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viernes, 15 de julio de 2011

En El Punto Es

Esta mañana salió mi primera crónica sanjuanera en el blog hilado por boricuas en Nueva York, El Punto Es. La entrada se llama Un amor urbano de verano.

En ese texto relato mi verano de hace dos años utilizando todo tipo de transportación pública para hacer mis quehaceres y a la vez grabarme en mis sentidos un amor particular por nuestra ciudad y por el amor mismo de tener a una guía excepcional que me llevó por esos caminos, de la mano, a veces en su carro y no pocas veces de sus labios.

Que la disfruten.

lunes, 9 de mayo de 2011

Mis islas de Hawai'i - II

[La primera parte de esta crónica está aquí.]


Hawai’i es todo menos Hawai’i

Las islas, aunque están en medio del Pacífico, son Estados Unidos, claro, pero también Japón, las Filipinas, China y el resto de Polinesia. La cultura hawaiana ha subsistido gracias al folklore de feria que inunda los resorts de Waikiki y Maui, y el diseño tan acogedor y polinesio de sus aeropuertos donde el agudo ukulele se impone a cualquier música pop.

Lo fácilmente identificable como hawaiano es el lei y el Spam servido con y en todo lo imaginable, un músico tocando el ukulele, la nuez macadamia y el festival de la malanga. Símbolos que sirven de excusa para una nacionalidad tragada inicialmente por Washington y luego modificada por la insistencia en diferentes monocultivos a través de las décadas y los vaivenes de la economía mundial.

Mi apreciación sobre la nacionalidad hawaiana no debe ser malinterpretada. No estoy defendiendo un nacionalismo monolítico ni decimonónico. Lo que ocurre en Hawai'i es el legado de una potencia que a través de corporaciones privadas usurpó de su tierra a los habitantes originales y los llevó a convertirse en una cultura en peligro de extinción, de material folklórico de museos y exhibiciones. Los que se queden en Honolulu verán un Hawai'i glamoroso y cosmopolita; en Maui el paraíso hecho resort, mientras el resto de las islas del archipiélago siguen bastante despobladas y la vida en ellas puede ser un poco más parecido a un estilo de vida hawaiano.

En la isla de Hawai'i, una de las menos pobladas a pesar de ser la más grande, aún quedan rasgos más identificables de la moderna cultura hawaiana. Pero con todo y esto, la mayoría de la población sigue siendo blanca y éstos tienen el control de los terrenos y negocios. El boom inmobiliario ha subsistido en esta isla y los realtors ausentistas, a pesar de la crisis, han mantenido sus derechos sobre estas tierras esperando porque las mismas suban aún más de precio y se las puedan vender al próximo gran resort.

Traigo todo esto a colación porque para Puerto Rico la pregunta importante es la siguiente: ¿Es ésta la panacea de la estadidad que los líderes estadoístas tanto le han vendido a las masas? La siguiente imagen es lo que mejor ilustraría la admisión a la federación norteamericana: la bandera hawaiana por debajo de la barras y las estrellas. Los boricuas --tan orgullosos nosotros de la monoestrellada--, ¿podríamos tomar sin problema el café de la mañana en una situación similar? "Es un símbolo solamente", dirán algunos, pero es la metáfora perfecta para lo cotidiano en Hawai'i: el fin de una nación que ahora solo busca reafirmarse mediante un reconocimiento tardío ante el gobierno federal como tribu de pueblo originario. Mientras tanto, para el resto de la población, si no eres un retirado o inversionista (no importa de que origen étnico seas) te la verás bien difícil progresar en tu propio estado (al menos que sea enfermero/a o maestro/a, las profesiones más solicitadas en Hawai'i ahora mismo).

domingo, 1 de mayo de 2011

Mis islas de Hawai'i


Bienvenidos al Club de 1898

Lo peor de volar a Honolulu es iniciar el viaje en Newark. Son once horas de repeticiones de las mismas tres películas y de comer la malísima comida de porciones diminutas que te venden porque a pesar del largo viaje, las políticas que aplican a los vuelos domésticos continúan vigentes. A esto hay que añadirle mi terror a volar y lo escurridiza que es mi imaginación al recrear mi muerte en medio del aire (como si haber soñado con un episodio así me diera licencia para saber cómo realmente se muestra la muerte a velocidad crucero).

Al aterrizar todo fue mejor, pero parcialmente: aún el frío intenso de marzo se colaba por las mañanas y noches de O'ahu (mi guille de isleño me salió caro porque no lleve ni un puto jacket) y en la mesa (que para mí fue como una estocada fulminante a mi voraz apetito) un disgusto mayor por la ensalada de salmón salado llamada lomi lomi (mitad pico de gallo, mitad algo parecido a un ceviche mal sazonado y violento al paladar), además de la presentación tan hostil con la que los hawaianos ofrecen sus especialidades gastronómicas: pelotas de arroz mochi, otra más de lo que podría llamarse un híbrido de nuestra ensalada de papas y coditos servidas juntas y revueltas, bautizado con el guiso o proteína de tu selección que muchas veces incluía algo de spam, hamburger steaks o algo frito. Todo esto tirado sobra un plato inmenso (por eso este tipo de comida se conoce como plate lunches) sin ton ni son. Claro, lo que he descrito no es comida de lū'au ni de restaurantes finos. Hablo de la comida de la calle, las panaderías y las guaguas de comida que funcionan como el equivalente hawaiano de nuestra cultura de chinchorreo. Un caos como el nuestro -lo concedo-, pero al ser un caos diferente, choca.

En contrapunto está el cerdo estilo kalua, la variedad alucinante de pescados frescos y el poke. De estos tres platos, el más común es el poke que vendría a ser una especie de ceviche japonés-hawaiano (en nada parecido al lomi lomi) en el que el pescado fresco (usualmente ahi) es aderezado en diferentes estilos y servido sobre arroz mochi. El cerdo kalua no es otra cosa que la versión polinesa de un lechón asado, mientras que los pescados frescos están considerados como una proteína ocasional echada hacia un lado como hacemos en Borikén donde la dieta típica es también a base de carbohidratos (aunque mucho más diversos que en Hawai'i), cerdo y carnes.

