sábado, 21 de marzo de 2009

The Story of Stuff


Por algo pongo en mi perfil "de la escuela filosófica que postula que como mejor se vive es teniendo justamente lo necesario".  

Este documental interactivo de sólo 20 mins. te hará ver lo que hay detrás de todo lo que consumimos y descartamos (a una velocidad no sustentable y, si me permiten, llanamente absurda). 

Anticipando la crítica de libremercadistas-ultra derechistas, el problema no es la alianza entre el gobierno y las corporaciones (a.k.a., los grandes intereses) que ha diseñado a propósito la sociedad de consumo para el beneficio de unos pocos.  El problema es que, contrario a la propaganda liberal-capitalista, el consumo desmedido e innecesario, a la larga, nos hace menos felices.

Compartan esto con todos sus conocidos, sus listas de correo-e, sus blogs y redes sociales (Facebook, MySpace, Hi-5).  Rieguen la voz.


jueves, 19 de marzo de 2009

B (de una serie sin titular)

Si no logra escapar de ésta jamás lo logrará.

La San Sebastián empieza frente al portón de la Casa Blanca, por el parque detrás del Cuartel de Ballajá donde nos dimos un beso mientras tu novio observaba. ¿Por qué no paras de hablar y me compras una piragua? Miró a la distancia e identificó al vendedor con el carrito. Luego, su vista acarició el inmenso césped de El Morro que iniciaba a espaldas del piragüero y supo que mañana sería otro día para poder gritar que como único podía soportar esta vida era escapando.

Suramérica se ve susceptible esta tarde, la tierra de Borges y del Atlántico Sur encolerizado por las frías corrientes submarinas. De Ribeyro y las casas de cartón sobre el desierto costero. De Amado y la esclavitud de la piel.

Al dar un sorbo de la piragua de tamarindo entendió que las arenas, el cielo y el mar, es lo único que nos une y a la vez nos separa.

Un escape es, pues, un intento de descifrar las distancias, las nubes y estas páginas.

jueves, 12 de marzo de 2009

Entrando por el libro

A la clase de Corporaciones que no pude llegar a tiempo hoy.

-¿No te parece que el libro de la clase huele a chicharrón?

-¿Estás loco?...a ti te debe oler a eso, ¿tú acaso no eres de Bayamón?

-Ahh, Bayamón, la ciudad del futuro, donde George Clooney viene a filmar en nuestras calles...

-...porque se parece a downtown Bagdad...ja, ja, ja.

-Nah, en realidad nací en Santurce, eso de Bayamón fue un accidente de la posmodernidad.  Pero interesante eso de Bayamón-Bagdad...

-Bueno, como quieras, la cosa es que no puedo creer que me estés haciendo un cuento de chicharrones metiendo al libro de Corporaciones...  ¿A qué te huele el Código Civil?

-No sé...pero te juro que a mí sí que me huele a chicharrón.  Claro, levemente, cuando lo abres y de repente pasas las páginas rápidamente y pegas la nariz:  un sinuoso aroma chicharronesco.

-Diablos, te hemos perdido, Ponce...¿qué te pasó por China, Argentina?

-Está bien que no me creas, estoy de acuerdo que es la manera más sencilla de obviar la realidad, pero yo tú le doy un rico pase a esas páginas de Díaz Olivo y verás lo que te digo.

Las doce brillaban en todo su apogeo en un día tan claro como el agua de la piscina del complejo deportivo.  Ponce se escabulló nuevamente entre la gente sin decirte realmente a dónde iba.  No te importaba:  tenías hambre y empezaste a hacer la fila en Boca a Boca.  El olor del calor de la plancha te molestaba, que si bocadillos, tostadas de queso y wraps con pechuga seca y desabrida.  Entonces, indentificaste el libro azul en tu lindo maletín de cuero --un azul más oscuro que el del cielo-- y asumiendo que la chica de atrás seguía entretenida hablando con su otra amiga de uno de tus profesores más tiranos, metiste la mano en el libro, pasaste tus dedos entre las páginas de Díaz Olivo y como quien se tapa la boca al bostezar, sentiste entre tus yemas ese olor veraniego de bolsitas de chicharrón abiertas en pleno sol frente al mar.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Mi dolor de cabeza es como un temblor

que se siente en el segundo piso de la biblioteca y se ve y se escucha en los anaqueles balancéandose sobre la siempre-húmeda alfrombra. Los estudiantes --tan derechitos-- se paran de sus asientos y mirando al cielo --bueno, a los plafones invadidos por el hongo y polvo-- se cuestionan si en esos eternos segundos seguirán con vida, porque al parecer, en este preciso momento en que la aguja de una neurona me hinca el cerebro (así es como visualizo mi dolor), nuestra existencia pende de un libro de ese anaquel que se mueve de lado a lado, de lado a lado, porque si ese libro se cae y empieza a tumbar todos los demás en los miles de anaqueles de esta biblioteca, los plafones se nos vendrán encima y con ellos todo el polvo, las piedras y la arena de esa trinchera submarina que decidió moverse por culpa de otro dolor de cabeza.

lunes, 9 de marzo de 2009

La “muerte” del “super boyscout”: breve reflexión sobre Watchmen


Por: Jefté Lacourt (también pueden leer algo suyo aquí)

Más allá del excelente empleo del medio, el cómic de Watchmen (Allan Moore & Dave Gibbons, 1986) fue ampliamente acogido por los lectores de paquines por ser una de los primeros en trabajar otra perspectiva dentro del género de los superhéroes. Esta perspectiva, la cual dialoga a su modo con The Dark Knight Returns de Frank Miller, tomó la figura del superhéroe como un “super boyscout” (según el mismo Allan Moore) y la repensó desde una perspectiva posmoderna. Luego de Watchmen, resultó casi imposible trabajar un héroe incorruptible, moralmente perfecto y alucinantemente hermoso con superpoderes.

Quien primero inició una discusión seria e intelectual sobre la figura de Superman como representativo del mito del superhéroe desde el 1938, fecha en la que nació la tira cómica del superextraterrestre, fue Umberto Eco en su libro Apocalittici e integrati (Apocalípticos e integrados) para el 1965.

