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lunes, 19 de mayo de 2008

¿Culpa de la represa?

China Digital Times cita a The San Francisco Chronicle sobre la posibilidad de que el terremoto de la semana pasada en Wenchuan pudo haber sido ocasionado por la presión ejercida por la represa de las Tres Gargantas. En mi entrada anterior hablé de mi preocupación por la seguridad de esta presa, pero jamás me imaginé que podía establecerse algún nexo entre los movimientos de las placas tectónicas y la construcción de represas.
Pueden leer el artículo que explica la relación entre las presas y los terremotos -para mí algo inimaginable- en la revista Scientific American aquí. Vamos, que vale la pena salir cada vez más de la penumbra del desconocimiento.


Hoy, en todo el territorio nacional chino, se llevó a cabo el primer día de tres de duelo nacional a raíz de esta catástrofe que ha dejado a más de 50,000 muertos (aunque el gobierno calcula que ese total se duplicará).



Como también adelanté en mi pasada entrada, aquí está el enlace de la Cruz Roja para ayudar a las víctimas del terremoto.

martes, 13 de mayo de 2008

Terremoto en Wenchuan, cómo ayudar y las Olimpiadas

A menos de 100 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos 2008 en Pekín, un fuerte sismo sacudió a la provincia suroeste de Sichuan. El mismo se sintió por toda Asia, desde Pakistán hasta Vietnam y llega muy a destiempo. Para los chinos es como si el SARS, la represión en el Tíbet, el accidentado relevo de la antorcha, la aberrante contaminación de sus ciudades (16 de las ciudades más contaminadas del mundo están en China) no hayan sido suficiente para dificultar la responsabilidad de ser sede del evento deportivo más celebrado en todo el mundo (aunque tengo que conceder que los hinchas del fútbol dirán que ese evento es la Copa del Mundo).

¡A ayudal!

Pero es el lado humanitario que más duele y conmueve. En estas últimas dos semanas, dos grandes catástrofes han impactado al continente anfitrión de las Olimpiadas. Casi 30,000 personas murieron en Birmania a causa de un tifón. En Sichuan, provincia china donde se originó el epicentro, la cifra ya llega a los 12,000 muertos. Por motivo de las Olimpiadas y el interés que siempre he tenido por China, he comenzado a leer China Digital Times, un portal periodismo chino independiente y colaborativo.

Tan pronto hay una catástrofe de este nivel, accedo a la página de la Cruz Roja Internacional. Allí tienen un mecanismo fácil y seguro para hacer donaciones al instante a las misiones que tiene la Cruz Roja en el lugar del desastre. Cuando accedan verán que todavía no está China en la lista, pero tan pronto entre la misión de la CRI al país, podrán enviarle dinero.

Las Olimpiadas y el futuro de China

Las autoridades chinas y los organizadores olímpicos pensaron innmediatamente en las multimillonarias estructuras y edificios que se han construido en Shanghai, Pekín y Hong Kong para celebrar los juegos. Yo pensé en la Presa de las Tres Gargantas (o Three Gorges Dam en inglés). Esta represa en el río Yangtze está casi finalizada, pero no estará completamente lista hasta el 2011. La misma ya está considerada como la represa de más alta capacidad en el mundo. Este logro ha estado ligado a una gran pérdida cultural, social y ecológica ya que millones de personas fueron removidas de sus pueblos y ciudades ancestrales (familias enteras han vivido por miles de años en algunos de estos pueblos) para ser arrasados por las aguas de la represa. Como los pueblos, sumergidos quedarán artefactos arquelógicos y antiguas fábricas que son la causa de preocupación mayor entre los ecologistas ya que temen que residuos y desperdicios químicos contaminen más las aguas del Yangtze.