Empiezo por la comida porque la manera en que comen los hawaianos vierte luz sobre su sociedad. Estos plate lunches están casi siempre reservados para la minoría (digo, si tienen dinero suficiente para comer), que en hawaiano vendría a significar, pues, los propios hawaianos. El pescado fresco, los mariscos, el lū'au, el sushi creativo, la cocina creativa llamada Pacific Rim Cuisine es para los otros hawaianos: la mayoría blanca anglosajona, los turistas y la poderosa minoría japonesa. La mesa, una vez más, sirve como un mapa muy certero de la realidad de los países. Y en Hawai'i la realidad es una de pobreza para el hawaiano originario.

El aislamiento de estas islas también ahoga las oportunidades para la población: una gran grieta que ya se ve y se palpa sobre la capota de ensueño polinesio a la que estamos acostumbrados. Al lado de una de las autopistas principales de Honolulu lo primero que vi fue un caserío derruido y en la prensa y radio se discute, como el tema del status en Puerto Rico, el grave problema de dependencia que luego de 50 años de estadidad el archipiélago sigue sufriendo. Como la vasta mayoría de lo que se consume es importado, los costos se han elevado ("¿no sueñas que estás en Puerto Rico?") y, sumado a la falta de trabajo, el resultado de esta ecuación es de fácil comprobación al visitar los parques públicos del estado. En ellos pude presenciar a familias enteras viviendo bajo toldos o casetas de acampar. Evidente y lamentablemente, la mayoría de estos invasores son los nativos hawaianos, hace más de un siglo reducidos a una minoría en su propia tierra.


[Primera de tres entregas sobre mi reciente viaje al archipiélago de Hawai'i. Esperen por las siguientes dos muy pronto. La segunda parte de la crónica está aquí.]

miércoles, 6 de octubre de 2010

Hipocresía general en el operativo más grande en la colonia más antigua

Bravo.

Por el megaoperativo, claro. Por eso y por el número de personas detenidas. Números: es lo que realmente busca el pueblo. Que los administradores de la colonia no se llenen la boca de teorías, argumentos y razones. Escupan eso. Llénense el buche de otras cosas: numbers, baby. Hay que afinar la voz con estadísticas y 133 o los que fuesen es una cifra hermosa. 133 menos equivale a más seguridad. 133 menos equivale a que el resto de nuestra Policía está derechita, incólume, lista para el servicio y la honestidad. 133 menos equivale a que este gobierno está haciendo las cosas bien y que la Guerra contra las Drogas es un hit. Un número grande acompañado de la palabra "histórico" y tenemos un #TriunfoÉpico. Tweet-tweet.

Falta mucho por hacer, dicen los administradores y les creemos. El que se desvíe le espera un castigo seguro: es lo que demuestra este operativo. Es cierto. Sanchita nos dice esto y Eric Holder nos felicita en español. El Gobe se aguanta las ganas de hacer una fiestecita en Fortaleza por tan lindas palabras del negrito ese. La celebridad invitada no sería otra sino que la mismísima Evelyn Vázquez. El Día del Buen Trato es otra genial manera para darnos más seguridad y paz; como la Policía en los caseríos y la Guardia Nacional cogiéndose la ride con los azules.

Pero habrá algunos que con estos números se detendrán a pensar las cosas con más calma. Después de todo, por su propia naturaleza, siempre hay algo raro cuando las cifras no cuadran. Estas personas, que son las que siempre critican todo lo que hace el gobierno, van a preguntarse: ¿133 nada más de una operación que genera cerca de $15 mil millones al año y con una red internacional de producción y distribución? $15 mil millones vs. ¿cuánto es que le iban a pagar a estos pelagatos por mover la droga?

Y otros se preguntarán lo mismo y estarán clamando por el fin de la Guerra contra las Drogas, lo que apoyo como un replanteamiento de una estrategia fracasada que ha multiplicado el crimen y reducido las oportunidades de los pobres. La gente lo sabe, gente bien buena; gente de arriba y gente de abajo. En el gobierno, en la medicina, en las librerías, en las escuelas, en la huelga.

Los malos son los pejes grandes que no caen, esos son los malos y 133 es un chiste.
Pero mientras, vamos a pedir delivery de lo que tú quieras, papi. $75. Total, yo le doy Like a los derechos humanos en Facebook, me sumo a la campaña a favor del aborto y después a un nevadito. $25. Déjame leer el periódico con una nota antes de salir a trabajar. $15. El médico se jarta con $100 al día, pero hace una estupenda labor en el hospital. El estudiante se empepa en el carro y, loco, ¿viste como sacó A? Y se ganó $40 porque repartió un poquitín a otros más. $75 + $25 + $15 + $100 + $40 también es matemática. Y cuadra.

Pero siempre es más fácil contar los del otro que contar los de uno.

Bravo.

jueves, 8 de julio de 2010

Hoy estoy en La Acera

La segunda parte de mi crónica sobre la división racial en Washington, D.C. ya está disponible aquí.

Si tienen planificado visitar a la ciudad no dejen de ir al Busboys and Poets Café, en el barrio de U Street. Me impresionó su compromiso con el ambiente, la comunidad y la contribución que hacen a los proyectos educativos y de mejoramiento social. Además, su menú es interesantísimo con opciones vegetarianas y veganas. Y para los amantes de los mariscos, sepan que para la vez que estuve por allá le tenían un boicot a los fruits de mer canadienses al estos permitir la caza de focas bebé.

Lean. Comenten.

Por ahí viene la tercera parte de la crónica sobre gastronomía para que también coman.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La maravillosa ternura del pavo

Cuando estaba en universidad iba con mi amiga Emily a Syracuse a pasar el Día de Acción de Gracias junto a su familia. Era el intermezzo a los exámenes finales y una perfecta oportunidad para planificar lo que le escribiría a la chica del momento que me gustaba: una carta de amor, un poema, una tarjeta con lindos versos. Ideaba la manera hasta de invitarlas a las fiestas de Navidad que se organizaban en el campus. Ahora me acuerdo del frío de la nieve de los últimos días de diciembre y del sótano de la casa fraterna donde se bailaba y las parejas se besaban. Como nunca mis cartas y poemas fueron bien recibidos, terminaba yendo con amigas que, por desgracia, luego también me empezaban a gustar y cuando finalmente decidía escribirles algo, mis palabras nunca encontraban el tibio pecho de sus lectoras.