Eco trajo a discusión aquellos aspectos típicos de dicho superhéroe para demostrar cómo esta tirilla respondía a una cultura de masas. Tanto la época en la que se publicó (los 1930), el medio en que se publicó (periódico), y el público principal que lo consume (niños), iban a mantener a este héroe dentro de unos límites de naturaleza moral y mercantil. Ciertamente, Superman fue utilizado para subir la moral norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial y el cómic como tal contenía una serie de aspectos que iban a buscar la simpatía y consumo de un público amplio en y fuera de Estados Unidos.

Por otro lado, Allan Moore se fue por la vía opuesta. Bajo el sello de la famosa compañía DC Comics, que irónicamente fue la que le dio vida a Superman, Moore y Gibbons publicaron una serie de 12 cómics en 1985 que trasgredió desde la forma en que colocó el título en la portada[1] hasta la psicología interna de cada uno de sus personajes.

La serie se desarrolla en el 1985, año en el que Estados Unidos se encuentra al borde de una guerra nuclear con la Unión Soviética. Luego de una época de oro, un grupo de vigilantes (hombres y mujeres enmascarados sin superpoderes) se les ha prohibido por ley brindar orden y justicia a su manera[2]. La historia comienza con el misterioso asesinato de El Comediante: uno de los únicos dos vigilantes cuya prohibición no les afectó a cambio de mantenerse activo trabajando para el gobierno. El segundo vigilante que no sufrió la prohibición fue Dr. Manhattan, el primer y único superhéroe en el mundo, quien curiosamente, es producto de un accidente de experimentos nucleares del gobierno norteamericano. Rorschach, ignorando las leyes de la prohibición, investiga la muerte de El Comediante e inspira el resurgir del movimiento vigilante, desencadenando una serie de eventos que desembocarán en la resolución del misterio y de la posible guerra. La historia está llena de simbolismos, temas sobre las relaciones de poder y la psicología. También demuestra un excelente e innovador manejo del medio del cómic, combinando un guión intelectual con unos recursos visuales únicos para el formato en que fue concebido.

Tomando en cuenta lo que discute Umberto Eco en 1965, discutamos pues los cambios que Watchmen trajo al mundo de los superhéroes en comparación con el superhéroe tipo “Superman” que fue y ha sido común por tanto tiempo.

Salvar la nación v. Salvar el mundo

Superman tiene el poder de un dios, poderes capaces de dominar un territorio a escala galáctica, pero se limita a salvar a Estados Unidos como si fuese su lugar natal (Smallville, U.S.A. versus Kripton) o el mundo como una provincia. Gran parte de la Tierra, al fin y al cabo, es defendida por él, pero el mundo le pertenece a aquellos que ya lo dominan. Y cuando Superman defiende al mundo, no hablamos de una protección general, sino de una defensa a favor de la propiedad privada. (Eco, 2003, p.253) Superman no defiende humanos, sino ciudadanos norteamericanos, y nunca se olvida que quien tiene la última palabra no es la gente, sino el dueño de esa gente: el gobierno.

En Watchmen, por su parte, hay de todo. Vemos a gente común con talentos increíbles que se visten y luchan contra el mal dentro de sus respectivos distritos o zonas. Al carecer de superpoderes, éstos encapuchados defenderán a la gente común de los males inmediatos que les aquejen. Ya organizados como un equipo (primero los Minutemen, luego los Watchmen) no sólo lograrán abarcar las catástrofes (fuegos, derrumbes, revueltas, etc.) y mantenerse controlando el crimen, sino que también intentarán involucrarse en una crisis que puede traer efectos a nivel mundial: la guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pero el gobierno estadounidense, presidido en el universo Watchmen por el reelegido Richard Nixon, en cierta manera reclama lo que es suyo (la gente) y prohíbe los vigilantes. Entonces notamos que la razón principal de los vigilantes para impartir el orden no nace de un vínculo con la política o el gobierno del país, sino con los ciudadanos. Los únicos que no sufrirán la prohibición, como ya se ha mencionado, y que contaron con el auspicio del gobierno por haber colaborado con él son El Comediante y Dr. Manhattan. Es interesante que el Dr. Manhattan, un superhéroe tan perfecto que ya no conoce la razón por la cual debe salvar a una raza tan mundana y frívola como los humanos, se haya mantenido sirviéndole a la nación americana, aún cuando lo único que lo obliga a estar en el planeta Tierra es una mujer.

El bien y el mal versus los tonos grises de la naturaleza humana

El bien en la serie de Superman no es sólo invencible sino que está presentado de manera clara: el bien es el status quo. A Superman no le interesa si Mao crea un desastre humanitario en China o si los negros y homosexuales sufren discrimen en la sociedad. Esos son temas que a él no le interesan originalmente, puesto que existe un mayor mal: el mal obvio e hiperbólico.

Los malos de la serie son seres tan carnavalescos en comportamiento y vestimenta como los mismos superamigos (Batman y Robin, Green Arrow, Flash, etc). Aún así, esto no evita que la Liga de la Justicia se meta en la Rusia soviética para llevar la democracia o vaya y le rompa la cara a Hitler[3].

La misión de los malos en Superman en sencilla y clara: conquistar al mundo, robarle a instituciones privadas como bancos y joyerías, o sencillamente hurtarle a una señora mayor su cartera. En cambio, la misión de los buenos en Watchmen es traer el bien al mundo entero, por medio del control y destrucción de ciertos elementos que no revelaré para que vayan y lean la novela.

En Watchmen no sólo vemos que el bien no siempre gana, sino que los malos pueden ser buenos si miramos el “bigger picture”. Los buenos pueden ser una amenaza catastrófica para el mundo, y los debiluchos que no saben cómo protegerse a sí mismo (el pueblo) pueden resultar ser una masa amorfa y letal capaz de llevar al mundo a una peor destrucción de lo que la llevaría Darkseid, Galactus o el calentamiento global.

