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martes, 3 de febrero de 2015

Invierno tropical (en honor a Emilio Díaz Valcárcel y a mi abuelo)

Fuimos con ansias de vivir un romance más cercano a los libros. Fuimos con esa sed en nuestro inconsciente de solo tomarnos de las manos, porque ya nos habíamos tomado completamente, el uno al otro, en tantas otras noches. Fuimos para ver a Emilio Díaz Valcárcel. Yo había encontrado Figuraciones en el Mes de Marzo entre los libros viejos de mi abuelo, una tarde de verano soleada y fresca, gracias a la cercanía del mar, cuando aún no terminaba la secundaria. Era una edición de Seix Barral que aún conservo en una gaveta, a pesar de que en esta velada universitaria que rememoro nos compramos la nueva recién lanzada por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. 

Fui al lanzamiento porque quería estar con ella en mi nueva universidad. Quería pasearla y que nos vieran como pareja feliz, culta, con un refinado gusto por lo más selecto del verbo nacional. Yo un simple plebeyo que me creía un semi dios; ella toda una Minerva, protectora de gatos, hábil con sus manos y canto. Ella fue más por el arte que por mí, más para comprarle un regalo a un amigo suyo de las artes publicitarias porque yo era simplemente un niño que con ella descubría lo que ella ya conocía.

Vimos al Maestro, hoy muerto. Lo escuchamos hablar sosegadamente, con un cansancio que no parecía cansancio, con una constancia aún íntegra, como cuando leemos y leemos sin parar algo que nos llena el alma. Yo recordaba ese viejo ejemplar que había hallado en el armario de mi abuelo, algo mohoso, con las páginas tostadas, frágiles al tacto. Una edición de los 1970, seguramente muy cercana a la primera de 1972. Esa noche, en cambio, yo me paseaba de la mano con mi edición de 1973, envuelta en un trajecito negro, con sus tacos muy seguros, a pesar de lo menudo de su cuerpo. Olía a flor de naranjas, a canela, a sal dulce del Himalaya.

Año, aroma y tacos sonoros que aún me persiguen, cuando de ella solo me queda el recuerdo, sus humos, figuraciones de esos instantes que tendré de por vida y que ella repite de vez en cuando con otros pequeños que, por momentos, también se creen dioses.

Nos fuimos de la Universidad y nos besamos con hambre, con la certeza de que esto, como las palabras de Emilio, no se acabaría. Y los besos duraron más allá del mal llamado invierno de sol y playa nuestro, ahora ya lejos de sus pies, de sus once dedos, hasta sabe Dios cuando.

lunes, 27 de diciembre de 2010

La mona que quería ser revolucionaria de izquierda

Cuando la gente se activa políticamente (y ahora con el Internet es bien fácil) los países tienden a mejorar. Por eso me alegra ver a personas que hace apenas un año o seis meses atrás detestaban cualquier acercamiento científico o práctico a la idea del activismo político o, sencillamente, a la discusión de los problemas actuales, y ahora simpaticen, hagan ruido (no importa el bando en que estén) y vayan, con sus acciones y ejemplo, construyendo un nuevo país.

Hay sin embargo, un rebaño numeroso de estos nuevos "activa'os" que me causa preocupación.

Lo más que me produjo dudas (y hasta risas) fue ver el vuelco de 360 grados que muchos apáticos hicieron para saltar embravecidos a la lucha ("cualquiera que sea, mientras más me sigan llamando 'rebelde', 'contra sistema' o 'raro', mejor me siento") como 'revolucionarios de izquierda' gracias a la popular primera huelga universitaria de 2010 que comenzó en abril. Claro, son revolucionarios en el sentido que siguen por Facebook y Twitter a cuanta organización comunista-socialista-obrera-refundacional-anarquista-prohuelga el Internet 2.0 parió por medio de las contracciones (previsibles) del gobierno Fortuñista.

De repente la huelga se transformó en lo in, en el estilo de la (larga) temporada Verano-Otoño-Invierno 2010; en un tipo de vanguardia social-artística-radical, catapultada de esta manera por la increíble gama de anónimos que sueñan con ser personalidades y buscan, a toda costa, ser héroes del "Minuto a minuto" de El Nuevo Día o, por lo menos, de su Timeline o NewsFeed.

