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viernes, 18 de junio de 2010

"El título es ya la idea. Mantengo siempre el título original, aunque a veces suene forzado y no corresponda al texto."

El título de esta entrada es una cita de José Saramago y fue parte de la respuesta que le dio a Ángel Darío Carrero en la entrevista que le hiciera el año pasado y la que endi.com hoy publica nuevamente a raíz de la muerte del escritor. Me gustó esa contestación porque denota la manera casual con la que Saramago le entraba a la literatura y algunas veces los que pretendemos escribir nos ocurre lo mismo, vemos algo, escuchamos, recordamos y de repente nace un título que poco a poco va echando raíces o vuelo o -más certeramente- desangrándose en los frutos que son las palabras sobre el papel.

Yo no soy un estudioso de su obra y confieso que lo más que he leído de él han sido algunos de sus -¿cómo describirlos y pensarlos?- mágicos y posibles poemas, además de su blog El cuaderno de José Saramago. Dígase entonces que soy un principiante y novato Saramaguino y que a lo mejor no debería estar escribiendo nada sobre él, pero yo digo que no y lo más seguro Saramago, al que nunca conocí en persona, me de la razón y hasta me diga, con su aliento a nada, que ya ni lo lea, que mejor invierta el tiempo en otros grandes. Si este fuera el caso, muy respetuosamente le diría otro no y me leería su obra empezando con los libros que tengo en mi biblioteca además de su Poesía Completa: La balsa de piedra y Ensayo sobre la ceguera.

Ahora, discúlpenme por esta regresión, pero considero prudente detenerme y repasar la frase que utilicé en mi primer párrafo: "la muerte del escritor". Luego de leer varias de las esquelas que los medios han publicado, blogs de otros escritores y reimpresiones de entrevistas pasadas, la verdera razón por la que estoy escribiendo esto es por esa frase, por saber que una mente y verbo brillantes como el de Saramago hayan desaparecido y que solamente nos hayamos quedado con sus libros. No es poca cosa. Claramente, representan un volumen magistral de trabajo literario y por esto se dice que el escritor nunca muere, pero con alguien de la estatura de Saramago, no sé si esto sea cierto. El paso de la vida a la muerte de un ser humano es triste pero la vida continúa, la diferencia en este caso es que la vida continúa sin personas que se atrevan a ser como Saramago: en su manera tan desasosegada de decir verdades e irrumpir el intelecto con un temblor mental, de pensar alternativamente en un mundo mejor, de buscar en el amor la verdadera justicia y en la humildad el verdadero éxito.

No es trágico que un anciano de 87 años muera, es más, en una entrevista que ofreció a RFI hace un año, quizás un poco más, Saramago confiesa tranquilamente que se sabía cercano a la muerte; es más, lo sabía desde el 2000, cuando en esta útima década escribió casi una novela nueva por año, por lo que esto no debe sorprdender a nadie. La tragedia es que nos quedamos habitando un mundo con gente mucho más joven que Saramago, con mucho más dinero e influencia que él pero con una mentalidad tan opuesta y distante a la suya (tan renovada y desmitificadora). Refraseándolo, nos quedamos con los instruidos, pero no con los educados.

Ya hacia el final de la entrevista, Carrero le preguntó: "

¿Le consuela al menos que la obra literaria triunfe sobre sus creadores?" Y Saramago, tan Saramago repuso: "P

or un tiempo, como todo, pero la eternidad literaria tampoco existe".

Que descanse en la paz o en la bondad o en donde quiera que se encuentre ahora, José.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Bonito atardecer

“Mi REINO es de papel

y todo lo que toco

se convierte en palabra.”

-El Rey de Gramercy Street


“Y encima el sol dejando

crecer inmensamente sus cabellos

sobre nuestras cabezas de alfiler.”

-De Vuelta de paseo


-Lorenzo Helguero, Poeta en Washington, D.C.



Este papel no estaba destinado a aguantar esta historia. Salió de algún árbol de los bosques canadienses y fue comprado por el gobierno federal estadounidense en su forma final como hoja crujiente y blanca. La Oficina General de Administración apropió parte de ese cargamento y al ser pedida por los jueces de este distrito territorial, la partida de papel fue finalmente entregada a las oficinas de la corte de distrito en el Viejo San Juan. Junto a sus demás hermanos papeles lo sacaron de su empaque una calurosa mañana de junio, arreciada por los polvos del Sáhara y cuando entró en las frías cámaras de las impresoras nunca se imaginó que en estas cortes se reciclaba.