Además, el bien y el mal es aún más difícil de ver cuando se consideran las complejas dimensiones de las psiquis de los vigilantes protagonistas de la serie. Sabemos que estos héroes encapuchados salen de noche y traen el bien a los habitantes de la ciudad, pero de seguro no queremos saber por qué lo están haciendo. Superman salva la nación porque inicialmente eso fue lo que le pidió su científico padre antes de la destrucción de su planeta natal y porque en su casa en Smallville le enseñaron a ser trabajador, humilde y bondadoso. Pero en Watchmen vemos fetiches, desórdenes sexuales, psicosis y traumas de la infancia como motivadores inconscientes para salir a combatir el crimen, convirtiendo a nuestros héroes en sociópatas y, peor aún, enemigos del Estado. ¿Se les podría perdonar todo esto por haber brindado un bien mayor a la sociedad?

La ciudad, por otro lado, es en sí un personaje malévolo. En ella se esconde los peores aspectos del ser humano y de una sociedad. Más que salvarla del crimen y el pecado, es como una incubadora de mugre espiritual, decadencia moral y libertinaje; un organismo asqueroso porque está perdido, corrompido, tomado, y lo que resta es protegerlo de una mayor decadencia.

A manera de conclusión

Allan Moore es claro en su comentario sobre el modelo Superman. Así lo hace ver en el fragmento que incluye de una autobiografía de uno de los vigilantes de la vieja escuela: el primer Night Owl. Hollis Mason, el hombre detrás del disfraz, se hace vigilante porque de buenas a primeras lo inspiró el primer cómic de Superman. Para él combatir el crimen era una necesidad, un impulso personal y un acto divertido. Esta visión contrasta con la nueva generación de vigilantes, protagonistas de la trama, que descuartizan toda noción simplona, categórica y mítica sobre el humano con relación al bien y el mal. Y la muerte de El Comediante, y la mancha de sangre en la cara feliz, es símbolo de la muerte del concepto antiguo del superhéroe.

Con el pasado análisis no se pretende menospreciar el género de superhéroes al estilo Superman ni sus parientes más evolucionados[4]. Pero no se puede olvidar que trabajos como Watchmen hicieron la diferencia en el tratamiento de los héroes, respondiendo a una actitud posmoderna de frustración ante el fracaso de los héroes reales (presidentes, gobernantes, líderes religiosos). Un excelente ejemplo de esta mirada es el mensaje que Allan Moore nos lleva con colocar a Nixon como el actual presidente en un Estados Unidos en los 1985, como si la corrupción hubiese triunfado en el caso de Watergate. Pero al final todo se concentra en la tan citada frase: Quis custodiet ipsos custodes (¿Quién vigila a los vigilantes?).


Notas:

[1] Contrario a lo que comúnmente se hacía, puso el título de forma vertical en el lado izquierdo del paquín.

[2] Keene Act de 1977: sólo los vigilantes auspiciados por el gobierno estadounidense pueden mantenerse activos. En la novela, fueron sólo dos: El Comediante y Dr. Manhattan.

[3] Esto ocurrió específicamente en el cómic del Capitán America en 1940, pero Superman peleó con la potencia Nazi y hasta intentó unirse al ejército estadounidense; irónicamente, no pudo entrar porque sin querer no pasó su examen de la vista: con su visión láser leyó la pancarta de letras del salón de atrás. (Pilcher & Brooks, 2005, p.24).

[4] Como lo veremos con Spider-Man (Marvel Comics) en los 1960, donde se trabaja por primera vez el superhéroe que no sólo lucha contra el mal de los villanos, sino contra el mal de los amoríos, la universidad y el trabajo.

jueves, 5 de marzo de 2009

La Debacle de la Anexión

Por Dr. Rafael Cox Alomar
Abogado 

3 de marzo de 2009 

Muy cerca de nosotros, a sólo 425 millas al sureste de Puerto Rico, arden hoy en llamas las vecinas islas de Martinica y Guadalupe; consumiéndose en una hoguera de caos.

Y el detonante de este estruendoso estallido de violencia es un modelo político-constitucional que lejos de posibilitar el despegue económico de estas islas hermanas, ha propiciado la perpetuación de una economía de dependencia y de mantengo incapaz de generar suficiente riqueza y sin posibilidad alguna de canalizar esos recursos de forma justa y equitativa.

El caos que hoy se vive en las calles de Fort-de-France y de Pointre-à-Pitre constituye la punta de lanza de una crisis mucho más profunda y aún más dramática. Es la reacción visceral de un pueblo que despierta a la cruda y amarga realidad de que tomó el camino equivocado; que en lugar de crear una relación política con París que se ajustara a sus realidades geográficas, demográficas, sociales, económicas y culturales, se abocó ciegamente por el camino de la anexión sin aquilatar las consecuencias.

Los martiniqueños y guadalupanos son hoy minoría en su propia tierra; víctimas de su indefensión política. Importante lección para los puertorriqueños. Desde finales del pasado mes de enero, las noticias que llegan de Martinica y Guadalupe son alarmantes: huelga general en ambas islas, motines, cierre de los puertos y aeropuertos, suspensión de todo intercambio comercial (al momento en ambas islas ya se han cancelado sobre 10,000 reservaciones turísticas), cierre de escuelas y universidades, enfrentamientos entre manifestantes y agentes del orden público, saqueos, quema de vehículos y de propiedad tanto pública como privada, rutas de tránsito obstaculizadas por barricadas, marchas de protesta multitudinarias de hasta más de 65,000 personas (cifra realmente impresionante si tomamos en cuenta que estas islas no cuentan con más de 450,000 habitantes cada una).

A tal grado ha llegado la crisis, que desde Francia han arribado a suelo caribeño contingentes de seguridad, activados por el propio Presidente Sarkozy, para intentar estabilizar la situación y el propio Yves Jégo (ministro de asuntos ultramarinos de Francia) se ha desplazado a Guadalupe para negociar con sus conciudadanos franceses en el Caribe una salida a la crisis. Muy poco y muy tarde.