Esta represa, junto a todos los edificios que se están levantando en las grandes ciudades chinas, es la nueva muralla china del siglo XXI. Las aguas del Yangtze que se alzarán sobre aldeas milenarias es la metáfora más certera, como muchos analistas y escritores han dicho, para mostrar que China no tiene reparos en dejar su pasado atrás para volver a ocupar su sitio como la potencia mundial que siempre ha sido, excepto en los últimos 300 años. Pero, después de todo, ¿qué son tres siglos en la historia china que abarca doscientos siglos?

Hay que brindar oportunidades


Uno puede diferir con los chinos en su abismal récord de derechos humanos, por su anexión ilegal del Tíbet (independentista al fin, soy solidario con la autodeterminación e independencia de la nación tibetana) en su trato al medioambiente y en un sinnúmero de políticas erradas, pero hay un espíritu eminentemente chino (heredado, muy probablemente por ser una de las civilizaciones más antiguas del mundo) de unirse como pueblo y alcanzar metas altísimas, y de darle suma importancia al esfuerzo tanto individual como colectivo. El cambio que ha sufrido China en las últimas dos décadas ha dejado perplejo al resto del mundo. Conceder la sede de las Olimpiadas a China es un reconocimiento por parte de la comunidad internacional a esta realidad y demuestra el interés de Pekín de abrirse al mundo sin miedo. Esto tiene que ser bienvenido tanto por los incondicionales y los críticos de China. La interacción entre los pueblos y no el aislamiento o la guerra es la clave para propiciar cambios dentro de los países que, como la misma China, que tienen graves problemas internos.

La participación económica en el mercado chino ha sido el atractivo más grande y ha influenciado, desde la época de Nixon, el discurso hacia la China comunista por parte de Washington. Esta apertura entre China y Occidente, si bien estuvo matizada inicialmente por cuestiones ideológicas y estratégicas, siempre estuvo y estará fuertemente fundamentada en el capitalismo y en la noción de crear riquezas.

Fue Deng Xiaoping quien modificó el llamado de Mao ("¡Es glorioso ser revolucionario!") por "¡Es glorioso ser rico!". Esa apertura y riqueza ha llevado a China a elevar los estándares de salubridad, educación y empleo en su población y aunque hay grandes retos en cuestión de democracia, libertades y justicia, el camino de la cooperación y amistad ha logrado cambios positivos y espero que estas Olimpiadas, con todos los dolores de cabeza que ha causado, le sirvan a Pekín para seguir transformando al país, esta vez con más conciencia y responsabilidad.

lunes, 11 de febrero de 2008

Intento golpista en Timor Oriental

Timor Oriental (o Timor Leste) es el país independiente más joven del mundo (Fecha de Independencia: 2002), luego de haber sido una colonia portuguesa y posteriormente haber sido anexada ilegalmente por Indonesia. Naturalmente, he seguido de cerca los acontecimientos que han ocurrido desde que a finales de 1999 los timorenses votaron en un plebiscito auspiciado por la ONU. Luego del apoyo abrumador a la independencia, milicianos indonesios descontentos con el resultado protagonizaron ataques que sacudieron a la población y pusieron en jaque el proceso de autodeterminación. Gracias a la misión de la ONU dirigida por el fenecido Sérgio Vieira de Mello, y junto a Australia y a otros países de la región, la situación se pudo contener y encaminar al pueblo timorense a la independencia.

A pesar de este éxito incial de la ONU, la violencia estalló nuevamente en 2006 cuando 37 personas murieron en varios días desastrozos protagonizados por unos soldados descontentos por su despido. La violencia surgió nuevamente hoy cuando se desató un intento de golpe de estado en el que el Presidente, José Ramos Horta (ganador del Premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos conducentes a la independencia de su media isla) resultó seriamente herido.

