miércoles, 10 de agosto de 2011

"Domain trolling" en Puerto Rico: la entrevista

A cuatro meses del comienzo del año electoral 2012, el domingo 7 de agosto detonó un pequeño incidente en la comunidad virtual boricua. Las ondas expansivas de este suceso llegaron a altos funcionarios de los partidos mayoritarios del País. El bombazo en cuestión: un domain trolling (según las propias palabras del autor de estos hechos) de los sitios web www.pnppr.org, www.jorgesantini.net y www.3432020.net. El primero y el último redireccionaban, respectivamente, a las definiciones de ‘corrupción’ y ‘abuso’ de la página web de la Real Academia Española. La dirección con el nombre del alcalde de San Juan atracaba en un still de la inolvidable Scarface, donde se mostraba al personaje principal del filme, Tony Montana, interpretado por Al Pacino, empanado hasta la coronilla de cocaína.


Ese mismo domingo los domains fueron liberados y ya no redireccionan a las definiciones y a la imagen de Scarface. Yo llegué a verlos unos días antes que el incidente reventara por Twitter gracias a unas amistades que me enviaron los enlaces por Google+. El resto de la blogósfera y tuiteros boricuas se enteró (incluyendo los administradores de la cuenta de @pnp_pr y miembros de la actual campaña del Partido Popular Democrático) a través de las cuentas del periodista J. Lebrón Ayala, @SrLebron, y del profesor Mario Núñez Molina, @Digizen. Posteriormente, el suceso fue redactado como noticia y publicado en el portal de Noticel. Sin embargo, y luego de desenredar los tweets de la cuenta de @SrLebron, di con la usuaria que le reveló los supuestos hacks: una inteligentísima ex alumna mía, Brenda Mejía, @brendagiselle. Ella tuiteó: “#unsaludo para EL GENIO q hackeo la página del pnp! GUILLE ABSOLUTO... jajajaj”. Eso fue lo que posteriormente llevó a @SrLebron a informar: “Hackean páginas del PNP. Una te dirige hacia la definición de corrupción y la de Santini, hacia una foto de Tony Montana empolvao con perico”. Ninguno mencionó el domain que tenía el teléfono de la Policía de Puerto Rico.


Ese mismo domingo empecé a acariciar la idea de entrevistar al detonante de estos sucesos. Quería hallar a la persona que había originado este temblor político consciente de la importancia que en años recientes han tomado los grupos de Anonymous y hackers internacionales formados por ciudadanos hartos de los abusos perpetrados por gobiernos y corporaciones y de un sistema judicial que parece otorgarles la impunidad necesaria para seguir actuando por la libre. En Puerto Rico, la revolución tecnológica todavía sigue en pañales, pero con una población cada vez más conectada, este primer secuestro de domains podría significar el inicio de una guerra virtual entre el partido azul y rojo de cara a las elecciones de 2012.


El lunes continué mi búsqueda y mandé mensajes a varias personas clave del Twitter y la informática boricua. Continuaba sin encontrar una pista. Finalmente, en la madrugada del martes me llegó el primer mensaje de texto de un número desconocido. Me informaba que un anónimo (claramente, alguien de entre mis contactos sabía, sino la identidad de esta persona, la dirección de correo electrónico) le había enviado copia de uno de mis mensajes. Luego me dijo que estaba dispuesto a hablar conmigo. Acordamos la entrevista para ese mismo día por la mañana, “en un lugar ni tan público ni privado, lejos de donde vivo”.


Nos encontramos en Cuatro Sombras del Viejo San Juan en horas de la mañana del martes 9 de agosto.


A continuación transcribo la entrevista en su totalidad. He editado el estilo y la sintaxis para facilitar la lectura. Para propósitos de proteger su identidad, el entrevistado me pidió que utilizara el nombre de Alan (uno de sus alias favoritos que ha utilizado en aventuras similares a ésta) para identificarlo.


Llegué a la hora acordada y esperé unos 15 minutos antes de recibir otro mensaje de texto de un teléfono diferente al de la madrugada. Me indicaba que me volteara hacia la derecha, que el hombre en traje era él. Lo hice y me saludó. Alan había llegado mucho antes que yo. Me chocó ver a un hombre blanco y rubio, de unos treintaytantos años. Siempre había supuesto que la persona detrás de esto era un puertorriqueño. Lo menos que esperaba era un estadounidense.


La Entrevista


Luis Ponce: Bueno, carajo, ¿¡¡eres americano?!!


Alan (Ríe y luego habla en un español con acento, matizado con algo de boricua): Nací en Virginia y a los dos años mi familia se mudó a Puerto Rico. Ahora vivo entre Fairfax y Caguas.


LP: Las páginas a las que redireccionaste los domains palpan muy bien el sentir del puertorriqueño común con sus líderes electos y con la situación actual del país. ¿Cómo llegaste a esa lectura tan fiel del Puerto Rico en que vivimos?


A: No en que vivimos, sino en el que todos padecemos. Dominicanos, americanos, extranjeros de todos lados. A veces creo que hasta más que los mismos puertorriqueños, y es que hay muchos que son incondicionales con su partido, sobre todo cuando suben al poder. Entonces, el país puede estar al borde del colapso pero ellos no se dan por enterado. Creo que no haber nacido aquí me hace inmune al fanatismo. Entonces, la lectura de que hablas es por eso y también por mis antiguos trabajos en la Isla muy cercana a la política partidista.


LP: ¿Para quién o quiénes has trabajado, si se puede saber?


A: Ahora mismo me desempeño en la industria tecnológica. Trabajo desde casa y me reúno en Virginia. Es una corporación japonesa. Pero en la política ayudé en esta última campaña del PNP luego de mi disgusto con el PPD. Ahora soy un ex penepé que había sido un ex popular. Me disgustaron muchísimo las administraciones de Sila y Aníbal. Soy un apolítico lleno de apatía.


LP: ¿De dónde surgió esta idea que muchos ya han catalogado de genial? ¿Tiene algo de coraje, de reivindicación, de venganza?