Con un altísimo costo de la vida --- en donde los precios de gran parte de los artículos de primera necesidad son mucho más caros que en Francia (fluctuando entre 30% y 60% por encima de la media francesa); con una escala salarial considerablemente más baja que en la metrópolis; y con una tasa de desempleo que en ambos casos se acerca al 25% (comparada con 8% en Francia) --- el índice de desocupación más alto de la Unión Europea superado únicamente por la isla de Reunión --- la brecha que separa a Guadalupe y Martinica de las demás regiones francesas se hace cada día mayor y por consiguiente aún más insostenible.

La anexión de estas islas a Francia (como departamentos o estados en el modelo norteamericano), lejos de crear las condiciones para mayor autosuficiencia económica y capacidad de gobierno propio, lo que ha hecho es perpetuar el coloniaje y la dependencia. Ni el derecho al voto por el presidente francés ni la representación ante la Asamblea General y el Senado en París han emancipado a estas islas de sus graves males.

Todo lo contrario. Ha sido precisamente la ausencia de poderes a nivel local para ceñir una ruta de futuro a través de la cual transitar de la lógica de la dependencia a la lógica del desarrollo económico endógeno lo que ha detonado esta crisis.

Desde que en 1946 Martinica y Guadalupe, a diferencia de las antillas holandesas y británicas, prefirieron anexarse a su viejo amo colonial en lugar de articular un proyecto autonómico innovador, se ha disparado aún más la concentración de la riqueza y la tenencia de tierras en unas pocas manos metropolitanas (cual apartheid económico), a la vez que se ha hecho más evidente la ausencia de oportunidades para los nacidos en aquellas islas --- quienes hoy compiten por vivienda y empleo desigualmente con sus conciudadanos continentales.

No sorprende entonces que a más de sesenta años de la ratificación por parte de la Asamblea Constituyente francesa de la loi d'assimilation no existan partidos anexionistas con poder político ni en Martinica ni en Guadalupe. Hasta el propio Aimé Césaire, indiscutido arquitecto de la anexión, rechazó tajantemente su propia criatura para abrazarse al ideal autonomista. El clamor que se respira hoy en el Caribe francófono es por la consecución de mayores poderes políticos. Esa es la consigna.

Tanto las penurias de Martinica y Guadalupe, así como la quiebra hoy de 46 de los 50 estados de los Estados Unidos, demuestran que la estadidad no es la panacea económica que el liderato anexionista nos quiere hacer creer. Esa concepción ya casi mítica en el imaginario estadista de que la estadidad es para los pobres es pura ficción.

Más pobres y menos producción, ese sería su saldo final en Puerto Rico. En su obsesión por hacer de Puerto Rico el primer estado hispano ese liderato ha perdido de vista que no puede ser el status para el país sino el país para el status; que lo fundamental para Puerto Rico es zafarse de la camisa de fuerza que presupone la estadidad, allegándose mayores poderes políticos para poder afrontar los difíciles retos del presente con mayor soltura y flexibilidad. Delimitar las fronteras de ese nuevo proyecto autonómico constituye hoy la tarea impostergable de los puertorriqueños de esta parte del siglo 21.

domingo, 22 de febrero de 2009

Mímamelo

Ayer, en La Respuesta de Santurce, Mima nos convidó a su bienhablada música bajo un espectro de aventurismo artístico.  En estos fines de las posmodernidad, cataloguemos el encuentro mágico de ayer como uno industrio-tribal, house-decadente, bossa-electric.  Y el tripeo, uff, estuvo intenso porque la gente se va en viajes orbitales, inducidos ya sea por las notas de los instrumentos o por la absorción neural de canabinoides.  

-Esto es la música del futuro -comentó un ensimismado asistente a los que tuvimos la (des)dicha de escuchar su juicio.

-El futuro es ahora -dije yo, y añadí:  -y lo que fue ayer también.

Durante la madrugada, Mima nos dio versiones salvajemente ancestrales de sus éxitos primerizos.  Si me preguntan a mí --y no porque sea un obstinado estudiante de Derecho y (a)literato en ciernes-- yo opto por las versiones clásicas de sus canciones, hasta ahora inmejoradas, con todo y este truco abstracto-liberalizante de finales de la globalización y principios del derretimiento bipolar.  Disfruté sus canciones por la revisión que les dio a su ejecución y porque gocé a los que vivieron un trance de farándula:  a muchachitos que no saben de la saudade del bossa nova, de la historia de los pueblos originarios del continente y de que las multinacionales en África se roban los métodos de cultivo de las tribus al patentizarlas para luego obtener ganancias.

Mima es pasión y guerrilla.  Los chamaquitos que visten de diseñadores independientes tienen el derecho de bailar como les venga en gana, de ponerse esos sombreritos cool que están tan a la moda y filosofar sobre las buenas vibras de la música.  No tienen derecho, sin embargo, a empujar a la gente para acercarse al escenario, ni mucho menos abalanzarse sobre uno conMedalla en mano.  Tendrán toda estas sensaciones del new age, del feel good y de la decadencia del arte, pero al final de la madrugada --y en base a mi experiencia de campo-- son una tira de niños malcriados, irrespetuosos que usan la excusa del arte para tapar su rebeldía vacía de causa.

Ciertamente Mima la hace, con todo y su atuendo bermejo de boxeadora musical con la que homenajeo a Cotto la noche de su pelea.  Mima es vanguardia y reciclaje.  No tiene la culpa de que los ineptos, a quienes les importa más irse en trance que la cortesía del día a día, asistan a sus conciertos.

jueves, 19 de febrero de 2009

Puerto Rico de espaldas a la globalización política, económica y cultural

 Autor: Jaime Lluch*/Especial para Claridad 


La globalización neoliberal de estos tiempos es un fenómeno muy desigual y no está claro que esté encaminando a la humanidad hacia un mejor futuro. Sin embargo, es evidente que es un proceso que nos afecta a todos y que tiene tres dimensiones: política, sociocultural y económica. 