La violencia post-colonial en Timor Oriental se ha debido mayormente al descontento que ha habido entre las filas de los ex combatientes del FRETILIN que formaron por un tiempo parte de las Fuerzas Armadas de la república y que en 2006 fueron liberados de sus puestos sin una justa compensación. El problema no surge sólo por este error del estado timorense, sino por uno más grave y profundo que ha aquejado a gran parte de los países que se han liberado del coloniaje por medio de guerras de guerrillas (el caso de África es paradigmático): la falta de profesionalismo en las fuerzas armadas. El gobierno que se instala luego de la independencia y que surge de las filas revolucionarias usualmente tiene la intención de formar un buen gobierno: el problema es que se olvidan de los miles y miles de combatientes que ayudaron a esos líderes a tomar el poder. No implanta un nuevo modelo de ejército o falla en promover programas de readiestración. Claro, muchas veces esto ocurre porque simplemente no hay dinero y los antes líderes carismáticos se han convertido en corruptos profesionales. Entonces los ex guerrilleros que de repente se encuentran desempleados razonan que no es justo que ellos, que ayudaron a los ahora presidentes y ministros alcanzar el gobierno, no tengan qué comer. Se forman facciones, los revolucionarios heroicos durante la guerra contra la colonia se convierten en los rebeldes "auténticos", el gobierno responde tildándolos de traidores y en pocos días se cuaja una guerra civil. En África, la Guerra Fría jugó un papel protagónico en fomentar esas divisiones y llevarlas a niveles atroces cuando ambas potencias armaban a una y otra parte respectivamente.


Al finalizar la Guerra Fría, los grandes conflictos y genocidios que se produjeron en los noventa(los Balcanes, Ruanda, Kosovo) también buscaban adueñarse del poder o buscar la independencia, pero lo que dirigía esta violencia era más bien las rivalidades étnicas y nacionalismos exacerbados que las ideologías políticas o un descontento dentro de las fuerzas armadas. En cambio, lo que sucede hoy en Timor Oriental se debe a que el gobierno no previó los errores que otras jóvenes repúblicas cometieron con los miembros de sus fuerzas armadas. De igual modo, estos eventos en Timor Leste se prestan para hacer una crítica a la cautela excesiva que muestra Australia y otras potencias regionales de no involucrarse en algo más que no sea el envío de tropas cada vez que ocurre un brote de violencia y que verdaderamente ayude a la estabilización de esta joven nación de un millón de habitantes.

Por este problema de la falta de profesionalismo en las fuerzas armadas y de mecanismos para reubicar a ex combatientes, y por las dramáticas diferencias en el perfil profesional entre timorenses y puertorriqueños, es ilógico argumentar que en un Puerto Rico independiente vaya a surgir la violencia interna que está aquejando a Timor en estos últimos años o que todavía aqueja a repúblicas que se independizaron a mediados del siglo pasado. Estos infortunados eventos, pues, no deben alarmar (aunque sí preocupar y movernos al análisis serio) a los que aspiramos a un Puerto Rico independiente, ni a los que todavía no están convencidos de que la independencia es la mejor herramienta para promover nuestros intereses como puertorriqueños en un mundo cada vez más competitivo.


No perderé de vista lo que vaya a suceder en Timor Oriental en estos próximos días, pero también me inclinaré a escuchar más sobre Kosovo, ya que es casi seguro que esta ex provincia serbia le siga los pasos a Timor Oriental y se convierta en el próximo país independiente más joven del planeta. ¿Quién dijo que la independencia no está de moda?

jueves, 27 de diciembre de 2007

Sacrificios: Benazir Bhutto


"Toda mi familia se sacrificó". Con estas palabras Benazir Bhutto exhortó a sus correligionarios a restaurar la demoracia en Pakistán. Ella pedía el sacrificio de todos sus seguidores para que enfrentaran la tensa situación social y política del país para, a través de las urnas, sacar a Musharraf del poder. Hoy el mundo vio como esta mujer hizo el sacrificio mayor y encontró la muerte desafiando una sociedad machista y creyendo en los principios de la democracia. Irritando a los que entorpecen los derechos civiles, la igualdad social y la libertad política. Benazir Bhutto encontró su destino haciendo lo que tenía que hacer, por no huir de su responsabilidad, por reencontrarse con su país y gente. Por todo esto merece mi más absoluta admiración y a sus familiares, amigos y seguidores, mi más solidario pésame.