Nuevamente al año siguiente, entre los árboles de manzana sin hojas, los caminos congelados y el frígido aire que me succionaba el calor del cuerpo en Upstate New York, me ideaba otros poemas y soñaba con otra chica. Esto se convertía en mi razón definitiva para fijarme en los detalles de Emily, en su ropa, sus cuidados, en lo que me respondía para así aplicar mis nuevos conocimientos en las muchachas de turno; de concentrarme en entender las letras de las canciones de Navidad que Rich -el papá de Emily- ponía en la sala antes de la cena. Frank Sinatra descompuso de tal manera mis recuerdos pasados sobre esta época, que luego del fin de mis estadías en Syracuse, todavía me veía sentado frente a la chimenea de la sala de Emily, intentando memorizarme las letras de Ol' Blue Eyes. Alguna vez le llegué a explicar a Rich mis apasionamientos y él me animaba en ellos, a la vez que me servía otroapéritif y nos disponíamos a esperar el banquete de la velada.

Lo curioso es que años después me encontraba a esas muchachas que les había escrito y hasta algunas accedían a un café y a una conversación. Todas muy bien con sus vidas-trabajos-novios/esposos-éxitos. En esos pocos minutos en que lograba atisbar las formas de sus cuerpos bajo los ropajes o la sonrisa que me ofrecían al pasarle un sobrecito de azúcar, redescubría las razones de mi atracción por ellas: el lunar en el cachete de una; la forma tan cómica con que otra todavía me hablaba mientras se devoraba una galleta; el espectáculo de sus dedos al aguantar la taza de café; su manera de responder el móvil, pagarme el café e irse apresuradamente (porque también hay formas de ausencia que ciertas personas vuelven únicas).

Luego de observarlas y recordar mis infructuosas historias con ellas, la verdad tocaba fondo y entendía la razón por la que nada había surgido entre nosotros: la lejanía de nuestros mundos. Esto se reconfirmaba cuando estas chicas, antes de marcharse, preguntaban sobre mí ya que a lo largo de nuestro encuentro no había lanzado pormenores de mi vida. Yo les respondía -cómo no hacerlo luego de su interés- con tres descripciones: desempleado, viviendo con mis padres y escribiendo. ¿No has publicado nada? Algunas veces mentía y les decía que sí, pero en vez de darle el título de un libro, las refería a mi blog (trataba así de subsanar mi mentira). Otras veces decía la verdad y a los pocos minutos me daban las gracias (en estas otras salidas impetuosas siempre tenía la amabilidad de invitarles el café y las galletitas, por supuesto) y se desaparecían entre la multitud de la ciudad.

De las siete u ocho chicas que he vuelto a ver, sólo una mostró interés y en esa ocasión rápido me increpó sobre mi estilo literario, de porqué sigues en esta ciudad si aquí no vas a encontrar oportunidades. Sal, mijo, tienes que irte de aquí, ¿o es que todavía no te has dado cuenta que esto es una tumba de ideas nuevas?

Entonces ella se acordó de una tarjeta que le di en las Navidades del 2002: todavía la guardo aunque no me creas. Ya sabía por donde iba la cosa y me sonreí con ella aunque en ese instante no recordaba las palabras exactas que le había dirigido, un gran descuido de mi parte ya que de lo único que suelo acordarme es de las cosas que escribo. Seguimos hablando en el café con el ímpetu del que deshoja una alcachofa y admito que no sólo empecé a sudar debajo de mi suéter, sino que inclusive acerqué más la silla a sus muslos y traté de buscarle sin recato sus ojos verdes, ignorando por completo el anillo de matrimonio que llevaba en esa linda mano que ya comenzaba a dibujar garabatitos en la servilleta (yo sudando y ella garabateando, ¿acaso no estábamos bastante viejos ya como para controlar el nerviosismo?). ¿En realidad fue una tarjeta de Navidad? Pues si quieres te la muestro.

La distancia entre el café y su apartamento no fue mucha, pero menos fue entre la puerta y la isla de la cocina donde nos comimos muy lentamente esa pequeño corazón de alcachofa que palpitaba dentro de nosotros. El instante en que le mordí su dedo anular ensortijado fue como escribir una nueva oración de mi siempre inconclusa novela: el poder metafórico que se disparó en mí al intentar estropear con mis dientes ese gran símbolo de la familia perfecta logró que finalmente nevara sobre la ciudad temporal que habíamos edificado sobre la isla rústica de madera, sustituyendo de un porrazo los lindos frutos otoñales de plástico que hacían juego con la decoración del apartamento y que ahora permanecían regados en el suelo.

En ningún momento pude recordar lo que le había escrito hace ya algunos años y ella, luego de disculparse para ir al baño y arreglarse un poco, no hizo ningún esfuerzo por encontrar esa tarjeta de Navidad de la que me había hablado. Dudé si en efecto esta mujer era quien decía ser. A decir verdad nunca le pregunté su nombre y en todo momento supuse que era ella, si total, me trató con la naturalidad más fresca del mundo. Pero, ¿estudiamos juntos? Sí, me respondió ella cuando nos tropezamos en el parque Lafayette y empezamos a hablar. ¿En Georgetown? Por supuesto. Espérate, fuiste la roommate de Carolina, ¿no? Pues aquí me tienes. Rápidamente supuse que en algún momento le había escrito algo o más bien invitado a la Gala de Navidad en la calle Prospect: la cierto es que su cara me parecía familiar junto a sus ojos verdes, inclusive, la forma un poco rara en que sus labios formaban las terminaciones de las palabras. A todas mis interrogantes me respondía en la afirmativa, pero eso sí, nunca me llamó por mi nombre. Nunca me dijo, Luis es fascinante lo que me escribiste o Luis, ¿no te pareció un poco ridículo mandarle tarjetas de Navidad a todas las chicas que te gustaban en aquel momento? Soy sincero y a mí no me parecía nada ridículo mi atropellado intento de conseguirme una novia y en el café nos reímos de mis ocurrencias y yo de las de ella, de su vida después de graduada, de que esta ciudad a veces cansa, pero más la cansaba su trabajo de abogada que compartía con su esposo. Y entonces aprovechó el hilo de la conversación para que le hablara de mí, un error de su parte (¡cómo entonces no caí en cuenta!): tan sabido es por la gente que me conoce que una vez me preguntan sobre mí tiendo a olvidarme de todo y a centrarme en mis grandes fracasos que proclamo como aciertos frente todos esos que viven guarecidos tras sus conquistas y, en estos últimos días, detrás de sus iPhones. Así logré interesarla más, y el resto fue historia, me dije, cuando intenté despedirme sin meter la pata e increparle en la cara: ¿pero acaso no te has dado cuenta que no nos conocemos?