Algunos economistas han tratado de medir cómo las naciones han respondido a la globalización y cuáles sociedades se están adaptando mejor a estos tiempos globalizados. El Índice KOF de la Globalización, elaborado por Axel Dreher y otros, es uno de los índices más citados. Aunque la metodología y los conceptos que subyacen el Índice KOF se pueden cuestionar, me parece que el Índice correctamente establece que para poder analizar cómo cada sociedad se está globalizando es necesario medir las tres dimensiones de la mundialización: los aspectos económicos, políticos, y socioculturales. El último índice KOF de la Globalización mide cómo 208 países se están globalizando. A Puerto Rico le han asignado el puesto número 194 en este índice, o sea que, para sus autores, nuestra sociedad es una de las menos globalizadas del mundo. 


Somos una sociedad menos globalizada en lo político ya que al ser un apéndice colonial de otro país, todas nuestras relaciones políticas con el mundo exterior están filtradas y canalizadas a través de la metrópoli. Puerto Rico no tiene embajadas ni consulados en el mundo, no participamos en organizaciones internacionales a nivel de país, y pocos puertorriqueños trabajan en organizaciones internacionales tales como el Banco Mundial o la ONU. Somos una sociedad menos globalizada en lo económico por la misma razón estructural: al ser un territorio no incorporado de los EUA, nuestras relaciones comerciales internacionales están en manos del gobierno federal. Nuestras exportaciones e importaciones se hacen a través del aparato administrativo y legal del gobierno estadounidense, y no participamos en acuerdos internacionales comerciales. 


Pero también somos una sociedad menos globalizada en la dimensión sociocultural. La mundialización incluye el acceso a las redes de comunicaciones e interconexiones internacionales, integrando pueblos, ideas, culturas, idiomas, modos de pensar, recursos financieros, bienes, servicios, leyes, etc. 


¿Es Puerto Rico una sociedad abierta a la gran diversidad mundial de culturas, idiomas, ideas y creencias, o somos todavía una sociedad relativamente cerrada? ¿Somos una sociedad que está receptiva a recibir los flujos de información e ideas que cruzan las fronteras políticas y geográficas que nos limitan? 


Tal y como sucede con las dimensiones económicas y políticas, en la dimensión social podemos observar que hay sociedades más globalizadas que otras en este aspecto. 


Obviamente, la realidad social y económica europea es muy distinta a la de Puerto Rico, pero veamos en qué sentido algunas sociedades europeas se están globalizando. Por ejemplo, en Suiza, la Corporación Suiza de Teledifusión (SRG/SSR) opera siete canales de televisión y 18 estaciones de radio, y es administrada como una entidad sin fines de lucro. También existen varias estaciones de radio y TV privadas. Estaciones de radio y TV de Francia, Italia, y Alemania están al alcance de gran parte de la población, a través de la TV por Cable y Satélite. Desde el 2002, el 80% de las familias reciben TV-Cable o TV-Satélite. Hay cerca de 40 canales de TV alemana disponibles, incluyendo RTL, ARD, y Pro, y los cantones francófonos también importan TV en francés, y la parte que habla italiano también importa TV en su idioma. CNN, BBC, CNBC, Sky TV están disponibles en inglés. El Observatorio Audiovisual Europeo analizó los patrones de consumo de transmisiones televisivas en el 2002, y encontró que el 60% de la audiencia suiza ve la TV extranjera. El 68% de la población usa el internet diariamente. Se publican diarios multilingües en los diferentes cantones, tales como Blick y Tagesanzeiger en Zurich, Le Matin en Lausanne, y Corriere del Ticino en Lugano. Si uno va a cualquier kiosco de periódicos en cualquier estación de tren en Italia, aun en ciudades pequeñas, va a encontrar periódicos y revistas en cinco o seis idiomas. Lo mismo sucede en las principales ciudades españolas. 


Más cerca de nosotros y de nuestra situación, en Bogotá, Colombia, la TV-Cable básica incluye canales en italiano, alemán, y francés, además de los bien conocidos canales en inglés. Las librerías allá tienen libros en varios idiomas, además del español e inglés. En Montréal y Québec (en Canadá), cualquier kiosco de periódicos tiene ejemplares de la prensa francesa además de algunos otros periódicos europeos, y por supuesto toda la prensa local, canadiense, y estadounidense. Un número creciente de jóvenes quebequenses son perfectamente trilingües (francés, español, e inglés). 


Por el contrario, en las sociedades menos globalizadas en la dimensión cultural, las redes de información y comunicación están muy enraizadas en la comunidad local o estatal, y las fronteras estatales dificultan el acceso a las redes de comunicación internacionales. Entre las sociedades menos globalizadas del mundo en este aspecto están Irán, Siria, Haití, Nepal, y Burundi. 


En Puerto Rico, el viejo insularismo de épocas pasadas causado por el aislamiento geográfico y la condición de haber sido una colonia militar de dos imperios consecutivos ha sido reemplazado en los últimos 50 años por una nueva miopía. Tenemos toda la tecnología de la información, casi todas las familias tienen TV y radio, y el uso del Internet está creciendo, pero sin embargo nos acecha un nuevo provincianismo. 


Los flujos de ideas e información que llegan aquí vienen mayormente de Estados Unidos o son filtrados a través de ese país. Por ejemplo, el 98% de los canales de TV- Cable provienen de EUA. Los canales locales y las estaciones de radio locales producen muy pocas noticias o reportajes internacionales ellos mismos. Las noticias internacionales que se transmiten diariamente vienen directamente de servicios noticiosos estadounidenses. El 98% del cine que se exhibe en Puerto Rico es cine hollywoodense. En nuestros kioscos de periódicos vemos casi exclusivamente la prensa local. ¿Cuándo ha visto usted ejemplares de revistas o prensa caribeña, argentina, o colombiana, por no hablar de la prensa europea? ¿Cuántos jóvenes puertorriqueños son perfectamente trilingües? ¿Cuántas personas puertorriqueñas son expertas en China o el Sureste de Asia, en Brasil, en Canadá, o en la Unión Europea? 