Bhutto estaba bien informada de los amenazas contra su vida. Sabía lo que la esperaba en Pakistán. Me imagino cuántas veces ella habrá pensando en su muerte, en el cómo y cuándo, ya que el porqué lo tenía muy claro; todos lo teníamos muy claro.

Luego del asesinato de una figura política prominente lo primero que se ventilan son teorías de conspiración. La lógica y razón nos dice que hay que ignorarlas o, en todo caso, a tomarlas con pinzas. El problema es que en Pakistán, en donde tanta desgracias y revelaciones insólitas han ocurrido y todavía ocurren (el traspaso de tecnología nuclear a otros países, inlcuyendo Corea del Norte, por parte de Abdul Qadeer Khan; el conflicto en Cachemira; el apoyo al Talibán; la sucesión de dictaduras y golpes de estado; la Guerra contra el Terrorismo en manos de Musharraf y en alianza con los EE.UU.), es fácil tomar por ciertas algunas de estas teorías.

La más sonada es que el Presidente Musharraf permitió que el ataque ocurriera al no proveer la seguridad adecuada a la ex Primera Ministra. También es cierto que en sus discursos y ruedas de prensa, Bhutto había criticado la Guerra contra el Terrorismo en Pakistán adujendo que no se estaba haciendo lo necesario y que el resultado de toda esta estrategia había sido el debilitamiento del gobierno a costa de la ofensiva de los grupos terroristas. Esto indudablemente le habrá molestado a Musharraf, un militar de toda la vida que suspendió las garantías constitucionales del país recientemente, y a sus aliados norteamericanos.

Independientemente si este asesinato formó parte o no de un operativo en el que se pueda implicar la participación de x o y gobierno, lo cierto es que la forma en que murió Bhutto sirve para recordarnos que la ofensiva auspiciado por el gobierno de Bush no ha atajado al terrorismo islámico.

Infórmese más:

BBC

Periódicos de Pakistán

Lea un artículo de este servidor sobre el rol de Pakistán en la nuclearización de Corea del Norte:

martes, 31 de julio de 2007

Alejandro Tarre, invitado de La tribu, y su Diario de Tailandia (Parte I)

El elefante en el cuarto
(Segunda de dos entradas. Vea la primera aquí.)

A pesar de que fue derrocado en un golpe de Estado el pasado septiembre y desde entonces reside en Londres (desde donde anuncia, durante mi estadía en Bangkok, su intención de comprar el equipo de fútbol Manchester City), todavía se siente en Tailandia la presencia de Thaksin Shinawatra. Todas las mañanas, mientras espero a que mi esposa se despierte, leo la sección política de los dos principales diarios en inglés y constato que el popular ex primer ministro sigue en el centro del discurso público, como si aún presidiese el país o como si el golpe hubiese ocurrido ayer. El día de mi llegada se llevó a cabo una manifestación pro-Thaksin cerca del Gran Palacio, a la que asistieron miles de sus seguidores.

¿Quién es Thaksin? ¿Quién es esta persona al que la mayoría de los tailandeses llaman por su primer nombre y que algunos han apodado “Cara Cuadrada”? Como venezolano, varias cosas llaman mi atención sobre este líder. Thaksin es, como Hugo Chávez, una figura divisoria que ha polarizado al electorado de su país. También como Chávez, Thaksin es uno de los líderes más populares de la historia reciente de su país y su base de apoyo reside en los sectores pobres y rurales, los cuales se han visto beneficiados por sus programas sociales –programas tan populares que ahora la junta militar trata de apropiárselos. Y como el teniente coronel venezolano, Thaksin se las ingenió para intimidar a los medios y trufar con sus seguidores el consejo electoral y las cortes, y así aplicar la ley selectivamente o doblegarla para su propio beneficio.