A: De coraje sí, en parte, pero realmente fue algo bien random. Confieso que mi inspiración fue un artículo que leí sobre un blog llamado www.jorgesantini.com. Allí el autor del espacio critica libremente al alcalde.


LP: O sea, ese domain de www.jorgesantini.com no es del alcalde. Inicialmente así lo había reportado el @pnp_pr al periodista J. Lebrón Ayala, @SrLebron en Twitter...


A: Pues no, ese es un blog de un ciudadano o grupo de ciudadanos en particular. Me quedé pensando en ese blog. Me gustó mucho el approach y comencé a maquinar una cantidad ilimitada de ideas para crear blogs satíricos. Decidí entonces buscar qué otros domains estaban sueltos entre los varios TLD’s. Encontré pnppr.org, jorgesantini.net y 3432020.net sin dueños y los registré.


LP: ¿Por qué se te ocurrió redirigir esas páginas a definiciones en la RAE y a la foto de Tony Montana?


A: Lamentablemente, yo trabajo con cojones. He desarrollado páginas web en el pasado, y conozco que para hacerlas bien toma tiempo. Así que mientras veía cómo me iba a organizar para cuajar los blogs satíricos, decidí ser un domain troll. Jamás pensé que recibirían tanta atención, pero al final me alegro que así haya pasado.


LP: Un domain troll. Me gusta. Lo usaré como título para esta entrevista.


A: Be my guest.


LP: ¿Qué pasó por tu cabeza cuando trascendió que alguien había hackeado las cuentas del partido?


A: Al principio no puedo negar que me lo disfruté porque la realidad es que, para mí, esto no fue nada más que un gran chiste. Eso sí, me reí con cojones cuando la gente pensó que los dominios habían sido hackeados. La realidad es que estaban disponibles y yo los compré legalmente y luego los redireccioné. Nada de hacking.


Yo jodo, viste, a mí me gusta joder con la gente... y al final la intención fue solo eso. Una vez se acabó la diversión decidí que ya era hora de matar esos dominios y los cancelé para que el partido y el Alcalde Santini (u, honestamente, cualquier otra persona) los pueda comprar.


LP: ¿Ya están listos para comprarlos?


A: No. Según mi registrador, estarán disponibles en 70-90 días.


LP: A mí me parece que este incidente dice mucho de lo poco que los partidos, políticos, el gobierno y los contratistas que le bregan con la tecnología saben del Internet. Me imagino que ahora todos irán a comprar todos los domains habidos y por haber son su nombre.


A (Rié como si se ahogara en un mar de sarcasmo): Lo dudo. La gente que dirige y asesora al gobierno de Puerto Rico no va a hacer un carajo. Gran parte de la población de la Isla (y, tristemente, mucha de la industria de las comunicaciones, publicidad, relaciones públicas, etc.) no tiene conocimiento de cómo funciona el sistema de registro, de compra y venta de dominios. Por eso me entretuve mucho cuando la gente salió por ahí diciendo que alguien había hackeado al PNP. Consulté hasta con un abogado y me dijo que no había violado ninguna ley.


Eso sí, lo único que se violó fueron los egos de los políticos y de algunos de sus seguidores fanáticos y esos egos, pa’ empezar, no valen nada. Fue lindo constatar cómo se formó un mini corre y corre en el PNP por lo que había hecho. Creo que los 12 pesos que gasté sirvieron a una buena causa.


LP: Estoy seguro que cuando la gente leyó sobre tus ‘ataques’, muchos pensaron en las células de hackers asociadas al movimiento Anonymous. ¿Te relacionas o has relacionado con estos grupos en Puerto Rico y EE.UU.?


A: Esto no tuvo nada que ver con Anonymous, LULZsec o cualquier otro grupo de esos. Tampoco fue la izquierda de Puerto Rico, ni el PIP, ni el PPD, ni el PPR, ni el MUS, ni cualquier otro movimiento político o social de Puerto Rico. Esto fue la obra de un hombre con un sentido de humor anormal. That’s it!


LP: Ajá, sea como sea, no muy poca gente te considera una especie de héroe del Internet. Te han llamado “un genio”.


A: Allá ellos. Yo soy un cualquiera que puede ser tu vecino, alguien con quien has compartido un trago o con cuyos chistes te has reído. Un hombre que dice las cosas como son. Y las cosas son de este modo: si los que están en el poder no tienen la capacidad de contratar a gente que sepa cosas tan básicas de la imagen pública en estos tiempos de pura información y tecnología, no creo que tengan la capacidad para mucho más y ni se diga para gobernar.


LP: No sé si te enteraste, pero cuando reventó todo esto habían dudas sobre quién eras. El domingo @Digizen, que es profesor en Mayagüez, le tuiteó a @SrLebron lo siguiente: “Aquí aparece otro nombre en relación al que registró pnppr.org: http://bit.ly/oMS2Nh Robert Rexach”. Mientras tanto, los detalles de registro dicen Keith Roberts y Alan Smithee dependiendo del dominio y la fecha de verificación de los datos.


Estaba curioso porque tengo un amigo, Robert Rexach, quien es dueño del blog La Acera donde quiero publicar esto.


A: Espera, ¿lo vas a publicar en otro lado? ¿Y qué pasó con lo de los cafres?


LP: Sí, originalmente va para mi blog, La tribu de los cafres, pero luego lo compartiré en La Acera. Disculpa, pensé que te lo había dicho. ¿Te molesta?


A (un poco sorprendido, mostrando un gesto entre el enojo y la impotencia): Bueno, whatever, ya nos hemos encontrado aquí... No creo que haya problema. En fin, de vuelta a tu pregunta, sobre el nombre... Pues es un alias absurdo, la ‘gringoficación’ del nombre de un político irrelevante. Uso nombres así, de la historia y de la política, sobre todo en sitios relacionados con Puerto Rico.


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En este momento Alan se disculpó porque había recibido un correo importante y tenía que hacer una llamada que tomaría algún tiempo. Nos despedimos y al levantarse fue muy amable en pagar los cafés que nos tomamos: él, uno negro sin azúcar; yo, un café con leche con un poco de azúcar morena. Al parecer es un cliente asiduo, porque usualmente en Cuatro Sombras tienes que pagar antes de consumir.