Darle Like, Follow y añadir como amigos a huelguistas y a sus simpatizantes, y no hacer nada más es, hoy en día, el equivalente a leerse el Manifiesto Comunista o levantar el puño izquierdo mientras se entona La Borinqueña revolucionaria y luego jartarse de caviar y champagne en Nochebuena. Eso es un compromiso político que redunda en lo light sino se agranda el combo con la educación, la movilización y la aplicación. La clave no es sólo pretender entender lo que está pasando, sino cómo, individual y colectivamente, podemos provocar los cambios que nuestra sociedad necesita. Es en este aspecto final que el 'revolucionario à la mode' se derrite

Twittear, "Yo apoyo los estudiantes, y De la Torre y Fortuño son Nazis" contribuye a la búsqueda de soluciones de la misma manera que poner en el status "La huelga la dirigen un chorro de mafuteros, pelús y anarquistas" o repetir el mantra que "Sin Estados Unidos como garante (colonial) de nuestro orden, hace rato hubiésemos descendido varios anillos del infierno de Dante" (optimistas acérrimos son éstos, porque hace rato que la PRT cobra como local una llamada de Puerto Rico a la casa de Satán) nos ayuda a elevar el diálogo democrático y crecer como país pensante.

Codearme entre los héroes del "Minuto a minuto" o taguearme en sus fotos y luego capear o salir con malacrianzas a la gente cuando me piden que, por favor, no conteste el celular en el cine es a lo que se reduce el bregar Chicky Star colectivo de nuestro país y la pose trasnochada de creerse un paladín de la libertad de expresión, la justicia y el progreso social, simplemente por mis ritos de asociación nocturna y bebelata infinita.

Por esto la izquierda e intelligentsia puertorriqueña pierde mucha de su credibilidad: porque se mercadea como un estilo de vida más, como una marca que te provee de cierto status social (nosotros los pensantes y cultos; ellos los analfabetos).

La izquierda como un iPad.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Carta Abierta a la Prof. Vivian Neptune de la compañera Ariadna Michelle Godreau-Aubert

"No es posible afirmar que la entrada al campus por parte de la policía, la subsecuente ocupación y el aviso de permanencia indefinida que la acompaña es normal."

(Reproduzco en este blog la valiente carta escrita por Ariadna, compañera de estudios en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, recinto ocupado de Río Piedras).

11 de diciembre de 2010


Carta Abierta a la Profesora Vivian Neptune, Decana Auxiliar de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico


Con el mayor respeto y consideración, entiendo que la Escuela de Derecho no está preparada para continuar los procesos académicos con normalidad. No es posible afirmar que la entrada al campus por parte de la policía, la subsecuente ocupación y el aviso de permanencia indefinida que la acompaña es normal. La normalidad no se alcanza mediante la costumbre o mediante un mero posicionarse en el hábito. Menos aún cuando se nos exige como estudiantes que asumamos la presencia de un contingente de policías, vehículos todo terreno, macanas, chalecos antibalas y armas de fuego como parte de nuestra cotidianidad estudiantil. Al igual que usted lo hiciera meses atrás, yo repudio cualquier intento de violentar o eliminar la Política de No Confrontación y me distancio de cualquier compañera o compañero administrador, docente o estudiante que así lo haga. Una mirada a la historia bastará para entender que, en este contexto, no estamos seguras ni seguros en el recinto. No están seguros nuestros cuerpos, nuestras mentes; no lo está el pensar que motiva la existencia misma de lo que concebimos como Universidad.

Al inventario de abusos y atropellos históricos que se dieron hace décadas en nuestro campus se suma la memoria cercana de los empujones, golpes, gas pimienta, macanazos que recibimos muchas y muchos hace apenas unos meses. Todavía tenemos miedo cuando atravesamos un contingente de policías; aun temblamos cuando escuchamos que la Fuerza de Choque está activada; aún miramos nuestros cuerpos y el de las compañeras y compañeros y recordamos el lugar exacto donde se nos intercambió una consigna o un acto de desobediencia civil pacífica por el insoportable ardor en la piel producto de los gases o un moretón provocado por una bota o una macana de un agente policíaco. Estuve allí, y puedo casi identificar cada espacio de brea que ocupó cada uno de nosotros mientras nos abrazábamos y llorábamos de la rabia e impotencia aquella madrugada nefasta en que docenas de oficiales policíacos, entre estos Fuerza de Choque, nos arrebataron la Universidad. Aún esa noche, profesora, en medio de un piquete masivo formado de centenares de personas y que ocupara la avenida en su totalidad hasta las tres de la mañana, creíamos que ustedes estarían de nuestro lado. Como hace apenas unos meses, como en aquella carta que usted escribió en repudio a las expresiones del Decano Roberto Aponte Toro, como en aquel momento. Eso forma parte de nuestro haber, profesora, irreductiblemente.

