"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
domingo, 8 de julio de 2007
Paul Vaso, invitado de La tribu
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lunes, 2 de julio de 2007
Luis Villanueva Nieves, invitado de La tribu
Cada día se hizo más difícil ocultarme de la Dama Dragón: me había estrujado contra su cuerpo durante largas noches, y luego ella no quería que me detuviera; ella insistía en seguir quemándome con el vapor que expedía su boca, marcándome la piel. Cada vez que me mordía y chupaba, dejaba tatuados en mi piel coágulos que duraban semanas… Lo peor era su capacidad espacial de manifestar su cuerpo de modo espontáneo en cualquier parte.
En todo momento, en todo lugar, la imagen de su rostro brotaba en mi mente de forma inesperada: era como un acecho inagotable que me hacía permanecer en un letargo contemplativo; letargo que acrecentaba mi desesperación, mi ansiedad. Entonces… se manifestaba y concretaba su cuerpo ante mí… y el vapor de su boca me causaba sed, brutalidad y extenuación.
La conocí durante una serie de conferencias que desarrollé para un cliente. Ella era la persona en la empresa a cargo de coordinar cada coloquio y por eso tuve una relación constante con ella. Al principio las llamadas eran formales, luego se dieron de manera incidental hasta que yo di un primer paso llamándola un domingo. De ahí en adelante, todo fue cuestión de sexo.
Luego, no supe cuál debía ser mi respuesta final a sus avances ―y a sus ataques. Necesitaba organizar mis pensamientos y no encontré otra manera de hacer semejante introspección que no fuere recurriendo al mundo oscuro y ascético de las palabras.
Así, tras tomar la primera libreta que encontré, me encerré a escribir.
Comencé haciendo rayas, garabatos, dibujos de líneas entrelazadas, signos y círculos deformes; luego marcas, letras, comas y puntos, hasta que surgieron palabras y frases sin respetar regla alguna; eran neologismos y educciones sin exigir una rigurosa coherencia gramatológica. Escribía guiado por el placer de dibujar palabras, dirigido a encontrar en algún momento una solución, significado o simplemente probar la experiencia estética: allanarme a la belleza que encontraba en el conjunto absurdo de palabras que acumulaba línea tras línea, página tras página, hoja tras hoja.
Mi primera palabra inteligible fue “necesidad”, seguida de “capricho, vómito, pena, saliva, lluvia negra,”. Pero no pude escribir más; tan pronto comenzaba a descubrir un sentido en lo que escribía, mis pensamientos se rendían al terror de que surgiere el rostro de la Dama. Estaba consciente, pero algo me alteraba; era su rostro otra vez:
―Hola, Dumas ―y mis manos abandonaron la libreta tras recaer en el letargo. Tu vagina, el cabello, el pináculo, mis brazos, tus dientes, la saliva, tu lengua y lame, mis dedos, tu espalda, a morder, oler, mamar, beber, comer; tu cabello me corta; te gusta mascar colores. Tus ojos me sonríen… estaba en la habitación, en el suelo. Se arrastraba, mirándome… plásticos, amarras, tornillos, el beso, el pene, la herida, apretarla, aunque duela; luego, hasta el ano. Pero voy a matarla, a exprimir su cuello y preservar su cuerpo y saciarme cada vez que el sol muera en rojo. Tengo sed, ella me da sed. Me muerde. Arde. Sangro. Mi sangre es malteada, espesa como leche cruda y loca como esperma.
La Dama Dragón había ganado, pero sólo esa noche.
Luis Villanueva Nieves (San Juan, 1975) cursó estudios humanísticos en la Universidad de Puerto Rico y se licenció de abogado durante la década de los noventa. Se cree que existen varios duplicados de Luis, dado que varias personas han visto individuos idénticos a él en diversos y distantes puntos de la isla, incluso en momentos simultáneos. Para no sufrir una maldición, siempre que lo vea, invítele un café.
miércoles, 23 de mayo de 2007
Invadida la Capital del Libro
El líder máximo, Comandante en Jefe José Félix Algarín (último de izq. a der.), junto a sus subalternos.Académicos se rinden. Filósofos de la hierba brindan.
El Gobernador se hunde en la pusilanimidad.
Los cafres se unen a las huestes libertarias.
Derramamiento de Sangre.
Se identifica a Juanito Caminador como el auspiciador y arquitecto del ataque.
Vea nuestra fotogalería y gráficas informativas. Comente en nuestra sala de discusión, "Cafrerías".
