"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Mi prima Karol en MTV Perú
lunes, 15 de septiembre de 2008
Los colores sin rosa
Foto de Lila Siegrist. De la instalación Avatar en un quinto piso. macro
El mate sin azúcar.
El café sin crema.
La tortilla sin yemas.
El pancho sin ketchup.
El hamburger sin bacon.
El queso sin pasteurizar.
Las espinacas sin manteca.
El chorizo sin piel.
El ceviche sin apio,
el sancocho sin cabro
y la ensalada sin ajo.
Los tostones sin sal.
Las manías sin reservas. La literatura sin fronteras.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Suzhou trajo lo que no era suyo
| From 3rd Week - Suzhou, China |
-Te portas tan bien con tus colegas chinos.
-Yo soy el que vengo a su país, no debo por qué portarme de otra forma.
-Te gusta la China demasiado, ¿no es asi?
-Me gusta desde que descubrí que mis juguetes los hacían aquí -me forcé a decir, no porque fuese mentira, sino porque decirle que en realidad la china que me gustaba era ella hubiese sido un final bastante abrupto. Más abrupto que éste.
(Tomado de La libreta de Xi'an)
A 35 años del martirio de Allende y de todo un pueblo
miércoles, 10 de septiembre de 2008
El resto...
miércoles, 27 de agosto de 2008
Mira la Muralla y unas causas no aptas para el público
viernes, 22 de agosto de 2008
China no sólo sorprende, te hace tomar fotos charras
Convivir entre ellos: una olimpiada de por sí
Dejar a Beijing por Xi'an fue un poco difícil, pero no tanto como dejar atrás a China. Llevo dos días en Buenos Aires y extraño ser el foco de atención, la incogruencia hecha carne, en que tanto los chinos se fijaban. Extraño más la manera en que las chicas se vestían aún cuando mostraban ralos vellos debajo de las axilas. Todas con tacos hasta en la lluviosa Plazoleta Olímpica, en la Ciudad Prohibida o sobre las piedras milenarias de la Muralla China. Con traje de noche muchas, con lentejuelas las más provocadoras, las chinas están ciertamente acomplejadas con su baja estatura, pero qué bien se ven. Están entonces las más guerrilleras, con peinados a lo Laura Om, que se aglomeran en Shanghai. Con minifaldas, la cuerdita roja alrededor del cuello que sujeta el jade que esconden entre sus pequeños pechos y sus ojos que seducen por su tan apabullante otredad.
La moda tan cargada que exhiben las jóvenes chinas es el indicador más certero para entender que la China comunista no existe. Lo que hay en su lugar es un estado autoritario con el cual la mayoría de la población está dispuesta a vivir a cambio de tiendas Gucci, Internet gratis y vigilancia del estado las venticuatro horas a través de las cámaras de seguridad que están hasta en las fachadas de los monumentos históricos.
El deseo de superarse y el orgullo que los chinos sienten por su trabajo y país también es asombroso y conforma el único peligro real a la autoridad del Partido Comunista. Los compañeros del programa de Suzhou tienen un calendario cargado de clases de inglés, contabilidad y voluntariado además de su rigurosos cursos de Derecho. Algunos recién se hicieron miembros del Partido Comunista, pero no porque compartan su ideología, sino porque era algo adicional que poner en el CV. Son ambiciosos y quieren tener más. Recordemos que la clase media es la que históricamente pide y efectúa los cambios en las sociedades.
Luego está la doble actitud que los chinos tienen hacia los demás. Pude notar como en muchas ocasiones los chinos tienen una sólida línea bien trazada en lo que es relación de trabajo y relación personal. Esto se demuestra también en las calles donde es tierra de nadie y ni las bicicletas le ceden el paso a los autos y peatones. En general, el chino solo brega bien en su círculo interno de familiares y amigos. Las generaciones de jóvenes como con los que compartí tienen una mentalidad en evolución, pero todavía no ha cambiado del todo y muchos no entendían que algunos de nosotros, occidentales, los invitáramos a dar un paseo por la ciudad o sentarnos a tomar un té. Algunos sólo lo hacían por su deber como anfitriones y otros como un mero favor al extranjero. Ya luego, cuando se empezaron a desarrollar vínculos de amistad, el acercamiento fue cambiando y las salidas se hacían por la única y gratificante razón de disfrutar de la compañía mutua.
China te atrapa, tan bien o peor como la china que ante tus galanterías te contesta en Business English.
Hoy caminé por la Plaza Lorea en el mismo centro de Buenos Aires y sentí un nudo en la garganta al ver una sucursal del banco chino HSBC. El contacto que uno tiene con la China se da, casi seguramente, desde el primer hasta el último momento de la vida gracias a la proliferación de artículos Made in China, pero los que hemos visitado a China y nos ha gustado, hay algo que nos envuelve e impacta de tal manera que nos sentimos raros no sólo con ver el HSBC, sino con cualquier restaurante chino y con los carteles rojos comunistas de la hamburguesa de Beijing que McDonald's vende en Argentina. Lo que siento es, sin dudas, la nostagia del viajero, pero China ha desencadenado una nostalgia más intensa que luego describiré en otra entrada.