Sin embargo, a diferencia de Chávez –y esta diferencia es importante–, Thaksin es capitalista hasta la médula: un exitoso empresario que se hizo millonario antes de volver la vista a la política. Es difícil imaginarse a Thaksin diciendo como Chávez que “ser rico es malo” o instando a sus seguidores a desprenderse de los bienes que no necesitan. Es difícil imaginárselo alabando a Marx, Mao o a la antigua Unión Soviética, y hablando de cómo el sistema capitalista vuelve a la gente egoísta y poco solidaria. A la inversa, es difícil imaginarse a un Chávez derrocado viviendo una vida de jetset en Londres y comprando un equipo de fútbol inglés. Es difícil imaginarse a Chávez vendiendo su parte en una empresa a un conglomerado extranjero por $1.9 billones libre-de-impuestos como lo hizo Thaksin –venta que ayudó en parte a precipitar el golpe de Estado que lo tumbó.

La junta militar, que se hace llamar el Consejo de Seguridad Nacional, ha prometido convocar pronto a elecciones libres. Pero esta es la única señal alentadora para quienes deseamos un reestablecimiento de la democracia en Tailandia y nos entristece la involución autoritaria en varios países del Sur y el Este de Asia. El partido Thai Rak Thai de Thaksin, el más popular del país, fue disuelto, y se han restringido libertades de reunión y movimiento, así como censurado medios de comunicación pro-Thaksin. En la nueva Constitución, que la junta ordenó para supuestamente reparar las lagunas que Thaksin aprovechó para abusar de su poder, ya se han incluido leyes cuya intención es claramente aumentar el poder de los militares.

Todo esto tiene un tufillo que reconozco. Leyendo todos los días sobre lo que ocurre aquí y esforzándome por entender la posición de ambos lados, comprendo que la situación actual en Tailandia, al igual que la de Venezuela, saca a relucir una imperfección, ineludible, del sistema democrático (esa “paradoja” sobre la cual Popper escribió con tanta elocuencia). ¿Qué pasa cuando un líder popular, que ha ganado numerosas elecciones, aprovecha su popularidad para erosionar las instituciones que limitan su poder y son esenciales para el buen funcionamiento de cualquier democracia? ¿Qué pasa cuando esas instituciones que podrían ser utilizadas para castigar abusos de poder son monopolizadas por los perpetradores de estos abusos?

Esta complicada situación sólo tiene dos salidas. La primera es un golpe de Estado, una acción que sólo es posible si el gobierno todavía no se ha apoderado de las fuerzas armadas. El problema de esta opción, favorecida, para mi sorpresa, por mucha gente en Bangkok, incluyendo el rey y la clase media, es que los perpetradores del golpe muy probablemente van a gozar de un poder con menos limitaciones que el del gobierno derrocado. Es sumamente riesgoso confiar en la buena voluntad de los golpistas que, como se está viendo ahora en Tailandia, pueden ser rápidamente seducidos o corrompidos por el poder y nunca van a aceptar unas elecciones libres que puedan entronizar de nuevo al líder cuyos abusos motivaron, en primera instancia, el golpe de Estado. Muchos, incluyéndome, dudan que Pedro Carmona en Venezuela tuviese ínfulas de dictador. Pero ¿qué hubiese pasado si, después de convocar elecciones libres, Hugo Chávez hubiese aparecido otra vez como líder en los sondeos? ¿Qué hubiese hecho Carmona, líder del golpe y en ese momento dueño de todas las instituciones, frente al riesgo de una victoria chavista que pudiese amenazar su futuro y quizá hasta su vida?

Eso nos deja con la segunda alternativa, en mi opinión la más sabia: un esfuerzo de la minoría por convencer a la mayoría que apoya al dictador de que la libertad debe estar por encima de las políticas de cualquier líder, por más acertadas que ellas sean, y de que el progreso y la democracia, como lo demuestran los países más estables y avanzados del mundo, son dos cosas perfectamente compatibles.

