La tesis todavía no se ha presentado, esto ocurrirá este próximo mes de mayo para que le otorguen a Wood su Maestría en Artes. Y La tribu está contenta, está que arde. No es noticia, claro, que los blogs se cuelen en el ámbito académico, en Puerto Rico tenemos a los blogsfesores y en la Escuela de Derecho contamos con derechoalderecho, administrado por varios profesores de esa facultad. Pero eso sí, creo que es un hito que te citen en un trabajo por tu explicación y uso de esa tan irreverente, tan curiosa palabrita nuestra que le da nombre a este espacio y a otros cientos de lugares más.
"...[E]l vacío de la casa se les presentaba como un animal dispuesto a tragarse cualquier sonido..." La tribu existe para combatir ese vacío y preservar los sonidos.
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miércoles, 29 de abril de 2009
En la tribu de las tesis
En esos viajes nocturnos que hago por el ciberespacio me topé ayer con que mi blog había sido citado en el trabajo de tesis de una estudiante de la Georgia State University. Ashley Elizabeth Wood, en su trabajo, EL REGUETÓN: ANÁLISIS DEL LÉXICO DE LA MÚSICA DE LOS REGUETONEROS PUERTORRIQUEÑOS, se paseó por La tribu de los cafres a la hora de analizar la palabra 'cafre'.
miércoles, 2 de abril de 2008
Uno, Kitscherías
En el Tren Urbano
En mi cara todos los ojos
Tan pronto entré me pegaron los ojos y no me soltaron. Todos: viejitas, señores, adolescentes, los casi veinte empleados públicos, la gorda con camisa de leopardo que está pidiendo una orden a KFC, el alguacil judicial que juega con las letras en su jacket que deletrean la palabra 'Tribunal'.
¿Me miran el pelo aplastado por el sombrero con la pluma de ganso? ¿El nítido jacket Puma azul que no combina con el sombrero? ¿El inmenso bulto de computadora que no lleva computadora alguna, sólo libros y hojas sueltas?
¿O se me nota en la cara que acabo de chichar?
5:05 PM
Entro, me mantengo de pie porque no hay asientos disponibles y rápidamente la oigo: "...ajá, un muslito quemadito...". Muslito. La palabra me llena, me provoca un rico comfort hogareño. " ...crujiente, esos que no son de la receta original". Ahora me invade el recuerdo al olor a grasa gracias a la 'r' de 'crujiente' tan bien pronunciada. "¿Que cuántos? Mijo, por lo menos dos". La esquina de la boca fulgorosa mostrando el camino del placer, las manos grasientas y la carne del ave entre las uñas. De fondo: el leve olor a limón de las toallitas húmedas. "Entonces, que no se te olviden los biscuits...las papas majadas que lleguen calientes y con gravy, que la otra vez llegaron to'as frías. El repollo que no esté congela'o.... Ay, sí, me comería esos muslitos con par de biscuits... Dale, avanza". La respiración entrecortada y los huesos devueltos al bucket para tirarlo todo a la basura. Música de fondo: debería ser la del telenoticiero de las seis, pero lo que escucho es, "Próxima estación, Las Lomas".
Esa linda palabra(,) kitsch
La casa de cuchillas voladoras
En esta casa se come bajo el inmenso dragón dorado que bota fuego y pone huevos. Los huevos, evidentemente, me los como en el egg-drop soup.
St. Mark's Place
'ta madre que no quiero comer y me dicen que las encuentre por St. Mark's porque están bruncheando a las 10 de la mañana. Estoy harto de las cuatro horas del Chinatown Bus que me trajo de Boston y ahora quieren que me monte en un jodío taxi y que las encuentre en St. Mark's. Que si el brunch del sábado y lo que yo quiero es caminar por Nueva York, a ver si finalmente me consiguen taquillas para Broadway... Yo lo que quiero es soltar mi bulto en su depa, lavarme aunque sea la cara: no, vamos a vernos en St. Mark's, calle de tattoo parlors, de librerías vegetarianas (y lésbicas), de restaurancitos hole-in-the wall tan caros como sólo Nueva York sabe hacerlos y como sólo los nuyorkers saben encontrarlos.