¿Acaso, esta vez, se nos invita a hacer caso omiso al precedente? ¿Tenemos que eliminar selectivamente el acontecer histórico y social que nos llevó a adoptar la Política de No Confrontación como uno de los estandartes más preciados de lo que ha de ser la Universidad? ¿Es este contexto uno tan particularizado, con garantías distintas, que justifique obviar lo ocurrido y amilanarnos a una ocupación indignante? ¿Podemos supeditar la seguridad física de las y los compañeros de la comunidad universitaria, TODOS, en pos de cumplir con un calendario académico? ¿Han de ser estas las aspiraciones, entiéndase calendarizar, asistir al aula de clases, cumplir con fechas, términos y horas contacto, tomar exámenes, las únicas que debemos avalar nosotras y nosotros futuros juristas?

No. No pueden serlo. No hoy. Jamás. Responder a estas preguntas en la afirmativa implicaría la negación de aquellos ideales particulares que me trajeron a la Escuela de Derecho. Es defender lo indefendible, cubriendo con el manto de la responsabilidad académica una responsabilidad social y más apremiante que nos rodea y nos exige participación activa. Desde cualquier postura, a favor o en contra de paros o huelgas, lo indefendible no deja de serlo a fuerza de dar la espalda y continuar como si nuestra Escuela estuviera ajena a lo que sucede en la Universidad. Las y los futuros juristas de la UPR somos parte de la UPR. A ella le debemos nuestro pensar, el debatir libre de restricciones internas o externas, la posibilidad de diferir sin miedo a la represión. Estas son nuestras cartas de triunfo. Para nosotras y nosotros son irrenunciables, cueste lo que cueste.

Por mi parte, la situación actual en la Universidad me parece dolorosa, angustiante y nefasta. Todos los días, cuando estoy con mis compañeras y compañeros en la Ponce de León y los veo luchar, resistir, dormir unas y unos sobre otras y otros, conocerse por vez primera y reconocerse estudiantes de siempre, me duele. De igual manera, siento vergüenza e indignación cada vez que me enfrento a una circular, una expresión, una citación que aminora y da un hálito ficticio de normalidad a la situación actual. Durante los últimos dos días, en la madrugada, me he cuestionado si entraría a tomar mis clases, si debería sentarme a estudiar, si debería hacer como el resto. Sabe, profesora, me basta mirar a mi alrededor, pararme en la avenida, contemplar lo que nos queda de Universidad, para que surja un “no” sin posteriores consideraciones.

¿Es ésta la misma Universidad que miraba cuando pequeña, cuando estudiaba en el colegio y comencé a ser parte de la comunidad riopedrense, durante mi bachillerato, cuando decidí entrar a Derecho? No lo es, profesora. En estos momentos, no podría serlo. No así, ocupada, invadida, violentada. Sin embargo, vivo convencida de que el aunar de apoyo de todos los que conformamos parte de la Universidad puede devolvérmela. Nos la puede devolver. Me gusta pensar que aquí estamos los estudiantes, que ahora lo que nos falta es que nos regresen nuestra Universidad.

Soy una estudiante que se ha destacado académicamente porque comprendo que estar en la Universidad también requiere un grado de compromiso y entrega a los estudios que no puede ser abandonado. Sin embargo, los estudios no son la razón que me movieron y me continúan dirigiendo a ocupar una silla en L2. En todo caso, son una razón más. El quehacer académico no se reduce a la asistencia a clases o a tomar un examen y sumar puntos a un promedio. El quehacer académico se dirige inherentemente a la posibilidad de crear un pensamiento crítico y defender aquellos valores que me trajeron a la Universidad, que me mantienen aquí no como una máquina capaz de memorizar doctrinas y requisitos, sino como un miembro activo, partícipe y ante todo solidario de mi comunidad universitaria.