También, reconociendo el hecho de que las dictaduras, como las democracias, nunca son perfectas, la oposición debe aprovechar al máximo los reductos todavía disponibles para limitar los abusos de poder y frenar, y si se puede revertir, las tendencias totalitarias del gobierno. Es decir: utilizar los mecanismos democráticos todavía disponibles para socavar el poder y la popularidad del dictador. En la Tailandia de Thaksin aún quedaban muchos de esos reductos, y en Venezuela, aunque cada vez menos, todavía los hay.

Esta segunda salida, la que elude el golpe de Estado, es quizá riesgosa, pero es para mí la mejor de las dos. Es la que yo propongo para Venezuela y es la que, en mi humilde opinión de visitante de este gran país, ha debido tomar la oposición de Thaksin en Tailandia.

Alejandro Tarre (Caracas, 1975) se desempeña como columnista, periodista y editor en varios medios y casas editoriales de Venezuela y Estados Unidos. Desde 2003, reside en Washington DC. Puede escribirle a: aletarre@hotmail.com

lunes, 23 de julio de 2007

Alejandro Tarre, invitado de La tribu, y su Diario de Tailandia (Parte I)



El mosaico abigarrado
(Primera de dos entradas)

Esta grande y caótica ciudad al principio me abruma. En la zona donde nos quedamos, cerca del Palacio Suan Pakkad y la casa de Jim Thompson, ciertas calles y avenidas se parecen a las del centro de Caracas en el tráfico, el ruido, el tumulto y el calor. Leo en la mañana en el periódico que Bangkok podría convertirse en un lugar “inhabitable” si no se implementan rápidamente planes para controlar el crecimiento urbano. Pienso en ese reportaje cuando veo más tarde fiscales de tránsito y motorizados con máscaras como las de los médicos para protegerse de las bocanadas tóxicas de los automóviles y los autobuses.

El calor es brutal. Después de un cuarto de hora caminando, tengo la camisa empapada en sudor y noto que la piel de mi esposa, demasiado blanca para este clima, muda a un rosado que resalta aún más su condición de turista. Me cruzo con varios hombres descalzos y desnudos de la cintura hacia arriba haciendo la siesta en los lugares más inverosímiles: aceras, paradas de autobús, capotas de automóviles. Me da la impresión de que el acto no es voluntario: el calor los derrotó. O quizá ya aprendieron que es inútil luchar contra el clima de esta ciudad y es mejor adaptarse a él, como un perro se adapta a los hábitos de su amo.

Pero el calor nunca me ha molestado tanto como el frío y después de un rato me olvido de él. Además, aquí sobran las distracciones. A cada rato se me acercan vendedores para ofrecerme sus productos –amuletos, estatuillas, ropa, frutas, relojes– con una tenacidad que no he visto en ningún otro lugar. A pesar del calor, uno me ofrece tomarme medidas para un esmoquin y otro, cuando me ve caminando con los brazos cruzados, aprovecha para colocar en mis brazos una bolsa de semillas. Como no acepta devolución, pero al mismo tiempo me pide dinero, no me queda más remedio que echar la bolsa al piso y tratar de aligerar la rudeza con un torpe gesto de hombros.

Aparte de los vendedores, observo en esta primer caminata otras particularidades, o motifs, que luego, en los próximos días, vería a cada rato y que ahora forman parte de mi imagen de la ciudad: los monjes envueltos con mantos azafrán (vi a un par con iPods), las camisas Polo amarillas, los coloridos tuk-tuk (motos-taxi de tres ruedas con un vagón atrás) y el énfasis en la monarquía y la religión que se manifiesta en las imágenes por doquier del adorado rey Bhumibol y esas figuras ubicuas de Buda que, con su expresión enigmática, pareciera vigilar desde arriba (siempre me vigila desde arriba) cada paso que doy. En una calle estrecha me detengo en un puesto de frutas para probar el durian, el lychee, el mangosteen y el rambutan (frutas que no tienen nombre en español). La que más me gusta es el mangosteen, que se parece al mamón caribeño, pero es por fuera más elegante y por dentro más dulce. Compruebo que, como me dijo una vez un amigo en Venezuela, el mamón es la hermanita fea del mangosteen.