Le dejo cinco pesos de propina porque el taxista (odio a todos los taxistas del mundo, me digo cuando me estoy bajando) no tiene cambio para mi $20. La llamo y me dice que está en el lugar más kitsch de la calle, pero carajo, le digo, estoy en St. Mark's -paraíso también de turistas que llegan del Midwest y de una ínsula que no ha alcanzado la madurez del post-colonialismo y se maravillan por las amplias aceras de esta otra ínsula, Manhattan-: aquí todo es jodidamente kitsch.
Al lado del tercer Starbucks que veo en apenas dos cuadras, me encuentro frente al lugar más kitsch. Entro y el rosa chillón me ensordece. Mientras busco con mis ojos un silencio, me doy cuenta que no hay paz que encontrar: las paredes están atiborradas de toda una diversidad de objetos que ni me puedo acordar. Un té, les ruego a las chicas que me esperan en un booth y luego les pregunto: ¿cómo coños se llama este lugar?
En mi cara todos los ojos
Tan pronto entré me pegaron los ojos y no me soltaron. Todos: viejitas, señores, adolescentes, los casi veinte empleados públicos, la gorda con camisa de leopardo que está pidiendo una orden a KFC, el alguacil judicial que juega con las letras en su jacket que deletrean la palabra 'Tribunal'.
¿Me miran el pelo aplastado por el sombrero con la pluma de ganso? ¿El nítido jacket Puma azul que no combina con el sombrero? ¿El inmenso bulto de computadora que no lleva computadora alguna, sólo libros y hojas sueltas?
¿O se me nota en la cara que acabo de chichar?
5:05 PM
Entro, me mantengo de pie porque no hay asientos disponibles y rápidamente la oigo: "...ajá, un muslito quemadito...". Muslito. La palabra me llena, me provoca un rico comfort hogareño. " ...crujiente, esos que no son de la receta original". Ahora me invade el recuerdo al olor a grasa gracias a la 'r' de 'crujiente' tan bien pronunciada. "¿Que cuántos? Mijo, por lo menos dos". La esquina de la boca fulgorosa mostrando el camino del placer, las manos grasientas y la carne del ave entre las uñas. De fondo: el leve olor a limón de las toallitas húmedas. "Entonces, que no se te olviden los biscuits...las papas majadas que lleguen calientes y con gravy, que la otra vez llegaron to'as frías. El repollo que no esté congela'o.... Ay, sí, me comería esos muslitos con par de biscuits... Dale, avanza". La respiración entrecortada y los huesos devueltos al bucket para tirarlo todo a la basura. Música de fondo: debería ser la del telenoticiero de las seis, pero lo que escucho es, "Próxima estación, Las Lomas".
Esa linda palabra(,) kitsch
La casa de cuchillas voladoras
En esta casa se come bajo el inmenso dragón dorado que bota fuego y pone huevos. Los huevos, evidentemente, me los como en el egg-drop soup.
St. Mark's Place
'ta madre que no quiero comer y me dicen que las encuentre por St. Mark's porque están bruncheando a las 10 de la mañana. Estoy harto de las cuatro horas del Chinatown Bus que me trajo de Boston y ahora quieren que me monte en un jodío taxi y que las encuentre en St. Mark's. Que si el brunch del sábado y lo que yo quiero es caminar por Nueva York, a ver si finalmente me consiguen taquillas para Broadway... Yo lo que quiero es soltar mi bulto en su depa, lavarme aunque sea la cara: no, vamos a vernos en St. Mark's, calle de tattoo parlors, de librerías vegetarianas (y lésbicas), de restaurancitos hole-in-the wall tan caros como sólo Nueva York sabe hacerlos y como sólo los nuyorkers saben encontrarlos.