Fue en la consecución de este afán que Raúl Helguero cobró conciencia de esta hoja cuando la tomó del cesto de reciclaje para usarla en alguna de sus tareas. Hacía unos días el papel había servido de portada a uno de los incontables documentos legales que imprimía. Estaba escasamente marcado y al reverso aún se vislumbraba la blancura virginal de un producto de calidad. Al contacto con los dedos de Raúl ninguno de los dos supo que meses después retratarían con palabras un atardecer de finales de septiembre.


Ese atardecer tampoco sabía que eventualmente cabría en estas páginas. Todo fue un impulso, un estruendo que dividió el tiempo en tres rebanadas de viento. Poca cosa para servir como excusa de un escrito que nadie se había propuesto a escribir. El papel, Raúl y el atardecer encadenados en una secuencia impredecible, en un elaborado nudo de partículas residuales de lo que fue, es y pudo haber sido.


1

Fue anunciarle en aquel momento que la luz de las seis de la tarde de los domingos era más placentera que cualquier otra. Como Raúl había estado todo el día leyendo y ella pintando, no habían preparado nada para comer. Pan y queso mozzarella, dijo ella. Mejor una ensalada, interpuso Raúl. La mirada de ella comenzó a rondar por los espacios superiores de la cocina y al final se encogió de hombros: la lechuga se terminó de podrir ayer. ¿No hay entonces? No y rió secamente.


Raúl no entendía cómo ella mantenía limpios sus pequeños dedos de los colores de las pinturas, mientras la tinta de los bolígrafos que usaba para resaltar los pasajes imprescindibles de sus lecturas le había transgredido las palmas de las manos y hasta la tela de su camisa. Pediremos chino y se encaminaron a la terraza. Fue allí donde hizo el comentario de las seis de la tarde. De la luz que sellaba estos domingos de entregas a domicilio y de esa irresistible soledad que engullía las calles de Miramar. A todo esto ella ya dormía en la hamaca.


2

Es hoy cuando este papel recibe el bonito atardecer a base de estos trazos. Los libros de leyes mutan por páginas amarillentas de viejas novelas redescubiertas y éstas por el fresco de colores que se recrea apesadumbradamente en el cielo. A los rayos del sol, claramente, no les hace falta papeles para escribir. Y para ver, ¿qué mejor que abrir la boca y tocar las cosas con el paladar?: así entran las esencias del fin del día, de esos nudos invisibles de gases que encienden el firmamento en llamas.


Raúl separa suavemente los labios, asoma la puntita de la lengua al aire y sin abrir los ojos sabe que esas horas tan espléndidas de las que hablaba y todavía habla se suceden demasiado rápido para viajar en el tiempo.


3

Pudo haber sido que el árbol que creció en el frío de Canadá nunca hubiese nacido ni que Raúl Helguero se hubiese decidido por las humanidades y en su lugar se hubiese estrellado contra la frialdad de los números. De este modo no habría podido darse cuenta de que el ocaso de los domingos tiene un sabor agridulce a flores y a un baño caliente con agua de azahar.


El atardecer también se hubiese dado en otro planeta, muy lejos de éste, con un sol cuyos rayos hicieran crecer voluntades y no sólo palabras.

martes, 2 de diciembre de 2008

Me he puesto a leer a Oliverio Girondo...

...porque no leerlo en esta ciudad sería una oportunidad perdida.

Todo fue gracias a la escritora Nydia Antonia Russe, artífice de memorables momentos en su tour por Buenos Aires, quien me señaló el camino para descubrir las maravillosas alas del surrealismo de este gran poeta.

Y hablando de alas, aquí una escena de la película argentina El lado oscuro del corazón (Subiela, 1992), en donde el actor principal recita un fragmento del primer poema de Espantapájaros (al alcance de todos) (Editorial Proa, 1932).  Éste ya se ha convertido en uno de mis poemas favoritos.


martes, 18 de noviembre de 2008

Haikus varios de mediados de primavera

I

Son siempre tres dimensiones

aunque sólo tengas

un ojo.


