Las alergias comenzaron en Lima. Lo difícil de controlarlas es la misma razón de siempre: el polvo, el lugar común de la ciudad. El particulado atmósferico sobrepasa varios estándares y por tanta hambre que se respira ante los suntuosos platos que venden en cada cuadra, la tierra entra por ojos, nariz y boca.
Enredados en un torbellino donde el compás del ritmo lo llevan los ejércitos que continúan construyendo a Lima y los carros antiguos que siguen reventando las arterias metropolitanas, la gente parece a veces una excusa ante el animal indomable que se sigue adueñando del desierto costero.
Pero en esa masa de gente ando yo con más penas que alegrías, más días nublados que soleados y la constante advertencia de que a la vuelta de la esquina puedo encontrar a la muerte como también cruzarme con el amor de todas mis vidas y por ella quedarme a pesar de los cláxones, el humo y las alergias.
"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
domingo, 22 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
Ataque crónico de Blues en Jesús María
Jesús María es el distrito de la clase media y me encanta. Pasearme por sus cuadras, sobre todo las cercanas al mercado, donde cualquier hueco es un café, una fuente de soda, una sanguchería, un estante donde te dan masajes o te renuevan el calzado y la billetera. Una vez finalizada la jornada, la muchedumbre de escritorio salen y se adentran por las galerías, por el centro del distrito y éste se enciende con la luz de unas escasas horas de compras, que es la deliciosa recompensa por trabajar tanto y ganar tan poco. Un manicure, un café con su alfajor, una gaseosa, mientras en la televisión el país vuelve a hacer lo que era antes de ayer.
El gran referente de este distrito es el residencial San Felipe y su hermosa arquitectura moderna de los 1960. No es un Pueblo Libre histórico, ni un Barranco melancólico ni un Lince salsero: es un intermedio en el baile de las letras de la sociedad peruana y no me refiero a la FIL.
Voy en bus y a pie a encontrar mi cebiche favorito en el mercado, mi ramen peruanizado o los tacos de pollo y frijoles (que de mexicanos no tienen nada, pero igual son ricos a las seis de la tarde). Aquí pasa mucho pero sus calles aún se mantienen intactas y casi siempre silenciosas.
El gran referente de este distrito es el residencial San Felipe y su hermosa arquitectura moderna de los 1960. No es un Pueblo Libre histórico, ni un Barranco melancólico ni un Lince salsero: es un intermedio en el baile de las letras de la sociedad peruana y no me refiero a la FIL.
Voy en bus y a pie a encontrar mi cebiche favorito en el mercado, mi ramen peruanizado o los tacos de pollo y frijoles (que de mexicanos no tienen nada, pero igual son ricos a las seis de la tarde). Aquí pasa mucho pero sus calles aún se mantienen intactas y casi siempre silenciosas.
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Pasos sin pensar
Sin pensar en los pasos que doy caminando como una máquina guiada por sus anhelos artificiales, voy recorriendo esta ciudad que nunca me ha querido acoger del todo. Los espacios muy pequeños para mi estatura, las calles muy rápidas y violentas para mi parsimonioso ritmo de turista aún, las miradas muy centradas en mi cara, en mi barba, mis expresiones que se salen del molde de lo que es peruano. No hay examen psicológico para hacerme cambiar del acento polifónico caribeño: voy con mi erres que a veces son eles, dejo las palabras inconclusas al no pronunciar las últimas letras de su corrección ortográfica. Río y no me callo a pesar de los chismes que crecen cual si enredaderas amazónicas.
A Lima la he acorralado porque hay algo de ella que me gusta. No es un sentimiento correspondido. Me he caído, me han engañado y mi vida ha corrido tantas veces peligro a borde del mal llamado transporte público que lo tengo bastante claro: Lima me quiere regresar por donde vine.
Pero sigo aquí. A pesar de la sangre, el sudor, del riesgo, sigo empedernido con la ciudad, con su gente. Ya van dos años y sigo caminando sin pasos, solo pensando.