Le dejo cinco pesos de propina porque el taxista (odio a todos los taxistas del mundo, me digo cuando me estoy bajando) no tiene cambio para mi $20. La llamo y me dice que está en el lugar más kitsch de la calle, pero carajo, le digo, estoy en St. Mark's -paraíso también de turistas que llegan del Midwest y de una ínsula que no ha alcanzado la madurez del post-colonialismo y se maravillan por las amplias aceras de esta otra ínsula, Manhattan-: aquí todo es jodidamente kitsch.
Al lado del tercer Starbucks que veo en apenas dos cuadras, me encuentro frente al lugar más kitsch. Entro y el rosa chillón me ensordece. Mientras busco con mis ojos un silencio, me doy cuenta que no hay paz que encontrar: las paredes están atiborradas de toda una diversidad de objetos que ni me puedo acordar. Un té, les ruego a las chicas que me esperan en un booth y luego les pregunto: ¿cómo coños se llama este lugar?
sábado, 29 de marzo de 2008
El Reguetón en Eurovisión...Obliga'o
El Objetivo Fama vino gracias al American Idol y éste por el Pop Idol británico. Todo es un rico copiete y en la Europa continental está el Eurovisión, que funge como último reducto del nacionalismo europeo.
En una maravillosa conexión Barcelona-Buckeystown-Bayamón, hoy mi amigo Keith, recién regresado de España, me cuenta de qué forma el reguetonix ha invadido a Europa. La cosa está tan a fuegote que la canción más popular en Eurovisión 2008 es una parodia que el comediante catalán, Andreu Buenafuente, hizo del reguetón.
Es por este mestizaje cultural que La tribu de los cafres no sólo existe, sino que se expande por el mundo.
Un saludo a los lectores de La tribu catalanes y españoles...Keith hizo su trabajo de evangelización por la Madre Patria.
El chiqui-chiqui (u otra exquisita parodia de lo cafre):
En una maravillosa conexión Barcelona-Buckeystown-Bayamón, hoy mi amigo Keith, recién regresado de España, me cuenta de qué forma el reguetonix ha invadido a Europa. La cosa está tan a fuegote que la canción más popular en Eurovisión 2008 es una parodia que el comediante catalán, Andreu Buenafuente, hizo del reguetón.
Es por este mestizaje cultural que La tribu de los cafres no sólo existe, sino que se expande por el mundo.
Un saludo a los lectores de La tribu catalanes y españoles...Keith hizo su trabajo de evangelización por la Madre Patria.
El chiqui-chiqui (u otra exquisita parodia de lo cafre):
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lunes, 17 de diciembre de 2007
Flatulence leads US jet to divert

Maravillosa noticia de la BBC aquí.
(La pregunta obvia es, ¿porqué carajo dejan que los pasajeros aborden los aviones con fósforos?)
Estoy en finales así que no tengo tiempo de postear otras cosas menos, pues, cafres.
Sobre el Cadáver Exquisito:
Hay más y pronto vendrá el resto...sólo tengo que ajorar a la señorita Cometa... ;-)
No les deseo Feliz Navidad formalmente porque antes que acabe el año publicaré varias cosas; ahí lo tienen, una promesa para obligarme a acabar diciembre con 4 entradas o más.
(La pregunta obvia es, ¿porqué carajo dejan que los pasajeros aborden los aviones con fósforos?)
Estoy en finales así que no tengo tiempo de postear otras cosas menos, pues, cafres.
Sobre el Cadáver Exquisito:
Hay más y pronto vendrá el resto...sólo tengo que ajorar a la señorita Cometa... ;-)
No les deseo Feliz Navidad formalmente porque antes que acabe el año publicaré varias cosas; ahí lo tienen, una promesa para obligarme a acabar diciembre con 4 entradas o más.
miércoles, 24 de enero de 2007
El blitzkrieg nuestro de cada día...
