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martes, 7 de octubre de 2008

Teoría de los parques IV


Un perro duerme sobre el polvo y sueña que está leyendo a Cervantes. 

Cervantes, hecho polvo, nunca soñó que un perro durmiente lo leería.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Te traigo un nombre

O cómo quiero que mi próximo perro se llame Miguel Cotto


Ya tengo resuelto mi dilema con los nombres que le he puesto a mis mascotas. Nombres blandengues, muy comunes y, por consiguiente, nada originales. Estos incluyen, entre otros, Peluche y Michu. No tengo esa habilidad para nombrar las cosas, lo confieso, pero hoy, mientras paseaba a mi perro Kenny (ya ven lo que les digo, ¿no?) todo se me esclareció cuando pensé en lo mucho que se parecen los boxeadores a los perros. Quizás fui uno de los pocos puertorriqueños que no vio la pelea de ayer, y que soy otro que ni pa'l carajo pagaría por un evento de Pay-Per-View (para eso lo gasto en comerme algo rico), pero sé lo que es la cultura del boxeo. Y sé que los nombres de los boxeadores hacen tremendos nombres para perros.

Por supuesto, no lo hacen para cualquier perro. Yo no creo en perros diminutos, con ladridos chillones y cabecitas de rata. Estos no cumplen su función de perros, sino de accesorios, de artículos de moda. Al futuro hijo de Kenny le pondré Miguel Cotto, ya está decidido.... O mejor Cotto pela'o...sí así sería mejor. "¡Ven Cotto, ven aquí! Cotto, ¡no! ¡Cooo-ttooo!, ¿dónde estás?"
Dos sílabas elementales y simples, un sonido contundente y sólido, con todo el poder de los ganchos del campeón peso welter y, claro, la adrenalina y emoción que bien demuestra el Cotto de verdad en la foto que acompaña esta entrada. (El site, http://www.e-fansite.com/cotto, está muy bien construido y diseñado por unos individuos geniales, que de verdad deberían ser los "Poster Children" de mi blog. Vean a Kilo, Chinita, Eddy y María aquí.)
Los nombres de boxeadores tampoco le van a los gatos. La personalidad de estos felinos no encaja con el intercambio de fluidos, la fatiga, violencia y olfato que comparten los perros con los boxeadores. A los gatos le van muy bien nombres de artistas, filósofos, es más, hasta de escritores. Son animales pasivos, reflexivos, que se toman todo el tiempo del mundo para hacer sus actividades predilectas: dormir, comer, arañar y vomitar. La documentarista del boxeo alternativo -y rosa-, y escritora residente del Estado Libre Seis Dedos, Nydia Russe, escogió unos nombres brillantes para su gato negro y gata blanca: Bogart y Rafaella. Ambos nombres evocan una época pasada, un hito en la historia de la cultura pop. En la muy improbable ocasión de que vuelva a tener a un gato como mascota (siempre estaré parcializado a favor de los perros), le pondría, por ejemplo, Borges. También consideraría Benedetti, Chéjov, Rocamadur (personaje de Cortázar) y Saramago.

Esta distinción y escogido de nombres no tiene nada que ver con la inteligencia de cada especie. Más bien hacen eco a las rasgos en común: los gatos y los escritores tienen malicia; los perros y los atletas, energía.

Kenny no fue lo más original que se les ocurrió a los dueños de éste cuando fuimos a buscarlo hace 9 años, pero nosotros pecamos de lo mismo al no cambiárselo. Espero que pronto pueda escuchar los nombres que le pondré a su descendencia.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Loreto y yo

Me paseé por Mameyal y quise que Loreto en realidad viviera allí conmigo, en una casita de esas humildes, de un solo piso, pero con el mar de patio trasero. Entonces vi a Loreto junto a mí nadando en el mar para entre las olas llamarlo nuevamente y así escuchar ese nombre que él nunca podrá enunciar. El eterno estudiante y el mar. Vi a Loreto devorarse el resto de una alcapurria fría (es amante de la carne molida). Vi a Loreto orinando sobre la palma inclinada que uso para amarrar mi amahaca.

¿Quién es Loreto? Un perro del cual me enamoré. No fueron sus patitas largas y flaquitas, ni su firme cuerpecito negro en forma de cilindro, o los brincos impetuosos que daba lo que me cautivaron. Fue su nombre y la manera con la que sus dueños lo llamaban: Loreto era una persona, un pariente más que con sus pequeñas formas había logrado permanecer en la casa que visité.

“¡Loreto, ven aquí!”, gritaban algunos. “¡Ven aquí, lindo perrín!”, tenía ganas de gritar y de apoderarme de su nombre. Loreto. Así también se llama el departamento del Perú que contiene a Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonía peruana. Ciudad mitificada por Pantaleón y sus putas. Loreto encarna, pues, la Zona Tórrida de Puerto Rico y del Perú.

Loreto es también la Baja California. Y pienso en La Perla de Steinbeck, como en el Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosa. Es un perro geográfico, ya me he dado cuenta. Loreto y Ponce: nombres de ciudades y de regiones, relacionadas a versiones míticas de la historia americana y literaria. Y fue esta la verdadera razón de mi intento desesperado de escribir muchas veces el nombre de Loreto para así adueñármelo.

La tribu errante