Redacción (Carolina, P.R.) - Como una "seria amenaza al Canon de la Literatura Puertorriqueña y a la Seguridad Cultural Nacional", el Dr. José Luis Vega, Director Ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, describió la movida por parte de la autodenominada Tribu de los Cafres-Ejército Libertador (TC-EL), de invadir la Capital del Libro, Río Piedras, en la noche de ayer.
La TC-EL atacó el centro de la ciudad con bolígrafos inconformes e infantería enriquecida con páginas arrugadas de La Charca y El Aguinaldo Puertorriqueño. El Capitán de la Pluma de Ganso (Aviación de Guerra Revolucionaria), bombardeó con tinta las calles de la ciudad haciéndolas intransitables. "Así evitaremos que lleguen refuerzos del Instituto de Cultura, La Fortaleza y la Universidad de Puerto Rico. Se tendrán que manchar los zapatos si quieren hablar con el Poder de la Palabra que se ha instaurado en Río Piedras", comentó el Capitán.
Como todo ejército insurgente, la TC-EL usa tácticas no convencionales para acabar con el enemigo.
Foto: Jota-Jota
El Alto Comando de la TC-EL, una vez se hizo con la ciudad, regaló a los ciudadanos una fiesta de pueblo donde el orador principal fue el Benemérito Comandante en Jefe de la TC-EL, Juan Félix Algarín, con su alocución, "Sí a las rubias de Estocolmo y no al agua rubia: Una historia de fetichismos inconsecuentes". A esto le siguió la Teniente de Maniobras, Camarada Russe, la cual, haciendo uso de su aparato de viajar por el tiempo, exaltó a las tropas guerrilleras con su discurso-performeo, "Las nuevas fronteras de lo kitsch y lo avanti en la guerrilla-pop de hoy".
Guerrilleros de la TC-EL. En el orden acostumbrado: primera fila, Cmrda. Russe, Cmrda. Manuel, Cmrda. Leo, Cmrda. Ponce; atrás, Cmrda. JoelBuki, Cmrda. Sacha, Cmrda. Fermaint.
Foto: Jota-Jota
El Camarada Sancho Panza (rebelde y fugitivo del Canon desde la muerte de Cervantes) se unió al coup cuando llegó con taquitos de El Quijote, los cuales los camaradas Fermaint y JoelBuki devoraron con pasión. Al quejarse de que no habían sido suficientes, el Alto Comando, repondiendo a una orden del Comandante en Jefe Algarín, trajo varios platos exóticos de dicha ciudad invadida.
Platos tradicionales de la ciudad invadida.Foto: Jota-Jota
Fue entonces cuando la TC-EL inundó con sus consignas y espíritu revolucionario a la clase inconforme y olvidada de Río Piedras y todo el territorio nacional: los escritores anti-canon. El centro de comando establecido en El Boricua, Chinchorro Gurmé, sirvió para aplacar la sed y hambre de justicia de los guerrilleros y a los hambrientos y pobres literatos del país. El Alto Comando tomó control de la vellonera y luego de ofrendar vino a los dioses de las camisas, comenzó la danza ritual de estos forasteros, dando gracias por el éxito de la misión y los buenos oficios de Juanito Caminador, quien acompañó a sus combatientes vestido de su uniforme de gala azul, junto a su guardaespalda personal, Jota-Jota.
A continuación algunos de los cantos que se produjeron en esa noche de reivindicación y amor revolucionario:
"¡Comed y bebed antes que llegue el Dr. Vega a joder!"
"¡Algarín, compañero, al de Estocolmo venceremos!"
"Canon, go home! Canon, go home!"
"¡Ni con baba ni metralla esta lucha no se para!"
"¿El Canon quiere bronca? ¡Bronca, bronca, bronca es!"
Al cierre de esta edición, Aníbal Acevedo Vilá, Gobernador de Puerto Rico, se chupaba el dedo por órdenes del FBI.
sábado, 17 de marzo de 2007
Renia Fermaint, invitada de La tribu, y diez líneas suyas
Lejano, desaparecido, presencia ausente.
Tu gélido cuerpo se enfrenta con el mío, ardiente, sudoroso, vibrante.
Permaneces sobre la hamaca, inmóvil y sereno, perdido en un abismal hueco vacío.
Mientras yo, inquieta y en llamas, te escucho el silencio, te analizo el alma.
Quiero viajar a tus glaciares, desplazarme por tus polos.
Pero qué puede hacer un sol caribeño entre tanta nieve, entre tanto hielo.
No puedo derretirte, no logro inquietarte, no alcanzo a moverte.
Y yo, infinito mar, calor eterno, música estridente, alocada fiesta
no soy capaz de someterme a tu inmutable rostro de tonos azules.