Acuso a los nenes lindos y las mamitas que van por ahí inundándole los oídos a los peatones, transeúntes y pasajeros de nuestro grandioso Tren Urbano con su selección fuertemente cargada de cafrería. Léase sin embargo que estos no son literalmente nenes lindos ni mamitas. No. Son la bandada reguetonera, 'gangsta' o como quierase llamar que salen a merdear por todos lados con su música antiheroica y antitodo. Música sobrá que ya en muy pocos casos nos lleva a pensar (atrás quedó Vico-C y Tego ha últimamente brillado por su ausencia). Y este amasijo de repeticiones musicales cuesta, porque hay que pagarle a la Apple por los iTunes o a Verizon o Sprint para usar sus tiendas de música y descargar (o "télécharger", como insisten los franceses) esos "bytes" de incoherencia. Nótese entonces que esta bandada tiene un gran poder adquisitivo.
Operan en comandos de dos o cinco voluntarios. El que se cree el líder, el más guillao, empieza a traquetear con su móvil y al instante la musiquilla. Y a los pocos minutos, el resto saca sus intrumentos y se formó la antisinfonía. Tras que la música en sí es una melodía enlatada y estrepitosa, al los celulares ser aparatitos tan pequeños el sonido que reproducen es bajo en calidad. Pero no le digas nada a estos que pretenden estar surfeando en la ola de lo "cool". Ellos están en lo suyo, en su gran cruzada de regar por todas partes el gérmen del reguetón o del igual de abobinable hip-hop afroamericano (ese que también ha perdido sus raíces y sus grandes intérpretes).
Entonces uno leyendo en el TU y te interrumpen y tienes que mirarlos de reojo y hacerle ademanes para que de alguna manera estos individuos entiendan que no andan solos en esta vida y que, ahh, existen audífonos.
Pero creo que esto de restregarle tu música al prójimo tiene que ver mucho con la soledad. Estos individuos se sentirán tan solos y abandonados que ven al reguetón como su único refugio. Necesitan estar acompañados de la música. Su música, esa que los entiende. Igual pasa con las motoritas esas con las bocinas integradas. Esas que son manejadas por conductores con esos cascos al estilo del ejército del Tercer Reich. Entonces la metáfora cobra más fuerza: el adolescente que nadie lo comprende, agarra su motora para librarse del caserío, del pueblito, de la urbanización cerrada (pues claro, nuestra clase media y media-alta está fascinada con el reguetón) y junto a la liberante sensación del viento estrellándose contra su cara, el reguetón lo dirige hacia su tanta veces fantaseada y nada original tierra prometida. En otras palabras, su propio imperio.
Operan en comandos de dos o cinco voluntarios. El que se cree el líder, el más guillao, empieza a traquetear con su móvil y al instante la musiquilla. Y a los pocos minutos, el resto saca sus intrumentos y se formó la antisinfonía. Tras que la música en sí es una melodía enlatada y estrepitosa, al los celulares ser aparatitos tan pequeños el sonido que reproducen es bajo en calidad. Pero no le digas nada a estos que pretenden estar surfeando en la ola de lo "cool". Ellos están en lo suyo, en su gran cruzada de regar por todas partes el gérmen del reguetón o del igual de abobinable hip-hop afroamericano (ese que también ha perdido sus raíces y sus grandes intérpretes).
Entonces uno leyendo en el TU y te interrumpen y tienes que mirarlos de reojo y hacerle ademanes para que de alguna manera estos individuos entiendan que no andan solos en esta vida y que, ahh, existen audífonos.
Pero creo que esto de restregarle tu música al prójimo tiene que ver mucho con la soledad. Estos individuos se sentirán tan solos y abandonados que ven al reguetón como su único refugio. Necesitan estar acompañados de la música. Su música, esa que los entiende. Igual pasa con las motoritas esas con las bocinas integradas. Esas que son manejadas por conductores con esos cascos al estilo del ejército del Tercer Reich. Entonces la metáfora cobra más fuerza: el adolescente que nadie lo comprende, agarra su motora para librarse del caserío, del pueblito, de la urbanización cerrada (pues claro, nuestra clase media y media-alta está fascinada con el reguetón) y junto a la liberante sensación del viento estrellándose contra su cara, el reguetón lo dirige hacia su tanta veces fantaseada y nada original tierra prometida. En otras palabras, su propio imperio.
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