Al despedirme ella me dio la mitad de una tarta de canela que, imagino yo, le sobraba en el refrigerador y cerró la puerta. Pensé en gritarle, ¡gracias por el bizcocho...Feliz Navidad!, pero en su lugar le di un mordisco a su regalo (hacía horas que no comía nada y ya mi estómago estaba al borde de la hecatombe con tanto café que le había vertido) y comencé a caminar hacia Syracuse, donde me esperaba una rica cena o por lo menos mi memoria en un estado mucho más ordenado que el actual.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Cielo iluminado

A Gad Zeevi porque en este país amamos a los corruptos, digo, inversionistas ausentes.

Preludio de un ¡bum!

Años más tiernos, pero no menos activistas. Marchas y protestas por las emanaciones de la Gulf. Finales de los ochenta, principios de los noventa. El olor a químicos se sentía fácilmente en casa. Una vez la EPA dejó unos tanques especiales para que midieran la calidad del aire. Venían en unas cajas de metal. Ohhh, la teconología americana.

Una vez tuvimos que salir de casa y dar vueltas por la ciudad porque el olor era demasiado fuerte. No podíamos dormir. Conferencias en la comunidad de Puente Blanco en Cataño. De Bayamón, de una urbanización con control de acceso, fuimos a apoyar (¿el aire no es acaso tuyo y mío...de todos?) . Yo era muy chico para atreverme a hablar y le instaba a mi viejo que dijera algo, que nuestra participación quedará plasmada en el récord. La primera vez que vi esos audífonos graciosos que transmitían la interpretación simultánea del inglés al español (y viceversa).

Y fue esta vez que me enteré que no debíamos estar aquí. Que las industrias estaban primero. Que luego el plan se abandonó. Que las industrias (y los billetes) estaban primero. Que luego el rió se canalizó. Y las industrias, claro, estaban aquí primero y sus tubos y sus millones; sus tanques y contribuciones. Crearon riqueza, mucha, que trajo más gente con sueños e hipotecas. Vino Levitt y le dejaron que construyera su pueblo. Pero y las comunidades en Cataño, ¿no estaban aquí antes del petróleo? ¿Los árboles, los humedales y el tatarabuelo del guaraguao herido que tomó muy sensiblemente el lente de un fotoperiodista del periódico? El huevo ni el ave vineron primero. Al principio hubo la tierra, el agua y los árboles. Luego llegó el hombre con su fuego.

La angustiosa incertidumbre de tener la cara contra el piso


Por más breve que haya sido el momento marcado en la cara de un reloj (10, 15, 20 segundos) no lo fue para la mía que asumía la posición contra las losetas frías de mi casa. Estaba en el segundo piso y al escuchar los estallidos sólo supe tirarme al suelo. Y sí, estallidos eran, ¿pero de qué? ¿Disparos vengando la masacre de La Tómbola? ¿Nos bombardeaban? ¿Un avión caído de los cielos?

Luego del estupor, de saber que la casa todavía se sostenía y de que me había librado de algo desastroso, salí a la calle con mi perro. Todos los vecinos salimos al mismo tiempo (luego de recomponerse del susto incial, de la taquicardia, de sentir la posibilidad del final tan cerca) y cuando miramos detrás de mi casa (donde se abre el bosque por donde antes pasaba el río) el humo se alzaba y el anaranjado de las llamas se reflejaba contra la pizarra de la noche. Fue entonces cuando dije en voz alta que no, no había sido un avión sino la Gulf, algo se reventó en la Gulf.

Los periodistas del futuro: la tribu de Facebook y Twitter


La demora con que la prensa tradicional, escrita y televisada, respondieron a este suceso manifiesta su creciente obsolescencia. Las emisoras radiales picaron alante, pero ninguno de los canales locales ni los periódicos de mayor circulación lanzaron algo. El Canal 6 empezó a transmitir como a eso de las dos, casi tres de la madrugada y Primera Hora logró actualizar su página web mucho más rápido que El Nuevo Día, pero ya, hacía horas, que los que se habían despertado por la explosión o los que nunca se habían dormido, se habían enterado de la catástrofe que había ocurrido en las cercanías de Cataño y Bayamón. Fue entre los mismos usuarios de Facebook y Twitter que se descartó la posibilidad de un accidente aéreo y las primeras imágenes y videos fueron suministradas por los "tipos comunes" de nuestro pueblo. Periodismo legítimo, sin comprometer su integridad a cambio de agendas políticas (claro, siempre y cuando no sea el de traer la noticia primero y recibir más comentarios), el 5to poder como lo llaman o periodismo ciudadano, no sólo está para quedarse, sino que está comenzando.

Todos los fuegos la colonia


Lo que no se hizo esperar fueron las unidades de rescate de los municipios. Tan pronto cesaron las explosiones pude escuchar una sinfonía de alarmas moviéndose por la ciudad. No se puede negar este hecho: el mecanismo de emergencia del estado reaccionó a tiempo y construyó infraestructura necesaria casi al instante para abrir caminos y traer agua desde la bahía. Una respuesta rápida y efectiva de parte de Luis Fortuño, para parar el catastrófico incendio y para también ponerle un poco de freno a su marcado declive político.