Porque en mí viven los amarillos, los anaranjados, los rojos.
Renia Fermaint (1981) hubiera querido ser bailarina y pasarse la vida marcando pasos: uno, dos, tres... Pero de pequeña era más bien retraída, así que ¿cómo iba a ocurrírsele mostrar su cuerpecito contoneándose frente a un público?. Nunca tomó clases y ¿empezar a los 25? Quiere vivir en Toscana desde que vio "Bajo el Sol de Toscana" para sentarse en una mesa con vista a la nada y, con las manos ocupadas sobre una maquinilla Underwood, dedicarse al "maniático vicio de escribir". Así espera marcar y fundir los latidos de su corazón con el de las teclas.
jueves, 1 de marzo de 2007
Nydia Russe, invitada de La tribu
El puto CD de The Killers me está jodiendo la existencia. Cambiando canales vi a Brandon Flower cantando y ¡blink! ¡blink! Amor a primera vista. ¡Qué charro! Pues sí, pero realmente era amor al primer oído, porque era su voz la que me recordaba a Molly Ringwald, Judd Nelson, a mi hermano y a él. Fue automático. Aquel día que quería entrar rápido a la oficina marque la clave de la puerta, la abrí a lo loco y me choqué con él. Quizás sonaría más mágico si lo contará Luce López-Baralt, porque este rollo de la mirada y el espejo del alma…eso es… Ese fue el error: mirarlo a los ojos. Se parece a mi hermano, coño, te digo que no son cosas mías. Ese mismo día me fui a buscar el álbum de las fotos viejas y encontré aquella de high school que salía mi hermano con su pelito largo con ricitos atrás bien ochentoso. Él tiene el mismo color de piel y nació el mismo día, el 21 de marzo de 1979. ¡Auxilio! Estas películas de códigos DaVincis me están afectando al igual que el internet y el chat. Pero el colmo, el colmo fue cuando me dijo que estaba jarto de vivir. ¡Ja! Los aries, los aries…¡Dios mío, pero si papi lleva 40 años casado con mami! ¿Qué carajo le pasó a mi hermano? ¿Demasiado Pac-Man en los ochenta? No, y más charra y en crack estoy yo, que me pongo a creer en los niños índigos y me pongo a justificar las acciones de mi hermano con la telepatía, los súper poderes y los niños azules. Es que estoy del carajo, le escribí un cuento a ese muchacho, para motivarlo a saltar, a caerse. ¿Pero eso no fue lo mismo que hizo Mel Gibson con el tipo del edificio, en Lethal Weapon 1? Bueno, pues eso, que me hubiera gustado rescatar a mi hermano del putero de oficina que tenía en Santurce y haberle dicho: ¡mira, pendejo, deja la depresión, vente, vámonos, tú serás Thelma y yo Louis, vámonos en el BMW, booster, rooster, ja, ja, ultra charro! Escúchame bien, Bernardo, bajo ningún pretexto me vuelvas a tocar los que no tengo, porque te juro, te juro que te busco en un convertible verde y retro para que saltemos juntos. Dame la mano y vámonos a estrellar torres gemelas… ¡Aguántate y no te sueltes ni, pa’l carajoooohhhhh!
Nydia Russe (Río Piedras, 1973) espera por un benefactor tipo Robert DeNiro en Great Expectations para dedicarse sólo y exclusivamente a escribir. Si alguien está interesado, envíele lo que sea menos un walkman amarillo Sony. Ya ella tiene uno y si en algún momento tuviese que viajar -nuevamente- fuera de este planeta se lo llevaría con su cassette mix de canciones ochentosas. "Y, ¡ah!," añade ella, "le mandaría a doña Rosa de Morovis un 'long distance dedication from Casey Casom'".
sábado, 24 de febrero de 2007
Ossorio Costoya, invitado de La tribu, y su memoria más remota de la infancia
Ossorio Costoya (Océano Atlántico, 1972) nació durante la travesía de un transatlántico en dirección de España a Puerto Rico. Hijo de puertorriqueños. Autodidacta. Incansable viajero. Lector de vocación. Escritor por accidente.
domingo, 18 de febrero de 2007
Sacha Delgado, invitada de La tribu
Esa mañana comenzó como tantas otras: luchando con su ropa. Nada le quedaba bien. Todo esculpía sus rollos de grasa. Los chichos se desbordaban por todos lados. La grasa residía en los lugares obvios, como en el abdomen y las caderas, pero también habitaba en el mollero, alrededor de las rodillas y en los cachetes que, hundiéndole los ojos, le hacían parecer una misma cerda. Sí, ésa era la mejor descripción para ella: una cerda robusta, redondita, rosadita.
