Foto obtenida en: http://www.e-fansite.com/cotto/photos/mc486.jpg
Por supuesto, no lo hacen para cualquier perro. Yo no creo en perros diminutos, con ladridos chillones y cabecitas de rata. Estos no cumplen su función de perros, sino de accesorios, de artículos de moda. Al futuro hijo de Kenny le pondré Miguel Cotto, ya está decidido.... O mejor Cotto pela'o...sí así sería mejor. "¡Ven Cotto, ven aquí! Cotto, ¡no! ¡Cooo-ttooo!, ¿dónde estás?" Dos sílabas elementales y simples, un sonido contundente y sólido, con todo el poder de los ganchos del campeón peso welter y, claro, la adrenalina y emoción que bien demuestra el Cotto de verdad en la foto que acompaña esta entrada. (El site, http://www.e-fansite.com/cotto, está muy bien construido y diseñado por unos individuos geniales, que de verdad deberían ser los "Poster Children" de mi blog. Vean a Kilo, Chinita, Eddy y María aquí.)
Los nombres de boxeadores tampoco le van a los gatos. La personalidad de estos felinos no encaja con el intercambio de fluidos, la fatiga, violencia y olfato que comparten los perros con los boxeadores. A los gatos le van muy bien nombres de artistas, filósofos, es más, hasta de escritores. Son animales pasivos, reflexivos, que se toman todo el tiempo del mundo para hacer sus actividades predilectas: dormir, comer, arañar y vomitar. La documentarista del boxeo alternativo -y rosa-, y escritora residente del Estado Libre Seis Dedos, Nydia Russe, escogió unos nombres brillantes para su gato negro y gata blanca: Bogart y Rafaella. Ambos nombres evocan una época pasada, un hito en la historia de la cultura pop. En la muy improbable ocasión de que vuelva a tener a un gato como mascota (siempre estaré parcializado a favor de los perros), le pondría, por ejemplo, Borges. También consideraría Benedetti, Chéjov, Rocamadur (personaje de Cortázar) y Saramago.
Esta distinción y escogido de nombres no tiene nada que ver con la inteligencia de cada especie. Más bien hacen eco a las rasgos en común: los gatos y los escritores tienen malicia; los perros y los atletas, energía.

Kenny no fue lo más original que se les ocurrió a los dueños de éste cuando fuimos a buscarlo hace 9 años, pero nosotros pecamos de lo mismo al no cambiárselo. Espero que pronto pueda escuchar los nombres que le pondré a su descendencia.