Pero el estado nuestro siempre ha fallado junto con sus sucesivos gobiernos. Su falla ha sido en la fiscalización de la empresa privada, sobre todo la petroquímica, la farmacéutica y la de construcción. El estado colonial de Puerto Rico --pasando primero por la agricultura a gran escala, donde el capital ausentista norteamericano dominó por medio siglo nuestra economía-- con tal de bajar un poco la tasa del desempleo y de llenarle los bolsillos a otros pocos, procura no hacerle mucho berrinche a los grandes intereses económicos e industriales que han venido a Puerto Rico a hacer riqueza y dejar casi ninguna (véase, por ejemplo, las ya desaparecidas 936, tildadas de milagrosas por el establishment colonial, y a la hora de irse, no dejaron en la eonomía local, no sólo el dinero esperado, sino tampoco el know-how para desarrollar grandes industrias locales, de capital puertorriqueño, como suele ocurrir en otras jursidicciones).

El gobierno puertorriqueño no le hace berrinche al evitar galantemente la imposición de mayores impuestos a las corporaciones foráneas; regalando más tierras fértiles al cemento; no luchando activamente para acabar con las leyes de cabotaje; no desarrollando la (para)diplomacia boricua; haciendo todo lo posible para encapsularnos cada vez más en el sistema estadounidense cortándonos las alas a nosotros mismo. En esto todos los gobiernos han sido culpables.

El factor ecológico o cuán fácil es despachar lo verde


"Un daño ambiental incalculable", fue el estribillo que plagó la prensa durante las horas del incendio, durante las 60 horas del mismo. Incalculable. ¿Con esta palabra qué se pretendía? ¿Atribuirse, de un plumazo, una preocupación ambiental, tan políticamente correcta en estos días verdes? La columna de humo se elevaba y los residuos tóxicos viajaban por el cielo y sabe el viento y las nubes dónde habrá ido a parar. Fue sólo hoy, a tres días de haberse extinguido el incendio, que El Nuevo Día se expresó sobre el ambiente ("El gran reto es ambiental"). Pero antes la habladuría era sobre lo que hacían o dejaban de hacer los políticos, las historias de terror de la gente, las fotos impactantes y las teorías de conspiración. El ambiente, muy bien gracias, "por lo menos se está moviendo hacia el Atlántico". Y yo pensando, vaya, entonces mientras el particulado caiga en el mar y se congestione la atmósfera alta, estamos a salvo de la contaminación. También pensé en la responsabilidad con nuestros vecinos del Caribe: ¿sabe alguien hasta dónde han llegado estos contaminantes y los posibles efectos que puedan tener?
¿Quién asume la responsabilidad? ¿Se podrán alegar reparaciones por los daños ambientales? ¿Qué hacer con CAPECO?

Y finalmente, ¿dónde está Gad (y Sila, Cantero Frau y los millones que le perdonaron)?

Para muestra sólo basta un botón, pero para los eñangotaos, sólo nos resta ver al Partido Popular. La fábula del león aquí y cordero allá es harta conocida, pero qué tal ésta del monstruo de tres cabezas. La ex gobernadora debe esclarecer esta condonación de parte de la deuda que tenía que satisfacer CAPECO por sus violaciones ambientales. Dinero que se perdió para ayudar a mejorar el ambiente, para educar, para invertir en nuevas tecnologías. Pero nada de eso es efectivo en Puerto Rico, porque la mentalidad es que hay que mantener felices a ciertas personas que no vienen a la isla ni invitados y con los gastos pagos. Son nuestros grandes desarrollistas, los inversores ausentistas, ese gran capital detrás de la cortina del management que asegura nuestro camino seguro al progreso (¿y al recogido del café?...yep, ¿quién dijo que tenía que llegar la república pa' irse pa'l campo a trabajar la tierra?).

Las llamas no sólo simbolizaron la agria lucha social que estamos sufriendo, sino que confirmó que alrededor de ellas teníamos, además de los bomberos heroicos, un gobernador crecido y alcaldes usurpadores de la sombra de grandeza de Fortuño, un pueblo que miró la humareda y el fuego como quien ve en su home theater el último blockbuster del cine hollywoodense. Tal y como nuestro querido Gad lo vio, aunque por satélite, en la sala de su casa en Israel.

jueves, 18 de junio de 2009

Puerto Rico "posesión colonial de EE.UU." según Newsweek

[Este artículo es, por el momento, una respuesta inmediata a la columna publicada por José Alfredo Hernández Mayoral en El Nuevo Día de hoy. También lean el anterior de Rodríguez Orellana.]

The Empire Burden

Why It's So Hard to Get Out of Iraq, Afghanistan or ... The Comoro Islands

Christopher Dickey
NEWSWEEK
From the magazine issue dated Jun 22, 2009
URL: http://www.newsweek.com/id/201753
(énfasis de Comité Nueva York - PIP)

When George Orwell was a young man in the 1920s, he served as a British policeman in the colony of Burma. On duty there he saw, as he put it, "the dirty work of empire at close quarters." He deplored the "white man's" oppression of the "native people" in "the East." But what Orwell found most disconcerting was the trap his own country had fallen into. "When the white man turns tyrant, it is his own freedom that he destroys," Orwell wrote a few years later in his essay "Shooting an Elephant." "In every crisis he has got to do what the 'natives' expect of him. He wears a mask, and his face grows to fit it."

We may have moved beyond the paternalistic rhetoric of the early Orwell, but more recent jargon like "mission creep," coined during the Somalia debacle of the early 1990s, covers similar ground. In fact, the history of the past century should have proved conclusively that empires are traps, draining enormous resources and eventually enormous prestige from those who build them. Whether past imperialists saw their missions as conquerors and occupiers or liberators, peacekeepers and nation-builders, or all of the above, those Western countries that have claimed "a foothold in a foreign land," as the 19th-century naval strategist A. T. Mahan put it, have often found themselves serving interests that were no longer clearly their own.

The Obama administration is learning that lesson. It came to office a little more than four months ago committed to withdrawing from Iraq, and to stabilizing Afghanistan so it could get out of there, too. But we heard recently from U.S. Army Chief of Staff Gen. George Casey that plans have been drawn up in case American fighting forces have to remain in Iraq for another decade—and this despite a written agreement with Baghdad to pull all troops out by the end of 2011. Why? Not least because the Iraqis that the Americans helped put in power think they may need those forces to stay. Iraqi Vice President Adil Abdul-Mahdi recently told a small group of reporters that he is "very concerned" about what will happen if the Americans leave. So, he suggested, the United States might well be asked to remain.