Las personas son portadoras de ideas y modos de pensar. Aquí el turismo que se recibe es mayormente de Estados Unidos; muy poco es de otras partes del mundo. El flujo de ideas que se recibe en Puerto Rico viene casi exclusivamente del bloque mundial cultural anglo-estadounidense, que no representa en estos momentos de la historia ni el pensamiento mayoritario entre los países occidentales ni mucho menos el pensamiento más progresista. Quizás ya no somos insularistas isleños, pero ahora estamos corriendo el riesgo de convertirnos en una sociedad provinciana dentro del andamiaje anglo-estadounidense. 


* El autor conduce estudios Post Doctorales en el Instituto Universitario Europeo, Florencia. jaime.lluch@eui.eu ; jaime.lluch@gmail.com 

jueves, 12 de febrero de 2009

Fortuño: Confusión y Servilismo















[Nota:  Publiqué este artículo en Claridad en mayo de 2006 y lo subo ahora al blog en reacción a la reciente entrega de principios morales del ahora gobernador Fortuño en torno al tema de la pena de muerte.]

Reaccionar a las recientes expresiones del Comisionado Residente Luis Fortuño en torno a la identidad y nacionalidad puertorriqueña, publicadas el 24 de abril en El Nuevo Día, es una obligación civil, más aún en días cuando la colonia está tocando fondo.  Faltaría a mi intelecto y conciencia si permitiera que políticos, evidentemente desorientados por su servilismo, pretendan manipular la realidad a través de argumentos completamente errados.


El Comisionado empieza con el pie izquierdo.  El periodista José A. Delgado le increpa si “los estadistas tienen que esconder la bandera de Puerto Rico mientras defienden la estadidad” a raíz del debate inmigratorio en los Estados Unidos.  Fortuño, tratando de demostrar sus emociones por la Isla, le responde con hidalguía que no, que él “muestra” con orgullo su puertorriqueñidad con la monoestrellada guardada en su encasillado del gimnasio del Congreso Estadounidense.  Desconozco las inclinaciones literarias que pueda tener Fortuño, pero semejante analogía es un desliz freudiano.  En las preguntas siguientes, el Comisionado titubea en afirmar lo que Puerto Rico es para él:  “de donde yo vengo”, “mi terruño”, para finalmente sellar su crisis de identidad con un disparate sociológico y político cuando le dice a Delgado que “al igual que puedes considerar un pedazo de California como una nación, Puerto Rico puede considerarse . . . como un cuerpo nacional”.  Al menos que se esté refiriendo a las hacinadas reservaciones amerindias, esta expresión hace eco a aquella otra infamia del ex-representante Angel Cintrón García durante las vistas en el Congreso del Proyecto Young en 1998 cuando tiró por la borda su puertorriqueñidad al admitir que en Puerto Rico él es puertorriqueño, pero que si se muda a Arizona sería un arizonian (una metamorfosis de identidad que de hecho, ni al tejano de George W. Bush se le ocurriría).  Ambos políticos estadoístas, en su empeño de hacerse más próximos al amo, diluyen y simplifican los más de quinientos años de nuestra historia y esencia nacional para acomodarla al fenómeno integracionista y multiétnico estadounidense. 

 

La segunda falacia que el Comisionado se dio el lujo de reutilizar fue la cita de don Luis A. Ferré:  “Estados Unidos es una nación de naciones.”  Para refutar esa falsa creencia, quiero primero aclarar brevemente lo que es un estado y una nación.


La confusión entre los entes político-sociales de estado y nación es común, pero conlleva grandes implicaciones, sobre todo cuando se trata de un caso como el nuestro de nación irredenta.  El estado es el aparato político que conforma el gobierno y ostenta la soberanía en un territorio limitado y que posee el monopolio del uso de la fuerza (mantiene un ejército o una milicia para defender el gobierno y las fronteras del territorio gobernado).  Este estado moderno nació luego de la paz de Westphalia de 1648 y es la definición que predomina en el estudio de las relaciones internacionales.  El ente nación, si se estudia desde el punto de vista eurocentrista, surgió del estado moderno cuando éste, siempre preocupado por su supervivencia, incorporó las costumbres y cultura de un grupo particular de habitantes del territorio que administraba (usualmente el grupo más poderoso), para de este modo fortalecerlo y expandirlo a través de la conquista de otros estados y territorios.  Así fue como surgieron las grandes potencias europeas como Francia y más tarde Alemania.  Los grupos predominantes en estos dos estados, los francos y prusianos, crearon las “naciones” para sus respectivos estados políticos.  La realidad histórica, por supuesto, es otra.  La nación muchas veces no concuerda con el estado moderno, de hecho, lo precede.  Ejemplos de ello son la nación griega, la estadounidense, la vasca y la puertorriqueña.  En el caso de las primeras dos, ambas obtuvieron su independencia política y se convirtieron en naciones-estados.  El País Vasco y Puerto Rico, por el contrario, son naciones irredentas, naciones sin estados propios.  Por consiguiente, la “manía” anexionista de decir que “la nación a la cual Puerto Rico pertenece es Estados Unidos”, iniciada por el ex-gobernador Pedro Rosselló, es un disparate que maliciosamente busca confundir al pueblo.  Lo que sí pueden decir los líderes anexionistas sin faltarle a la verdad es que al estado que Puerto Rico pertenece es a los Estados Unidos de Norteamérica y como resultado de una conquista imperial. 

