Por Dr. Rafael Cox Alomar
Abogado
3 de marzo de 2009
Muy cerca de nosotros, a sólo 425 millas al sureste de Puerto Rico, arden hoy en llamas las vecinas islas de Martinica y Guadalupe; consumiéndose en una hoguera de caos.
Y el detonante de este estruendoso estallido de violencia es un modelo político-constitucional que lejos de posibilitar el despegue económico de estas islas hermanas, ha propiciado la perpetuación de una economía de dependencia y de mantengo incapaz de generar suficiente riqueza y sin posibilidad alguna de canalizar esos recursos de forma justa y equitativa.
El caos que hoy se vive en las calles de Fort-de-France y de Pointre-à-Pitre constituye la punta de lanza de una crisis mucho más profunda y aún más dramática. Es la reacción visceral de un pueblo que despierta a la cruda y amarga realidad de que tomó el camino equivocado; que en lugar de crear una relación política con París que se ajustara a sus realidades geográficas, demográficas, sociales, económicas y culturales, se abocó ciegamente por el camino de la anexión sin aquilatar las consecuencias.
Los martiniqueños y guadalupanos son hoy minoría en su propia tierra; víctimas de su indefensión política. Importante lección para los puertorriqueños. Desde finales del pasado mes de enero, las noticias que llegan de Martinica y Guadalupe son alarmantes: huelga general en ambas islas, motines, cierre de los puertos y aeropuertos, suspensión de todo intercambio comercial (al momento en ambas islas ya se han cancelado sobre 10,000 reservaciones turísticas), cierre de escuelas y universidades, enfrentamientos entre manifestantes y agentes del orden público, saqueos, quema de vehículos y de propiedad tanto pública como privada, rutas de tránsito obstaculizadas por barricadas, marchas de protesta multitudinarias de hasta más de 65,000 personas (cifra realmente impresionante si tomamos en cuenta que estas islas no cuentan con más de 450,000 habitantes cada una).
A tal grado ha llegado la crisis, que desde Francia han arribado a suelo caribeño contingentes de seguridad, activados por el propio Presidente Sarkozy, para intentar estabilizar la situación y el propio Yves Jégo (ministro de asuntos ultramarinos de Francia) se ha desplazado a Guadalupe para negociar con sus conciudadanos franceses en el Caribe una salida a la crisis. Muy poco y muy tarde.
Con un altísimo costo de la vida --- en donde los precios de gran parte de los artículos de primera necesidad son mucho más caros que en Francia (fluctuando entre 30% y 60% por encima de la media francesa); con una escala salarial considerablemente más baja que en la metrópolis; y con una tasa de desempleo que en ambos casos se acerca al 25% (comparada con 8% en Francia) --- el índice de desocupación más alto de la Unión Europea superado únicamente por la isla de Reunión --- la brecha que separa a Guadalupe y Martinica de las demás regiones francesas se hace cada día mayor y por consiguiente aún más insostenible.
La anexión de estas islas a Francia (como departamentos o estados en el modelo norteamericano), lejos de crear las condiciones para mayor autosuficiencia económica y capacidad de gobierno propio, lo que ha hecho es perpetuar el coloniaje y la dependencia. Ni el derecho al voto por el presidente francés ni la representación ante la Asamblea General y el Senado en París han emancipado a estas islas de sus graves males.
Todo lo contrario. Ha sido precisamente la ausencia de poderes a nivel local para ceñir una ruta de futuro a través de la cual transitar de la lógica de la dependencia a la lógica del desarrollo económico endógeno lo que ha detonado esta crisis.
Desde que en 1946 Martinica y Guadalupe, a diferencia de las antillas holandesas y británicas, prefirieron anexarse a su viejo amo colonial en lugar de articular un proyecto autonómico innovador, se ha disparado aún más la concentración de la riqueza y la tenencia de tierras en unas pocas manos metropolitanas (cual apartheid económico), a la vez que se ha hecho más evidente la ausencia de oportunidades para los nacidos en aquellas islas --- quienes hoy compiten por vivienda y empleo desigualmente con sus conciudadanos continentales.