[Nota del autor: este artículo también estará en La Acera.]

martes, 9 de agosto de 2011

Mañana: Entrevista al que troleó domains del PNP y Jorge Santini

Conoce a Alan, la persona que 'troleó' los domains con nombres del PNP, Policía de Puerto Rico y Jorge Santini.

Hoy lo entrevisté y mañana saco la nota aquí en La tribu y en La Acera.

Pendientes, mañana 10 de agosto a las 8AM.

martes, 19 de julio de 2011

Reír y llorar: Borders

Llegaron y se fueron y no son los hippies de Manuel Abreu Adorno. Son las librerías Borders que luego de once años en Puerto Rico --y de acabar con algunas librerías por un lado y, por el otro, ayudar a la industria naciente de editoriales puertorriqueñas-- no pudieron conseguir inversionistas dispuestos a creer en su proyecto de mega librerías multinacional y tuvieron que cerrar todas sus tiendas. "Kaput!", como dirían los alemanes.

Se va Borders y mucha gente ríe y celebra. "¡Las megatiendas no son invencibles!", es la consigna del ratón de librerías nacionalista. Revancha por el cierre de la hacinada Thekes (los usuarios del Tren Urbano, saben que en la estación Roosevelt más próxima a la Milla de Oro hay una gran fotografía del interior de esta librería) y la modernista Paréntesis, ambas localizadas en Plaza Las Américas. "Nos quedamos sin librería pero que se joda...¡Vencimos!", habrán pensado muchos.

Mi primera reacción fue de contentura y quizás se deba a mi inclinación a estar siempre en contra del grande, del victorioso y de mi afición (masoquismo) de defender causas menores. Aquí la batalla era entre las librerías que antes habían en los centros comerciales (me acuerdo de The Book Center en Río Hondo, hace ya casi una década desaparecido) y en algunos barrios (The Book Shop) y el pulpo multinacional de Borders. Mi solidaridad con los más chiquitos, siempre.

Pero hay todavía unos chiquitos que a veces quedan desapercibidos y ahí es que entra el excelente comentario del escritor y dueño de la casa editorial Terranova, Elidio Latorre Lagares, Lecciones del cierre de Borders. Estos pequeños no son otros que los productores de libros puertorriqueños. Para Terranova y múltiples otras editoriales independientes que se dedicaban a publicar literatura nueva y que habían avanzado en ese difícil mercado en los últimos cinco o seis años, el cierre de Borders significa que lo peor está por venir.

La contentura, todos sabemos, no dura para siempre. El gris se apodera de nuestras existencias y el cierre de Borders es más que todo, un lamento que vale por dos. Por un lado ahora Plaza (como la gran mayoría de lo 500+ centros comerciales que adornan nuestra bella isla) está desprovista de una librería. ¿Qué haremos los que acompañan a sus esposas, novias, madres o tías a las tiendas y no queremos pasarnos el día entero entre ropas, accesorios y zapatos? La posibilidad de irse a ojear libros, a tomarse un café y ver el tiempo pasar queda totalmente reducida.

El segundo lamento viene por las casas independientes de libros que ya no podrán vender la mayor parte de su producción a su cliente más grande de todos los tiempos: Borders.

Y la ñapa de los blues del capitalismo en Borikén --que le lleva la delantera a la depresión global por un año--: ¿a dónde irán a parar los desempleados de la Ley 7, los que todavía no han conseguido empleo o los ociosos por naturaleza? Es curioso recordar que bajo la administración de Aníbal Acevedo Vilá, la revista británica The Economist, publicó un artículo sobre Puerto Rico en el que el escritor o escritora quedaba maravillada cómo en horas laborables, Borders (no mencionó el nombre de la tienda pero todos sabemos que se refería a ella) pululaba de hombres (sí, hombres fue la palabra, no estoy siendo aquí excluyente) diestros para trabajar pero que estaban leyendo libros, ojeando revistas, sentados en las butacas o en el café. Parafraseando la popular frase: Uno más en Borders era uno menos para la droga. Y esto también se acabó.

Plaza Las Américas es, en el sentido más cínico, Puerto Rico: una isla de tiendas, aire acondicionado y pretensiones. Las librerías están en peligro de extinción porque la industria del libro en Puerto Rico no ha sido una prioridad continua, ni la promoción del hábito de la lectura ni el amor por la literatura en nuestras escuelas y universidades. Con el advenimiento de las compras en Internet a precios más baratos y ahora los e-books, el panorama luce tétrico porque un país sin librerías es un país sin actividad literaria ni cultural. Sería como estar muerto en vida. La producción literaria será hilada y mediatizada totalmente desde el extranjero porque los incipientes escritores boricuas no tendrán esa primera mano de editoriales locales para ver su primera obra publicada (yo soy de los que creo que muy a pesar del libro digital, no hay nada que remplace el libro físico o el parto prestigioso de un primer opus en papel) y tendrán que internarse al feroz mundo editorial multinacional.

El gran culpable es el gobierno puertorriqueño que hace décadas claudicó en su misión de defender y apoyar a los más pequeños. Claudicó a favor de los Wal-Marts, K-Marts, Walgreen's y en su momento, Borders (río y lloro). El gobierno es el garante del monopolio de compañías ausentistas que dominan la vida comercial boricua (estructuras básicas como farmacias, ferreterías, tiendas detallistas y al por mayor, restaurantes de comidas rápidas, supermercados) siempre en detrimento del pequeño y mediano empresario local.

Yo espero que Borders, a diferencia de las compañías 936 dejen una estela de know-how organizativo y de negocios que los valiosos, aventuristas y escasos inversionistas puertorriqueños puedan aprender y utilizar para rescatar a la industria de la cultura (que para muchos países significa un renglón importante de su economía). Pero para esto hace falta una mano amiga del gobierno, un plan de país y una legislación de avanzada que, hasta ahora, ninguna administración, ni roja ni azul se ha atrevido a hacer. Y es que de frente nos topamos con la cláusula de comercio interestatal, que prohíbe la protección de las industrias locales de los estados contra negocios de otros estados. En otras palabras nuestra actual condición colonial, que tanto Luis Fortuño como Alejandro García Padilla apoyan, hace posible que los Walgreen's, Costco, Home Depots y Wal-Marts nos sigan arropando.