China no es un paraíso, pero el combo entero de inmensidad, historia y gente optimista (aunque trata de matarte en plena avenida echándote el ómnibus encima) te hacen pensar que (eso sí, fuera de sus ciudades contaminadas y basurales urbanos) te encuentras en un lugar especial y muy lejos de donde naciste. Esa lejanía es lo que produce cierto misticismo y es la causa del asombro en la gente cuando le digo que he estado por China y que pienso regresar porque me falta ver tanto más.
sábado, 26 de julio de 2008
viernes, 25 de julio de 2008
El oficio solitario y el té solidario
lunes, 21 de julio de 2008
China-mandarina, pepinillo-cigarrillo
Gracias a mis shorts las personas no dejan de mirar mis piernas velludas. Las miran y me imagino que se preguntarán: ¿acaso los occidentales son descendientes más cercanos de los simios? Me río y me paro a tomar una fotografía y mientras lo hago escucho el grito que tarde o temprano sabría que escucharía: "jelouu, jelouu". Así le llaman la atención a los turistas, a los occidentales, a esos que venimos con las patas pelúas. Es la bienvenida que recibimos los velludos al país de la gente lampiña.
China me sabe a esas mandarinas que llevamos a la playa y dejamos en el bulto sobre la arena. Se calientan un poco con el sol, pero como quiera nos las comemos. Y aquí me la como suspirando: por qué no decidí estudiar mandarín en vez de francés y portugués.
Estoy en un Internet café cerca de la Universidad de Suzhou. El calor del sauna sigue aquí adentro a pesar de los abanicos. Debe ser el calor que emiten las ciento y pico de computadoras que están aquí juntas o los ciento y pico de chinos que ni siquiera han mirado mi copiosa cantidad de vellos. Algunos gritan a través del chat y otros mantienen su mirada fija en la pantalla, con los dedos recorriendo el teclado con la maestría que solo logran los que se pasan tardes enteras sumergidos en los juegos de computadora.
Muchos de ellos fuman mientras juegan. Fuman y se paran para ver el status de sus amigos unas mesas más abajo. Las novias vienen a darle ánimos y a preguntarle cuando acabarán. No parece que se irán pronto. Yo me voy. Los cigarrillos me gustan mucho menos que los pepinillos crudos con salsa hoisin.
jueves, 17 de julio de 2008
Guaynabo City me roza (o el grupo de Facebook que nunca creé) - III
El esposo le rogó a su esposa que por favor escuchara su versión, que todo era mentira, un gran malentendido de gente lengüilarga y de gargantas profundas, pero ya se encontraba fuera de la casa. Fuera. Familia. ¿Final?
No se dio por vencido. Es que en Guaynabo City, en donde todo tiene su debida traducción, también subsisten espacios para traducir la decepción en cafrería, pero de la bien intencionada. La buena intención del esposo fue valerse de un mensaje a plena vista de todos. Un mensaje pintado sobre un fondo amarillo en el lado externo del divisor del expreso Martínez Nadal que da justo a la salida de su otrora urbanización.
"A mi esposa:
No escuchaste la segunda verción. No te engañé. Te amo demasiado. Dame una oportunidad. Te ama, tu esposo."
Recuerdo que así leía el afiche, con todo y la 'c' en versión. Con esa 'c' del City Hall y del GCity Magazine.
Nada descarta, claro, que el esposo en su desesperación le haya escrito a ella en su Facebook wall (otro mensaje público por si el afiche amarillo a plena vista de todos sus vecinos –y demás visitantes inocuos– no cumpliera con su cometido) y le haya congestionado el buzón con e-mails cortos ("¿Fuiste tú?", "No cierres la puerta todavía" o "Te extraño tanto…") y largos (rememorando las calles de Praga que caminaron juntos o las vacaciones al desnudo en una playa desolada de la República). Tampoco lo eximo de que haya cambiado múltiples veces al día su estatus en Twitter o en el MSN gracias al Blackberry (marca que antes confundía con Burberry).
Guaynabo City me roza. Pero en estos días lo hace menos porque, luego de cuatro meses, cambiaron el afiche (sin dudas es una operación nocturna, clandestina y casi guerrillera la que estos pasquineros ejecutan). El cambio, me huele a mí, se habrá originado más bien por el deseo de informarle a todos sus fieles lectores, que su ardid sí rindió frutos y para recordarles a todos que nunca olviden decirle a su esposa lo mucho que la aman.
Al final de su nuevo mensaje nos reitera: "Yo se lo digo todos los días y soy el hombre más feliz del mundo. Te amo".
Pero, ¿verdaderamente se habrán reconciliado? Como espectador nunca sabré (esto es parecido a lo que ocurre cuando uno lee los mensajes del wall, los comentarios de las fotos, las mismas entradas de este blog nómada) pero yo quiero pensar que sí. Después de todo así es Guaynabo: Cafric (cafre+chic), Monumental y Risible.