No sorprende entonces que a más de sesenta años de la ratificación por parte de la Asamblea Constituyente francesa de la loi d'assimilation no existan partidos anexionistas con poder político ni en Martinica ni en Guadalupe. Hasta el propio Aimé Césaire, indiscutido arquitecto de la anexión, rechazó tajantemente su propia criatura para abrazarse al ideal autonomista. El clamor que se respira hoy en el Caribe francófono es por la consecución de mayores poderes políticos. Esa es la consigna.
Tanto las penurias de Martinica y Guadalupe, así como la quiebra hoy de 46 de los 50 estados de los Estados Unidos, demuestran que la estadidad no es la panacea económica que el liderato anexionista nos quiere hacer creer. Esa concepción ya casi mítica en el imaginario estadista de que la estadidad es para los pobres es pura ficción.
Más pobres y menos producción, ese sería su saldo final en Puerto Rico. En su obsesión por hacer de Puerto Rico el primer estado hispano ese liderato ha perdido de vista que no puede ser el status para el país sino el país para el status; que lo fundamental para Puerto Rico es zafarse de la camisa de fuerza que presupone la estadidad, allegándose mayores poderes políticos para poder afrontar los difíciles retos del presente con mayor soltura y flexibilidad. Delimitar las fronteras de ese nuevo proyecto autonómico constituye hoy la tarea impostergable de los puertorriqueños de esta parte del siglo 21.
"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
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jueves, 5 de marzo de 2009
domingo, 21 de octubre de 2007
Coloniaje y estadidad: Martinica, Bermuda y Puerto Rico
Muchos consideran que hablar del estatus político de Puerto Rico es un cliché. Mi respuesta es que lo sería si no fuéramos una colonia. No sólo nuestra metrópoli, los Estados Unidos de América (EUA), lo ha reconocido en el Informe Interagencial de 2005, sino que hasta los mismísimos populares (y menos recientemente los penepés) ya no tienen reparos en llamar al Estado Libre Asociado (ELA) colonia. "We are back to step one", o sea, de vuelta al 1953 cuando se solapó la ignominia del coloniaje a nivel internacional ante la ONU con el invento del ELA. A la ONU fueron juntitos los populares y los penepés con los estadounidenses para defender al ELA como un experimento nóvel y liberar a los EUA de los informes que anualmente rendía a la ONU sobre el estado de su posesión colonial más grande, Puerto Rico.
A propósito de la reunión que este martes se celebra en Casa Blanca con los líderes de los partidos políticos puertorriqueños en torno al estatus, La Revista de El Nuevo Día ha publicado dos artículos que tratan sobre nuestra condición colonial. Uno lo escribió Edgardo Rodríguez Juliá en su excelente columna Guaynabo City Blues y el otro, titulado La 'estadidad' no termina el colonialismo, trata sobre cómo en Martinica, inclusive luego de advenir a la departamentalización francesa en 1946 (lo que equivaldría, en nuestro caso, a la estadidad con EUA), perdura un sentimiento de inconformidad y confusión entre las lealtades políticas y culturales, además de una serie de problemas sociales y económicos. En 1949, a sólo tres años de la integración de Martinica con Francia, Aimé Césaire declaró: "a partir de ahora, la contradicción se va a exacerbar y estallar frente a los ojos de todos, entre la nueva fórmula política que se le dio a este país y la realidad económica-social y administrativa, fórmula que ustedes no tuvieron la valentía de modificar, fórmula que será colonial y yo diría que hasta colonialista misma". Des origines de la nation martiniquaise – Camille DARSIERES, coll. Thèse & textes DESORMEAUX.