II

La música de los domingos

es un retorno a tu país de

la infancia.  Has viajado mucho.


III

Tus pasos en la ciudad

son tan anónimos como

los rostros apostados en la frontera.


IV

Ven.  Mírame. Come.

La vida es un instante

para estar haciendo dietas.


V

Juntas nuestras pieles hacen

un pergamino:  si una vez escrito

se separa, pierde sentido.


VI

La hojarasca se pasea

por el parque

y un niño solo mira al cielo.


VII

El césped es el abrigo

de la tierra y mi piel

es donde crecen las flores de tu amor.


VIII

Del crisantemo he tomado té:

pétalos, hierbas, hojas tiernas.

De tus pechos:  flores, sudor y miel.

domingo, 20 de abril de 2008

Lorenzo Helguero, invitado de la Tribu, y cuatro poemas suyos

Insomnio
Lorenzo Helguero
Álbum del Universo Bakterial
Lima, 2006
103 pp.









"Soy inmortal: dichoso es el que sueña
y no traza en la noche vanos versos
".

Esto es una deuda largamente adeudada.

La cumplo hoy porque he releído este poemario en momentos que desesperadamente lo necesitaba. Y lo que he leído es una ofrenda de amor (si es que éstas se pueden leer del todo). Amor a Rosana, su esposa, pero amor también a la palabra, a la obsesión con los versos y con Darío y Borges. Pero también desamor al sueño, al descanso (a aquél que no sea sobre el cuerpo desnudo del amante), al estúpido letargo de hacer nada, a la embriaguez que irónicamente deja vacía a "la botella y la inútil poesía".

Hay algo maravillosamente personal en esta cuidada edición y en los cuidados versos que Helguero nos propone. Veintidós son los sonetos que componen Insomnio. Su lectura es íntima porque además del intenso mundo que respiran los versos, el libro es un cuaderno Moleskine, con todo y su hoja de información, con todo y su cinta elástica que lo mantiene cerrado. La poesía me embruja con su ritmo y salta de la página para apoderarse de mis propios recuerdos. Lo que Lorenzo transmite se filtra por los poros de mi vida y con ella se confunde.

Los poemas discurren con una intensa fragilidad y concisión; son como la palabra, la letra: un molde de no sólo significados, sino experiencias y recuerdos. Insomnio es también metáfora de un viaje: del viaje de la noche en vela y del Moleskine, objeto de rigor de todo artista y escritor viajero. El primer soneto, Historia de las Indias, nos embarca hacia el inicio de una aventura y de un devenir lleno de tragedias que son historias. Son las historias de Helguero las que se plasman en las pequeñas páginas del libro, sus mutaciones como en Pronombres, uno de mis sonetos favoritos, sus luchas y desafíos frente al cuaderno y dentro de la cama, en su pasado y en su presente. Son historias de catorce versos que terminan con Retorno, que es, al estilo de Borges, un final con esperanzas de comienzo.

La palabra

Ya no el silencio, sino voz que crece
y que llega confusa para ser:
por la página en blanco reaparece
la Palabra vestida de mujer.
Mostrándome sus senos me saluda,
como una perra en celo se me ofrece,
-me ha reconocido- se desnuda
y exige que la monte y que la bese.
Su revejida desnudez me tienta,
me ofrece la canción y la tormenta,
la tortura y el ritmo, el mar, la ola.
Sus látigos me llenan de lenguaje;
me vence, me despoja de mi traje
y en esta misma página me viola.

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

Pronombres

De tanto amarte oscura y vorazmente
hoy confundo mi cuerpo con el tuyo
y mi mente desnuda con tu mente
(tu nombre es Fuego y es Espasmo). Huyo
de lo que fui, me alejo de mí mismo,
de mi historia y mis letras inconclusas;
caigo en la noche: ya no soy el mismo
que escribía en los senos de las musas.
Ahora me llamo Espasmo y también Fuego
y en la ardiente unidad del mismo dúo
todo mi cuerpo en llamas te lo entrego.
Tengo tu piel y tú tienes la mía.
De pronto hemos cambiado: yo menstrúo
y tú escribes feraz la poesía.

