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miércoles, 11 de marzo de 2009

Mi dolor de cabeza es como un temblor

que se siente en el segundo piso de la biblioteca y se ve y se escucha en los anaqueles balancéandose sobre la siempre-húmeda alfrombra. Los estudiantes --tan derechitos-- se paran de sus asientos y mirando al cielo --bueno, a los plafones invadidos por el hongo y polvo-- se cuestionan si en esos eternos segundos seguirán con vida, porque al parecer, en este preciso momento en que la aguja de una neurona me hinca el cerebro (así es como visualizo mi dolor), nuestra existencia pende de un libro de ese anaquel que se mueve de lado a lado, de lado a lado, porque si ese libro se cae y empieza a tumbar todos los demás en los miles de anaqueles de esta biblioteca, los plafones se nos vendrán encima y con ellos todo el polvo, las piedras y la arena de esa trinchera submarina que decidió moverse por culpa de otro dolor de cabeza.

La tribu errante