A Lima la he acorralado porque hay algo de ella que me gusta. No es un sentimiento correspondido. Me he caído, me han engañado y mi vida ha corrido tantas veces peligro a borde del mal llamado transporte público que lo tengo bastante claro: Lima me quiere regresar por donde vine.
Pero sigo aquí. A pesar de la sangre, el sudor, del riesgo, sigo empedernido con la ciudad, con su gente. Ya van dos años y sigo caminando sin pasos, solo pensando.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Lince y las acequias perdidas
A pesar de la moderna costra urbana que le había crecido a su distrito de antaño, mi papá aún llevaba muy claro el plano de los referentes y accidentes que lo cruzaban cuando vivía entre estas calles hace 50 años. Junto a él visité a Lince por primera vez cuando Lima aún desconocía del boom, aunque entonces como ahora, las calles estaban sucias, las esquinas rotas, y los autos transitando por el paisaje de penas de una ciudad que nunca ha sido de todos.
Los limeños como mi papá (como yo, santurcino, lo estaré algún día de Santurce, de Miramar y de los parques donde deslicé mis primeras bragas) viven sujetos a una urbe que solo existe en sus recuerdos y emociones. Instintos éstos que lo llevaron a recorrer la capital en busca de esas piezas de su rompecabezas sentimental, de las cicatrices imborrables, de los gérmenes perennes que aún señalan una geografía aparentemente olvidada. Fue así como debajo del estiércol gris, de las arrugas profundas y las lagañas horribles de Lima, y cercano a un parque que antes era un bosque, mi padre, otro Ponce, logró redescubrir la acequia que con tanto esmero buscaba, aquella que bañaba y aún baña los jardines de su eterna juventud.
Los limeños como mi papá (como yo, santurcino, lo estaré algún día de Santurce, de Miramar y de los parques donde deslicé mis primeras bragas) viven sujetos a una urbe que solo existe en sus recuerdos y emociones. Instintos éstos que lo llevaron a recorrer la capital en busca de esas piezas de su rompecabezas sentimental, de las cicatrices imborrables, de los gérmenes perennes que aún señalan una geografía aparentemente olvidada. Fue así como debajo del estiércol gris, de las arrugas profundas y las lagañas horribles de Lima, y cercano a un parque que antes era un bosque, mi padre, otro Ponce, logró redescubrir la acequia que con tanto esmero buscaba, aquella que bañaba y aún baña los jardines de su eterna juventud.
Tomo una mano al viento
En la elegante curva donde las calles Trípoli y Recavarren se abrazan están las oficinas de una multinacional agencia de publicidad. A su alrededor, en las respectivas aceras, aún se mantienen vigentes los árboles vigorosos que con sus plácidas ramas, llenas de años, brindan una ligera cubierta que refresca no solo la temperatura, sino la vista.
Recorrer ese abrazo de camino al Malecón logra confundir mis pasos en la memoria del tiempo. Piso unas hojas secas, unas calles nuevas que antes, en otro lugar --también muy cerca del mar-- me pertenecieron.
La reconocida casa publicitaria ocupa las entrañas de una antigua casona, ahora pintada de pulcro blanco. Seguramente en sus años señorones, servía de residencia de verano para esos encuentros con la gentita limeña que ahora no tiene dinero sino apellidos de oropel. Entonces --como ahora-- casa de secretos cuyas paredes, con tanta pintura, siempre guardarán. Piel de viejos rubores, sal de las mismas heridas, humor que resiste el paso de los inviernos y de la sonoridad de los primeros recuerdos sobre otros pies y dentro de otras manos.
Recorrer ese abrazo de camino al Malecón logra confundir mis pasos en la memoria del tiempo. Piso unas hojas secas, unas calles nuevas que antes, en otro lugar --también muy cerca del mar-- me pertenecieron.
