta hambre si estabamos a punto de darnos una hartera de comida india antes de que postearas ese comentario, tsk tsk

luis - yo iba mucho antes a ese amigo pero no me gusta tanto desde que lo compró walmart...mis gustazos me los doy en pueblo (que lo van a cerrar!!) y en costco...compro mucho queso feta para hacer mil cosas (ensaladas, omelettes, dips) y salsa tzatziki de aderezo para ensaladas.

pantys y pastrami?? qué combinación O_o

Luis Ponce Ruiz dijo...

iva:

Gracias por las fotos que me enviaste. Disfrutaré de los supermercados porque es la única tienda en la que puedo estar tranquilo, pero la realidad es que lo que tenemos aquí en PR son productos de segunda y una oferta muy limitada. En casa compramos las frutas en las Plazas de Mercado y hasta en los centros de distribución.

Para los quesos, sí, creo que Costco y Sam's tienen una buena variedad, pero lo que es Amigo y Pueblo, muchas veces da pena ver la sección de vegetales y frutas, de quesos, y la variedad de productos en general. Quízás es que como el boricua está acostumbrado al arroz y habichuelas con un canto de carne por el la'o no protesta este crimen gastronómico.

Meche dijo...

Esto me trajo muchos "flashbacks" jeje. Todavía voy con mi madre al supermercado y siempre la pasamos muy bien. Algo que no falla es que nos dirigimos automáticamente a la sección de quesos y jamones.
Somos groupies gastronómicas del manchego y el queso de bola. =) En mi próxima visita, pienso comprar queso de cabra ya que, desde que lo probé hace unos años en mi clase de francés, quedé fascinada con él y por razones económicas no había podido comprarlo.

Ultimamente me ha dado por comprar honey mustard y hacer sandwiches con esa delicia. ¡Y los hamburgers con esa mostaza no tienen precio! Por cierto, descubrí en estos días que no hay nada mejor que preparar un sandwich (con honey mustard, of course!) con toda la calma del mundo mientras escucho jazz de Radio Universidad. Ratitos tan simples como ese hacen que la vida sea enormemente placentera.

La tribu errante