Ahora me pregunto: cuando Walgreen's quiebre por algún maremoto financiero o innovación tecnológica (que muy seguramente ocurrirá muy lejos de aquí, sin que medie culpa boricua alguna), ¿a dónde iremos a comprar las medicinas, los condones de madrugada y los antojitos de la esposa preñá? Entonces y sólo entonces nos daremos cuenta de nuestra pequeñez mental.

viernes, 15 de julio de 2011

En El Punto Es

Esta mañana salió mi primera crónica sanjuanera en el blog hilado por boricuas en Nueva York, El Punto Es. La entrada se llama Un amor urbano de verano.

En ese texto relato mi verano de hace dos años utilizando todo tipo de transportación pública para hacer mis quehaceres y a la vez grabarme en mis sentidos un amor particular por nuestra ciudad y por el amor mismo de tener a una guía excepcional que me llevó por esos caminos, de la mano, a veces en su carro y no pocas veces de sus labios.

Que la disfruten.

viernes, 1 de julio de 2011

Cuerdas curvas

Morrison me refutó y empezó a hablar de las coincidencias. Dijo todo lo que se le ocurrió para resaltar mi estupidez: construyes cosas de lo que te place y te las tragas como la única realidad. Él suele hablar con una pasta vertiginosa, enunciando todas las ‘eses’ y ‘des’ de las palabras. Suele hablar también sin mirarme, con la vista secuestrada por la pantalla del iPhone. Conversar con él es consagrarte en la paciencia, una virtud en desuso, pero necesaria en casos como este para que tu mejor amigo te diga algo sobre lo que hace años viene ocurriendo. Un tiempo verdaderamente considerable en el que siempre has decidido hacer nada.

Esa tarde le explicaba la conexión aparente en todo lo que Milady Anne y yo escribíamos, pensábamos y hacíamos. Su pregunta inicial era obvia: ¿y cómo estás tan seguro de eso? Patética, mi respuesta se circunscribía a lo virtual: por el Facebook, el Instragram, el mismo Twitter. He identificado un leit motif (de repente los vecinos de la parte posterior de la casa empezaron a tocar Ya es muy tarde) en toda nuestra huella virtual. Inmediatamente me pidió que abundara.

Me quedé pensando en la palabra. Abundar. Eso es lo que Milady y yo hemos estado haciendo todo este tiempo. Es la acción que mejor podía describir este escenario. Pero no sabía en qué abundábamos.

Empecé a explicarle a Morrison: a veces cuando ando por Guayama ella pone en su status que está o va para Guayama. Eso suele, ocurrir. Se llaman coincidencias. No, Morrison, son acercamientos del alma. También me ocurrió una vez que de tanto pensarla se me apareció. Primero vi a su hermana, al otro día a su mamá (todos en lugares distintos) y entonces el viernes, de entre la multitud, se lanzó un anzuelo que me llevó hacia ella y a su mirada aún fijada en las nubes. Conexiones del subconsciente, nada más; no le des importancia.

Había anticipado sus respuestas y por eso no me daba por vencido. Entré al tema de los hashtags, porque de entre el caos del Internet, era improbable que se dieran situaciones tan similares entre dos personas que llevaban años sin hablarse. O sea, me quieres decir que, por ejemplo, los dos pusieron lo mismo cuando llegó Obama o con lo del Picu. No me hagas perder el tiempo con esas mentiras, chico. Morrison dijo esto cuando ya se había entretenido con su télefono. Sabía que escuchaba lo que le contaba, pero me contestaba sin pensar (creo que no hay mejor definición que ésta para describir la conducta en esta era de la información).

Evidentemente esas no eran las coincidencias. Era de haber pensado en un mismo lugar y tuitearlo al mundo: el café en el que nos citábamos los sábados luego de mis clases, #cafélaplace, con pocas horas de diferencia. Hacernos fan del mismo blog en el que ya pronto empezaría a escribir, @acordeones. Tirarnos el status proverbial del tiempo pasado, real o no, con otras personas, en otros lados y formas. Reusar los mismos tags en el Instagram: #túsabes #bellaquin #donmamino #oíste. Adivinarle los dedos en una foto sin rostro, porque ese fue el bar donde los besos dejaron de ser palabras y se convirtieron en labios, #nuncamás.

Morrison no se rió como suele hacer cuando me pongo, como dice él, a enmierdar oraciones para que suenen lindas. Luego me preguntó: ¿qué has esperado entonces para llamarla?

#Noinsistas, decía la canción y fue lo que Milady Anne había tuiteado hace unos días. No encuentro otra manera efectiva de insistirle, te soy honesto y, a la vez, me parece que no hay mejor forma de estos lazos, de estos cables a los que seguimos conectados.

Interesante que me hables de cables en la era del Wi-Fi. Háblame mejor de telepatía: estamos viviendo en el futuro, mi pana. Morrison se quedó mirándome. Ya había dejado el móvil tranquilo, lo que indicaba que estuvo totalmente atento a mi última intervención. Le pedí el teléfono porque quería verificar algo en mi Twitter; un breve préstamo que siempre me concedía

Mientras abría mi cuenta en el buscador del iPhone, Morrison siguió comentando sobre mi metáfora: Al final, mano, con tantos cables se van a ahorcar. Yo, en cambio, la buscaba a ella y en mi mente defendía mi descripción: son emociones ancladas en cosas tocables, son líneas que resisten el tiempo, otros cuerpos, las lluvias de verano y las huelgas.