Por todo lo cual, profesora, la entrada a un campus ocupado me parece inconcebible. En estos momentos, reafirmo que no entraré a ninguna clase que se imparta dentro de este recinto inundado de policías. En primera instancia, temo por mi seguridad física y la de mis compañeras y compañeros. No quiero ser cómplice de ningún derramamiento de sangre ni de esos hechos advertidos por una historia que amenaza con retornar para ensombrecer nuestro devenir universitario. Segundo, y más importante aún, no permitiré que mi capacidad de pensar, mi espacio de debate, ese que debe ser la Universidad, sea ocupado también. Ir a la Universidad en estos momentos es avalar las expresiones de un gobierno que afirma que acabará con la izquierda. En otros términos, implica apoyar la gestión para erradicar el pensamiento diferente que es siempre, por definición, radical. Eso es intolerable y contrario a los principios que se nos imparten en nuestra Escuela. No se trata de tener un proyecto ideológico particular, de paros o huelgas, se trata de mí, posicionada en la Universidad, con garantías suficientes de libre pensamiento y expresión. No apoyaré con mi presencia que el pensamiento sea carne de cañón en el juego de poder institucional. Jamás.

Entiendo el costo de esta decisión. No puedo afirmar que no tengo miedo. Lo tengo. Yo también tengo interés en terminar el semestre, mantener mi promedio, graduarme y culminar mi Juris Doctor. Quiero ser jurista. Quiero ser profesora. Quiero formar parte de mi Universidad, hoy y siempre. Pero entiendo que ese proceso sólo será posible caminarlo cargada de dignidad y de unos principios esencialísimos que se oponen a entrar hoy y ahora, en este contexto particular, al recinto riopredrense. Estoy dispuesta a asumir las consecuencias de mi pensar. Es precisamente esa la razón por la que no entraré al campus mientras esté militarizado: quiero, ante todo, poder tener la libertad de asumir las consecuencias de mi pensar.


Respetuosamente,

Ariadna Michelle Godreau-Aubert

martes, 7 de diciembre de 2010

Relación de hechos y altercados en la Asamblea auto-convocada de Derecho-UPR

A TODA LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA Y A LA ESCUELA DE DERECHO DE LA UPR

Este lunes 6 de diciembre de 2010 se celebró una asamblea auto-convocada por el estudiantado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Dicho cónclave tenía como norte el discutir las posturas de los estudiantes ante las decisiones tomadas en la pasada Asamblea General de Estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. A saber:

1. La aprobación de un paro de 48 horas a celebrarse el 7 y 8 de diciembre.

2. La aprobación de un voto de huelga condicionado a la derogación de la cuota de $ 800, a celebrarse el 14 de diciembre.

La discusión y deliberación de los temas en agenda fueron elaborados de forma cordial y según el orden establecido por el procedimiento parlamentario y el reglamento de nuestra Escuela. El Presidente del Consejo, Manuel Natal, optó por un llamado a la conducta respetuosa y decorosa: En más de cinco ocasiones controló los indicios del debate caldeado e irrespetuoso.

No obstante, ya presta a culminar la Asamblea, varios estudiantes de nuestra Escuela decidieron comportarse de forma violenta y agresiva. Estos colegas insultaron, amenazaron y, como si fuese lo más natural, incitaron la violencia contra otros de sus compañeros. En el forcejeo, una de las concejales fue agredida en el rostro. La joven tuvo que salir a buscar hielo y sosiego ante la conducta violenta de estos estudiantes.

Luego de la Moción de Cierre, otro altercado se suscitó cuando los estudiantes entraron en un fogoso debate verbal con ex-alumnos de esta Escuela que, sin ningún motivo claro, asistieron a los predios de la facultad a apoyar a aquellos que incitaban a la violencia.

Todos estos hechos fueron sazonados con el ingrediente nuevo, la presencia de un cuerpo de seguridad contratado por la Universidad y, según fuentes, citada a las instalaciones de la Escuela de Derecho por miembros de su facultad.

Ante esta brevísima relación de hechos expongo a la comunidad de estudiantes:

1. Repudiar total e incondicionalmente actitudes retrógradas que incitan a la violencia en nuestra Escuela de Derecho y, en general, en toda la Universidad de Puerto Rico. Llegando a agredir a otros compañeros.

2. Repudiar la iniciativa de aquellos ex-alumnos que apoyan las manifestaciones violentas e irrespetuosas de algunos colegas.