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

Of
renda

Te doy todo de mí: mi dentadura,
mi pecho atormentado por el asma,
mi cadáver despierto, ese fantasma
que se empeña en hacer literatura,
la inmensidad de despertar y verte,
los vellos de mi pierna y de mi mano,
mis cánceres futuros y el humano
temor a la certeza de la muerte.
Te entrego todo, aun el alfabeto
de mi sílaba impar, el apellido
que me encierra en la letra y que me nombra,
las inciertas moradas de mi sombra,
mi indecible silencio, mi sonido
y el verso en que se muere este soneto.

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪


Retorno

El tiempo que es arena y es eterno
repite su camino: todo vuelve
a su secreto origen (se disuelve
la nieve que ha de ser en otro invierno).
El sendero es un círculo. Regresa
el olor de mi infancia silenciosa,
el pequeño jardín donde la rosa
una vez más a florecer empieza.
Lo que ha sido será (también la casa
que hace tanto perdí). El tiempo pasa
y es el recuerdo un fuego que no quema
y es la memoria flama que no arde.
En una mágica y confusa tarde
alquien escribirá este poema.

Lorenzo Helguero (Lima, 1969) estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica del Perú. Ha publicado los libros de poesía Sapiente lengua (1993), Boletos (1993), Beissán o el abismo (1996), El amor en los tiempos del cole (2000) y Poeta en Washington D.C. (2004). Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y antologías. Actualmente realiza estudios de post-grado en el Departamento de Español de Georgetown University. Contacto: lhelguero@yahoo.com. [Información tomada de la edición de Insomnio].

miércoles, 23 de enero de 2008

Hay veces en la vida

[Ayer La tribu de los cafres cumplió un año. Gracias a todos los que asiduamente leen mis cosas, los que han comentado y me han añadido a su lista de enlaces.

Abajo incluyo un poema que he rescatado del olvido y que escribí hace casi tres años. Pertinente o no, no importa...simple y llanamente sentí la necesidad de compartirlo.]


Hay veces en la vida que son golpes y dejan heridas.
La marejada descontrolada
termina con la calma
y estrepitosamente
barre el margen de la orilla.

Hay veces en la vida que son cargas y descargas.
El rayo impertinente
quiebra el árbol centenario
y de desconsuelo enciende
el bosque en llamas.

Hay veces en la vida que son columnas y dinteles.
El viento, en su vuelco de milenios,
pasa fortuitamente por la ciudad
y erosiona
el paso de las horas.

Hay veces en la vida que son cielo raso y cielo vil.
Las nubes amontonadas
delinean la tormenta que se aproxima
y truenan
cadenciosas sobre la isla.

Hay veces en la vida que son encuentros y desencuentros.
Los labios húmedos finalmente
reposan en la nada
y solos se secan
en una sonrisa amordazada.

Hay veces en la vida que son anhelos y ficciones.
La realidad tangible se torna
instantáneamente a inventada
y sobre las alas de un fénix
desvanece en la lejanía.


©Luis Ponce Ruiz
15 de marzo de 2005
Bayamón, Puerto Rico

jueves, 25 de octubre de 2007

Dedos

Sendero de luz
(De Fronteras de versos)

La copa toda de la tomas
mientras te muerdo los pechos
y trazo con mis dedos
el sendero luminoso hasta tu
sexo.

Y de tus labios caen gotas
rubíes que de tu piel usurpo,
robo, como hago con los
misterios de tu cuerpo.

© Luis Ponce Ruiz
28 de mayo de 2007
Viejo San Juan, Puerto Rico

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

III
(De Esa cálida cosa llamada luz (y su ausencia))

En la más apasionante
oscuridad levanto los ojos
y lo único que veo
es mi rostro desfigurado
por el placer solitario.

© Luis Ponce Ruiz
8 de noviembre de 2004
Washington, DC

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

mira
mis dedos,que
te tocaron
y tu cálida y perfecta
pequeñez
-ven?no se parecen a mis
dedos. Mis muñecas manos
que con cuidado sostuvieron el suave silencio
tuyo(y tu cuerpo
sonrisa ojos pies manos)
son diferentes
de lo que solían ser. Mis brazos
en donde todo lo que eres tú estuvo acurrucada
silenciosamente,como una
hoja o alguna flor
recientemente hecha por la Primavera
Misma,no son mis brazos. No me reconozco
como yo esto que encuentro frente
al espejo. yo
no creo
haber visto nunca estas cosas;
alguien a quien tú amas
y quien es más delgada
alta que
yo ha entrado y se ha convertido en esos
labios con los que yo hablaba,
una nueva persona está viva y
gesticula con mi
o eres quizás tú quien
con mi voz
estás
jugando.