El espejo era su instrumento de tortura. No la dejaba escapar a la realidad. Le revelaba sin piedad su cuerpo desfigurado, grotesco, hinchado. Con esa imagen, no podía sentirse a gusto con ninguno de los atuendos. Su obesidad iba en aumento cada vez que se confrontaba con su reflejo. ¿Cuándo se dejó poner así de gorda?
Al fin, no por gusto, más bien por no llegar tarde al trabajo, se conformó con un ajustado pantalón negro y una blusa, negra también, pero con unas líneas verticales. Todo en un vano esfuerzo para hacer ver sus cinco pies, ocho pulgadas más esbelto.
Sabía que era necesario atacar de frente y con absoluta disciplina militar a la gordura que la aquejaba. Pero cuán difícil era… Apenas comía y se sometía a una rigurosa rutina de ejercicios. La verdad era que muchas veces su gula podía más que su deseo de ser flaca, y así se atracaba con rosquillas de crema en la repostería más cercana. Dos de cada tres sábados obviaba su rutina de ejercicios y se entregaba a la más vergonzosa holgazanería el resto del fin de semana.
¡Cómo se arrepentía al llegar a su oficina el lunes! Sentía que entre los brazos y el cojín de su silla sus caderas flojas se desparramaban. A las 10:30 de la mañana se tomaba una pastilla para aplacar el hambre. Aún así, al medio día ya tenía un apetito atroz. Hoy por poco se atraganta con los tomates, zanahoria, pepinillos y lechuga de la ensalada de Wendy’s que almorzó.
–¿A dieta de nuevo? –le preguntó, en tono de reproche, Mariela, una compañera.
–Ya sabes, es una lucha eterna –respondió cabizbaja.
–Si tú te ves bien –le afirmó Mariela, a lo que ella respondió con una tímida sonrisa.
Al salir del trabajo fue directo al gimnasio. Maldiciendo su falta de disciplina, decidió añadir 40 minutos de cardio a su rutina para ver si de alguna manera derretía la celulitis. Era repugnante, necesitaba tomar control. ¡Ahora sí iba en serio!
Al cabo de la sesión, sudada y segura de haber rebajado al menos dos libras, se paró sobre la báscula para medir su progreso. Horrorizada, vio como ese número de tres dígitos parpadeaba y le gritaba a todos en el gimnasio que ella había vuelto a fracasar. Sintió rabia, vergüenza, deseos de salir corriendo y alejarse rápidamente de esos tres numeritos rojos, chillones, malditos. ¿Cómo era posible que ella siguiera pesando tanto? ¡¡103, puñeta!!
Sacha Delgado (Santurce, 1976) pasó su niñez y adolescencia “sujeta a la voluntad trotamundística” de sus padres. Retornó a Santurce en la década de los noventa y se convirtió en la fanática número uno de los Cangrejeros (esto es un hecho y así confirmado por los apoderados del equipo). Puede discutir sobre básquet y literatura con la misma dosis de convicción. “¿Tienes alguna otra pasión?”, le pregunté. “Bueno”, me dijo muy melosa ella, “el chocolate, pero eso no se discute... se devora.”
jueves, 8 de febrero de 2007
¿Por qué "la tribu de los cafres"?
Lo cafre no es la cultura popular, pero sí es lo burdo, mediocre y enlatado que de ella puede degenerar (el merengue de grupillos, la constante gula de jamonilla y empanadillas de pizza son un buen ejemplo). El cafre o kāfir (ya que viene del árabe pagano o bárbaro) puede ser alguien que no tenga educación pero no necesariamente. Las universidades están llenas de esa tribu de los cafres: son los que simplemente pasan por la universidad, los que no logran entablar ese enlace tan personal y enriquecedor con el mundo académico. Los ves, precisamente, hablando de "este y de aquella", de las eternas fiestas, del sexo banal. Son los pseudos estudiantes (porque los estudiantes eternos somos otra cosa).
Las profesiones están llenas de cafres. Véase los parlamentos y congresos del mundo (y a las residencias presidenciales) y encontrará su buena dosis de bárbaros. Vaya a las convenciones de los maestros, de los doctores, farmaceúticos. En fin recibirse de algún grado, matricularse en una universidad, no es cura infalible contra la cafrería.
La cafrería para mí es un marco, una guía y una manera de comprender el lugar donde convivimos. No es el fin. Hay que denunciarla. Pero para hacer eso hay que entenderla, experimentarla y, de vez en cuando, escribirla.