3. Repudiar el uso innecesario de un cuerpo de seguridad, ajeno a los procesos universitarios, y convocado por la propia facultad de nuestra Escuela.

Por todas estas razones exhorto a todos mis compañeros de la Escuela de Derecho a que secunden este reclamo y no permitan que estas actitudes dominen nuestro ambiente de estudio. Parece mentira que luego de criticar los procesos deliberativos en la Asamblea General de Estudiantes, tildándolos de violentos e intimidantes, nuestros estudiantes adopten una postura similar.

(Enviado y redactado por el amigo, compañero de Derecho y escritor, Nelson E. Vera Santiago. Pásenlo pa' lante).

jueves, 2 de diciembre de 2010

Cuotas, huelgas y el Titanic en La Acera

Ayer Facebook se vistió de cintillos negros luego de la Asamblea de Estudiantes celebrada en la pista de la UPR-Río Piedras. El luto invadió mi página de amigos y eso, que yo no suelo añadir a elementos de la derecha ultra radical que quiere destruir a la universidad. No me quiero poner aquí a ser excluyente pero la mayoría de mis friends en Facebook son de centro-izquierda, personas altamente preparadas y brillantes. Me sorprendió ver tanto luto por el descontento. Así que animado por las observaciones y conversaciones que he tenido muchas veces en privado, tuve que lanzarme a escribir esta pequeña entrada en La Acera: Cuotas, huelgas y el Titanic.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Como si no fuera suficiente: Otro saqueo a la UPR

ALARMA PARA TODO EL ESTUDIANTADO DE LA UPR

La Cámara de Representantes de Puerto Rico está presta a enmendar el Artículo 10 del P. de la S. 1895 el cual dispone que:

Artículo 10.- Los dineros que ingresen al Fondo creado por virtud de esta Ley provendrán del diez por ciento (10%) de los ingresos netos de las operaciones de la Lotería Adicional computados según dispone el Artículo 14 de la Ley Núm. 10 de 24 de mayo de 1989, según enmendada, y luego de cubiertas las partidas mencionadas en dicho Artículo.

LA ENMIENDA BUSCA BAJAR LA PORCIÓN QUE RECIBIRÁ LA UPR A UN 4%. O sea, millones de dólares que originalmente estaban intencionados a las arcas de la UPR se quedarán en el aire.

Pasa esta información a todo el estudiante que conozcas que se verá afectado.


(Gracias al Ficciólogo, amigo de derecho y escritor, Nelson E. Vera Santiago por pasarme esta información.)

martes, 18 de mayo de 2010

Las cuerdas de la huelga

Pensar que el país está en huelga se me hace difícil, sobre todo luego de que mi humor se haya fugado luego de una constante batalla con mi risa que no pudo contenerse y reventó. Ya dejémoslo ir, me dijo ella, todavía con lágrimas (¿en sus ojos?), hay peores batallas que perder. A las batallas, lo tengo muy claro, me meto por accidente (¿qué iba a saber yo que uno se pude pelear con su humor?), porque yo no las busco, más bien busco un buen libro, un buen momento para decir, este es, en verdad, un buen momento y, ahhh, respirar. Uno, dos, tres y, ahhh, exhalar. Qué maravilloso momento. Eso es lo que busco y hoy me topé con uno y fue quizás por estar deshumorado que me lo disfruté más tranquilamente: detrás de mi cuarto el vecino que pertenece a un trío excelso del área de Bayamón, Cataño y Aguas Buenas comenzó a practicar con sus finísimas guitarras y melodiosas voces. ¿El país está en huelga? ¿Hay un paro nacional? ¿La universidad está cerrada? Nada de eso me pregunté mientras escuchaba a esos músicos, mientras la tarde se fundía con el calor intenso de las cuerdas.

Una vez se acabó la música no tuve otro remedio sino que pensar en la huelga. El país se nos cae y yo aquí sentado contemplando la tarde, pensando si hoy voy a escribir cuando sé desde ayer que no, que no me quiero imaginar nada ni componer algo que luego me devuelva a una catarsis con el pasado o con el futuro, porque dicen que hay que soñar y pensar en el país del futuro, en los posibles imposibles, en las citas del Che, en que los blanquitos estos y los trabajadores aquellos y yo, de verdad que no estoy para eso (no se olviden, que mi humor también está en huelga y anda M.I.A.). Si me sentaba a escribir del todo sería para hacer literatura, porque suscribir un manifiesto revolucionario contra la tiranía del estado era como vagar en una noche trasnochada, porque proclamar por enésima vez los derechos humanos era vomitar sobre la sangre de las víctimas y pues eso no era lo que buscaba.