It's rare, in fact, that imperial powers decide on their own to give up any fragment of their foreign territories or influence. The British, for instance, "regarded long-term occupation as an inherent part of their 'civilizing mission'," the Harvard historian Niall Ferguson wrote in 2003. A self-described neo-imperialist, Ferguson supported the invasion of Iraq then taking place, but worried that the Americans wanted to get out too fast. "When the British intervened in a country like Iraq, they simply didn't have an exit strategy," Ferguson wrote. Their job would be done only when the country in question met their standards of civilization, the rule of law and free markets. "The only issue was whether to rule directly-—installing a British governor—or indirectly, with a British 'secretary' offering 'advice' to a local puppet," Ferguson noted. Presumably it was this latter case that some in the Bush administration envisioned for Iraq.

The question Orwell posed was about who really pulled the strings: the empire or its subjects. And there may come a time when neither side really knows. People in the colonies, territories and countries under tutelage reach a point where they cannot imagine how they would survive without the help of a faraway power—even if they resent its interference. And the erstwhile imperialists, once they've been forced out of their largest possessions, cannot imagine giving up even a small fraction more of territory or influence, no matter how much it costs them militarily, economically or politically.

As a result, vestiges of past empires can be found all over the globe. Back in 1982 British Prime Minister Margaret Thatcher launched a full-scale war to hold on to the windswept Falkland Islands, even though they are almost 13,000 kilometers away from England and only about 290 kilometers from the shores of Argentina. The little enclaves of Ceuta and Melilla on the Moroccan coast remain parts of Spain and therefore of the European Union. So, would-be immigrants from deep in Africa regularly trek hundreds and even thousands of kilometers across the desert to try to storm the fences in hopes of asylum. Meanwhile, the United States itself continues to administer remnants of the imperial possessions it took in the Spanish--American War of 1898, including Guam, Puerto Rico and, yes, Cuba's Guantánamo Bay.

But it's the French who offer the most complicated and potentially the most instructive case study in past atrophy and future ambitions. The sun never sets on what Paris calls "the confetti of empire": from French Polynesia, New Caledonia and Wallis and Futuna in the South Pacific to Saint-Pierre and Miquelon off the coast of Newfoundland. Indeed, France's longest land border is not with Germany or Spain, but, thanks to French Guiana, with Brazil. "It is all about extending our influence," a senior official at the French Foreign Ministry says bluntly, if privately.

But is it? Equitable treaties clearly make more sense if you can get them. In May French President Nicolas Sarkozy inaugurated a new French military base in Abu Dhabi. Similar in purpose if not in scale to American installations in Qatar and Bahrain, farther up the coast, it is touted as a demonstration of France's changing approach to force projection. Camp Peace, as it is called (in a touch Orwell himself might have appreciated), is meant to demonstrate that France is willing to defend Abu Dhabi and to send that signal to Iran, less than 300 kilometers away. But more than a show of force, it's a show window for big-ticket French weapons systems that Paris would like to sell in the region. Unlike other French bases overseas, there is no history of French claims to sovereignty. Abu Dhabi wants to diversify its reliance on foreign defense forces. And—what is certainly the biggest break with the past—Abu Dhabi is footing the bill.

Guadeloupe and Martinique in the Caribbean are more typical. They are considered part of France's national territory, like the states of the United States. Yet despite massive subsidies funded by French taxpayers, they have been the scene of so much unrest over the past few months that Sarkozy has postponed a planned visit several times. The islanders are not fighting for independence, mind you, just for better deals from Paris to compensate for the higher cost of living in these tiny markets that have grown dependent on imports from a distant mainland.

Altogether, France's overseas possessions add about 2.6 million people to its population and 120,000 square kilometers of land to its territory, and give France the third largest area of exclusive maritime rights in the world. They produce nickel ore and codfish, they provided testing areas for atomic weapons in the past and are the site of launching pads for space exploration to this day. Yet whatever the benefits, the responsibilities and costs are greater. "Through the 1980s and even into the 1990s, some of these arguments carried real weight," says Robert Aldrich, author of Greater France: A History of French Overseas Expansion. Now, however, they are mainly a drain on the French -budget, costing an estimated €16.7 billion per year. "In some ways," says Aldrich, "they are like old family jewels, perhaps not so valuable in monetary terms, though with a certain sentimental value."

Sentimental indeed. In the latter half of the 1980s, New Caledonia was on the verge of full-scale insurrection. Earlier this year the contagion of unrest spread quickly from Guadeloupe halfway around the world to the French island of Réunion in the Indian Ocean. Undeterred, Paris pushed ahead this spring to make Mayotte, a tiny island between Madagascar and Mozambique, the 101st département of the French Republic. The residents will be taxed, and receive welfare benefits—mainly the latter—just like on the mainland. They will be fully represented in the French Parliament and will be able to vote in all elections, including the European ones, because they will be considered Europeans, too. And eventually they will have to observe all of France's and Europe's laws and regulations.

The ostensible reason Paris took this decision is because that's what the people of Mayotte want. When the whole of the Comoros archipelago voted on its future in 1974, the other islands went for independence. Mayotte went for … dependence. And in the referendum this March, the people voted overwhelmingly for even closer ties. In a wondrous bit of rhetorical excess, French Interior Minister Michèle Alliot-Marie said the whole show was "reaffirming the values that forge, today as yesterday, the unity of our Republic and our everlasting democracy."

Clearly the old "mission to civilize" endures, however culturally anomalous the results might be. Of the roughly 180,000 Mahorais, almost all are Muslims, and polygamy is widespread. But polygamy will now be against the law on Ma-yotte as it is in France. The problem of illegal immigration from the other Comoros islands to Mayotte, meanwhile, is enormous. Roughly a third of the population is considered, as the French say, clandestin. Many are pregnant women who risk their lives so their children will be born "in France" and be eligible for citizenship. The overall birthrate is such that in the next 15 years the population could reach 300,000. Already the maternity ward of the main hospital in Mayotte is France's busiest, with 20 babies born a day. Employment prospects for the kids as they grow up are slim. Of the 4,000 who enter the job market each year, only 1,000 find work. And then there's the position of the Islamic Republic of Comoros, which rules the other islands. It may be one of the most unstable governments in the world, but it claims that -Mayotte is still part of its territory, and so does the United Nations.