La reconocida casa publicitaria ocupa las entrañas de una antigua casona, ahora pintada de pulcro blanco. Seguramente en sus años señorones, servía de residencia de verano para esos encuentros con la gentita limeña que ahora no tiene dinero sino apellidos de oropel. Entonces --como ahora-- casa de secretos cuyas paredes, con tanta pintura, siempre guardarán. Piel de viejos rubores, sal de las mismas heridas, humor que resiste el paso de los inviernos y de la sonoridad de los primeros recuerdos sobre otros pies y dentro de otras manos.
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viernes, 9 de agosto de 2013
La mala reputación: Maras y Huaca Pucllana
En menos de un mes, y por diversas razones, he ido a dos de los supuestos restaurantes gourmet limeños (uno más nuevo que el otro) más "recomendados" por sibaritas amateurs y críticos culinarios. En ambos casos, mucha más pompa y platillos que comida bien ejecutada. Hablo de Maras en el Westin Lima (San Isidro) y del Restaurante Huaca Pucllana en Miraflores.
Maras y su cocina molecular (que es tan década pasada) nos jugó una linda trastada con el filete de paiche, sobre una emulsión oscura indescifrable y sin ton ni son. El precio exorbitante de dicho plato (para los que ganamos en soles, duele más) no compensaba la presentación tan banal, la salsa tan fea y la lámina (casi parecía un carpaccio de paiche) del tan cotizado pescado de río amazónico.
Este restaurante tiene sus plus (no podría ser tan malo estando en el Westin) y la recomendable fideuá, con harto lomito de cerdo y uñas de cangrejo, estuvo muy buena (lo más segura porque fue un plato sencillo, conciso y con deliciosos sabores muy marcados). La cocktelería también es extraordinaria y juguetona. La entradita de mini causas fritas también hicieron los suyo al abrir el apetito, además de la variedad de panes recién horneados que te sirven.
El ámbito donde se localiza Maras es acogedor y pareciera ir de lo rústico, a lo ultra moderno; de lo campestre a lo urbano; de cualquier bodega de esquina a un "awe-inspiring" lounge nuyorquino.
Así es Maras. Recomendación: solo ir para tragos y piqueos.
La Huaca Pucllana solo se lleva una apreciación positiva por su variada carta de vinos y el lugar donde está ubicado: frente a los restos arqueológicos de la Huaca Pucllana de Miraflores. Es un lugar fascinante, muy seductor a pesar de la cantidad de mesas, su gran terraza frente a los restos y el bullicio de sus comensales, que me imagino estarán contentos por cualquier otra cosa menos la comida que sirven en este lugar.
Fue tal mi decepción, tanto por los piqueos (unas uñas de cangrejo fritas hasta convertirlas básicamente en nuggets de Bembos y un chicharrón de cuy con la piel aún chiclosa, donde lo único salvable era el plátano maduro frito y dulce) por los platos principales, que tuve que dejar un reclamo en el Libro de Reclamaciones (obligatorio para cualquier negocio en el Perú), algo que nunca había hecho en restaurantes.
Paso a detallar lo que puse en los encasillados relevantes del reclamo:
[...]
2. Identificación del Bien Contratado:
xProducto
Descripción: Comida engañosa e insípida. Una decepción total. No vuelvo.
3. Detalle de la Reclamación:
Una decepción total el lomo fino (medallón y soufflé de espinacas por el engaño de las supuestas "papas batallas" que no son otra cosa que unas ordinarias y malísimas papas al hilo. Para eso me hubiese ido a sánguches Miguel (no hay como él). Además, la salvia de los ravioles de loche no tenía ningún sabor, aroma o parecido alguno con la salvia. Estuvieron insípidos, grasosos y realmente deleznables. Lo comimos por hambre y muy a nuestro pesar.
[...]
Comparto esto porque a veces cuando tratan de "gourmetizar" los sabores peruanos ocurren engaños y malas pasadas como esto. Si lo que cobraran fuera más justo (sobre todo en los platos malos que he descrito) pues mi queja hubiera sido proporcional. El problema es que te cobran como si estuvieras comiendo oro de la Palestina, cuando todo parece indicar que hay algo de bamba (falso) en todo esto.