Se me ocurrió entonces escribir la novela de la huelga, ¡cómo no lo había pensado antes!, de las vivencias de los estudiantes, de los baños compartidos, de los colchones inflables, los confundidos agentes de la Fuerza de Choque (versión nada imperial ni futurística de los Stormtroopers, pero la analogía es ya trillada), de los de arriba contra los de abajo, del poder de una democracia participativa, de los estudiantes opositores a la huelga movidos por su interés personal, por el interés de la derecha, por el interés de sus gatos, por el interés de lo que sea. Y listo, Los intereses encontrados, el título de la novela se me vino encima como un camión dando desesperadamente un viraje en 'u' desde el carril de la extrema derecha.

Era la revolución del siglo XXI: todo ya estaba transmitido por Internet, por webcam, las fotos proliferaban en Facebook como las armas de destrucción masiva en el cerebrito de Bushito. La profecía se cumplía sin cócteles Molotov: no tengo que estar en la huelga para escribir sobre ella. Me busco a una de las periodistas que se encuentran en los alrededores y vivimos (siempe ha sido mi fantasía) un romance in situ.

Llamé a par de amigos que conocen a gente de los medios y al día siguiente ya tenía una cita concertada en El Obrero. Hablamos muy concentradamente sobre la huelga en la hora y media que me concedió sólo porque Oscar es tu amigo me dijo. Gracias, de verdad, le dije, ¿has podido entrevistar a algunos estudiantes? Sí, pero yo rápido le aclaré que quería que me dijera las cosas menos cercanas a lo que incidía directamente con la noticia de la huelga. ¿Cómo cocinan? ¿Junto a los cargamentos de alimentos le distribuyen condones? ¿En verdad se lanzó el movimiento de la media caseta? ¿Cómo es el olor de los baños? ¿En qué parte de los edificios clausurados se hace más fácil y rico el amor? ¿Además de tabaco, que más se fuma? Bendito, la bombardeé de preguntas y ella no sabía qué responder, que eso no era asunto de la prensa ni de la radio, que mejor me buscara a un cronista. ¿Todavía existen en este país?, le pregunté. Tú, si bien no me tienes cara de uno, me respondió, podrías animarte a serlo. Le hice entonces otra pregunta, pero una estúpida, no porque fuese mala la pregunta como tal, sino porque ya sabía la respuesta. ¿Entonces que me falta para ser uno?

Entrar, huevón. Entrar. La respuesta era obvia como el hambre de los chicos de la UTIER que estaban al lado nuestro. Ella no me dijo huevón, eso lo pensé yo, pero por poco me lo dice. Vivir con ellos, verlos, tocarlos, quizás hasta besarlos en los pasillos desiertos de Generales. Pero no, ¿para qué? ¿Acaso no lo puedo reconstruir todo a raíz de los vídeos, fotos y escritos lanzados desde adentro? Quizás. Pero hacía falta más. Lo que necesito, le dije antes que ella regresara a los portones de la Ave. Barbosa, es que uds. me hagan esas preguntas, que vean el lado humano de verdad, no el de los derechos, no el de la lucha, sino el del día a día, de las toallitas sanitarias, de los restos de comida, del intenso olor a postcoito huelgario, a sexo apurado y resudado por la intensidad del sol, por los pantalones sin lavar de hace días, por los estribillos. Ella me sonrió, la compañera de Oscar me sonrió hasta con cierta lástima y dijo que no la molestara más. No se lo digas a Oscar, le supliqué, y me volvió a sonreír con risa de foca o de manatí.

Pensé nuevamente en que lo más fácil siempre había sido suscribir algún manifiesto, imprimir en él mi nombre tan falto de humor y popularidad. Así lo hice cuando regresé a mi casa. Busqué las cinco o seis peticiones de firma que me habían llegado a mi correo, tecleé mi nombre con una satisfacción a medias y antes de irme a dormir puse en mi Twitter este haiku:

"Los acordes se allanan sin protesta
a la tarde bayamonesa
y la luz no huele a chicharrón".

Y me fui a dormir.

La tribu errante