-E.E. Cummings
(Traducido por LPR
28 de junio de 2007
Bayamón, Puerto Rico)

martes, 17 de julio de 2007

Rey Andújar, invitado de La tribu, y El factor carne (fragmentos)

Conocí a Rey Andújar hace poco más de un mes en el Closed Mike celebrado en Café Seda de El Viejo San Juan. Conversando de lo mucho que me había gustado su novela, El hombre triángulo y sobre los blogs, le dije que pondría en La tribu de los cafres el poema suyo que más me había gustado de la noche, Debajo de ti (porque me hizo pensar mucho en ti). Aquí lo tienen, junto a una narración breve. Ambos, incluyendo su información biográfica, fueron tomados del sitio Cielo Naranja.

Debajo de ti
(Verano 2000)

Cómo explicarte
Que debajo de ti
Soy otro
Todo cambia
Todo suda alrededor
Inevitablemente
Cuando estoy debajo de ti
Siento el arrullo de la sangre caliente
Por cada una de mis venas
Eso siento
Cuando nos tocamos
Cuando no queremos acabar
Cuando estoy debajo de ti
Cuando tú tomas el control
De los cielos, del universo
De estas cuatro paredes estáticas
Soy diferente
Soy tan pequeño
Cuando estoy debajo de ti
La tierra se hunde
Se confunde con las tinieblas
Me tomas de los brazos
Te mueves
Jadeas
Yo
Como destinatario universal de todos tus actos sublimes
Debajo de ti

Inolvidable, excitada, erizada, inmortal, horivertical
¿Porqué cambia mi perspectiva de estar solo
Sólo cuando estoy debajo de ti?
Cuando juego con tus caderas
Y tus caderas toman el control
Y tus caderas gobiernan mis impulsos
Y tus muslos son la guía
Y tus pechos el premio
Y tu boca la gloria
Y yo
Debajo de ti

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

Descubrimiento de la carne

Paola, me encuentro con ella por vez primera. Primerísima hembra entre todas las primeras, tan primera, que más de diez años después me sigue embromando la paciencia cada vez que puede. Me descubro como hombre, ella se descubre como mujer, y entre tanto descubrimiento, descubrimos un desorden mentalmaniacodepresivo con tendencia al suicidio voluntario en primer grado. Aunque mas de una vez la salvé de las garras de sobredosis de aspirinas, Prozac, Mejoral de Adulto, pastillas de bacalao o vitamina E, lo primero que agarrara del botiquín (botiquín no, en Villa Duarte, las medicinas se ponen encima de la nevera, práctica ésta aplicada en múltiples barrios de Santo Domingo, aún en estos días, al alcance de los niños). Se me cortaba las venas, hacía de todo para matarse y así llamar la atención de medio mundo. Gracias que Dios o el Diablo no se dieron por enterados. Y así las cosas, fui yo mismo quien casi se la anota, cuando, tratando de inducirle un falso aborto de un falso embarazo, la obligué a beberse una tisana de hojas de aguacate con astillas de cuaba. Volvió en sí después de dos lavados estomacales y entre el "juidero" para la Clínica Peña Núñez y de ahí a la Chan Aquino, y el asunto de la preñadera y la rudeza de mi Modus Operandi, se nos acabó la sesión de cariño llamada noviazgo.

Rey Andújar (Santo Domingo, 1977) es todo un Robinson (pero antes de toparse con la Isla). Es narrador por excelencia, vive entre aquí-es y allá-ses. Pertenece a lo más reciente de nuestro imaginario literario (MDM).

Vea un artículo sobre nuestro invitado en Claridad.

martes, 5 de junio de 2007

Los temas de siempre - II

[Nota: Segunda parte de Los temas de siempre. Pinche aquí para la primera parte.]