Advertidos quedan.
Maras y su cocina molecular (que es tan década pasada) nos jugó una linda trastada con el filete de paiche, sobre una emulsión oscura indescifrable y sin ton ni son. El precio exorbitante de dicho plato (para los que ganamos en soles, duele más) no compensaba la presentación tan banal, la salsa tan fea y la lámina (casi parecía un carpaccio de paiche) del tan cotizado pescado de río amazónico.
Este restaurante tiene sus plus (no podría ser tan malo estando en el Westin) y la recomendable fideuá, con harto lomito de cerdo y uñas de cangrejo, estuvo muy buena (lo más segura porque fue un plato sencillo, conciso y con deliciosos sabores muy marcados). La cocktelería también es extraordinaria y juguetona. La entradita de mini causas fritas también hicieron los suyo al abrir el apetito, además de la variedad de panes recién horneados que te sirven.
El ámbito donde se localiza Maras es acogedor y pareciera ir de lo rústico, a lo ultra moderno; de lo campestre a lo urbano; de cualquier bodega de esquina a un "awe-inspiring" lounge nuyorquino.
Así es Maras. Recomendación: solo ir para tragos y piqueos.
La Huaca Pucllana solo se lleva una apreciación positiva por su variada carta de vinos y el lugar donde está ubicado: frente a los restos arqueológicos de la Huaca Pucllana de Miraflores. Es un lugar fascinante, muy seductor a pesar de la cantidad de mesas, su gran terraza frente a los restos y el bullicio de sus comensales, que me imagino estarán contentos por cualquier otra cosa menos la comida que sirven en este lugar.
Fue tal mi decepción, tanto por los piqueos (unas uñas de cangrejo fritas hasta convertirlas básicamente en nuggets de Bembos y un chicharrón de cuy con la piel aún chiclosa, donde lo único salvable era el plátano maduro frito y dulce) por los platos principales, que tuve que dejar un reclamo en el Libro de Reclamaciones (obligatorio para cualquier negocio en el Perú), algo que nunca había hecho en restaurantes.
Paso a detallar lo que puse en los encasillados relevantes del reclamo:
[...]
2. Identificación del Bien Contratado:
xProducto
Descripción: Comida engañosa e insípida. Una decepción total. No vuelvo.
3. Detalle de la Reclamación:
Una decepción total el lomo fino (medallón y soufflé de espinacas por el engaño de las supuestas "papas batallas" que no son otra cosa que unas ordinarias y malísimas papas al hilo. Para eso me hubiese ido a sánguches Miguel (no hay como él). Además, la salvia de los ravioles de loche no tenía ningún sabor, aroma o parecido alguno con la salvia. Estuvieron insípidos, grasosos y realmente deleznables. Lo comimos por hambre y muy a nuestro pesar.
[...]
Comparto esto porque a veces cuando tratan de "gourmetizar" los sabores peruanos ocurren engaños y malas pasadas como esto. Si lo que cobraran fuera más justo (sobre todo en los platos malos que he descrito) pues mi queja hubiera sido proporcional. El problema es que te cobran como si estuvieras comiendo oro de la Palestina, cuando todo parece indicar que hay algo de bamba (falso) en todo esto.
Advertidos quedan.
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jueves, 11 de julio de 2013
Toque ruso al tomate
Suena impensable que en tiempos soviéticos la bebida nacional entrara a suavizar el rojo en tonos rosados, haciéndolo más dulce, más atractivo al lumpen con complejos de chef. Pero así fue la historia: alguien por la década de los 1970 se le ocurrió, en la vieja Italia, echar vodka a los tomates y crema para sacar la muy popular salsa a la vodka. Dicen que para una competencia culinaria entre amas de casas. Yo la llevo preparando desde que soy amo de casa y otras cosas más: cuando comencé a vivir solo y luego de dañar varias ollas de arroz y me cansé de los espaguetis en salsa roja, me interesó más esto de la gastronomía que las clases de economía. El destilado, según los conocedores, abre las bondades del tomate, intensifica su sabor, le ofrece un chispazo, largamente entumecido, que revienta en el paladar, junto a la crema, albahaca, ajo y cebolla con que se confecciona la salsa.