Indeed, attempts by the French to explain why France wants Mayotte verge on the surreal. Left-wing critics charge, with no apparent sense of irony, that the French mainland wants to exploit Mayotte for its vanilla beans and the aromatic oil of the ylang-ylang tree. If the real motive to hold on were its strategic naval value at the head of the crowded Mozambique Channel, then it's surprising a French base planned for Mayotte in the 1970s has never been built.

In fact, what made global strategic sense for Admiral Mahan in the 19th century, when he advised grabbing footholds in foreign lands, is not so logical today. In a world of missiles, nukes and Internet-inspired terrorists with box cutters, the projection of political influence is at least as important as the projection of force. The idea of empire is no longer plausible, the reality of it no longer credible. The problem is not just that old imperialists had no exit strategy, it's that in some places, there's no exit to be found.

With Tracy McNicoll in Paris

lunes, 15 de junio de 2009

Millions of People Around the World Are Not U.S. Citizens

By:  Manuel Rodríguez Orellana
Secretary for North American Relations
Puerto Rican Independence Party
Statement presented at a Puerto Rican Bar Association of Florida Seminar held at Nova Southeastern University Law School, Fort Lauderdale, Florida
Saturday, June 13, 2009

I have decided to resist the temptation to indulge in entertaining—but useless—debating jabs as to who is more, or less colonialist; or go into interesting but ultimately peripheral explanations of why a political party or movement would get more, or fewer votes in one electoral event or another.


 I have also decided not to lecture on the economic feasibility of independence. As I assume we would all agree, Puerto Ricans are inferior to no one. Since many nations, smaller than Puerto Rico are doing better without federal funds or U.S. citizenship, while many of the more powerful or wealthy nations are currently in deep financial trouble, the economics of an independent Puerto Rico are collateral matters of public policy or fiscal administration, not a core issue of status politics. Therefore, I have decided to talk about the essence of Puerto Rico’s status problem: a nation’s inalienable right to self determination denied.  


            We are discussing a Latin American nation of the Caribbean which does not command itself. It is ruled in all essential aspects by another nation’s legal and constitutional system. Since Puerto Rico is parte de la bola del mundo, “part of the globe,” as Puerto Rican patriot José De Diego used to say, I have chosen to frame the issue in a wider context than the title of this seminar, Millions of U.S. Citizens Are Not Equal in the Eyes of the Law. My remarks here therefore focus on the fact that, Millions of People Around the World are not U.S. Citizens. The formal title of this seminar posits a domestic civil rights problem for Americans. Therefore, my remarks here, today, will focus on an international legal conflict: colonialism. 

*          *          * 

            In a thought-provoking article recently published in Puerto Rico,[1] this Seminar’s Chair sought to compare “the current U.S. citizenship of Puerto Ricans and the legal status of Puerto Rico with the Roman citizenship and legal status provided to some city-states incorporated into the Roman Republic in the late republican period,”[2] namely civitas sine suffragio; that is, citizenship without full political rights. He points out that, after a period of this “standard Romanization policy for incorporating conquered regions while building the Roman Republic,”[3] by 133 B.C. “nearly all”[4] Roman provinces had been fully enfranchised by the formal grant of ius suffragi.  

            

     “Nearly all;” but not all!  Certainly not Palestine, where a young man was executed by crucifixion, a terrible punishment given to slaves, robbers and members of subject peoples! The crucifixion of Jesus of Nazareth in Palestine was administered by Pontius Pilate, the agent-in-charge, if you will, of the chief law enforcement agency—the Roman guards of the EBI (the Empire Bureau of Investigations, if you will)—of the Republic-turned-Empire under Julius Caesar’s adoptive son, Augustus, the first to use the title “Emperor” in 31 B.C. 

            

      This goes to show that what passes as a republic can develop the bad habit of behaving like an empire! 


*          *          * 


There were other models, to be sure, that the Romans (or the Chair of this Seminar) could have followed. It was beyond the imagination of the Romans, however, to see the world in any other fashion. They would never, for instance, have done what Alexander the Great had done: turn the lands they controlled into a single, vast empire in which everyone was treated equally. As a renowned historian has pointed out, Roman conquerors “looked down on native inhabitants,” as the equivalent of the U.S. Supreme Court’s Insular Cases in those times might have shown, “even when they were … all peoples of very ancient culture,” like Phoenicians, Jews, and Greeks.[5] The way the Supreme Court viewed the descendants of those cultures—Spaniards, Portuguese, Basques or Catalonians—in the Iberian Peninsula; and the sub-conscious way dominant circles in American society have come to lump nationalities as diverse as Brazilian, Chilean, Guatemalan, Haitian, Mexican, Peruvian, or Puerto Ricans, imposing the basket-term of Hispanics or Latinos, to include all Latin Americans of Iberian ancestry. 

            

Assuming there has been progress since Roman times, there are certainly other juridical and political models. The United States of America’s constitutional model is only one of them, and only part of the cultural richness of diversity in the world today. Its origins stem from the 1776 American Declaration of Independence that inspired anti colonialist struggles in the Americas against European empires. The progress since then is undoubtedly reflected in the Universal Declaration of Human Rights of 1948.  