Si desde ya algún tiempo me había deshecho de casi todos los cuestionamientos existencialistas, en estos días me he puesto nuevamente el uniforme de trovador, de romántico y hasta de chef. He vuelto a mirar la vida de muchas otras maneras. Escribo más poesía que hace un mes pero no tanto como hacía algunos años. Creo que esto es bueno: estoy aprendiendo a ser comedido con la palabra y con las emociones, a no desvirtuar las cosas reales con la fantasía que uno se pueda inventar. ¿Y el resultado? Pues que tengo unos versos más limpios y claros y que, en general, siento que todo en este último mes ha fluido con una naturalidad alentadora y sosegada. Que cuando pienso en estos momentos que vivo, pienso en carcajadas, en intentos -exitosos- de satisfacer el paladar de una comensal importante y en una palabra que antes no solía utilizar con tanta regularidad: felicidad. Digo, si esto que siento no es felicidad, pues tiene que ser algo muy pero que muy bueno.

El uniforme de trovador y romántico significa, además de describir y referirme a buenas sensaciones, que he estado fijándome en detalles, en gestos y palabras claves, y pensando por adelantado (que necesariamente no quiere decir pensando en el futuro). Lo de uniforme de chef responde a que he vuelto a cocinar luego de ya casi diez meses que no lo hacía con la intensidad que me caracterizaba cuando vivía en Washington, DC y en Boston. No había vuelto a hacer mis amuse-bouche, mis vinagretas francesas, marinadas, y todo el mini-espectáculo que conlleva confeccionar una cena desde cero, from scratch, y frente a unos ojos inquisidores.

Estos uniformes que menciono arriba son, después de todo, un gran intento por hacer la diferencia, por darse al otro, por atreverse a hacer las cosas bien hechas; por tomar cerveza belga y alemana porque la vida es muy corta para siempre tomar cerveza mediocre.

sábado, 26 de mayo de 2007

"Woman on top"


chocolate
albaricoque
fruta
y delicia
derraman
(sobre

el sabor

que nuestros cuerpos

saborean
en esta febril
calentura
de
comida
de
almíbar
y de
un poco de…
¡yo no sé!,
¿locura?)
más gozo
al atolladero
maravilloso
del emplegoste
de tu piel
sobre la mía.

©LPR
Marzo de 2004
Washington, D.C.

viernes, 18 de mayo de 2007

Raúl Burneo Barreto, invitado de La tribu, y cuatro poemas suyos

Conocí a Raúl en mi tercer año de universidad mientras ambos buscábamos libros de Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Lauinger. Desde esa primera conversación surgió la idea de formar un grupo de literatura en español en la universidad. Ese proyecto se convirtió en Paréntesis, un taller (o laboratorio) que nosotros mismos conducíamos para explorar la palabra. De ese experimento surgió, en 2005, la primera revista de literatura en español de Georgetown. Y es gracias a esa experiencia de dos años que se han mantenido unos lazos indelebles entre Raúl, el resto de los miembros del taller y este servidor.

El último poemario de Raúl, Las palabras del extranjero (Colección El Junco Susurrante, Lima, Perú 2007, 73 pp.) , cuya carátula pueden apreciar sobre estas líneas, es un intenso palpitar del que busca asentarse (y sobrevivir) en un lugar desconocido. En esta colección de poemas, lo romántico, ese sentimiento que los brasileros llaman saudade y la audacia del académico y viajero toman una forma ornamentada pero penetrante. Burneo explora la realidad del extranjero a través de un diálogo entre objetos (libros), entre sí mismo (lo que desencadena la poesía), entre otros seres (ellas, poetas muertos) e ideas (la huida, la soledad, la guerra en Irak, y el pesimismo). La fortaleza de la poesía de Burneo radica en su verso que toma matiz de conciencia y de verdad.

II
(De libros y poetas, Homenaje antisurrealista a André Breton, en Las palabras del extranjero)

No hay palabra que me exalte, Breton,
ni la libertad,
me exalta estar sin palabras.

Me exalta la respiración de un ojo tranquilo,
la suavidad de sus alimentos invisibles;
pero todos los días debo devorar mi ración:
Tengo impregnada la miel de la razón en los labios
y la imaginación ha dejado la estela de sus alimentos nebulosos
quemando mi vientre;
pero sólo he conseguido deambular sin dirección alguna,
o delirar atado al imán de los sueños,
y las palabras que escribo ahora sólo me encubren.

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

IV
(Recuerdo de ellas en Las palabras del extranjero)

Perdí mi ciudad.