Y entonces allí estaba, ese tweet de hace una hora, solito, encima de las risas, las ironías, los intentos -algunos geniales, otros frustrados- de asomarse a la tuiteratura: “Las cuerdas se doblan y ya es muy tarde #piénsalo”.


jueves, 30 de junio de 2011

Académico boricua de cómics en Alcalá de Henares

El amigo Luis Jefté Lacourt, actor, erudito y maniático (pero de los buenos), acaba de ser invitado a participar del Primer Congreso Internacional sobre Cómic y Novela Gráfica que se celebrará en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid, España) en noviembre del corriente año.

La tribu de los cafres se une a las felicitaciones y reitera el apoyo a todo lo que Jefté y su blog, F3 Comics, necesiten.

El regente de F3 Comics hizo historia con su Maestría en la Escuela de Comunicaciones de la UPR, al ser el primer candidato en presentar y defender exitosamente una tesis sobre la cultura del cómic -o la tirilla- en Puerto Rico. Luego de su MA, ha ofrecido talleres de dibujo y creación de cómics a niños y adultos, conferencias en escuelas y universidades, y ha participado en varios foros especializados tanto en la Isla como en México.

Les dejo aquí el enlace al artículo original: F3 Comics estará en Alcalá (Madrid, España).

Muchas felicidades y siga haciendo de las suyas.

viernes, 24 de junio de 2011

No movie, no parking

El martes 21 de junio me encabroné con el revolú que se desató en el Museo de Arte de Puerto Rico. Era la primera noche del Film Forward del Sundance Film Festival auspiciado por la Sociedad de Cine de Puerto Rico. La idea no estaba mal: barra abierta para el público que se diera cita a la gala de apertura y, luego, apreciar el documental chino Last Train Home, del director Lixin Fan. El gran problema es que el teatro Raúl Juliá quedó súper chiquito para acomodar a toda la gente que se dio cita, incluyendo a las personas como yo que pagaron $4 de parking y dieron el donativo de $5 para ayudar a la causa del cine.

El documental estaba pautado para empezar a las 7:30PM, pero fue recién a las 8:00PM que se empezó a rumorear entre los presentes que abrirían la sala. ¿¡Y para qué fue eso!? Pues para restregarnos en la cara que sí, en efecto, la cafrería perdura hasta en los hispters, divos y divas de la movida del cine local --y, sobre todo, luego de la visita histórica del POTUS. A la hora de entrar a la sala no hubo ni un intento de hacer una fila ordenada. Y las doñas y dones con sus trajes --e invitaciones (luego doy detalles de esto)-- nos pasaron por el lado a los amateurs, a la plebe que, curiosa por el cine y no en desplegar sus telas ni conocimientos especializados, habíamos esperado pacientemente y muy cerca de la puerta para poder entrar. Mientras nosotros esperábamos y hablábamos sobre los proyectos de los artistas sin dinero y que, a pulmón, realizan sus producciones, las pseudo luminarias de la intelligentsia cinéfila se atragantaban los tragos en la barra o en la sección VIP del segundo piso, muy confiados de que entrarían a la sala porque tenían invitaciones para la Gala. Un detallito que a los organizadores del evento se les olvidó mencionar en su convocatoria y publicidad.

Así que, luego de pagar $9, tomarme un pequeño trago de vodka con tónica y casi dos horas y media haciendo, primero la fila para pagar el donativo, luego la otra para tomarme algo y, finalmente, la no-fila para no ver el documental, sentí que me habían tomado el pelo.

Lo primero que hice fue decidir a quién le iba a reclamar. La falta de coordinación e información era evidente y recaía principalmente en la Sociedad y el Museo. Pero lo más que me jodió inicialmente fueron los $4 del estacionamiento (una oferta para el Festival de Cine, según un letrero que tenían pegado en la ventanilla de pago) para estar parado en el atrio sin hacer mucho. Le tenía que reclamar a ellos; quería mis cuatro pesos de vuelta porque no había visto el puto documental. No movie, no parking.

De este modo inició entonces el juego de ping pong al que nos tienen acostumbrados la gerencia del capitalismo. El estacionamiento, claramente, era privado y nada tenía que ver con el Museo, no importase que estuviera en sus predios. Normal. Eran casi las nueve de la noche y no había nadie en esa oficina de boletos ni en el Museo que me pudiese ayudar. Yo odio moverme en auto en Puerto Rico, por eso no tengo uno. Trato, en la mayor de las veces, tomar el tren, las guaguas, las lanchas, pon...de todo menos el carro porque después del odio a los tapones y a los conductores, está la úlcera del vía crucis para encontrar un estacionamiento y bregar con los cabrones de los parkings, estas compañías privadas que te cobran fracción en fracción, y ahora hasta en las calles de San Juan City con los monederos esos. Esa noche fui en un carro porque esperar una guagua en la noche desde Bayamón hasta Santurce es una misión imposible.

Mi vendetta estaba, pues, bien dirigida a recuperar mis $4; los $5 eran mi acto de apoyo al cine. Pero ese gesto benéfico tuvo que limpiarse pa'l carajo porque, luego de hablar con la guardia de seguridad del Museo (la que me dijo el truquito ese de los boletos para los VIP's y otros invitados repartidos de antemano), tuve que hablar con uno de los muchachos de la Sociedad que también servía de ujier que me pidió que fuera y enviara privadamente mi reclamo, pero que en esos momentos, el Señor Presidente de la Sociedad estaba muy cómodo en su butaca, disfrutando del filme.

Bien, entonces, «¿qué puedo hacer yo ahora?», le pregunté. Luego de insistirle ante sus respuestas redundantes, este muchachito me dijo que hablara con una de las coordinadoras del evento: una mujer guapísima que muy amablemente, me sugirió que lo único que ella podía hacer era devolverme el donativo, o sea, lo menos que quería...pero...(y siempre hay 'peros') luego de haber sido la pelotita de ping pong de la noche, del sudor (esa noche del martes estaba candente), del tiempo perdido, del encabronamiento con los anormales del parking, tuve que coger mis $5 de vuelta. No lo hice con miedo, ni con pachó. Fue con la cabeza en alto, porque, a pesar de mis mejores intenciones, yo tenía razón y mi malestar tenía que ser remediado al instante, no mediante una carta al Señor Presidente, blah, blah, blah.