Llego al Chao Phraya (“río de los reyes”) después de un viaje en el moderno skytrain. Los libros que leí las semanas antes de venir dicen que el río es la mejor manera de moverse en la ciudad y que allí la temperatura baja un poco. Uno asegura que, gracias al tráfico infernal, el Chao Phraya ha vuelto a ser lo que fue hace cien años: la autopista más ancha y conveniente de Bangkok.

No sé si estos libros exageran, pero me gusta el concepto del Chao Phraya Express, un metro-barco a través del cual es fácil, barato y sobretodo agradable transportarse entre los cinco distritos. Durante este primer viaje que hago en el Express, observando esta “autopista” que en vez de carros tiene pintorescos sampanes, barcazas y transbordadores, me pregunto porque esto no ha sido implementado en otras ciudades atravesadas por ríos. En el Chao Phraya uno no sólo descansa del calor y disfruta de la brisa y la cercanía con el agua, también uno se deleita con la hermosa vista de los lujosos hoteles (entre ellos el famoso Oriental), los mercados, las villas de la realeza y el espectacular Wat Arun que bordea el río.

Desde aquí, además, se pueden apreciar mejor los contrastes de la ciudad, en donde se entremezcla lo ordenado y lo caótico, la pobreza y el lujo, lo tradicional y lo moderno. La modernidad, esa que los detractores de la globalización ven como una amenaza por su tendencia a homogeneizar, se ha infiltrado en la ciudad, sobretodo en el centro, donde se ven imponentes edificios de oficina, rascacielos, hoteles y centros comerciales iguales o mejores a los de Washington DC, París o Londres. Pero Bangkok no pareciera temerle a esta influencia. La ciudad más bien incorpora lo nuevo sin complejo, como Nueva York ha incorporado a los chinos y a los italianos, haciéndolos parte de la ciudad y aceptando con los brazos abiertos su contribución. Después de todo, es ridículo pensar que esta modernidad va a acabar de la noche a la mañana con la firme personalidad de este lugar.

¿Me atrae todo esto? ¿Me mudaría a Bangkok a vivir? Sí, totalmente. El viaje en el río fue el zarpazo final, pero incluso antes de llegar aquí la ciudad ya me había seducido con su gente, su religiosidad, su ruido, su comida, sus tuk-tuk y su clima. Bangkok es como un mosaico abigarrado que al inicio nos disgusta por su insolencia, pero que luego, con el transcurso de las horas, comenzamos a apreciar por su riqueza. Pronto descubrimos que, como ocurre con esas mujeres que nos seducen con sus dientes torcidos o facciones asimétricas, esas incomodidades –la contaminación, el tumulto, el tráfico, el calor– son parte del encanto. Sin ellas la ciudad sería otra, quizá más conveniente, pero también más común y aburrida.

Esto, en particular, es lo que ocurre con el clima. Estoy convencido de que este calor denso que adormece y aboba es inseparable de la magia de esta ciudad. Sin este calor que apenas al salir de la nevera del hotel penetra todos los poros de mi cuerpo, secándome la boca y empapándome de sudor, Bangkok no fuese Bangkok. Este calor es desasociable del tempo aletargado que se siente en el río, en los templos y en el parque Lumphini, así como del maravilloso olor, ese olor en el que se entremezclan el sudor humano, la comida callejera, el aroma de las frutas, el humo de autobús y el agua sucia de los canales. Como el misterio y el erotismo, el calor y la sensualidad son cercanos aliados. Por eso, en este mélange sensual que es Bangkok, el calor es un elemento indispensable.

Alejandro Tarre (Caracas, 1975) se desempeña como columnista, periodista y editor en varios medios y casas editoriales de Venezuela y Estados Unidos. Desde 2003, reside en Washington DC. Puede escribirle a: aletarre@hotmail.com

La tribu errante