Salsa a la vodka. Rusa porque te quiero rosa. Langostinos que se escaldan en la salsa para que con su suavidad acompañen la sinfonía entre los fideos y el compás del tenedor enroscándolos con la ayuda de una cuchara sopera. No hay sol en Lima (y no necesariamente es de noche) y el frío pega, pero en nuestro interior el sol se pone con parsimonia astral. Y nos calienta solo con su recuerdo.
Salsa a la vodka. Rusa porque te quiero rosa. Langostinos que se escaldan en la salsa para que con su suavidad acompañen la sinfonía entre los fideos y el compás del tenedor enroscándolos con la ayuda de una cuchara sopera. No hay sol en Lima (y no necesariamente es de noche) y el frío pega, pero en nuestro interior el sol se pone con parsimonia astral. Y nos calienta solo con su recuerdo.
martes, 2 de octubre de 2012
Ayer en el Gran Teatro Nacional
Me colé. No a una larga fila, sino al evento. Admito que no recibí el e-mail de los organizadores a tiempo en el que se le prohibía a la prensa entrar a la actividad cultural que clausuraría el primer día de sesiones de la III Cumbre ASPA (América del Sur-Países Árabes) que viene celebrándose en Lima desde ayer. Pero admito que no fui el único. Al final fuimos unos cuantos periodistas que pudimos entrar ayudados, claramente, por la ignorancia del detalle de seguridad y de las anfitrionas. Yo entré con mi mochila con mi laptop, otros con sus aparatos para transmitir por radio. Una que otra periodista savvy, con su lindísimo tablet y espejuelos de pasta gruesos. Esa que se me sentó al lado y, claramente, no le pregunté el nombre.
La pareja presidencial se acomodó en el segundo nivel, al lado del presidente del Líbano, Michel Sleiman y su esposa. Cerca también estaban otros jefes de estados y cancilleres. Abajo estaban los adjuntos de la cancillería peruana, de las delegaciones invitadas y el esposo de una señora que, entre la pausa de dos bailes le dijo por el altavoz del teléfono: "grábalo, grábalo". Los que estábamos cerca lo escuchamos y no pudimos ocultar nuestra risa.
Las danzas que se presentaron incluyeron a todas las regiones geográficas del Perú, costa, sierra y selva, pero con un énfasis en la rica cultura andina, representada por el Wacawaca de Puno, (danza que satiriza las corridas de toros traídas por los peninsulares), el Salqa Qocha Wallata Warqay de Cusco, y la belleza del zapateo y energía del Huaylarsh o Huaylas de Huancayo, en Junín. También disfrutamos del Iopatati de Ucayali (amazonía), que mezcla el rito de la guerra con la danza y la magia, y de los bailes de la costa como la Marinera norteña (Trujillo) y de la tradición africana, surgida de los esclavos negros traídos a trabajar los cañaverales, el muy sensual y sabroso Toromata.
Al finalizar la presentación artística me encontré con el amigo Alberto Fernández Prada, ministro del Ministerio de Relaciones Exteriores, que estaba encargado de la delegación venezolana encabezada por el canciller Nicolás Maduro. Alberto me presentó a otros compañeros del Ministerio y admito que al principio estaban algo sorprendidos de verme y hablar conmigo. Primero porque tenía mi mochila sobre el terno (estaba muy consciente de mi faux pas fashionista) y, segundo, por mi acento caribeño. Además, todos eran funcionarios de Cancillería, y yo, con mi carné de prensa.