Los tomé. Sentí un pequeño alivio pero todavía apretaba mis manos en puños y sentía una aureola de odio fulgurando sobre mi cabeza. No aguanto el tradicional revolú boricua, las jaiberías de la supuesta clase rica, artística y emperifollá de este país (todavía me acuerdo cómo una ex jueza que tuvo amoríos con un ex gobernador y que recientemente publicó sus memorias, se me coló en la fila de la presentación magistral de Gioconda Belli en el Primer Festival de la Palabra, para procurar lo que todos queríamos, el autógrafo de la escritora), los pseudos trabajadores de la cultura y los más-más, los apellidos y conocidos de la élite, y la sumisión de muchos que se quedaron fuera, que solo patalearon y al final se fueron a darse par de palos más por ese Santurce-Manhattan que se asoma frente al terreno baldío al lado del Museo que sirvió de estacionamiento para los que no querían pagárselo a esa compañía de parking maldita. Tal vez tuve que haber estacionado allí. Tal vez, tuve que haber respirado hondo como siempre hago para evitar confrontaciones. Tal vez, tuve que haberme quedado al lado de esta diosa del cine independiente con la que estuve hablando por buena parte de la noche y que luego (como suele ocurrirme) se me perdió.

O tal vez me hubiese quedado en casa, tranquilo, sin hacer nada, quizás leyendo...Pero hacer eso hubiese sido claudicar. Dejar que la irreverencia y la incivilidad prevista y que nos caracteriza en este tipo de actividades saliera impune.

Tomé los $5 de vuelta y ya en mi auto, tuitié lo siguiente:

Un MEGA el sa'l pa' fuera que organizaron esta noche la y . Y ni me hables de los cabrones del parking.

Al otro día, @SociedadCinePR lanzó esto:

HOY Continuamos con el festival Sundance Film Foward en el Museo de Arte de Puerto Rico. Tendremos proyección en...

Yo les respondí:

hagan TODO lo posible para no repetir el FIASCO de ayer

Y ante esta acertada sugerencia que tuitiaron, in all caps (¿?) después...

HOY SUNDANCE FILM FORWARD EN EL MUSEO DE ARTE DE PUERTO RICO, PROYECTAREMOS EN EL TEATRO RAUL JULIA Y EN EL ATRIO...

...los felicité:

Excelente! Muy bien pensado.

Entonces, en unos tweets que se desaparecieron (suelo borrar todos los correos que me llegan de Twitter) cuando finalmente la Sociedad me dio unfollow luego de mi último reply que más abajo les incluyo, me acusaron de estar difamándolos y que debería ser más respetuoso al hacer mis quejas (total, a quien les dije cabrones fue a los cojudos del parking) y utilizar los canales privados para llevar mis reclamos. Ajá, yo les respondí:

¿Difamación? ¡Si no cabe duda del de ayer! Además para esto mismo existe el Twitter. Si no aguantan la presión...

Y no la aguantaron porque me bloquearon. Si no haces las cosas bien, debes reconocer tus errores, más aún si tienes un perfil cuasi-público como lo es Twitter.

Ahora, espero que la gente de la Sociedad no me vaya a demandar como lo ocurrido en Taiwan a esta crítica de restaurantes. Entiendo que tienen cosas más importantes que hacer, como organizar bien sus eventos y utilizar el Twitter para borrar las críticas y la disidencia.

Ellos están en su derecho de hacerlo como yo en el mío de escribir lo que quiera en mi Twitter y blog.

"Cámara por favor..."

miércoles, 25 de mayo de 2011

Ante la muerte de Arturo Ponce Carpio

El 22 de mayo, mientras me tomaba el segundo cubalibre de la noche, Arturo falleció. Lo hizo como los héroes de carne y hueso suelen morir, frente al televisor.

No supe qué hacer cuando me llegó el mensaje, así que reduje mis acciones a solo pedirme otro trago. Luego intenté besar a la chica con la que estaba y, al recibir el rechazo de sus labios, desistí hacer el ridículo nuevamente. Pagué la cuenta, busqué mi auto y una vez adentro lloré como si hubiese perdido a un padre.

Al otro día comencé a tratar de rescatar algunos de los pensamientos que quizás pasaban por la mente de Arturo cuando, de repente (y así lo ha confirmado un médico, amigo de la familia, que tramitó la necropsia), se fue a transitar por la senda de las estrellas a la que le gustaba señalar en las noches que acampábamos en las montañas más oscuras de Maricao.

Lo imagino sentado en su butaca de siempre, pensando en las caminatas que hizo junto a sus amigos de universidad desde los Andes centrales peruanos hasta los ecuatorianos donde, en el pueblo de Gualaceo, conoció y se casó con su primera esposa. O, quizás, se acordaba del primer escusado que tuvo que lavar en Rhode Island cuando comenzó a trabajar en las estaciones de camioneros de la United Parcel Service. Esos primeros cheques, como era de esperarse, llegaban a las pequeñitas manos de esa esposa ecuatoriana que luego, cuando llegó a los Estados Unidos, lo abandonó por un cocinero colombiano.

Por eso, Arturo nunca sonrió ante ese dicho tan popular nuestro de que el amor entra por la cocina. En todo caso, su amor salió por la cocina, tomó el bus 47 hacia las afueras de Providence y subió, con la entrepierna humedeciéndosele cada vez más, los escalones de madera resquebrosos del número 315 de la Post Road que daban a esa cama que nunca más dejó.

Pero, más certeramente, Arturo tuvo que estar pensando en la misma muerte cuando ésta le llegó. Cuando tenía 40 años y yo siete, me confesó que cuando único perdonó a la ecuatoriana fue cuando mató al colombiano. Estoy seguro que todos los días pensaba en la muerte, desde antes de decidir que mataría al colombiano, durante los ocho años que estuvo en prisión hasta esa noche del 22 de mayo, en su vigésimo tercer año de libertad, cuando, de tanto pensarla, se le manifestó.

