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viernes, 21 de septiembre de 2007

"L'avocat de la terreur"

Me tropecé con el blog de un (¿o una?) periodista de Colombia que vive en Francia. Lo cierto es que todavía no sé el nombre del autor pero tiene apuntes y notas que tratan sobre la sociología en Colombia, Hispanoamérica y Europa en todos los campos que se encuentre que son, pues, en todos. Muy acertadamente su blog se llama Sociología para novatos.

Mi investigación del nombre de esta persona se detuvo cuando leí la nota que se refiere a un documental dirigido por Barbet Schroeder y que figuró en la selección oficial del Festival de Cannes de este año. El nombre del documental es el título de esta entrada y puede ser (todavía no la he visto, pero la crítica así lo ha planteado) una de las mejores películas que presente cómo un idealista anti-colonial (en este caso un abogado) se pudo convertir en el defensor de terroristas y dictadores. Este abogado es Jacques Vergès y su rostro además de desafiante y altivo tiene la fría expresión de la amoralidad.

Vea el rostro de Vergès.

Avance del documental:



Les avisaré si consigo la peli en The Video Place, en Levittown, donde, usualmente, encuentras lo imposible.

jueves, 8 de marzo de 2007

Dulce Carolina; dulces sueños

Hoy me estaba durmiendo al volante. Cabeceo una, dos, tres veces y mis parpadeos duran un poco más. Me asusto porque ya me ha pasado varias veces. Y no es que maneje por las carreteras y autopistas resquebrajadas de este país a las tres o cuatro de la mañana. Esto me ocurre en pleno día, a la 1:30PM cuando voy rumbo a casa luego de salir de la escuela donde trabajo en Carolina.

Esta semana Radio Universidad (no hay mejor estación que ésta) no me ha ayudado porque están con su Festival de Radio Amigos (de hecho, cooperen, por fa) y se pasan hablando mucho más de lo usual y tengo que cambiar a KQ para mantenerme despierto, pero ni eso. Ya no sé ni qué música enlatada pasan por KQ. Estoy, entonces, a la merced de mi sueño retrasado, de toda la carga de estas semanas que se vuelven cortas y pesadas.

Lo de ser maestro por el día y tomar más clases por las noches se torna fatigante por todo lo que tengo que manejar. Me levanto por la madrugada, para evitar el tapón de Bayamón y luego seguir hasta Carolina. De enseñar portugués y francés salgo a la 1:30PM, y si no he chocado (knock on wood), llego a Bayamón como a las dos. Cuando tengo maestría, que son los martes y miércoles, prefiero quedarme por San Juan para no tener que salir de casa a eso de las 4:30PM para así evitar otro tapón, esta vez de Bayamón a Santurce, y no llegar tarde a las clases que empiezan a las seis y supuestamente duran hasta las nueve (aunque ayer, gracias a unas divagaciones inoportunas, nos mantuvieron hasta las 9:30). Pero, por supuesto, no he podido realizar esta buena idea porque siempre he tenido que regresar a Bayamón luego de la escuela para acabar un trabajo o encargarme de algo. Así que además de seguir desperdiciando tiempo en tapones, gastando gasolina y contaminando el ambiente, estoy dejando $2 diarios en los peajes.

Claro, está el Tren Urbano y muchos saben que casi siempre lo cojo, pero en estas últimas semanas no he querido chuparme la travesía de casi 25 minutos de Sagrado a Bayamón, cuando a las nueve de la noche las carreteras están limpias y llego a casa en 12 minutos. Esos 13 minutos adicionales representan una ganancia. Son esa rara satisfacción de haberle ganado tiempo al tiempo y de dormir ese poquito más por las mañanas. Esos 13 minutos que, ahora estoy convencido, me han ayudado a no dormirme del todo en el expreso de Diego, cuando el sol de las 1:30 de la tarde envuelve todo en una luz que se asemeja a la que ilumina mis sueños.

La tribu errante