Hacía más de un mes que no veía a Alberto y fue bueno reencontrarme con él y saber que su libro sobre la historia de la aviación peruana, que es una nueva edición de los volúmenes escritos por su padre, Cap. EP Alfredo González Prada Effio, "considerado uno de los más importantes historiadores de la aeronáutica civil del Perú", va viento en popa. Ya le dije que me gustaría entrevistarlo sobre esta nueva edición y sobre su otra obra, una biografía titulada "El diplomático peruano Pedro Paulet Mostajo". Hay mucho de qué hablar sobre el arequipeño Paulet Mostajo, un hombre cuya historia ha quedado desafortunadamente olvidada. Basta solo mencionar que ha sido considerado "el padre de la aeronáutica moderna" por el científico Wernher von Braun.
Diplomático, escritor e historiador, y excelente amigo: así es Alberto. Luego de unos bocaditos más y de hablar con el encargado de negocios de Polonia y explicarle a varios delegados árabes qué era el pisco sour nos retiramos. Él para Miraflores; yo para Lince y a esas avenidas donde se pasea las mil y una Limas.
martes, 14 de agosto de 2012
Sed limeña
Un nuevo olor para lo fétido: Chimbote.
Una antigua canción de mar profundo: Casma.
El invierno huele a la espuma del Pacífico,
y yo con tanta sed de otras arenas.
martes, 5 de junio de 2012
De Kickstarter, directores y cuentistas: Una entrevista al cineasta Javier Colón Ríos
Me gusta conocer a personas que les gusta contar historias. Cierto que todos tenemos el potencial de elaborar un relato con un orden temporal particular para decirle algo a alguien desde el momento en que logramos aprender nuestras primeras palabras. La mayoría de nosotros lo hemos hecho pero no reparamos que hay personas que viven de eso, de contar. Cuando se nos cuestiona -y con toda seguridad, mientras leemos estas líneas- el escenario cambia, porque adquirimos conciencia del arte de narrar y afloran casi inmediatamente las figuras y nombres de nuestros cuentistas y escritores favoritos. Casi automáticamente se forma en nuestra cabeza la siguiente ecuación: historia + cuentista = papel. Y del papel vamos al libro y del libro se acabó. Solo al trascender esta primera instancia, logramos adentrarnos al territorio que habita Javier Colón Ríos y su anhelo de narrar en el celuloide.
–Desde antes de entrar a la universidad me gustaba editar videos –me empieza a contar Javier vía Skype, rememorando aquellos momentos en que muchos creadores aún no saben sobre qué (y ese ‘qué’ engloba todo lo posible e imposible de la vida) posarse para luego hacer de ese qué su expresión, su arte y su vida. –Mientras estudiaba Telecomunicaciones en [la Universidad del] Sagrado [Corazón], hice un viaje a Nueva York para cursar una clase de cine y TV, y ahí fue que me di cuenta de lo que quería hacer –¡encontró su qué!–: contar historias.
–Ajá... –dejo escapar esa interjección, bien boricua, para poner en duda la expresión anterior, para sopesarlo con algo de menor cuantía, o, como en este caso, emitido para provocar: –cuentas historias pero eres un director, no eres un escritor: ¿I am a storyteller?–.
Javier no tarda en responderme, aunque su contestación viene envuelta en risas:
–Cuando era editor veía que a los trabajos que me llegaban quería cambiarles algo para contar mejor la historia, por eso quise ser director, manejar la historia, tratar de resolver yo mismo el problema. Así hice la transición.
Mayor control, poder de cambio, ánimo de resolver él mismo el problema: síndrome de artistas y creadores. Javier está irremediablemente contaminado de esta condición y su cuadro sintomático está en su última producción, I am a Director, que actualmente está recaudando fondos en el sitio web de apoyo a proyectos creativos, Kickstarter.
–¿La meta?
–Nueve mil ochocientos pesitos.
–Una suma no tan ambiciosa.
–Sí, es que la película ya está completamente grabada, se filmó en 15 días entre julio y agosto del año pasado. El dinero es para mejorar el audio, hacer correcciones y la música, ah, y poder recorrer la ruta de festivales de cine internacionales. La idea es participar en Sundance, Venecia y el festival de mockumentaries que se celebra en Los Ángeles. Para cada festival hay que enviar la peli, pagar el correo, crear el press kit, no es hacer la película y ya. Para todo esto es el dinero que esperamos obtener de Kickstarter.