Lo curioso del caso es que sesenta y un años después de la 'estadidad', el Presidente de la región de Martinica, Alfred Marie-Jeanne, pertenece al Movimiento Independentista Martiniqueño. En una situación similar se encuentra Bermuda, como verán en el siguiente artículo que publiqué el año pasado.
Una lista de agravios
Por: Luis A. Ponce
Perspectiva
El Nuevo Día – viernes, 16 de junio de 2006
En nuestro hemisferio hay otro archipiélago que junto al de Puerto Rico es una de las colonias más antiguas del mundo. Me refiero al archipiélago de Bermuda, un territorio de Ultramar de la Corona inglesa. Muchos puertorriqueños desconocen los procesos políticos e históricos de dichas islas que se encuentran frente a las costas de Carolina del Norte. Desconocen que el eficiente sistema colonial británico ha permitido la formación de un gobierno local verdaderamente autónomo. La corona británica sólo se encarga de los asuntos diplomáticos y la defensa.
Un dato interesante es que la constitución vigente en Bermuda, ratificada en 1968, fue redactada con la independencia del archipiélago en mente.
Aunque la independencia nunca se materializó (fue derrotada abrumadoramente en el plebiscito de 1995), Bermuda ostenta su propia moneda, es miembro asociado de CARICOM (oportunidad que fue denegada a Puerto Rico por el Departamento de Estado Federal) y, sin poseer industrias ni recursos naturales explotables, tiene un desempleo bajísimo (5%) y un ingreso per cápita similar al de los Estados Unidos. El gobierno en poder, dirigido por el premier William Alexander Scott, ha retomado el tema de la independencia.
En Puerto Rico, las limitaciones del ELA son muchas. EE.UU. nos controla de tal manera que hasta los británicos nos llaman "Welfare Island" (The Economist, 27 de mayo al 2 de junio). Además de demostrar la falta de libertades políticas y económicas que sufrimos en comparación a las islas Bermuda, esta exposición nos lleva también a concluir que Estados Unidos, en su afán de distanciarse lo más posible de su antigua metrópoli (Gran Bretaña), ha fracasado como administrador colonial. Nos compete ahora a los puertorriqueños denunciar estos agravios. Si caen nuevamente sobre oídos sordos, nos veremos forzados a tomar las riendas de nuestro destino. No podemos seguir malgastando el tiempo.
Más notas mías a modo de discusión...
Los independentistas en este país nos tenemos que dar cuenta de la importancia que tienen las elecciones en la colonia. Sino es para adelantar la causa independentista, por lo menos lo es para enviar un mensaje. La estrategia de no participar en las elecciones o de no votar por el único partido que defiende la independencia no ha rendido ningún fruto, sino que le ha servido a los enemigos de la soberanía nacional. Las no tan brillantes ejecutorias del PIP es materia de otra discusión, pero hasta que no se formé otro partido electoral independentista, es preferible votar por el PIP que votar por colonialistas o abstenerse. Los ejemplos de Bermuda y Martinica representan un modelo a seguir porque aún sin ser independientes, sus líderes electos más importantes favorecen la independencia de sus respectivos archipiélagos y eso es un mensaje poderoso, independientemente del grado del poder que se ejerza. A ver si todas la organizaciones independentistas recapacitan y para las elecciones del 2008 se presentan unidas en un frente amplio soberanista. Por la independencia siempre es mejor sumar que restar.
A propósito de la reunión que este martes se celebra en Casa Blanca con los líderes de los partidos políticos puertorriqueños en torno al estatus, La Revista de El Nuevo Día ha publicado dos artículos que tratan sobre nuestra condición colonial. Uno lo escribió Edgardo Rodríguez Juliá en su excelente columna Guaynabo City Blues y el otro, titulado La 'estadidad' no termina el colonialismo, trata sobre cómo en Martinica, inclusive luego de advenir a la departamentalización francesa en 1946 (lo que equivaldría, en nuestro caso, a la estadidad con EUA), perdura un sentimiento de inconformidad y confusión entre las lealtades políticas y culturales, además de una serie de problemas sociales y económicos. En 1949, a sólo tres años de la integración de Martinica con Francia, Aimé Césaire declaró: "a partir de ahora, la contradicción se va a exacerbar y estallar frente a los ojos de todos, entre la nueva fórmula política que se le dio a este país y la realidad económica-social y administrativa, fórmula que ustedes no tuvieron la valentía de modificar, fórmula que será colonial y yo diría que hasta colonialista misma". Des origines de la nation martiniquaise – Camille DARSIERES, coll. Thèse & textes DESORMEAUX.