Y el mar como un tapiz furioso y azul
en el que mis ojos nunca pudieron penetrar.

Perdí mi ciudad
y quedé convertido en un mar sin voluntad.

Pero encontré la espuma que caía de tu respiración,
la bella moldura de tu sangre.

Hiciste de mí otro mar
más antiguo que la voluntad.

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

El Rey de la jarana
(Paréntesis, Año 1, Vol. 1, junio 2005)

El Rímac no es el río en el cual se ahogó Li Tai Po
cuando intentaba apresar el reflejo de la Luna,
pero es el barrio donde un maestro budista creció
y mezcló su sangre con el aroma de la uva;
donde los rasgados ojos de una limeña le gastaron el corazón,
como el clamor del vals y la marinera
le gastaron la suela de los zapatos.
Y creció viendo como la guitarra y el cajón tejían su telaraña
hasta en el último rincón de los callejones.
Y el pisco moría en las gargantas como un ungüento de seda.
Y en esta algarabía que dura ya dos noches enteras,
un bardo, en medio de la sala, entona —su voz surge del pisco—
una canción añeja.
Y es ahora que el Rey de la jarana se queda inmóvil y apenas habla,
y en el desconcierto abandona su vaso,
abandona las horas tomadas al sueño a lo largo de los días
y que han formado en él una sonrisa sin velos,
abandona su voz sembrada de talismanes chinos,
porque ha descubierto a una negra que danza
y en cuyos pasos arden los mismísimos Azcues.

Y entonces el repentino zapateo de ambos alumbra la sala,
hace respirar al suelo y desentierra las miradas.
No son pasos sino gestos de una provocación que embellece la [noche.

Y a veces de los pies se escapa una caricia,
pero al siguiente giro las pisadas se asientan como risueños látigos.
Y el aire huele a desafío,
y a la galantería de una vuelta
responden los pasos de ella riendo como amables cuchillos.
Ríe el maestro entredientes,
pues conoce que la lucha debe fundirse a la cadencia
y que la única victoria
son dos corazones que tañen
como poderosas campanas.

₪•₪•₪•₪•₪•₪•₪

Cálida luz
(inédito)

Un poema que recoja tus pies y mis cabellos
tus caderas y mis brazos, tus silencios y mi voz
no es preciso a esta altura de la noche
en que la luz de tu ser brilla a mi lado.


Raúl Burneo Barreto (Lima, 1972) cuenta que la literatura ha sido una de las constantes en su vida: un placer inmenso cuando de niño tomó un libro en las manos, después la estudió tercamente y con pasión en la universidad por largos años y aún lo sigue haciendo como estudiante graduado y profesor en Georgetown University. De ese placer y de esa terquedad han resultado algunos poemas.

viernes, 23 de marzo de 2007

Versos Epónimos

I

En Bagdad, el asfalto
ha sido arrancado de raíz.
Los ladrillos están amontonados
en montes al borde de las calles
y en el aire se respira
el residuo del petróleo
mezclado con la sangre.

En Washington, las ventanas
están intactas, la primavera
ha llegado al borde de las calles
y los semáforos dirigen,
imperturbables,
a esas fieras modernas
que andan con sangre negra corriendo por sus venas.


II

Madrugadas de ansias
desvelan el sueño en la fiesta
de la calle Prospect.

Afuera la humedad
omnipresente se levanta
del cauce del río
y se te acurruca debajo del
brazo, en tu espalda
y entre tus piernas.

Cerveza incolora tornada
en elixir servida en vasos

Solored, white and blue.
Vodka de segunda sorbida
como agua de vida
y todos
en la calle Prospect
divagan, junto a la hierba
y el cigarro, en cómo perder
la virginidad una vez más.


III

Con los murmullos de otoño
nunca vagas solo.
El movimiento de las hojas
acompaña tu paso y la leve brisa
se apodera,
cual si fuera cometa,
de tu bufanda a cuadros.

La vereda de ladrillos bermejos,
retocada con una alfombra
de memorias y olvidos,
se presenta bajo tus pies
y acompaña tu vista
hasta el final de la ciudad.

El sonido del crujido a tus pies
atrae tu vista hacia al suelo,
a las hojas de los árboles
que, después de muerta,
evoca el recuerdo de aquellas
tardes primicias donde
el viento lo hacía todo.