 

Una vez establecido lo que es estado y nación, examinemos el caso de los Estados Unidos como “nación de naciones”.  Esta nación americana es por cierto una gran nación, multiétnica y multicultural, sin embargo no es una entidad política multinacional.  Las únicas naciones dentro del sistema federal, reconocidas por la Constitución estadounidense, son las naciones amerindias que en la actualidad viven aisladas en reservaciones.  Al menos que se enmiende la constitución, el sistema federal no da cabida a ningún otro tipo de entidad nacional dentro de los Estados Unidos.  Y no hay razón alguna para pensar que eso ocurrirá.  El repertorio de problemas con los que estados multinacionales, pasado y presente, han tenido que lidiar, no le interesa a Washington en lo más mínimo.  Basta con mencionar la eterna llaga de la provincia francófona de Québec en Canadá, o la experiencia de la ex-República Yugoeslava, que terminó quebrándose en pedazos luego de sangrientas luchas.  Pero hay más.  Los más recientes episodios protagonizados por legisladores estadounidenses y la población hispana frente al “issue” de las banderas y de porciones del himno estadounidense traducidos al español ponen de manifiesto que Fortuño está desconectado de la realidad de su nación.  Su correligionario republicano, el senador Lamar Alexander de Tennessee, comentando sobre el himno en español, dijo que “contribuye a la celebración del multiculturalismo en nuestra sociedad, lo cual ha erosionado la comprensión de nuestra cultura común estadounidense”.


¿Cuál es, entonces, este afán de arrimar a un lado nuestra identidad y dignidad, de mantenerla guardada en un “locker” y renunciar a lo que por derecho propio nos pertenece?  ¿Qué gran ventaja nos espera al anexionarnos a la nación más poderosa del mundo si de puertorriqueños mayoritarios en nuestra nación pasaremos a ser “Hispanic-Americans”, una minoría dentro de nuestro propio estado?  Ante el resurgimiento del nacionalismo estadounidense y la realidad del tremendísimo déficit económico a causa de la guerra en Irak, los espejismos tradicionales del sector estadoísta, la “Estadidad Jíbara” de Ferré  y la “Estadidad es para los pobres” de Romero Barceló, se han desvanecido.  Es por esto que el Comisionado Fortuño recurre al servilismo y al hacerlo entrega su dignidad.  Quizás haya que recordarle las palabras que una vez dijera César Chávez, el legendario líder de la United Farm Workers que campeó por los derechos de los trabajadores chicanos e inmigrantes mexicanos de California:  “Lo que está en juego es la dignidad humana.  Si a un hombre no se le brinda respeto él no se puede respetar a sí mismo y si él no se respeta a sí mismo, no puede exigirlo.”

miércoles, 11 de febrero de 2009

¡Feliz San Derechín!

"El Derecho es una carrera...excelente". -Yo imitando la locución de Marcus imitando un avance de telenovela brasilera.

La crisis del capitalismo y el Derecho me han transformado el San Valentín:

Pasar el sábado en el Yunque con la gente de ANDA suena bien, junto a un sanguichito de jamón y queso para cuando llegue a la cima o mejor:  un pasadía comunitario en Punta Salinas.

No más Morton's o Ruth's Chris, ni Pikayo o las maravillas de La Casona :  chavos sólo tengo pa' los sanguiches de Boca a Boca.

Fin de semana largo que la pasaremos entre el SPA de la bañera y pinchos de salchichas Carmela.

Encontraré la manera de hacerle bombones de chocolate con Chocolate Cortés o arrancarle las orquídeas a mi vecina, si es que no me asesina cuando me coja y le diga:  ¡Feliz San Derechín!

Al final, luego de tanto amor jodido por la economía, me tendré que conformar con el porno de la Internet y fumarme par de Marlboro Reds como hace Rubén.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Con independencia del régimen

Por:  Juan Mari Brás

Publicado en Claridad (5 al 11 de febrero)

 

Es momento de inventariar nuestras fuerzas y debilidades mayores como pueblo. Para adelantar objetivos superiores es preciso entender a cabalidad por dónde estamos. Enfrentamos uno de los períodos más álgidos de la historia contemporánea. Lo que ocurra en pocos años venideros con toda probabilidad moldeará el mundo del siglo XXI y quién sabe si de un par de centurias adicionales. 


Es importante tomar en cuenta el acontecer nacional (lo que define la realidad puertorriqueña) y al mismo tiempo conocer la inevitable interacción de ésta con la de nuestro contorno inmediato, el Caribe y América Latina y lo que está ocurriendo en Estados Unidos. 


En el país se empieza a ver con mayor claridad la debilidad que nos ha producido la fosilización, por la vía del peor burocratismo, de los partidos políticos que manejan el menguado poder electoral que nos permite administrar internamente el régimen colonial prevaleciente. Esto ha impedido que se pudiera usar las elecciones --como pudo hacerse en algunas ocasiones de décadas anteriores-- para adelantar metas liberadoras, aunque fueran 

mínimas. Ninguno de los cuatro partidos que manejaron los pasados comicios pudo usar creativamente el proceso para siquiera adelantar sus propias metas programáticas. 


El Partido Nuevo Progresista (PNP), fundado y sostenido por los beneficiarios obvios del régimen colonial ya que todo imperio necesita servidores criollos en sus colonias, a los cuales hay que retribuirles sus servicios con holgadas canonjías y privilegios; TENÍA el objetivo de adelantar el camino hacia la plena incorporación de Puerto Rico como estado de Estados Unidos. Esa meta, difícil por demás ante la temeraria realidad de que constituimos en Puerto Rico una nación diferenciada sociológicamente, en todos los sentidos, de la nación única que pretende ser Estados Unidos, requiere de sus promotores una sólida unidad de programa y acción, conjugadas en un liderato disciplinado y fuerte. Cada vez lo tiene menos. Es evidente que el partido que ganó las elecciones está tan dividido como el que más en dos facciones irreconciliables: la que se esfuerza por dirigir --con escasa capacidad de liderato--el hoy gobernador Fortuño, y la que surgió al amparo del liderato del Dr. Pedro Rosselló y que en la actualidad levanta sus alas bajo la dirección del Lic. Tomás Rivera Schatz, a quien los Rossellistas impusieron como Presidente del Senado en este cuatrienio. 


Las contradicciones de aspiraciones e intereses entre esos dos bandos seguirán ahondándose. Lo anterior no implica que no haya un común denominador entre ellos. Éste ya ha empezado a manifestarse en el empeño, rayando en la ridiculez, de borrar en todo lo posible la identidad nacional de los puertorriqueños para hacer más atractiva la idea de anexión de Puerto Rico ante el gobierno y el pueblo de Estados Unidos. A ésos hay que combatirlos, principalmente en la movilización de las masas, como haremos en Mayagüez y la región Oeste ante el empeño de quitarnos los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en los que la región ha hecho ya sus mayores inversiones y esfuerzos, y que --ciertamente-- no debemos permitir que salgan con la suya los politiqueros de la anexión incondicional. 