Lo curioso del caso es que sesenta y un años después de la 'estadidad', el Presidente de la región de Martinica, Alfred Marie-Jeanne, pertenece al Movimiento Independentista Martiniqueño. En una situación similar se encuentra Bermuda, como verán en el siguiente artículo que publiqué el año pasado.
Una lista de agravios
Por: Luis A. Ponce
Perspectiva
El Nuevo Día – viernes, 16 de junio de 2006
En nuestro hemisferio hay otro archipiélago que junto al de Puerto Rico es una de las colonias más antiguas del mundo. Me refiero al archipiélago de Bermuda, un territorio de Ultramar de la Corona inglesa. Muchos puertorriqueños desconocen los procesos políticos e históricos de dichas islas que se encuentran frente a las costas de Carolina del Norte. Desconocen que el eficiente sistema colonial británico ha permitido la formación de un gobierno local verdaderamente autónomo. La corona británica sólo se encarga de los asuntos diplomáticos y la defensa.
Un dato interesante es que la constitución vigente en Bermuda, ratificada en 1968, fue redactada con la independencia del archipiélago en mente.
Aunque la independencia nunca se materializó (fue derrotada abrumadoramente en el plebiscito de 1995), Bermuda ostenta su propia moneda, es miembro asociado de CARICOM (oportunidad que fue denegada a Puerto Rico por el Departamento de Estado Federal) y, sin poseer industrias ni recursos naturales explotables, tiene un desempleo bajísimo (5%) y un ingreso per cápita similar al de los Estados Unidos. El gobierno en poder, dirigido por el premier William Alexander Scott, ha retomado el tema de la independencia.
En Puerto Rico, las limitaciones del ELA son muchas. EE.UU. nos controla de tal manera que hasta los británicos nos llaman "Welfare Island" (The Economist, 27 de mayo al 2 de junio). Además de demostrar la falta de libertades políticas y económicas que sufrimos en comparación a las islas Bermuda, esta exposición nos lleva también a concluir que Estados Unidos, en su afán de distanciarse lo más posible de su antigua metrópoli (Gran Bretaña), ha fracasado como administrador colonial. Nos compete ahora a los puertorriqueños denunciar estos agravios. Si caen nuevamente sobre oídos sordos, nos veremos forzados a tomar las riendas de nuestro destino. No podemos seguir malgastando el tiempo.
Más notas mías a modo de discusión...
Los independentistas en este país nos tenemos que dar cuenta de la importancia que tienen las elecciones en la colonia. Sino es para adelantar la causa independentista, por lo menos lo es para enviar un mensaje. La estrategia de no participar en las elecciones o de no votar por el único partido que defiende la independencia no ha rendido ningún fruto, sino que le ha servido a los enemigos de la soberanía nacional. Las no tan brillantes ejecutorias del PIP es materia de otra discusión, pero hasta que no se formé otro partido electoral independentista, es preferible votar por el PIP que votar por colonialistas o abstenerse. Los ejemplos de Bermuda y Martinica representan un modelo a seguir porque aún sin ser independientes, sus líderes electos más importantes favorecen la independencia de sus respectivos archipiélagos y eso es un mensaje poderoso, independientemente del grado del poder que se ejerza. A ver si todas la organizaciones independentistas recapacitan y para las elecciones del 2008 se presentan unidas en un frente amplio soberanista. Por la independencia siempre es mejor sumar que restar.
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