            

The UDHR, imbued as it was with the principles established in the U.N. Charter, set the stage for the explicit incorporation of self determination as a basic human right. In 1960, the U.N. General Assembly adopted Resolution 1514, which has become the Magna Carta of self determination and independence as a legal right. It establishes, among other things, that “Inadequacy of political, economic, social or educational preparedness”—traditional arguments of those who have denied Puerto Rico its rightful self determination—“should never serve as a pretext for delaying independence.”[6] In 1966, self determination became article number 1 in both the Civil and Political Rights, as well as in the Economic, Social, and Cultural Rights Covenants. In 1975, the International Court of Justice ruled that Resolution 1514 constituted an authoritative interpretation and the legal basis for a decolonization process.[7] Through treatises and further writings of publicists and well-known scholars of International Law, the right to decolonization and self determination has come to be recognized as a basic human right with no expiration date—part of what is known as the ius cogens.[8]   

            

After this broad-brush review of how self determination became a peremptory norm on International Law, let’s go back to Rome. In a recent seminar held in Rome last year,[9] the U.S. Assistant Secretary of State for Western Hemisphere Affairs, the Hon. Thomas A. Shannon paid homage to Latin America’s legacy in human rights, the “vanguard role … Latin America continues to play … in understanding human rights and incorporating human rights into the behavior of states.”[10] He underscored that, among the ways that Latin America has helped consolidate contemporary human rights thinking is by overcoming “historic or traditional divisions … between political and civil rights on one hand and economic, cultural and social rights on the other hand.”[11] On the basis of this linkage, he went on to say that: 


Latin America has helped to create a new dynamic between diplomacy and development, between political activity and development, and has also helped us [meaning the United States] redefine certain aspects of our diplomatic exchange, especially in the area of security. And finally …, Latin America has helped at least the Western Hemisphere, at least the Americas, open a new space for dialogue among and between nations and has really marked the emergence of peoples as the principal political actors in the Americas.[12] 


These are interesting words, enounced in interesting times, by the official spokesman of the U.S. State Department for Western Hemisphere Affairs under the Bush administration—who has continued to serve in that capacity under the Obama administration.  The Assistant Secretary accompanied the Hon. Hillary Clinton, U.S. Secretary of State, to the inauguration of the recently elected president of El Salvador, following the electoral victory of the FMLN, the former guerrilla movement that fought against the bloody right wing dictatorships propped up for decades by the U.S. State Department. 


            Only two years earlier, 33 political parties representing a wide ideological spectrum—many of them government parties or allies of the United States—from 22 different Latin American nations (including Mexico, Brazil, Argentina, Chile, and Cuba) met in Panama City, among other things: 


To reiterate to the World our solidarity and support for the cause of Puerto Rico’s independence, an historic and principled claim of our America. Latin America and the Caribbean will not be truly independent until all its nations are.[13] 


And: 


To offer to both the Puerto Rican nation as well as the Government of the United States, our cooperation and good offices, including the role of interlocutors and the tasks to lay the groundwork that may be necessary at the several levels of the Government of the United States, leading to a Hemispheric dialogue to resolve Puerto Rico’s colonial problem.[14] 


Undoubtedly, there is a new, more assertive, Latin America emerging in the 21st century. Through similar pronouncements, like that of Panama, Western Hemisphere nations south of the Río Bravo have, over the last quarter-century, increasingly reiterated that Puerto Rico is a member of the Latin American family and should return to the fold. In the words of Martín Torrijos, the President of Panama, speaking at the congress co-sponsored by his ruling party: 


The point is that for a century, our aspirations regarding Puerto Rico’s independence have been part of a moral and cultural indebtedness dating back to Simón Bolívar and José Martí, but … this issue, like many others, became cloaked in Cold War rhetoric.  

That rhetoric entangled the Puerto Rican question … and has left it unresolved before us in the 21st century when no form of colonialism can be justified.…

 And the basic problem is that Puerto Rico is the only Hispanic American nation that remains under a colonial regime. For Latin Americans, forever correcting this anomaly must be a matter of principle and a priority of continental proportions. What remains is to agree on whatever is necessary to consolidate the Puerto Rican right to constitute an independent republic.[15]


The days are over when U.S. Marines could invade any Latin American country to topple a government Washington did not like; and the days are over when rest of the region could be expected to silently acquiesce. Quite the contrary! Now the U.S. government will have to develop new and different policies in its relations with Latin America. A Latin America that, to quote Assistant Secretary Shannon once more, has “really presented to the world an important model, a model that needs to be understood and examined, but more importantly, a model that needs to be supported.”[16] A Latin America of hundreds of millions who are not U.S. citizens! 


            So, there it is! The word is out and the line has been drawn. Puerto Rico’s subordinate status is not a matter of civil rights. It is a matter of human rights. Puerto Rico’s colonial status must end, to end colonialism in the Western Hemisphere. Certainly the United States must be a party to this process. So must Latin America.  


            And the votes will follow. 

 



[1] Francisco A. Rullán, Puerto Rico Toward Statehood, in 1 Ley & foro 22 (Colegio de Abogados de Puerto Rico 2009).

 

[2] Id.

 

[3] Id.

 

[4] Id.


[5] E.H. Gombrich, A Little History of the World (Yale University Press 2008), p. 83.


[6] G.A. Res. 1514, U.N. GAOR, 15th Sess., Supp. No. 16, at 67, U.N. Doc. A/4684 (1960).

 

[7] Western Sahara, 1975 I.C.J. 12 (Oct. 16).

 

[8] See Oppenheim’s International Law 7-8 (R.Y. Jennings and A. Watts eds., 9th ed. 1992); Ian Brownlie, Principles of Public International Law 515 (3d ed. 1979); Roger S. Clark, Free Association—A Critical View, in Proceedings: Conference on the Future Political Status of the United States Virgin Islands (1989); Mark W. Janis, An Introduction to International Law 54 (1988); inter alia.

 

[9] U.S. Embassy to the Holy See, Latin America and the International Human Rights Project: Yesterday, Today, and Tomorrow (May 2, 2008), hereinafter, Latin America and the International Human Rights Project.

 

[10] Thomas A. Shannon, Remarks as Delivered, at Latin America and the International Human Rights Project, supra, at 87, hereinafter,Remarks.

 

[11] Id.

 

[12] Id., at 87-88.

 

[13] Latin American and Caribbean Congress in Solidarity with Puerto Rico’s Independence, Proclamation (Panama City, Panama, November 19, 2006). The Proclamation was unanimously approved.

 

[14] Id.


[15] Martín Torrijos, Keynote Address, Latin American and Caribbean Congress in Solidarity with Puerto Rico’s Independence, supra.


[16] Remarks, supra, at 92.

La tribu errante