Quedan unos sectores muy escasos dentro del anexionismo que han querido revivir la idea de una especie de estadidad confederal, manteniendo el carácter nacional de Puerto Rico, con la esperanza de que el triunfo del concepto multiétnico de la sociedad norteamericana en que se basó la extraordinaria victoria de Barack Obama represente la apertura a unos Estados Unidos multinacionales. No saben, o simulan no conocer, que una cosa es ser multiétnicos, y acoplarse a esa realidad, tan evidente en Estados Unidos, y otra, muy distinta, es renunciar al concepto federalista de constituir una sola nación "indivisible".

 

No cabe duda de que el triunfo fugaz de Fortuño en las elecciones pasadas, resultado de la inocencia del electorado puertorriqueño condicionado por la dependencia y el miedo que ha sembrado en las mentes de las mayorías el régimen colonial, no ha podido darles ni siquiera un corto periodo de tranquilidad a los políticos victoriosos. Ya la lucha empieza a acelerarse en todos los contornos de pueblo y seguirá acrecentándose. Nuestro pueblo sufre quizás de una inocencia endémica que le mengua su acción colectiva a corto plazo pero su voluntad de lucha se ha demostrado siempre en los momentos cruciales de nuestra historia. Prepararnos para liderar al país en uno de esos momentos cruciales --quizás de mayor significación que todos los anteriores-- ha de ser el imperativo prioritario que tenemos hoy. 


El Partido Popular Democrático (PPD) está acercándose al final de su ciclo histórico. La división evidente que demuestra es entre la gran base puertorriqueñista, adherida a los principios de justicia social que sirvieron de inspiración a sus fundadores para llevarlos a un arranque victorioso en 1940, y la cúpula de políticos de oficio que, con algunas excepciones, lo que prioriza es únicamente mantener sus privilegios económicos y sus menguados rincones de poder. El resultado es patético para éstos. Los que todavía se esfuerzan por salvar a ese partido de la debacle final merecen nuestra simpatía y buenos deseos. Pero no debemos confundir nuestra misión patriótica acomodándonos a tales metas.

 

Los que buscan esos caminos deben aprender de nuestra propia historia. Cada vez que el sector independentista se ha conformado con compartir pequeñas metas electorales con el llamado sector autonomista, ha terminado en uno de dos caminos: o rebelándose y formando su propia agrupación independentista, como hicieron Pedro Albizu Campos en los años veinte y treinta y Gilberto Concepción de Gracia en los cuarenta, salvando al patriotismo de la ignominia; o sucumbiendo al oportunismo y la sumisión colonial, como Barceló en los años veinte y Luis Muñoz Marín en los cuarenta. Ninguno de éstos han logrado sus propósitos liberadores --que los tuvieron-- y ha llegado al final de sus vidas arrepentidos, ambos, de sus concesiones excesivas al régimen. 


Lo anterior no niega la obligación que tiene el independentismo de compartir, tanto con los autonomistas Populares como con los anexionistas que mantienen la defensa de nuestra identidad nacional puertorriqueña, hacia campañas y metas que nos sean comunes en cada momento, siempre que estemos claros que no vamos a sacar al independentismo de la ruta estratégica que nos define como vanguardia del patriotismo y la justicia social en el país. Pero tenemos que olvidarnos, al menos por el momento, de la preocupación electoralista. La crisis del coloniaje en Puerto Rico y en el mundo hay que ayudar ahora a que culmine, antes de cualquier nuevo proceso electoral dentro del colonialismo, en el pleno reconocimiento por parte de Estados Unidos de nuestro derecho a la libre determinación y la independencia, conforme al Derecho Internacional vigente, que no es la distorsión que de éste ha pretendido imponer el imperio de Estados Unidos. Esa es la ruta estratégica del independentismo puertorriqueño, y de ahí la importancia de mantener nuestra denuncia en los foros internacionales del régimen colonial que Estados Unidos mantiene aquí invariablemente.

 

Los autonomistas y los anexionistas que estén de acuerdo con reclamar junto a nosotros esos principios y su plena aplicación al drama político de nuestra Patria, tendrán la solidaridad, en tales reclamos, del movimiento independentista en todas sus variantes. Menos de eso no puede ser base de negociación. 


El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que sufrió la peor debacle de su historia en las elecciones del pasado noviembre, hace esfuerzos por recuperar su franquicia. Tiene derecho a hacerlo, pero ya no es, ni remotamente, una agrupación protagónica en la lucha por la independencia, ni creo que lo volverá a ser como colectividad, al menos que opte por unirse al independentismo en general en alguna institución amplia e integradora, que pueda borrar las heridas del pasado entre los grupos y las personas. El derecho a la rehabilitación, en el orden patriótico, no puede negársele a nadie, si hasta a los delincuentes convictos se les reconoce. 


Por todo lo anterior, respaldo sin reserva alguna el llamado hecho por el querido amigo y compañero Noel Colón Martínez a la formación de un Congreso Pro Independencia (en secuencia histórica sería el tercer congreso) que pueda reunir al independentismo en general, para desde esa plataforma amplia, y no sectaria, poder promover o respaldar las grandes convergencias puertorriqueñistas y soberanistas que el momento reclama. Cuenta conmigo, Noel, en la limitada medida en que mis menguantes fuerzas me permitan colaborar a este esfuerzo patriótico, que estoy seguro la Patria entera terminará respaldando, por representar la respuesta más adecuada al reto que se nos presenta a los puertorriqueños de forzar la liquidación aquí de una de las últimas colonias del mundo antes que culmine la segunda década de la descolonización del mundo proclamada por las Naciones Unidas para los años de 2001 al 2010. ¡Adelante, siempre adelante! (Continuará). 


Claridad, El Periódico de la Nación Puertorriqueña 

La tribu errante