A Arturo siempre lo conocí como el hermano mayor de mi padre, como mi tío, pero desde el martes 24, cuando la ecuatoriana llegó con uno de mis primos, y me dijo a quemarropa que yo también era su hijito, me empezó a crecer nuevamente la pequeña duda que en algún momento de mi adolescencia sembré al no poder cruzar el pequeño y arregladito jardín que me separaba de mis supuestos padres y al que, desde una muy temprana edad, me habían prohibido siquiera mencionarlo. Ese nítido jardín no era otra cosa que el honor familiar, algo que mis pies jamás podrían tocar porque imaginaba que, si llegase a mover una planta o piedra, destaparía un fantasma que yo, evidentemente, desconocía.

«Tu papá me dice que tu tía perdió la cabeza cuando Arturo mató a su amante colombiano», me dijo en casa la mujer a la que siempre he conocido como mi madre cuando, de pasadita, le mencioné lo de «hijito». Lo habrá dicho por cariño, solidaridad y tristeza. No había más que buscar, me convenció ella; en los países andinos todos somos mamacitas o papacitos o hijitos y no debía darle más importancia a semejante expresión. El problema es que siempre había sentido una afinidad muy particular con Arturo (el gusto por ver los barcos ir y venir en la Bahía de San Juan, las chicas de piernas flacas, el camping y las fogatas, los cuentos de Ribeyro y, junto al amor por las letras, el odio irremediable hacia los cálculos, los números y el orden racional de las cosas).

Con mi padre nunca compartí esas pequeñas cosas. Él me proveía todo lo material, lo necesario para alcanzar el éxito social y de esa manera aseguraba su amor hacia mí. Así que en la juventud, cuando uno va alcanzando una relativa madurez gracias a los errores cometidos, nos empezó a distanciar la manera en que cada uno pretendía ver la vida. Arturo y yo la veíamos como el saltar de flor en flor de loto en un estanque intranquilo, sin tener la necesidad alguna de alcanzar cualquier orilla; mi padre, como un puente macizo, firmemente anclado en el fondo del estanque, que servía el único propósito de adelantarnos hasta llegar a la última orilla posible del planeta.

Mañana enterraremos a Arturo, llueva o no. Parecería que no tengo nada más que hacer que escribir esto, cuando me toca lo más difícil del rito: despedir el duelo. Nadie más ha venido de Ecuador y de Perú (nunca sentó bien en la familia que tuviéramos un asesino entre los Ponce) y el señor al que toda mi vida le he dicho padre me dijo que ya era hora que me encargara de asuntos serios como este, cuando, en realidad es a él quien le tocaría despedirlo por ser su hermano.

¿Hermano y padre o tío? El asesinato, los años y la cárcel. ¿Cómo despedir a Arturo correctamente? Ahora me sumo en estos sentimientos, gracias al «hijito» de la ecuatoriana que ha venido a representar ese pie descalzo mío al que habían exiliado del lindo jardín familiar. Y por eso también me sumerjo en mi vida, en las dudas, en esos miedos tan pavorosos que te hacen sudar en lugares nuevos de tu cuerpo.

Si tuviera a donde ir, bajaría ahora mismo y le exigiría a la mujer y al hombre que siempre he llamado padres a que me dijeran quién realmente era Arturo. Pero creo que es mejor solo imaginármelo como mi padre, ese pobre infeliz que, por matar y sufrir cárcel, vio como su propia familia se puso de acuerdo a que le quitaran la patria potestad sobre su hijo menor y lo enviaran a casa de su hermano recién casado con una boricua (a esa dulce mujer a la que siempre la he conocido como mamá), lejos de Rhode Island, de la ecuatoriana, de todo ese submundo de la diáspora sudamericana de los setenta y los ochenta.

En el duelo no lo llamaré papá. Lo llamaré algo mejor, Arturo, mi maestro, mi confidente, ese asesino confeso que me enseñó a ver la vida alejado de lo previsible, aunque al final la muerte lo haya sorprendido viendo un programa de esos filmados en Miami que repiten por Univisión y que, como a todo viejo de su edad, ya le había empezado a tomar el gusto como paliativo a la soledad en que se encontraba flotando sobre su pequeña isla de loto en el océano tempestuoso de nuestra familia.

lunes, 9 de mayo de 2011

Mis islas de Hawai'i - II

[La primera parte de esta crónica está aquí.]


Hawai’i es todo menos Hawai’i

Las islas, aunque están en medio del Pacífico, son Estados Unidos, claro, pero también Japón, las Filipinas, China y el resto de Polinesia. La cultura hawaiana ha subsistido gracias al folklore de feria que inunda los resorts de Waikiki y Maui, y el diseño tan acogedor y polinesio de sus aeropuertos donde el agudo ukulele se impone a cualquier música pop.

Lo fácilmente identificable como hawaiano es el lei y el Spam servido con y en todo lo imaginable, un músico tocando el ukulele, la nuez macadamia y el festival de la malanga. Símbolos que sirven de excusa para una nacionalidad tragada inicialmente por Washington y luego modificada por la insistencia en diferentes monocultivos a través de las décadas y los vaivenes de la economía mundial.

Mi apreciación sobre la nacionalidad hawaiana no debe ser malinterpretada. No estoy defendiendo un nacionalismo monolítico ni decimonónico. Lo que ocurre en Hawai'i es el legado de una potencia que a través de corporaciones privadas usurpó de su tierra a los habitantes originales y los llevó a convertirse en una cultura en peligro de extinción, de material folklórico de museos y exhibiciones. Los que se queden en Honolulu verán un Hawai'i glamoroso y cosmopolita; en Maui el paraíso hecho resort, mientras el resto de las islas del archipiélago siguen bastante despobladas y la vida en ellas puede ser un poco más parecido a un estilo de vida hawaiano.

En la isla de Hawai'i, una de las menos pobladas a pesar de ser la más grande, aún quedan rasgos más identificables de la moderna cultura hawaiana. Pero con todo y esto, la mayoría de la población sigue siendo blanca y éstos tienen el control de los terrenos y negocios. El boom inmobiliario ha subsistido en esta isla y los realtors ausentistas, a pesar de la crisis, han mantenido sus derechos sobre estas tierras esperando porque las mismas suban aún más de precio y se las puedan vender al próximo gran resort.