–¿Cuánto faltan?
–Menos de $40. [A las 11:30 PM del lunes 4 de junio, ya se había sobrepasado la cifra de $9,800, asegurando ya lo que los usuarios han prometido dar.] La manera en que Kickstarter funciona nos lleva a pedirle a todos que participen para alcanzar la cifra de $9,800 porque si para el fin de la campaña que es mañana, miércoles 6 de junio a las 11:05PM, no llegamos a ese total, todo el dinero que la gente prometió se esfuma.
–Háblame un poquito de I am a Director.
–Es una comedia, un género en el que había tocado antes en De Pura Cepa, pero en esta ocasión, utilizo el formato de mockumentary.
–¿El primer mockumentary puertorriqueño?
–Desconozco, habría que investigar.
–¿Por qué tomaste esa decisión?
–Yo tomé la decisión por varias razones, por el guión que pedía el formato documental pero ante la premisa que eran dos muchachos a quienes se les ocurre hacer una película en inglés en Puerto Rico para que así tenga éxito en Hollywood, entendí que no podía ser de otra forma: sátira y crítica al cine. Y, ah, por el bajo presupuesto con el que contamos.
–¿Hubo algún reparo de algún actor para trabajar en una película que se burla del proceso de hacer cine?
–Fíjate, para nada. En realidad es una sátira a los copiones. Ya tenía experiencia anterior con los actores y equipo de producción, y a la hora de filmar no dudaron en ayudarme. Vinieron a hacer cine como tal.
–¿Cómo se inicia esta historia llamada I am a Director?
–De mi propia experiencia cuando viví en Hollywood para estudiar la Maestría en Cine en el American Film Institute. Una vez regresé a la Isla y al ver el panorama de producción de cine que apasiona tanto a la juventud, me acordé de un guión que había escrito en L.A., traduje las primeras 10 páginas, hicimos un pequeño video que nos gusto y decidimos hacer la película.
–¿Te inspiraste en algún mockumentary en particular?
–En Living in Oblivion de Tom DiCillo y con Steve Buscemi. Me gustó el concepto de behind the scenes. Pero a parte de eso, la inspiración principal es haber visto a tantos jóvenes hablar de cine como si fuera algo tan fácil de hacer cuando en realidad es difícil.
–Me cuentas que has tenido ayuda de inversionistas privados, además de la campaña en Kickstarter, ¿cómo ves todo este proceso tan complicado de financiar el cine en Puerto Rico? Por ejemplo, ¿qué opinas de la Corporación de Cine de Puerto Rico?
La gente de la Corporación no es mala, lo que pasa es que no hay que olvidar que es una agencia del gobierno, y por su propia naturaleza no es fácil conseguir su apoyo. Claramente, la meta debe ser facilitar el financiamiento; es una de las razones por la que yo no les solicité ayuda por que era muy burocrático y me iba a tardar mucho. No podía esperar ni depender de nadie.
–¿Cómo ves la industria del cine en Puerto Rico?
–Hay mucha juventud y estamos empezando a entender lo que es hacer cine, que es un proceso lento, y que estamos dejando atrás las comparaciones con otros países. Eso es importante para así dedicarnos a pensar en las historias que queremos contar. Igualmente hay que dejar de pensar en “cine puertorriqueño” y pensar más en cine. Si así lo hacemos, lo veo con mucho futuro.
–Cierto, te tengo que confesar que, a veces, he obviado el cine boricua por su mala, terrible calidad y guiones.