IV

El frío se palpa
cuando olvidas tu casaca
y te paseas por las calles matutinas
de este lugar a orillas del Potomac.

La penetrante hechura del aire
te toca en tus manos, tus labios
y pecho. Es dulce y fría;
se enreda en tus cabellos.
Queda y extensa
se bate contra tu cara
y toda la respiras.


© LPR
Agosto 2004 – Julio 2005
Washington, DC

sábado, 17 de marzo de 2007

Renia Fermaint, invitada de La tribu, y diez líneas suyas

Polos I

Lejano, desaparecido, presencia ausente.
Tu gélido cuerpo se enfrenta con el mío, ardiente, sudoroso, vibrante.
Permaneces sobre la hamaca, inmóvil y sereno, perdido en un abismal hueco vacío.
Mientras yo, inquieta y en llamas, te escucho el silencio, te analizo el alma.
Quiero viajar a tus glaciares, desplazarme por tus polos.
Pero qué puede hacer un sol caribeño entre tanta nieve, entre tanto hielo.
No puedo derretirte, no logro inquietarte, no alcanzo a moverte.
Y yo, infinito mar, calor eterno, música estridente, alocada fiesta
no soy capaz de someterme a tu in
mutable rostro de tonos azules.
Porque en mí viven los amarillos, los anaranjados, los rojos.


Renia Fermaint (1981) hubiera querido ser bailarina y pasarse la vida marcando pasos: uno, dos, tres... Pero de pequeña era más bien retraída, así que ¿cómo iba a ocurrírsele mostrar su cuerpecito contoneándose frente a un público?. Nunca tomó clases y ¿empezar a los 25? Quiere vivir en Toscana desde que vio "Bajo el Sol de Toscana" para sentarse en una mesa con vista a la nada
y, con las manos ocupadas sobre una maquinilla Underwood, dedicarse al "maniático vicio de escribir". Así espera marcar y fundir los latidos de su corazón con el de las teclas.

domingo, 11 de marzo de 2007

Los temas de siempre - I

Una amiga me dijo el viernes que ya no le temía a casi nada en la vida. Yo inmediatamente le repuse que, mira, yo sí le temo a algunas cosas...con todo y mi discurso cafre, yo temo entrar a un caserío de noche. Le dije eso porque era lo primero que se me ocurría y porque soy muy avanti. Ella es avanti también, pero no me dijo nada más, sólo hizo un ademán de sorpresa leve ante mi respuesta clasista. Pero es cierto, no me gustan los caseríos.

Estos son algunos de los pensamientos que todos, en algún momento, nos hacemos y que todas las generaciones se han hecho. Ese afán de distanciarse del resto, de evitar, precisamente lo bárbaro y tormentoso.

De igual modo, está ese afán de cuestionarse la vida, de hacerlo por un impulso que está latente y por nuestra humana habilidad inquisidora. Me encanta hablar sobre el amor, las relaciones entre los sexos, esa inclinación para no entendernos y suponer cosas; imaginárnoslas. Lo mismo con el tema más fascinante de la humanidad: la muerte. Nos cuestionamos la vida porque al final nos enfrentamos con la muerte, lo desconocido, lo que no ha sido calculado ni esbozado (por eso existen religiones).

Sin embargo y aunque todavía puedo discurrir sobre ellos, estos cuestionamientos me interesaban más antes; ahora me van cansando. Esto me está ocurriendo por una gran razón: luego de desilusionarme muchas veces en la vida, prefiero acercarme a ella con cautela, lanzándome de a poquito. Es la causa y el efecto obvio, no? Dicho de otra manera: no me ilusiono tanto. Veo las cosas con más frialdad y pongo, por largos instantes, todo lo que es sensible y cursi a un lado (e.g., estos cuestionamientos existencialistas, amorosos, profesionales y familiares).

Caso en cuestión: escribía poesía como si no hubiera un mañana. Ya hace dos años que no escribo un verso. Todavía leo poesía (quízás más que prosa) pero me dedico más a ésta última y trabajo ideas alejadas de esos temas de siempre; voy a las minucias de la vida común y corriente. Es cierto, no podré entrar a un caserío, pero no atajo la desensibilización que me ha invadido en estos últimos años.

La tribu errante