Traigo todo esto a colación porque para Puerto Rico la pregunta importante es la siguiente: ¿Es ésta la panacea de la estadidad que los líderes estadoístas tanto le han vendido a las masas? La siguiente imagen es lo que mejor ilustraría la admisión a la federación norteamericana: la bandera hawaiana por debajo de la barras y las estrellas. Los boricuas --tan orgullosos nosotros de la monoestrellada--, ¿podríamos tomar sin problema el café de la mañana en una situación similar? "Es un símbolo solamente", dirán algunos, pero es la metáfora perfecta para lo cotidiano en Hawai'i: el fin de una nación que ahora solo busca reafirmarse mediante un reconocimiento tardío ante el gobierno federal como tribu de pueblo originario. Mientras tanto, para el resto de la población, si no eres un retirado o inversionista (no importa de que origen étnico seas) te la verás bien difícil progresar en tu propio estado (al menos que sea enfermero/a o maestro/a, las profesiones más solicitadas en Hawai'i ahora mismo).

jueves, 5 de mayo de 2011

Hoy a las 7PM en el Ateneo: ¡No faltes!



Como parte de los esfuerzos educativos que lleva a cabo el Movimiento Unión Soberanista (MUS), hoy se celebrará un foro sobre las alternativas al plebiscito propuesto por Fortuño en el Ateneo Puertorriqueño en el Viejo San Juan. La actividad comenzará a las 7PM en punto.

Las ponencias de los invitados serán transmitidas en vivo vía Internet a través del canal USTREAM del Instituto Soberanista Puertorriqueño (ISP).

domingo, 1 de mayo de 2011

Mis islas de Hawai'i


Bienvenidos al Club de 1898

Lo peor de volar a Honolulu es iniciar el viaje en Newark. Son once horas de repeticiones de las mismas tres películas y de comer la malísima comida de porciones diminutas que te venden porque a pesar del largo viaje, las políticas que aplican a los vuelos domésticos continúan vigentes. A esto hay que añadirle mi terror a volar y lo escurridiza que es mi imaginación al recrear mi muerte en medio del aire (como si haber soñado con un episodio así me diera licencia para saber cómo realmente se muestra la muerte a velocidad crucero).

Al aterrizar todo fue mejor, pero parcialmente: aún el frío intenso de marzo se colaba por las mañanas y noches de O'ahu (mi guille de isleño me salió caro porque no lleve ni un puto jacket) y en la mesa (que para mí fue como una estocada fulminante a mi voraz apetito) un disgusto mayor por la ensalada de salmón salado llamada lomi lomi (mitad pico de gallo, mitad algo parecido a un ceviche mal sazonado y violento al paladar), además de la presentación tan hostil con la que los hawaianos ofrecen sus especialidades gastronómicas: pelotas de arroz mochi, otra más de lo que podría llamarse un híbrido de nuestra ensalada de papas y coditos servidas juntas y revueltas, bautizado con el guiso o proteína de tu selección que muchas veces incluía algo de spam, hamburger steaks o algo frito. Todo esto tirado sobra un plato inmenso (por eso este tipo de comida se conoce como plate lunches) sin ton ni son. Claro, lo que he descrito no es comida de lū'au ni de restaurantes finos. Hablo de la comida de la calle, las panaderías y las guaguas de comida que funcionan como el equivalente hawaiano de nuestra cultura de chinchorreo. Un caos como el nuestro -lo concedo-, pero al ser un caos diferente, choca.

En contrapunto está el cerdo estilo kalua, la variedad alucinante de pescados frescos y el poke. De estos tres platos, el más común es el poke que vendría a ser una especie de ceviche japonés-hawaiano (en nada parecido al lomi lomi) en el que el pescado fresco (usualmente ahi) es aderezado en diferentes estilos y servido sobre arroz mochi. El cerdo kalua no es otra cosa que la versión polinesa de un lechón asado, mientras que los pescados frescos están considerados como una proteína ocasional echada hacia un lado como hacemos en Borikén donde la dieta típica es también a base de carbohidratos (aunque mucho más diversos que en Hawai'i), cerdo y carnes.

Empiezo por la comida porque la manera en que comen los hawaianos vierte luz sobre su sociedad. Estos plate lunches están casi siempre reservados para la minoría (digo, si tienen dinero suficiente para comer), que en hawaiano vendría a significar, pues, los propios hawaianos. El pescado fresco, los mariscos, el lū'au, el sushi creativo, la cocina creativa llamada Pacific Rim Cuisine es para los otros hawaianos: la mayoría blanca anglosajona, los turistas y la poderosa minoría japonesa. La mesa, una vez más, sirve como un mapa muy certero de la realidad de los países. Y en Hawai'i la realidad es una de pobreza para el hawaiano originario.

El aislamiento de estas islas también ahoga las oportunidades para la población: una gran grieta que ya se ve y se palpa sobre la capota de ensueño polinesio a la que estamos acostumbrados. Al lado de una de las autopistas principales de Honolulu lo primero que vi fue un caserío derruido y en la prensa y radio se discute, como el tema del status en Puerto Rico, el grave problema de dependencia que luego de 50 años de estadidad el archipiélago sigue sufriendo. Como la vasta mayoría de lo que se consume es importado, los costos se han elevado ("¿no sueñas que estás en Puerto Rico?") y, sumado a la falta de trabajo, el resultado de esta ecuación es de fácil comprobación al visitar los parques públicos del estado. En ellos pude presenciar a familias enteras viviendo bajo toldos o casetas de acampar. Evidente y lamentablemente, la mayoría de estos invasores son los nativos hawaianos, hace más de un siglo reducidos a una minoría en su propia tierra.


[Primera de tres entregas sobre mi reciente viaje al archipiélago de Hawai'i. Esperen por las siguientes dos muy pronto. La segunda parte de la crónica está aquí.]

La tribu errante