–Sí, hemos tenido experiencias de mal cine. Hay que mejorar los guiones, aprovechar el dinero que se tenga disponible para mejorar el guión. Todos se quejan que no dan dinero, pero la cosa es que es muy difícil hacer una propuesta y como es tan dificil pues no podemos llegar al primer paso para que nos aprueben la propuesta. Hay que tener cuidado en dar luz verde a proyectos que no están maduros, por lo que recomiendo darle más énfasis a la pre producción y al guión. Todavía no veo en nuestro cine que se le dé ese cariño que necesita una película para que sea buena.
Y eso que Javier llama “cariño”, no es otra cosa que ese amor por contar lo que nos pasa, eso que imaginamos, eso que queremos, y hacerlo con maestría. Contar nos acerca a lo humano, a esos primeros intentos que todos tuvimos de explicar el mundo y hacia eso está dirigida I am a Director y la ascendente carrera de este joven cineasta.
Ficha de Javier Colón Ríos
Edad: 31
Pueblo: San Juan
Directores: Realmente admiro a directores que hacen lo que quieren hacer, como Tarantino.
Tipo de cine favorito: El independiente, lo alternativo
Género: No tengo ninguno favorito en particular. Me gustaria trabajar en varios géneros, estoy abierto a cualquiera.
¿Cuál la última película que viste?: Star Wars
Película Favorita: Indiana Jones
Libro que lees: La biografía de Steve Jobs
Ciudad favorita: Berlín
Comida favorita: Spaguetti en salsa alfredo con chuleta
Qué piensas cuando das la dirección de “¡acción!” en el set de grabación: Antes de decir acción, uno hace un double check, si realmente uno esta haciendo lo correcto, si la escena está bien, y luego pensar en cuando vas a decir corte. Es más fácil decir acción que corte.
Una palabra de recomendación a los cineastas: Escriban.
Qué le dirías a la gente para que te apoye en Kickstarter: Si quieres apoyar una buena sátira de nuestro cine, dános dinero y si no también.
martes, 22 de mayo de 2012
"I am a Director" en Kickstarter
Hoja de instrucciones para reir de nuevo
1. La cosa está tan pelúa que ya casi ni te ríes y quieres reirte (en serio).
2. Tener ganas de ver buen cine puertorriqueño.
3. Chequea el trailer de la película acá abajo:
4. Listo. Ya lo viste y te reíste hasta chocar con la pared o quedarte sin respiración. O ambas. (Si no te reíste, como quiera sigue los pasos 5 y 6 que se detallan abajo y aporta, no seas un amarga'o).
5. Ve a Kickstarter para que conozcas más sobre el proyecto.
6. Si te gusta todo lo que ves, no seas tímido (bueno, realmente, no seas maceta) y Pledge in! Con tu aportación le estas dando break para que este proyecto llegue a su feliz conclusión y sea una producción de alta calidad, de esas que tanto nos hacen falta en el cine puertorriqueño.
Psst, lo más bestial de todo es que I am a Director fue filmado como un mockumentary, tipo Spinal Tap, A Mighty Wind y, más recientemente, las alocadas pelis de Sacha Baron Coen. Yeah, made in Puerto Rico!
1. La cosa está tan pelúa que ya casi ni te ríes y quieres reirte (en serio).
2. Tener ganas de ver buen cine puertorriqueño.
3. Chequea el trailer de la película acá abajo:
4. Listo. Ya lo viste y te reíste hasta chocar con la pared o quedarte sin respiración. O ambas. (Si no te reíste, como quiera sigue los pasos 5 y 6 que se detallan abajo y aporta, no seas un amarga'o).
5. Ve a Kickstarter para que conozcas más sobre el proyecto.
6. Si te gusta todo lo que ves, no seas tímido (bueno, realmente, no seas maceta) y Pledge in! Con tu aportación le estas dando break para que este proyecto llegue a su feliz conclusión y sea una producción de alta calidad, de esas que tanto nos hacen falta en el cine puertorriqueño.
Psst, lo más bestial de todo es que I am a Director fue filmado como un mockumentary, tipo Spinal Tap, A Mighty Wind y, más recientemente, las alocadas pelis de Sacha Baron Coen. Yeah, made in Puerto Rico!
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